lunes, 27 de febrero de 2017

" Soy rionegrino, señores." - Avelino Noel Sierra.-

" Soy rionegrino, señores."

Soy rionegrino, señores,/ de Lamarque, tomatal/ con sus hombres precursores/ y mujeres sin igual/ recuerdo al gigante Berthe/ la escuela 25/ Clara Pedranti despierte/ y el "bobo" me pegue un brinco.// Soy de Beltrán con su vino/ de los curas salesianos/ para no perder el tino/ no se te vaya la mano/ soy un poco el viejo Kren/ y el intendente "Conejo"/ son palabras sin desdén/ que encierran recuerdos viejos.// Soy de Pomona, con D'Anna/ y Pierrestegui, el balsero/ no me saco ni una cana/ al pensar me siento entero.// Soy de Choele, río y balsa/ le hablo de los "cincuenta"/ y esta cuarteta que calza/ sin letras más de la cuenta/ admiré siempre "El Mentor" de la gran "Negra" Palacio/ periodista flor y flor/ bien te ganaste un espacio.// Soy un poco de Conesa/ allí evoco a Pegassano/ a don José Pedrueza/ y su buen hotel a mano.// Soy algo de San Antonio/ al sur es punta de riel/ no quisiera ser demonio/ embadurnando papel.// Del profundo socavón/ de la mina Sierra Grande/ soy de allí de corazón/ aunque los chinos la manden.// Soy de Valcheta, el vergel/ un pozón en la meseta/ el "cuore" con su tropel/ palpita y me hace gambetas./ Allí de "Juancho" Asconape y del "profe" Castañeda/ soy de ellos y no escape/ que todavía me queda./ Soy de un pueblo muy chiquito/ que hace que yo sonría/ en el mapa es un puntito/ se llama Ramos Mejía.// Lo que le digo algo encierra/ aunque parezca nada/ yo pertenezco a esa tierra/ que es la Sierra Colorada./ / Soy de Los Menucos, su laja/ y de los primos Yauhar/ yo mismo me meto en caja/ por si los quiero imitar.// Maquinchao tiene su parte/ en mi ser de rionegrino/ porque tiene más que un arte/ ¡tiene vellones Merino!
De Ingeniero Jacobacci/ y su famosa trochita/ soy entero, casi, casi/ sólo queda una pizquita./ Soy del poeta Chucair/ y del club Huahuel Niyeo/ para allá tendré que ir/ cuando pase el tiempo feo.
Y soy también de un lugar/ de lo que nunca me callo/ jamás me canso de andar /para llegar a Comallo.// Para no morir de frío/ o congelar de repente/ lo nombro como algo mío/ primero como Clemente/ el más helado del país/ Onelli, completo el nombre/ esto no suena a mentís/ y, por favor, no se asombre.// Cito a Frey como estandarte/ no voy volando ni en coche./ Lo proclamo a todas partes/ también soy de Bariloche./ Llaneza de tierra brava/ con nombre de un indio fiel/ soy petróleo en sus entrañas/ pues soy hombre de Catriel.// Campo Grande con Cordero/ a Urra tuve de amigo/ soy de allí y muy sincero/ pues por algo se lo digo.// En estas glosas chambonas/ me quiero tomar un alto/ su gran lago me emociona/ porque soy de Cinco Saltos.// Por el valle voy nombrando/ a Van Opstal, el "Queso" Diez./ De Allen estoy hablando/ gente valiente y cortés./ "Cipo" ama la pelota/ en posición nada terca/ no lo tomen a chacota/ la primera está muy cerca.// De Roca me siento dueño/ con cariño y de por vida/ y pongo el mejor empeño/ en estas glosas sentidas./ Soy del diario y Canal Diez/ de su potente emisora/ al derecho o al revés/ se lo digo a cualquier hora.
Soy de Cervantes y expongo/ primero a don Blasco Ibáñez/ no espero ningún rezongo/ aunque "Cacho" me acompañe.// Soy un poco de Mainqué/ donde tuve mis amigos/ hablo de Luisito André/ Nicolita ¡estoy contigo!// De Huergo soy, y a los Calvo/ se me ocurre mencionar/ Bouvier, Hilari y no me salvo/ de los Aguiar recordar./ En su fútbol de vidriera/ lo menciono a Tappatá/ también al "Negro" Cetera/ Carlos Pessoa y demás.// ¡Cómo no ser de Godoy!/ y su Antonito Garrido/ yo me alegro cuando voy/ a recordar a este amigo.// De Regina en cuerpo y alma/ me siento en este momento/ lo digo con mucha calma/ y con un gran sentimiento/ porque nombro a los Vesprini/ los Nardini y los Rigatto/ Vitulich, los Antonini/ tengo 'tanos' para rato.// A mi lindo Chichinales/ soy de este "Portal del Valle"/ suerte: no me atacan males/ ni me piden que me calle/ nombro a Cerutti, a Galera/ a Zaragozi y a Izquierdo/ y no ando con zonceras/ porque de "Coco" me acuerdo.// También yo soy de Chimpay/ la cuna de Ceferino/ otro como él no hay/ en intrincados caminos//. También tiene algo mío/ un límite provincial/ primero le digo río/ pues Colorado no es más/ aunque la localidad/ lo digo por descontado/ conserva su potestad/ llamarse Río Colorado./ De éste soy más que ninguno/ su enjundia no tiene igual/ y no soy inoportuno/ porque Viedma es capital/ recuerdo a Jorge Frías/ y al puente que admiro tanto./ No digo galimatías/ tampoco hablo en esperanto.
Ya recorrí Río Negro/ en sus puntos cardinales/ diversos nombres enhebro/ junto a sus localidades/ si me quedó en el tintero/ algún pueblo provincial/ les pido perdón sincero/ ¡y no lo tomen a mal!
Avelino Noel Sierra

domingo, 26 de febrero de 2017

HORACIO FERRER por Julio Nudler.

Legó al tango con sus letras locas cuando éste ya no podía darle la fama y la devoción popular que había derramado sobre otros creadores, que para entonces estaban muertos o se resignaban al ocaso. Pero se abrió paso de todas formas, y hasta logró ser el letrista adoptado por Astor Piazzolla, único vanguardista que no desdeñó el tango canción. Por momentos consiguió conectar con esas grandes masas ya alejadas del género, y le regaló a Piazzolla la multitudinaria repercusión popular que le había faltado. De todas formas, nunca incurrió en una lírica directa y plana, empecinamiento por el que todo artista paga un precio. Creador de una obra incesante, aplaudida o rechazada, ha sido y es el letrista más resuelto a escribir versos nuevos cuando ya todos los versos del tango parecían haber sido escritos.
Horacio Ferrer vio la luz en un hogar montevideano impregnado de arte. De muy niño escribía ya versos, obras para títeres y, algo después, milongas que cantaba, acompañándose en guitarra, para sus amigos del barrio en el sótano de un almacén. Quien le enseñó a sacar tangos de oído en la guitarra fue un tío materno que vivía en Buenos Aires, en la margen occidental del Río de la Plata, adonde viajaba con sus padres frecuentemente. Fue ese mismo tío quien le haría conocer la noche porteña, con toda su galería de personajes bohemios.
Sus primeros tangos surgieron a comienzos de los '50, apareciendo en ellos la temática y el estilo por momentos surreal de sus obras posteriores. Con amigos de la carrera de arquitectura y el coleccionista Víctor Nario inició en Uruguay un programa radial semanal: "Selección de Tangos", desde el cual se propuso defender a las resistidas tendencias vanguardistas. De esa audición insurgente nacerá en 1954 "El Club de la Guardia Nueva", que organizaba conciertos con Aníbal Troilo, Horacio Salgán y el revolucionario Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. A éste lo conoció en 1955, al regresar Astor de Francia. Ese encuentro alcanzaría gran trascendencia.
Ferrer redacta, ilustra y dirige durante siete años la revista "Tangueando", mientras sus versos y sus tangos permanecen inéditos. En esa misma época, entre 1956 y 1959, estudia bandoneón y comparte una pequeña orquesta. Durante este último año publica su primer libro, El Tango. Su historia y evolución, editado por la casa Peña Lillo. Por las dos ondas del Sodre, la radio oficial uruguaya, pone en el aire hasta 1967 ciclos orgánicos sobre la evolución del tango. En lo sucesivo conduciría numerosos programas radiales y televisivos en las dos orillas del Plata.
Tras abandonar sus estudios de arquitectura ingresó como redactor a los suplementos del matutino montevideano "El Día", y por pedido de Troilo escribió "La última grela", tango con el que iniciara su trayectoria de letrista consagrado. Los años que siguieron abundaron en hechos significativos, y entre éstos la celebración del Primer Festival Universitario de Tango, con la participación de Piazzolla, Julio De Caro, César Zagnoli, Prudencio Aragón y otros.
En 1967 graba los poemas de su "Romancero canyengue" para el sello argentino independiente Trova, acompañado por la guitarra de Agustín Carlevaro. El disco provoca que Piazzolla lo invite a escribir juntos, lo que harán intensamente hasta 1973. Así surge, como primer gran fruto, la operita "María de Buenos Aires", que en 1968 estrenan, en la sala Planeta, de Buenos Aires, Piazzolla con su orquesta de diez músicos, las voces de Héctor de Rosas y Amelita Baltar, y el propio Ferrer como recitante en el papel de El Duende. Trova la edita en dos LP, mientras van surgiendo los primeros tangos del binomio, como el ya clásico "Chiquilín de Bachín" y "Juanito Laguna ayuda a su madre", mostrando un claro compromiso social.
A lo largo de 1969 surge la serie de tangos llamados baladas, de los cuales "Balada para un loco" constituirá un éxito resonante, el primero auténticamente masivo que disfrutará Piazzolla. Entre varias obras en que Ferrer despliega su peculiar imaginario, con un lenguaje que lo distingue absolutamente de cualquier otro letrista ("Canción de las venusinas" y "La bicicleta blanca" son ejemplos de ello), sobresale "Fábula para Gardel", una emocionada introducción al arte del genial cantor, con la poética excusa de un padre que le habla de él a su pequeño. En su estreno, el poema fue recitado insuperablemente por el propio Ferrer en el Luna Park de Buenos Aires, acompañado por ocho bandoneones y una gran orquesta bajo la batuta de Piazzolla, en una noche apoteótica. Aquellas producciones quedaron plasmadas en el disco "Astor Piazzolla y Horacio Ferrer en persona".
Entre un extenso número de obras, presentaciones y premios en varios países, Ferrer colaboró con importantes artistas del género, como Roberto Grela, Leopoldo Federico, Raúl Garello y Horacio Salgán, con quien en 1975 compuso el Oratorio Carlos Gardel. Al año siguiente escribió con figuras ya míticas del tango, como Julio De Caro ("Loquita mía"), Pedro Laurenz (poniendo versos a "Esquinero"), Armando Pontier ("El hombre que fue ciudad"), Osvaldo Pugliese ("Yo payador me confieso") y Aníbal Troilo ("Tu penúltimo tango").
Además de prolífico letrista ("Balada para mi muerte", "El Gordo triste" y "El hombrecito blanco" son ejemplos de su poder creador), Ferrer es autor, entre otras obras, de "El Libro del Tango, Arte Popular de Buenos Aires", cuya primera edición data de 1970. Sobre todo en su edición de 1980 en tres tomos (Antonio Tersol Editor), con más de dos mil páginas, es la referencia obligada de cualquier estudioso. 

Dice Wikipedia de la innovadora (hoy un clásico de la música ciudadana) “Balada para un loco” que despertó amores, pasiones y rechazos de todo tipo.
“En el segundo semestre de 1969, Ferrer le lleva a Piazzola una frase: "ya sé que estoy piantao...":
Después me dice "y cómo seguimos". Le digo "bueno, hacé vos una segunda que diga loco, loco, loco", e hizo esa hermosura. Y después dice "cómo seguimos", mirá, le digo, a mí me gustaría hacer un recitativo en el medio, y también uno al principio.
Horacio Ferrer
Así surgió una de las canciones más populares de la música argentina, que además sacudiría los fundamentos de la canción rioplatense. El resultado fue una balada con ritmo de valsecito y dos recitados hechos a la medida de la expresividad de Amelita Baltar, por entonces esposa de Piazzola. El recitado, que ya había aparecido en María de Buenos Aires y que se repetiría en sus creaciones, es una de las grandes innovaciones de Ferrer para sacudir la estructura tradicional de la canción rioplatenese:
El recurso (el recitado) adquiere en su obra una identidad propia y definida, que lo distingue claramente de los recitados que pudieron haber conocido otros tangos anteriores. La absoluta independencia formal de estos respecto de las partes cantadas es, quizá, su característica más distintiva; las partes recitadas no vienen a repetir en otro tono los versos que se han cantado o están por cantarse; ya ni siquiera se trata de versos. Por otra parte, la variedad de relaciones que se establecen, a través de las obras, entre parlamentos y áreas cantadas, constituye una veta que el tango anterior no había sabido explotar, por lo general nunca demasiado lejos de los modelos clásicos del tipo ABCB.
La canción fue estrenada de inmediato en Michelángelo, pero poco después Piazzola, Ferrer y Baltar deciden presentarla para concursar en el Primer Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción que se realizó en el Luna Park de Buenos Aires entre del 9 al 14 de octubre de 1969, con un jurado de alto nivel internacional que integraban entre otros Vinicius de Moraes y Chabuca Granda.
La Balada fue presentada la primera noche y tuvo una excelente acogida por parte del jurado, que la declaró finalista en el rubro "tango". Pero la decisión del jurado generó una controversia entre los organizadores, muchos de ellos tradicionalistas, que llevó a una modificación de las reglas del festival, desplazando al jurado de músicos por un "jurado popular" que en la final del 14 de octubre declaró ganadora a otra canción.

Pero pese a perder el festival, la canción se instaló en el gusto popular. De inmediato decidieron grabar la canción en un simple, cantada por Roberto Goyeneche y con "Chiquilín de Bachín" como lado B. La Balada... revolucionó la canción popular argentina y los versos de Ferrer pasaron a ser un lugar común de la cultura popular:

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao,
no ves que va la luna rodando por Callao...

Balada para un loco.
El tema se convirtió en un éxito popular inmediato y ha quedado como una de las canciones más famosas de la música latina de todos los tiempos. Gracias a la importancia cultural de la canción, en 2012, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires estableció por ley 4179 denominar a la esquina de Corrientes y Callao, como "Esquina Horacio Ferrer", colocándose allí una placa que así lo indica".

viernes, 24 de febrero de 2017

COPLERO - Aledo Luis Meloni.


DIEZ COPLAS.


Lo que va de ayer a hoy
por estar globalizados:
ayer éramos nación, 
hoy somos sólo un mercado.
*
A veces grito mi furia,
y otras veces me las guardo;
me atengo a lo del Quijote:
al buen callar llaman, Sancho.
*
Por la ley del interés,
cuántas veces, cuántas veces
la sentencia de los jueces
no es la sentencia del Juez.
*
Con rara equidad el Fondo
como a una fruta nos trata:
nos come toda la pulpa
pero nos deja la cáscara.
*
Qué patria paradojal:
mientras la usura enriquece
aquí el trabajo empobrece...
Pero la amamos igual.
*
La ley nos iguala a todos;
sin embargo, al delinquir,
unos van a un calabozo
y otros a una celda VIP.
*
Por las torres de Manhattan,
por las torres que cayeron,
llora, llora el primer mundo
mientras explota al tercero.
*
La gente corta las rutas
pidiendo una solución;
y al gobierno qué le va
si ellos viajan en avión.
*
Cuando veo un perro flaco
y lleno de garrapatas,
por asociación de ideas
-qué pena- pienso en la patria.
*
La suerte del argentino
la definió un reverendo:
vivir pagando, pagando;
morir debiendo, debiendo.

Aledo Luis Meloni (Estación María Lucila, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1 de agosto de 1912 - Resistencia, 11 de enero de 2016 ).

jueves, 23 de febrero de 2017

"Un día de estos" un cuento de Gabriel García Márquez.

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó a pulir el oro.
-Papá.
-Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
-Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremadamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo la gaveta inferior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial. Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal, y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los talones y abrió la boca.
Don Aurelio Escovar le movió la cara hacia la luz. Después de observar la muela dañada, ajustó la mandíbula con una cautelosa presión de los dedos.
-Tiene que ser sin anestesia -dijo.
-¿Por qué?
-Porque tiene un absceso.
El alcalde lo miró en los ojos.
-Está bien -dijo, y trató de sonreír. El dentista no le correspondió. Llevó a la mesa de trabajo la cacerola con los instrumentos hervidos y los sacó del agua con unas pinzas frías, todavía sin apresurarse. Después rodó la escupidera con la punta del zapato y fue a lavarse las manos en el aguamanil. Hizo todo sin mirar al alcalde. Pero el alcalde no lo perdió de vista.
Era una cordal inferior. El dentista abrió las piernas y apretó la muela con el gatillo caliente. El alcalde se aferró a las barras de la silla, descargó toda su fuerza en los pies y sintió un vacío helado en los riñones, pero no soltó un suspiro. El dentista sólo movió la muñeca. Sin rencor, más bien con una amarga ternura, dijo:
-Aquí nos paga veinte muertos, teniente.
El alcalde sintió un crujido de huesos en la mandíbula y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no suspiró hasta que no sintió salir la muela. Entonces la vio a través de las lágrimas. Le pareció tan extraña a su dolor, que no pudo entender la tortura de sus cinco noches anteriores. Inclinado sobre la escupidera, sudoroso, jadeante, se desabotonó la guerrera y buscó a tientas el pañuelo en el bolsillo del pantalón. El dentista le dio un trapo limpio.
-Séquese las lágrimas -dijo.
El alcalde lo hizo. Estaba temblando. Mientras el dentista se lavaba las manos, vio el cielorraso desfondado y una telaraña polvorienta con huevos de araña e insectos muertos. El dentista regresó secándose las manos. “Acuéstese -dijo- y haga buches de agua de sal.” El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar, y se dirigió a la puerta estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera.
-Me pasa la cuenta -dijo.
-¿A usted o al municipio?
El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica.
-Es la misma vaina.

martes, 21 de febrero de 2017

Una tarde de tabiada (Prosa verseada).

Una tarde de tabiada
(Prosa verseada)

Me parece que lo veo,
me parece…
desenvainado el facón
hace Don Lalo una raya
en la tierra pisoteada
junto a la cancha de bochas,
unos diez o doce pasos
(si mal no recuerdo doce)
y otra raya bien marcada!
limpia el facón en la bota
hecha el poncho a un la’o
envaina.

Y ansina queda marcada;
Sin mas ley ni reglamentos,
la cancha, pa’ una tabiada.
taba en mano entra a pasearse
solo, barajando el hueso,
como tanteándole el peso
esperando que alguien caiga.

Poco a poco el paisanaje;
se acerca y lo va rodeando
pero con cierto recelo,
pa’ coparle la parada,
porque según alguien dijo;
ya no es la primera vez
que deja alguno pela’o
con algún hueso carga’o
o alguna taba “culera”
pero nunca falta alguno,
que entre a cortar la parada.

“cinco reales pa’empezar
pa’ no correr a ninguno”
y el lomo de cinco pumas
brillan tira’o en el suelo
“!copo la banca y le agrego
cinco mas pa’ redondear
porque me quede sin cambio
y a mi un peso me trae suerte!”
y en la punta de la bota;
queda una “chala” apretada
pa’ que el viento no la vuele.

Y el Lalo va haciendo tiempo
porque de afuera hay apuestas.
“dos pesos en contra el tiro”
“se los copo ¡aquí los tiene!
y el contrario se incomoda
porque Don Lalo demora.
“avise si esta dormido”
¿o le esta temblando el pulso?
“gueno…aguanten que via tirar”
“!Guri no cruces la cancha!”

Y el hombre fija la vista
como midiendo el terreno,
y se prepara pa’l tiro
casi pisando la raya.

El cuerpo se inclina a medias
volca’o algo a la derecha,
encoje el brazo, lo estira
le abre la mano y el hueso,
parece que alzara guelo
seguido de la mirada
que le clava el paisanaje,
y no faltan comentarios
a pesar que el cuelo es corto.

“la tiro de guelta y media…”
“y viene como dormida…”
“pa’ mi que ese tiro es corto
y que no llega a la raya”
“Clavada” (grito Barboza)
nomas de puro chistoso
y la taba iba corriendo,
y allá al final de la cancha;
se para mostrando el “liso”
¡es culo! Grito un mirón
y un borracho le contesta
mirando el hueso ‘e soslayo;
“si es de su gusto aproveche,
pa’mi ese culo es muy flaco
y además es muy guesudo”
y al unísono el gauchaje
se festeja a carcajadas
la ocurrencia del mamao”.

Y unos vienen… y otros van
y un perdedor se retira.
“Aprieto (grito mi Viejo)
mientras pisaba la taba.
“Copo la banca y si gustan
tengo aquí otro par de pesos,
por si hay alguien que se anime”.

“¿tenes un peso García?,
te invito para una “vaca”
porque ya me jugué el resto,
voy a apostar contra el tiro”
“¿pero vos estas mamao
o te faya la sesera?”
¡Apostar contra el Canario,
es como ponerle huevos
en la trompa de un lagarto
y esperar que se eche al sol
a dormir y no los coma!”.

“Gueno… si no hay mas plata,
va el tiro!”
Se hace silencio en la cancha
porque Fuentes tiene fama
de clavador de los buenos.
Y una cuarta raya ajuera
como puesta con la mano;
queda la taba clavada,
desteyando al sol la chapa
del bronce con que fue herrada.

Cae la tarde, se va el sol,
y entran a sobrar mirones
porque los pelaos son muchos,
Y un gurí se hace el chistoso;
“aya de la recorrida
Viene el milico Gutiérrez…”

Y que les voy a contar,
la taba, desaparece,
los que quedan se desbandan,
y en el apuro en el suelo,
medios tapao por la tierra;
quedan tirao unos reales
que un borracho se hace cargo,
pa’ echarse el ultimo trago,
a salud de un perdedor.

Fuente
www.revisionistas.com.ar

domingo, 19 de febrero de 2017

Ella - José Alfredo Jiménez.


Ella 
de José Alfredo Jiménez.

Me canse de rogarle me canse de decirle,
Que yo sin ella de pena muero,
Ya no quiso escucharme si sus labios se abrieron,
Fue pa' decirme ya no te quiero.
Yo sentí que mi vida se perdía en un abismo profundo
Y negro como mi suerte, quise hallar el olvido al estilo Jalisco
(no te rajes) 
Pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar.
Me canse de rogarle. 
Con el llanto en mis ojos mi copa y brinde con ella.
No podía despreciarme era el ultimo brindis de un bohemio con una reina.
Los mariachis callaron.
De mi mano sin fuerza cayo mi copa sin darme cuenta
Ella quiso quedarse cuando vio mi tristeza
Pero ya estaba escrito que aquella noche perdiera su amor.
José Alfredo Jiménez Sandoval, (Dolores Hidalgo, Guanajuato, 19 de enero de 1926 - Ciudad de México, 23 de noviembre de 1973).

sábado, 18 de febrero de 2017

El brindis del bohemio de Guillermo Aguirre y Fierro.


En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis alegres bohemios.
Los ecos de sus risas escapaban
y de aquel barrio quieto
iban a interrumpir el imponente
y profundo silencio.



El humo de olorosos cigarrillos
en espirales se elevaba al cielo,
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.

Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
y, repartidas en la mesa, copas
pletóricas de ron, whisky o ajenjo.

Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo que, melosa y delicada,
la música de un verso.

A cada nueva libación, las penas
hallábanse más lejos
del grupo, y nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas del recuerdo.

Olvidaba decir que aquella noche,
aquel grupo bohemio
celebraba entre risas, libaciones,
chascarrillos y versos,
la agonía de un año que amarguras
dejó en todos los pechos,
y la llegada, consecuencia lógica,
del "feliz año nuevo"...

Una voz varonil dijo de pronto:
-las doce, compañeros;
digamos el "requiescat" por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
¡Brindemos por el año que comienza!
porque nos traiga ensueños;
porque no sea su equipaje un cúmulo
de amargos desconsuelos...

- Brindo, dijo otra voz, por la esperanza
que la vida nos lanza,
de vencer los rigores del destino,
por la esperanza, nuestra dulce amiga,
que las penas mitiga
y convierte en vergel nuestro camino.

Brindo porque ya hubiere a mi existencia
puesto fin con violencia
esgrimiendo en mi frente mi venganza;
si en mi cielo de tul limpio y divino
no alumbrara mi sino
una pálida estrella: Mi esperanza.

¡Bravo!, dijeron todos, inspirado
esta noche has estado
y hablaste bueno, breve y substancioso.
El turno es de Raúl; alce su copa
y brinde por... Europa,
ya que su extranjerismo es delicioso...

Bebo y brindo, clamó el interpelado;
brindo por mi pasado,
que fue de luz, de amor y de alegría,
y en el que hubo mujeres seductoras
y frentes soñadoras
que se juntaron con la frente mía...

Brindo por el ayer que en la amargura
que hoy cubre de negrura
mi corazón, esparce sus consuelos
trayendo hasta mi mente las dulzuras
de goces, de ternuras,
de dichas, de deliquios, de desvelos.

-Yo brindo, dijo Juan, porque en mi mente
brote un torrente
de inspiración divina y seductora,
porque vibre en las cuerdas de mi lira
el verso que suspira,
que sonríe, que canta y que enamora.

Brindo porque mis versos cual saetas
lleguen hasta las grietas
formadas de metal y de granito,
del corazón de la mujer ingrata
que a desdenes me mata...
¡pero que tiene un cuerpo muy bonito!

Porque a su corazón llegue mi canto,
porque enjuguen mi llanto
sus manos que me causan embelesos;
porque con creces mi pasión me pague...
¡vamos!, porque me embriague
con el divino néctar de sus besos.

Siguió la tempestad de frases vanas,
de aquellas tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
y en cada frase de entusiasmo ardiente,
hubo ovación creciente,
y libaciones, y reír, y todo.

Se brindó por la patria, por las flores,
por los castos amores
que hacen un valladar de una ventana,
y por esas pasiones voluptuosas
que el fango del placer llena de rosas
y hacen de la mujer la cortesana.

Sólo faltaba un brindis, el de Arturo,
el del bohemio puro,
de noble corazón y gran cabeza;
aquel que sin ambages declaraba
que sólo ambicionaba
robarle inspiración a la tristeza.

Por todos lados estrechado, alzó la copa
frente a la alegre tropa
desbordante de risa y de contento
los inundó en la luz de una mirada,
sacudió su melena alborotada
y dijo así, con inspirado acento:

-Brindo por la mujer, mas no por esa
en la que halláis consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer ¡desventurados!;
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus rizos
artificiosamente perfumados.

Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindó sus embelesos
y me envolvió en sus besos;
por la mujer que me arrulló en la cuna.

Por la mujer que me enseñó de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero;
por la mujer que me arrulló en sus brazos
y que me dio en pedazos
uno por uno, el corazón entero.

¡Por mi madre!.. bohemios, por la anciana
que piensa en el mañana
como en algo muy dulce y muy deseado,
porque sueña tal vez que mi destino
me señala el camino
por el que volveré pronto a su lado.


Por la anciana adorada y bendecida,
por la que con su sangre me dio vida,
y ternura y cariño;
por la que fue la luz del alma mía;
y lloró de alegría
sintiendo mi cabeza en su corpiño.

Por esa brindo yo, dejad que llore,
que en lágrimas desflore
esta pena letal que me asesina;
dejad que brinde por mi madre ausente,
por la que llora y siente
que mi ausencia es un fuego que calcina.

Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi madre, bohemios, que es dulzura
vertida en mi amargura
y en esta noche de mi vida, estrella...

El bohemio calló; ningún acento
profanó el sentimiento
nacido del dolor y la ternura,
y pareció que sobre aquel ambiente
flotaba inmensamente
un poema de amor y de amargura.
 

Guillermo Aguirre y Fierro nació en San Luis Potosí en 1887 y falleció en 1949.