sábado, 14 de marzo de 2026

Moralejas o mejor reflexiones de Ricardo Zelarayán.

Moralejas o mejor reflexiones 
de Ricardo Zelarayán.
Hay comedores públicos de sentado y de parado.
Hay meaderos públicos y clandestinos.
Meadero clandestino es todo lo que no es meadero público,
es decir todo el resto del mundo, puesto que se puede mear
en todo y sobre todo.
(Si no que lo diga el sobretodo del señor ministro.)
Id. para cagar (por el momento, porque no es lo mismo).
No hay morideros públicos.
La muerte no tiene lugar fijo para acontecer.
Las casas se alquilan o compran para vivir, no para morir.
Yo no me "moriré en París con aguacero".
No quiero ser ni hacer como el cholo Vallejo
que anunció en poema que moriría en París,
se fue allí y se murió en serio,
como la mujer del tango...
Es mejor ir por lana pero volver...
aunque sea trasquilado y cubierto por las nieves del tiempo.

Ricardo Zelarayán (Paraná, 21 de octubre de 1922-Buenos Aires, 29 de diciembre de 2010) fue un escritor y poeta argentino.
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Yo no me "moriré en París con aguacero".
*** Se refiere al poema de César Vallejo.

Piedra negra sobre una piedra blanca.

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

César Abraham Vallejo Mendoza nació el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, pueblo en una zona alta del departamento de La Libertad, en Perú y falleció en París, a los 46 años, el 15 de abril de 1938.

domingo, 8 de marzo de 2026

CANTO A JUANA DE IBARBOUROU de Fernán Silva Valdés.

     
CANTO A JUANA DE IBARBOUROU.
Juana de Ibarbourou: tienes mucho de árbol
Tú misma me lo has dicho con tu vos sin igual;
Juana de Ibarbourou, tienes tanto de humana
—Juana de Ibarbourou— como de vegetal.

Juana de Ibarbourou, que te atas las crenchas
Con un gajo de sauce flexible de humedad;
Juana de Ibarbourou, ráfaga de salud
Soplando en la planicie yerma de la heredad.

Juana de Ibarbourou, eies árbol que canta,
Pajarillo hembra, ave y criatura,
Nota de frescura
Puesta en la garganta
Del amanecer;
En cada rincón tuyo debes tener un nido
Por eso en cada nido hay algo de mujer.

Juana de Ibarbourou, voz antigua y moderna;
Grito de inocencia sin tiempo ni edad:
¡Lección de juventud;
Lección de castidad!

Maravillosa estatua sin nudo y sin escudo
—Como mi voz en el momento de cantarte—,
Tu desnudez es casta como una obra de arte,
Tu desnudez es casta igual a un pie desnudo,

Chingólo, chingolito: en la primavera,
—Luego de besarte con tu compañera—,
Vuela hasta la casa de la juventud
A juntar con el pico, para construir tu nido,
Hebras del cabello lacio y renegrido
De Juana de Ibarbourou.

- Juana de Ibarbourou (de nacimiento: Fernández Morales; Melo, 8 de marzo de 1892-Montevideo, 15 de julio de 1979), también conocida como Juana de América, fue una poetisa uruguaya.

- Fernán Silva Valdés, uruguayo (Montevideo, 15 de octubre de 1887 - Montevideo, 9 de enero de 1975).

“Alberto Ginastera puso música a dos poemas de Fernán Silva en Dos canciones op. 3 (1938): Canción al árbol del olvido, op. 3 nº 1; Canción a la luna lunanca, op. 3 nº 2. La Canción al árbol del olvido, una delicada y hermosísima milonga, pasó de las salas de concierto (e.g. Victoria de los Ángeles y Geoffrey Parsons a la música popular. Es de reseñar la versión híbrida con el piano inolvidable de Martha Argerich, y la voz de Mercedes Sosa –datos de Wikipedia-.

viernes, 6 de marzo de 2026

De homonimias y polisemias.

De homonimias y polisemias.

Por Danilo Albero.

Releí fragmentos marcados de El Buscón, quizás en busca de un poco de sutileza poética en estos momentos en que los lenguajes prosaicos y ramplones han invadido la realidad cotidiana y el discurso de políticos.

Cuando nuestro actual presidente habla de periodistas y opositores como “mandriles con adermicina” (clara alusión a que los violó, de allí sus nalgas rojas y la necesidad de un cicatrizante) y a un gobernador de la oposición, “eunuco impotente” -detalle no menor, el gobernador tiene dos hijos, el presidente solo “hijitos de cuatro patas”-. Y periodistas radiales y televisivos hablan de “hacerse el pelotudo”, “me chupa un huevo” o “me da por las pelotas”; cuando yo era chico, nos hacían escuchar radio para “aprender a hablar bien”. No diría lo mismo en estos momentos.

Hace un par de años tomé nota de un artículo de un académico de la RAE donde aclaraba que Cervantes empleó 23.000 palabras diferentes mientras que hoy un ciudadano común usa sólo 5.000.

Basta leer El viaje del Parnaso para ver, basado en su experiencia embarcado en la batalla de Lepanto, los símiles poéticos de las distintas partes de una galera:

“la popa, de materia estraordinaria, bastarda, y de legítimos sonetos… la racamenta, que es siempre parlera,

toda la componían redondillas…

todas las obras muertas componían

o versos sueltos, o sestinas graves

que a la galera más gallarda hacían”.

 

LAS 4.999

Leyendo diarios y notas de escritores conocidos veo que muchos difícilmente lleguen a las 4.999.

Hojeo en una librería la contratapa de un libro sobre una autora hecha por una compatriota, escritora y periodista, que publica en medios extranjeros, “ella es un satélite cándido y lascivo a la vez”; lascivo es lujurioso, antónimo de cándido. Recuerdo una nota en El País de Madrid donde un compatriota novelista y corresponsal, residente en España, portador de múltiples premios, periodísticos y literarios, habla de “cucarachas y otros animales”. Evoca una mención de Pío Baroja de un cartel que vio en el madrileño mercado de El Rastro: “se venden galápagos y otros animales domésticos”.

Me fui por las ramas; releí El Buscón, decía, y me encontré con este delicioso fragmento cuando el protagonista se refiere a su padre:

“Por estas y otras niñerías, estuvo preso; aunque, según a mí me han dicho después, salió de la cárcel con tanta honra que le acompañaron doscientos cardenales, sino que a ninguno le llamaban ‘señoría’”.

Más adelante, cuando habla de su madre:

“Hubo fama que reedificaba doncellas, unos la llamaban zurcidora de gustos; otros algebrista de voluntades desconcertadas, y por mal nombre alcagüeta”.

En estos dos párrafos, Quevedo hace un uso magistral del lenguaje poético a través de dos recursos: la homofonía -palabras que suenan igual pero con significado distinto- y polisemia -vocablos que admiten más de una interpretación- para retratar a los genitores del narrador e introducirnos, con son de guasa, en su novela picaresca, la vida de Don Pablos.

En el caso del padre, la homofonía se lee en la ironía con que refiere a los castigos recibidos en prisión -exaltada por el “según a mí me han dicho”- ya que los cardenales mencionados son las marcas violáceas de los azotes recibidos, por eso “a ninguno le llamaban ‘señoría’”, y no la autoridades eclesiásticas.

En el caso de su madre, utiliza la polisemia para esbozarnos su oficio, “reedificaba doncellas”, que refiere a volver a construir, restaurando lo deteriorado, en este caso la virginidad, cosiendo el himen de jóvenes que pretende casarse, por eso la llamaban “zurcidora de gustos”; y “algebrista de almas desconcertadas”, donde algebrista no es un matemático sino el médico especializado en tratar huesos dislocados, desconcertado alude a la luxación. Por eso el final del retrato de la madre, “y por mal nombre alcagüeta”.

MAS DE UN SENTIDO

Una de las posibilidades más bellas del lenguaje poético es el virtuosismo en el uso de polisemias y homonimias; permiten expresar mensajes con más de un sentido, que pueden ser interpretados por el lector o recitador con distintos matices.

Siguiendo con el estilo de Quevedo, dejo de lado la homofonía -tuvo y tubo- y voy a la polisemia; dos ejemplos de palabras trisémicas: busto (pecho femenino; escultura; parte superior del cuerpo humano) y cañón (pieza de artillería; parte de un arma de fuego; accidente geográfico), en este último caso, cuando padecemos películas bélicas, donde se habla en inglés, dobladas o subtituladas al español, encontramos, ¡maravilla!, con que barrel (barril y cañón de arma de fuego) es traducido, de manera ineluctable “barril”.

Rescaté una pentasémica: casco (protección para la cabeza; urbano; cuerpo del barco; uña del animal, recipiente), me quedé corto: pienso que admite por lo menos tres acepciones más, lo cual la hace octosémica.

UN SONETO

De la relectura de El buscón, me acude este soneto de Quevedo, que me jacto de saber de memoria, y que hoy corre el riesgo de ser censurado por políticamente incorrecto y machista -dejando de lado las connotaciones de puto, en la época, además del fatigado “que comete pecado nefando”-, Desengaño de las mujeres:

“Puto es el hombre que de putas fía,

y puto el que sus gustos apetece; puto es el estipendio que se ofrece

en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría

que el rato putaril nos encarece;

y yo diré que es puto a quien parece

que no sois puta vos, señora mía.

Más llámenme a mí puto enamorado,

si al cabo para puta no os dejare; y como puto muera yo quemado

si de otras tales putas me pagare, 

porque las putas graves son costosas,

y las putillas viles, afrentosas”.

En el segundo verso del segundo cuarteto “rato” puede aludir al espacio breve de tiempo, pero también a un gusto o disgusto pasajero.

En el primer verso del segundo terceto “pagare” alude a la afición o encariñarse; y en el segundo verso “grave” también puede referir a una persona muy importante o de alcurnia.

Es fácil adornar el vuelo del propio prestigio con plumas ajenas, por eso me refugio en este otro soneto de Quevedo que lleva el acápite: “Aconseja a un amigo que estaba en buena posesión de nobleza, no trate de calificarse, porque no le descubran lo que no sabe” y donde le recuerda la historia de Faetón.

Aquél, persuadió al dios Apolo para que lo dejara conducir el carro del sol y así demostrar a sus amigos que, efectivamente, era su hijo. Faetón perdió el control del carro, puso en riesgo al cielo y a la tierra, fue fulminado por el rayo de Zeus y cayó frente a la costa de Venecia, Ovidio cuenta la historia en Metamorfosis y Rubens la representa en un cuadro, dice Quevedo: “Estudia en el osar de ese mozuelo, / descaminado escándalo del polo; / para probar que descendió de Apolo, / probó, cayendo, descender del cielo”.

El comienzo de nuestra actual decadencia, moral y política, es por malhablados profusos en vulgarismos y parvos de lexicón.

* El lector podrá más artículos en daniloalbero.com.ar

Publicado en LA PRENSA.

https://www.youtube.com/watch?v=wTyX4Fdmt-E

viernes, 27 de febrero de 2026

SER HOMBRE de José García Nieto.


Ser hombre es competir con la amargura,
lidiar con la tristeza, abrirle brecha
a Dios desde la cruz hasta la fecha
de la muerte. Ser hombre es la postura

sabida y siempre nueva. ¿Hay quien acierte?
¿Hay quien lo haga mejor, quien la figura
componga ante el silencio, ante la altura
de Dios? ¿Hay quien alegre se despierte

sabiéndose hombre, y hombre sin remedio,
amenazado siempre y siempre en medio
de esta contienda a muerte que es la vida?

¿Hay hombre frente al hombre que responda?
¿Hay quien escuche al hombre y no se esconda
para dar la pregunta por no oída?

José García Nieto (Oviedo, 6 de julio de 1914-Madrid, 27 de febrero de 2001) fue un poeta y escritor español, ganador del Premio Cervantes.

domingo, 22 de febrero de 2026

Retrato de Antonio Machado.

 

Retrato de Antonio Machado.


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
–ya conocéis mi torpe aliño indumentario–,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
–quien habla solo espera hablar a Dios un día–,
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 26 de julio de 1875-Colliure, 22 de febrero de 1939).