Retrato de Antonio Machado.
RINCÓN BARDA SUREÑA
Poesía, arte, cultura, música. Cuentos y Relatos. Un rincón que nace y crece en la Patagonia Argentina.
domingo, 22 de febrero de 2026
Retrato de Antonio Machado.
CAMINOS DE PAZ por Héctor José Corredor Cuervo.
por Héctor José Corredor Cuervo.
sábado, 21 de febrero de 2026
TEMORES.
TEMORES.
Hoy he tenido miedo de no poder partir el pan,
tomar el vino, encender una lámpara en invierno,
darle los buenos días a la gente,
pisar el pasto de la tierra que amo,
aromar las palabras que dicen los amigos,
sacar un distinguido en los brazos del amor,
necesitar a los otros y que a mí me necesiten.
Hoy he tenido miedo de no poder nada de eso
y entonces he pensado qué doloroso debe ser
no poder entonar una vieja canción,
una de aquellas que cantaba mi madre en la cocina.
Hamlet Lima Quintana.
Hamlet Lima Quintana (nacido como Hamlet Romeo Lima, 15 de
septiembre de 1923-21 de febrero de 2002) fue un poeta argentino, autor de más
de cuatrocientas canciones, entre ellas la popular "Zamba para no
morir" (con música de Norberto Ambrós y Héctor A. Rosales).
Integró el Movimiento del Nuevo Cancionero del que Hamlet
fue parte junto a Armando Tejada Gómez,
Tito Francia, Mercedes Sosa y Oscar Matus y fue uno de los grandes poetas de la
música popular argentina.
Transferencia / Hamlet Lima Quintana,
Transferencia.
Después de todo, la muerte es una gran farsante.
La muerte miente cuando anuncia que se robará la vida,
como si se pudiera cortar la primavera.
Porque al final de cuentas,
la muerte sólo puede robarnos el tiempo,
las oportunidades de sonreír,
de comer una manzana,
de decir algún discurso,
de pisar el suelo que se ama,
de encender el amor de cada día.
De dar la mano, de tocar la guitarra,
de transitar la esperanza.
Sólo nos cambia los espacios.
Los lugares donde extender el cuerpo,
bailar bajo la luna o cruzar a nado un río.
Habitar una cama, llegar a otra vereda,
sentarse en una rama,
descolgarse cantando de todas la ventanas.
Eso puede hacer la muerte.
¿Pero robar la vida?...
Robar la vida no puede.
No puede concretar esa farsa... porque la vida...
La vida es una antorcha
que va de mano en mano,
de hombre a hombre, de semilla en semilla,
una transferencia que no tiene regreso,
un infinito viaje hacia el futuro,
como una luz que aparta
irremediablemente las tinieblas.
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Hamlet Lima Quintana.
Nacido como Hamlet Romeo Lima en Morón, provincia de Buenos
Aires, Argentina, en 1923, prefería decir que era de Saladillo (localidad
bonaerense situada a 200 km de la ciudad de Buenos Aires, zona rural de la
Pampa húmeda).
Su padre, Romero Ventura Lima, con raíces en ese enclave de
la tradición que es San Antonio de Areco; y su madre, Leila Carmen Quintana,
descendiente de la “tribu de Coliqueo completaron su cuadro de formación.
Hamlet Lima Quintana componía canciones que acompañaron al
movimiento artístico y cultural denominado Nuevo cancionero (1962) que integraban
artistas y poetas de la talla de Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez, Manuel
Oscar Matus, Eduardo Aragón, Tito Francia, etc. Tanto Mercedes Sosa como
Horacio Guarany interpretaron sus composiciones. Musicalizaron su poesía Mario
Arnedo Gallo, Remo Pignoni, Oscar Alem, Horacio Salgán, Carlos Guastavino,
Enrique Llopis, Eladia Blázquez, César Isella, Julio Lacarra, Litto Nebbia,
Carlos Bergesio, entre otros.
Falleció el 21 de febrero de 2002, a los 78 años, por la
porquería del cáncer de pulmón.
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Canción para Alfredo.
Volaba desde el fondo
de su guitarra oscura
como una golondrina
popular y sencilla,
ardiendo en cada
esquina con la rara hermosura
de modelar el canto
con perfiles de arcilla.
Procedía del pueblo
la luz de Zitarrosa,
dolorosa y precisa de
su Montevideo,
era un salmo de vida
con sangre de una rosa
y una rosa de sangre
le quemaba los dedos.
Andaba cuesta arriba
de todos los tiranos
que manchaban las
aguas del Río de la Plata,
pulsador de los
sueños latinoamericanos,
cuestionaba asesinos,
abordaba piratas.
Pariente de la vida
con el violín de Becho
transita por el aire
vigilando la aurora,
navega en nuestra
sangre con el mástil deshecho
como un fiel
habitante de nuestra propia hora.
Y es pájaro de fuego junto a su sol poniente
resurgido en cenizas,
cantando profecías,
y dice que los
pueblos en este continente
no asumen los olvidos
ni quieren amnistías.
Por eso y las
cuestiones de andar en la alegría
en milongas sentidas
como una siembra extraña,
por las alas azules
de la milagrería
Alfredo anda cantando con nuestra propia entraña.
jueves, 19 de febrero de 2026
Coplas de la libertad. Letra: Diógenes Jacinto Garibaldi - Música: Jorge Marziali.
Coplas de la libertad.
Letra: Diógenes Jacinto Garibaldi - Música: Jorge Marziali.
Conozco la perfección
pero de muy raro modo
buscando no decir nada
poder expresarlo todo.
Arbolito ay arbolito
cor el rocío no llores
está presa tu raíz
pero tus ramas dan flores.
Libertad, yo te libero
haces que mi canto vibre
porque no puedo ser libre
ni tampoco prisionero.
¡Ay de mí!
Vivía cerca de un río
pero estoy muerto de sed
el río enseña a marcharse
pero no enseña a beber.
Vi mi juventud lejana
tan cerca la muerte vi
que de pronto tuve ganas
de vestir luto por mi.
Libertad, yo te libero..
Yo reniego y desconfío
del agua dulce en el mar
y de cada verso mío
que me nació sin llorar.
Escuchas, risas y aplausos,
provocas una emoción
tu canción está hecha trizas
pero aún es tu canción.
Libertad, yo te libero..
Esto lo practica Dios
y algunas veces el mar.
Lo bueno de tener vos
no es hablar sino callar
¿Qué canción mala no es buena
cuando cumple su destino,
perfeccionar un pena
o señalar un camino?
¿Quién recuerda como yo
las fosas que abrió la guerra,
que están cubiertas de tierra
y que la guerra existió?
Los dueños de la soberbia
tenían siempre razón…
El no equivocarse nunca…
era su equivocación.
Jorge Marziali (San José de Guaymallén, Mendoza, la Argentina,19
de febrero de 1947 - Santa Clara, Cuba, 9 de julio de 2017) fue un cantautor
argentino. Era hijo de inmigrantes italianos.
Se presentaba todos los fines de semana en la peña de las Chacras, donde renació la música del interior argentino, el folklore cuyano, que venía de La Tropilla de Huachi Pampa del cantor Buenaventura Luna y la voz de Antonio Tormo hasta el Nuevo Cancionero con Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez.
Fue el creador de temas como: “Cebollita y huevo”, “Los obreros de Morón”, “Ese Manuel que yo canto”, “Coplas para la libertad”, “Elijo criollos”, “Cuando Perón era Cangallo”, “Caminando junto a Arturo Jauretche”, “Canción para empezar a irse”, “El Cuchi musiqueador”, “Elegía a la primera distancia”, “Coplas por refalosa”, “Al amor, un nombre”, “La jardinera”, “Con ese mismo corazón”, “P’al comisario”, “El ciego del subterráneo”, “Mendoza está” y “Polca miseria”.
Falleció en una gira por Cuba debido a un ataque al corazón que le sobrevino debido a la emoción de encontrarse ante el mausoleo del Che Guevara en la ciudad de Santa Clara.
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Breve reseña de Daniel Giribaldi.
"Daniel Giribaldi nació en Buenos Aires en 1930, y murió en
1984 en esa misma ciudad. Su nombre verdadero era Diógenes Jacinto Giribaldi.
Dijo de él el poeta Antonio Requeni: “Algunas noches, poco
antes de las 12, sonaba el teléfono del escritorio que yo compartía con
Calvetti y, uno u otro, oía la voz de Daniel Giribaldi que, parafraseando el
verso de Rubén Darío, exclamaba: «¡Torres de Dios, poetas!»
Giribaldi era periodista del diario Crónica y autor de
magníficos sonetos lunfardescos. Cuando nos llamaba a esa hora era para darnos
cita, un rato más tarde, en un bar infecto-contagioso de la Avenida de Mayo,
junto al restaurante Pedemonte. Más de una vez nos encontramos allí, al
terminar nuestros respectivos trabajos. Giribaldi, Calvetti y yo, juntos con
otros dos periodistas de La Prensa: José Luis Macaggi, autor de un Diccionario
Gardeliano, y Hernán Giménez Zapiola.
Nos servían sendos vasos de vino y unos platitos con
porciones de tortilla o fiambre. Yo, el más virtuoso, tomaba solamente el vaso
de vino, o medio y, al rato, me despedía para regresar a casa mientras los
compañeros seguían “hasta altas copas de la madrugada”.
En su vida exterior, Giribaldi jugaba a parecerse a lo que
en porteño llamamos un “reo”. Tal vez lo fuera de verdad. Recuerdo una
medianoche de invierno en que la niebla invadía una Avenida de Mayo despoblada
y fría, casi fantasmal. Caminábamos con nuestro amigo en dirección al bar
cuando una prostituta, desde la vereda de enfrente, lo saludó con el brazo
levantado: «¡Chau Giribaldi!»
Giribaldi murió a los 54 años y, como correspondía en él, de
una cirrosis hepática. Como poeta, encontró en el lunfardo la mejor manera de
expresar su talento. Un lunfardo a ratos metafísico, con el que acertó a
transmitir no sólo una visión entre crítica y humorística de la idiosincrasia y
las costumbres del hombre de Buenos Aires, sino sus propias preocupaciones
existenciales y hasta sus inquietudes religiosas.
Hombre de extensa cultura, gran lector de Quevedo y
traductor de Baudelaire (él lo llamaba Carlitos Baudelaire), vivió para la
noche, las copas y los amigos y, para servir a la poesía, esa diosa cuyo
resplandor también alumbra la noche de los bodegones".
https://elpoetadepuesto.blogspot.com/2013/08/daniel-giribaldi-dos-sonetos.html





