viernes, 17 de abril de 2026

Milonga del alma III (Washington Benavides - Alfredo Zitarrosa).

De su última obra, que no llegó a ver publicada, destaco Milonga del Alma III, de autoría compartida con Washington Benavides.
En este disco ya se nota una apertura musical al incluir instrumentos diferentes como saxo, bajo, guitarra y teclados eléctricos. Pero ese toque clásico de cuarteto de guitarras me sigue poniendo la piel de gallina y lacrimoso. Cómo puede ser, 37 años después? La única explicación para mí es que esta música nos trascenderá por siglos; ya es clásica.
Milonga del alma III
(Washington Benavides - Alfredo Zitarrosa).
Está sentado ahí. Todos saben que es comunista, lo respetan, se sabe, es pobre y rico, generoso al convidar, al envidar y hasta para echar el resto. Confirmo, porque todos sospechan, que tiene miles y miles de compañeros almas y más.
De la frágil materia del olvido,
pétalo a pétalo te alcé, ilusoria,
tan hondo para amar, tan resentido,
que vuelvo el rostro a toda mi memoria.
Pero no quiero en esta mala gana,
verte como a una Alicia en el espejo,
inalcanzable mancha de una plana,
cuando era niño, cuando no era viejo.
La memoria es amante que requiere
un tiempo que no puede ser el mío;
no puedo ser el silbo de lo umbrío,
yo soy el cazador, soy el que hiere.
Jacarandoso árbol de la flor,
que pone azul a toda la plazuela
y que te vio guardándote mi amor,
como a fruto robado, una chicuela.
Y yo, que duermo a veces en el seno
de una bebida con calor de madre
–qué digo, no, tan sólo de comadre–,
amo el valor del que cayó en el cieno.
El amor que blasfema,
atado como un perro a dura estaca
y aleja del costado del poema,
una visión pueril de toma y daca.
El alma tan mentida,
el tiempo frívolo de sacrosanto
viernes de pasión vestido;
la irresponsable llama de la vida
en el pábilo negro de mi canto,
y ese señor olvido, que no olvida,
y ese señor espanto.
De grupo de Facebook de Alfredo Zitarrosa.
Milonga del alma III · Alfredo Zitarrosa · Numa Moraes · Washington Benavides


jueves, 16 de abril de 2026

Himno a Venus de JAIME SILES.


Amor bajo las jarcias de un velero,
amor en los jardines luminosos,
amor en los andenes peligrosos
y amor en los crepúsculos de enero.

Amor a treinta grados bajo cero,
amor en terciopelos procelosos,
amor en los expresos presurosos
y amor en los océanos de acero.

Amor en las cenizas de la noche,
amor en un combate de carmines,
amor en los asientos de algún coche,

amor en las butacas de los cines.
Amor, en las hebillas de tu broche,
gimen gemas de jades y jazmines.

Jaime Siles Ruiz (Valencia, 16 de abril de 1951) es un reconocido filólogo, políglota, poeta, crítico literario, traductor y catedrático universitario español.

miércoles, 15 de abril de 2026

TEORÍA DE LA REPUTACIÓN de CÉSAR VALLEJO.

He estado en la famosa taberna Sztaron de la calle de Seipel, en Budapest, taberna, según se murmura, de una secreta firma bolchevique y cuyo gerente, Ossag Muchay, es tan cortés con la clientela. Muchay ha estado conmigo un gran rato, conversando y bebiendo absintio de Viena, esa distilación religiosa y armada, color de convólvulo, que extrae de una extraña gramínea salvaje, llamada dístilo dormido. La taberna, esta tarde, se ha visto visitada por muy contados parroquianos, que entraban, estirando los miembros, bebían malvadamente ante el mostrador y se iban con gran perfección. Dos muchachas jugaban en un rincón de la planta baja, un juego de dulce de hierro,3 con pequeñas tortugas de capa y cintas de colores. A la entrada de la misma sala, platicábamos el buen Muchay y yo. Hablábamos de las supersticiones del Asia Menor, de las salobres ciencias de aprehensión, de las hechicerías.
Me despedí de Muchay y abandoné la taberna. Avancé hacia la esquina y tomé la calle de Praga, que apareció invadida de gente. La multitud observaba por sobre los tejados las maniobras de la policía. Enteréme, por crecidas puntuales y menguantes de viñeta, que se perseguía a un delincuente de un alto delito, que nadie sabía precisar. Un grupo de gendarmes salió de una de las torres de la iglesia de Ravulk, conduciendo preso a un hombre. Al descender el prisionero las gradas del atrio, pude verle entre la muchedumbre, trajeado de una pelliza en losanges, los ojos enormes, perrazo de gran estimación, que acabase de morder a una reina.
Hasta el comisariado fui detrás de esta gente. El comisario interrogó al preso, en tono de legal indignación:

––¿Quién es usted? ¿Cuál es su nombre?
––Yo no tengo nombre, señor, ––dijo el preso.
Se ha averiguado en Loeben, aldea donde vivía el aherrojado, por su nombre, sin conseguirlo. Nadie da razón de nada que se relacione con sus antecedentes de familia. En sus bolsillos tampoco se ha sorprendido papel alguno. Lo único que está probado es que vive en Loeben, porque todo el mundo le ha viso allí a diario, caminar por las calles, sentarse en los garitos, leer periódicos, conversar con los transeúntes. Pero nadie conoce su nombre. ¿Desde cuándo vivía en Loeben? Se ignora, por otro lado, si es húngaro o extranjero.
He vuelto a la taberna de Ossag Muchay y le he referido el caso en todos sus detalles y aun dándole la filiación minuciosa del preso. Muchay me ha dicho:
––Ese individuo carece, en verdad, de nombre. Soy yo quien guarda su nombre. ¿Quiere usted conocerlo?

Me tomó por el brazo, subimos al segundo piso y me condujo a un escritorio. Allí extrajo de un diminuto estuche de acero un retazo de papel, donde aparecía, en trazos gruesos y resueltos, pero tan enredados que era imposible descifrarlos, una firma delineada con tinta verde rana, de la que usan los campesinos de Hungría. Argumenté a Muchay:
––¿Se puede acaso tomar el nombre de una persona y esconderlo en un estuche, como una simple sortija o un billete...?
––Ni más ni menos, ––me respondió el tabernero.
––¿Y qué explicación tiene todo esto? ¿Cuál es, en resumen, ese nombre?
––Usted ni nadie puede saberlo, pues este nombre es ahora de mi exclusiva posesión. Puede usted conocerlo, mas no saberlo...
––¿Se burla usted de mí, señor Muchay?
––De ninguna manera. Aquel hombre perdió su nombre y él mismo, aunque quisiera darlo, no puede ya saberlo. Le es absolutamente imposible, en tanto no tenga en su poder la firma que usted está viendo aquí.
––Pero si él la trazó, le será fácil trazar otra y otras.

––No. El nombre no es sino uno solo. Las firmas son muchas, sin duda, mas el nombre está en una sola de las firmas, entre todas.
Sus inesperadas sutilezas de billar, empezaron a hacerme palos. Muchay, en cambio, hablaba sin vacilaciones. Encendió su pipa con dos centellas de pedernal croata. Cerró su estuche de acero y me invitó a bajar.
––La vida de un hombre, ––me dijo, descendiendo la escalera––, está revelada toda entera en uno solo de sus actos. El nombre de un hombre está revelado en una sola de sus firmas. Saber ese acto representativo, es saber su vida verdadera. Saber esa firma representativa, es saber su nombre verdadero.
––¿Y en qué se funda usted para creer que la firma que usted posee, es la firma representativa de ese hombre? Además, ¿qué importancia tiene el saber el nombre verdadero de una persona? ¿No se sabe, acaso, el nombre verdadero de todas las personas?
––¿Escuche usted, ––me argumentó Muchay, dando inflexión prudente a sus palabras––, el nombre verdadero de muchas personas se ignora. Esta es la causa por la cual, en lugar de apresar al obrero de Loeben, no se ha apresado al patrón de la fábrica donde éste trabaja.
––Pero usted sabe el delito de que se le acusa?
––De un atentado contra el Regente Horthy.
Bajé los ojos, dando viento a mis órganos medianos y me quedé Vallejo ante Muchay.


César Abraham Vallejo Mendoza nacido en Santiago de Chuco (Perú) el 16 de marzo de 1892. Fallece en París (Francia) el 15 de abril de 1938. 
Hijo de Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero; su apariencia mestiza se debió a que sus abuelas fueron indígenas y sus abuelos gallegos, uno de ellos fue el sacerdote mercedario José Rufo Vallejo, quien yace en las catacumbas de la iglesia del pueblo de Pallasca en Áncash.
Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX y el máximo exponente de las letras en su país.

lunes, 13 de abril de 2026

CUARTITO AZUL de Mario Battistella y Mariano Mores.

 


[Tango]

Cuartito azul, dulce morada de mi vida,
fiel testigo de mi tierna juventud,
llegó la hora de la triste despedida,
ya lo ves, todo en el mundo es inquietud.
Ya no soy más aquel muchacho oscuro;
todo un señor desde esta tarde soy.
Sin embargo, cuartito, te lo juro,
nunca estuve tan triste como hoy.

Cuartito azul
de mi primera pasión,
vos guardarás
todo mi corazón.
Si alguna vez
volviera la que amé
vos le dirás
que nunca la olvidé.
Cuartito azul,
hoy te canto mi adiós.
Ya no abriré
tu puerta y tu balcón.

Aquí viví toda mi ardiente fantasía
y al amor con alegría le canté;
aquí fue donde sollozó la amada mía
recitándome los versos de Chénier. *
Quizá tendré para enorgullecerme
gloria y honor como nadie alcanzó,
pero nada podrá ya parecerme
tan lindo y tan sincero
como vos.

[1939]

- Mario Battistella (Monteforte d'Alpone, Italia, 1893-Buenos Aires, 1968).

- Mariano Mores nació con el nombre de Mariano Alberto Martínez en el barrio San Telmo (en Buenos Aires) el 18 de febrero de 1918. Mariano Mores nació con el nombre de Mariano Alberto Martínez en el barrio San Telmo (en Buenos Aires) el 18 de febrero de 1918.Algunas de sus creaciones son Cuartito azul, Grisel, Cristal, Adiós Pampa mía, Cafetín de Buenos Aires, Uno, Taquito militar, Frente al mar y Tanguera. También incursionó en la comedia musical, el teatro, el cine y la TV. Dirigió numerosas orquestas y realizó giras por el mundo. Sus tangos son interpretados por destacados músicos y cantantes. Entre otros premios recibió: Santa Clara de Asís, San Gabriel, Filiberto De Oro y la Orden de Caballeros de San Martín de Tours. Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. 
Falleció el 13/04/2016.

* Imagen: La partitura de Cuartito azul, con fotos de Ignacio Corsini, el primero que grabó el tango, en 1939, y de Mariano Mores, joven autor de la música. Julio Korn, s/f.


domingo, 12 de abril de 2026

Soneto XXIX de Garcilaso de la Vega.


 Pasando el mar Leandro el animoso,
en amoroso fuego todo ardiendo,
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con un ímpetu furioso. 

     Vencido del trabajo presuroso,
contrastar a las ondas no pudiendo,
y más del bien que allí perdía muriendo,
que de su propia muerte congojoso,


     como pudo, esforzó su voz cansada
y a las ondas habló desta manera,
mas nunca fue su voz de ellas oída:

     «Ondas, pues no se excusa que yo muera,
dejadme allá llegar, y a la tornada
vuestro furor ejecutad en mi vida».

Gómez Suárez de Figueroa, renombrado como Inca Garcilaso de la Vega a partir de 1563 (Cuzco, Gobernación de Nueva Castilla, 12 de abril de 1539-Córdoba, España, 23 de abril de 1616), fue un escritor, historiador y militar nacido en el territorio actual del Perú. Este 2026 se cumplen 410 años del fallecimiento al igual que Miguel Cervantes de Saavedra.

Se le considera como el primer mestizo cultural de América que supo asumir y conciliar sus dos herencias culturales: la inca y la española, alcanzando al mismo tiempo gran renombre intelectual. Luis Alberto Sánchez lo describe como el «primer mestizo de personalidad y ascendencia universal que parió América (Wikipedia).