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lunes, 22 de abril de 2024

Dos poemas sobre la fundación de Salta por CARLOS MARÍA ROMERO SOSA.

 

De izquierda a derecha Carlos G. Romero Rosa e Ignacio B. Anzoátegui.

La ciudad de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta, fue fundada el 16 de abril de 1582 por el Licenciado Hernando de Lerma. El controvertido gobernador del Tucumán llevó a cabo ese acto en cumplimiento de la orden impartida desde Lima por el Virrey Francisco Álvarez de Toledo y Figueroa, motivada en la necesidad de vigorizar la ruta entre la a poco refundada Buenos Aires por Juan de Garay y la capital del Virreinato del Perú.

Trascurridos más de trescientos cincuenta años desde entonces, dos poetas argentinos vinculados entre sí por el afecto y lejanos lazos de sangre en tanto provenían del sevillano Conquistador del Tucumán, Pedro Cayetano González y la Cueva, cantaron en la primera mitad del siglo XX a esa fundación de tanta trascendencia histórica. Lo hicieron sin descuidar sus particulares y en cierto modo comunes perspectivas hispanistas, no sin desconocer ambos, con mayor o menor énfasis y sin conceder argumentos a la leyenda negra, que como todo suceso humano no estuvo el exaltado en sus respectivos trabajos líricos, exento de oscuridades en su inicio, debido al carácter despótico y cruel de Lerma, cuya estatua, obra del escultor Ángel E. Ibarra García se encuentra hoy ubicada en la Plaza Güemes de la ciudad de Salta.

LA OBRA DE ANZOATEGUI.

Desde el punto de vista cronológico, el primero en poetizar el hito histórico fue en 1941 Ignacio Braulio Anzoátegui (1905-1978), escritor, abogado y magistrado platense de ancestros salteños, como que su linaje enraizaba con los primeros pobladores de la ciudad del cerro San Bernardo. Con el devenir de las centurias, su abuelo paterno, el doctor Manuel Anzoátegui y González, resultó ser un médico salteño destacado en su profesión que además ocupó altos cargos públicos en la provincia, entre ellos la titularidad del Ministerio de Hacienda durante la gobernación de Ángel Zerda.

Su próximo pariente, el hacendado Ciro Anzoátegui, fallecido en 1915, apasionado lector y divulgador en el medio local del Martín Fierro, fue un tradicionalista hombre de a caballo que jineteando uno desfiló ante la Infanta Isabel durante las festividades del Primer Centenario Patrio. Y un sobrino de Ignacio Braulio, Raúl Manuel Aráoz Anzoátegui, hoy reconocido como una de las figuras literarias salteñas de mayor relieve, publicaba justamente en aquel año de 1941 su juvenil “Elegía a Lavalle”.

De tales entronques familiares resultó ser este cultor del soneto, el romance y la jitanjáfora, acústico y vanguardista género literario que universalizó el mejicano Alfonso Reyes y al que supo poner Anzoátegui el sello de su impronta personal. Incorporado a la Antología Poética Argentina compuesta por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, publicada en 1941, y asimismo antologizado, según dato que aporta Jorge Martínez en la edición de La Prensa del domingo 17 de marzo de 2024, por Jorge Norberto Ferro y Eduardo Allegri en un volumen de 1983, además de poeta se reveló buen cuentista e ingenioso cultor de brulotes y paradojas en libros famosos en su hora como Vida de muertos y Vida de payasos ilustres. Del desenfado orgullosamente reaccionario que practicaba, una de las más acertadas definiciones la dio Horacio González, quien lo hizo reeditar en la serie Los Raros cuando era director de la Biblioteca Nacional: “es como la izquierda de la derecha, lo que produce un extraño efecto: el del fascismo que ríe.”

Sin embargo su ultramontanismo a un tiempo ácido y humorístico y en el plano religioso ortodoxo y chestertoniano, no lo alejó ni mucho menos de las expresiones políticas populares. Así estuvo próximo al Movimiento Justicialista al punto de haber elogiado en un artículo dado a conocer en La Prensa del 16 de octubre de 1954, titulado “El Día de la Lealtad”, lo que en sus palabras: “Fue una pueblada sí, porque fue una patriada”, en línea parecida a su amigo Leopoldo Marechal de aquel definitorio verso: “era Octubre y parecía Mayo”.

Aunque sobre todo con el argentinismo “patriada” o con los más pertinentes términos de “quijotada” y “cideada”, dignas de Alonso Quijano y el Campeador, bien pudo caracterizar Anzoátegui la Colonización Hispana, uno de cuyos jalones fue el concretado junto al rollo de justicia, dando tajos con su espada el Licenciado Lerma en 1582. Su “Poema de la fundación de Salta” se dio a conocer en el diario La Nación de fecha 15 de junio de 1941 y se recogió más tarde en el libro Dulcinea y otros poemas, publicado en 1965 en Madrid por Ediciones Cultura Hispánica.

ESPAÑA CATOLICA.

Se advierte desde los iniciales versos de la composición, rimados, de modernista arte mayor y por momentos salmódicos y en honra de cuando: “Ángeles mosqueteros/ disparaban al aire americano mosquetes y sombreros”, la sacralidad acordada al acto fundacional verificado sobre una tierra: “divinamente señalada para derramarse en las aventuras del catecismo y de la espada”.

Inspira el poema el firme compromiso con la España Católica e Imperial; y acorde con el ideario del nacionalismo de derecha argentino de la época de nativa territorialidad requirente tras la Cruz del Sur del Cielo de la Gracia: “para juntar mi tierra con su cielo”, tal se patentiza el ansia por sintetizar los elementos, ampliando los límites físicos de la Patria hacia otra superior y metafísica dimensión, como para constituirse en la marechaliana “provincia de la tierra y el cielo”; un destino a la vez geográfico y Cristológico. No está ausente la referencia al Lugones de las Odas seculares“Y fue sobre esta tierra, sobre esta tierra mía de los/ ganados innúmeros y de las innúmeras mieses.” Ni son obviados los excesos del fundador que se insinúan fruto de padecer malaria: “Un hidalgo discutidor y discutido/ quizá un hombre necesitado solo de una insignificante dosis de quinina”. Tampoco se deja de enraizar el muy de la época antidemocratismo maurrasiano al que adscribía el autor, en el marco del bien documentado autoritarismo de un Lerma “Discutidor y discutido como un buen español dispuesto/ a morir en cárcel por sostener españolamente/ el españolísimo derecho a no dar explicaciones a/ la gente.”

Poema de afirmaciones y definiciones, de exaltación histórica sí, pero autorreferenciándose aquí y allá el poeta con una asumida carga de contradicciones. Hay un ir y venir por la temporalidad, es decir de la epopeya distante al presente de quien la glosa. Incluso Anzoátegui hace “mea culpa” de su propia condición burguesa y consumista de manufacturas importadas sobre la que bien podría pedirle cuenta: “algún fantasma antepasado/ enamorado de su pasado”. Entonces -¿quizá?- para dar idea de la penetración económica extranjera que poco antes, hacia 1940, denunció Raúl Scalabrini Ortiz en Política británica en el Río de la Plata, a renglón seguido de la posible reconvención, apela sin prejuicio esteticista a cierto término prosaico como debe haber entendido trivial y carente de grandeza el momento aquel de la Nación -plena Década Infame- en que se le reveló la composición: “Sobre esta misma tierra que un día pisaría con la/ comodidad un poco inapropiada de mis zapatos/ingleses/. (Y me refiero a mis zapatos ingleses y no a los ocho/ cilindros del automóvil obligado.)” Y finaliza no casualmente nombrando las serranías que invitan al tránsito ascensional dominador del paisaje y al viaje por la propia sangre, con una invocación a “La ciudad soñadora de los montes azules y del claro linaje.”

Luego de aparecer el texto incluido en el poemario Dulcinea y otros poemas, en el primer número de la revista Jauja correspondiente al mes de enero de 1967, publicación nacionalista donde mucho colaboró Anzoátegui, su director el Padre Leonardo Castellani, suscribió un comentario crítico con las primeras letras de su seudónimo “Jerónimo del Rey”. Allí celebró el libro y en especial elogió el poema de referencia con estas palabras: “Una decena de odas coloridas y refinadas en el metro anzoateguiesco de versículos rimados, espléndidas y sólidas casi todas, ante todo (para nuestro gusto) el ‘Poema de la fundación de Salta’ y la épica ‘Oda al Paraná’.”

Da pena que la superficialidad actual, la grosería estética imperante y sobre todo la desatención hacia piezas de tan alta jerarquía literaria como este poema, lo hayan relegado al olvido.

SIETE LOORES.

En 1942 y como adhesión al Congreso de la Cultura Hispano Americana, celebrado en la ciudad de Salta y promovido por el entonces Arzobispo de la arquidiócesis, Monseñor Roberto J. Tavella, un hijo de aquella ciudad norteña, joven historiador y poeta, autor para ese tiempo de un par de sonetarios editados y próximo a dar a conocer una plaqueta intitulada Sexenario de Sonetos con la Croniquería del Señor del Milagro, compuso a la manera de Gonzalo de Berceo y el Arcipreste de Hita, la crónica de la fundación de Salta.

La obra de Carlos Gregorio Romero Sosa (1916-2001), dedicada a los doctores Carlos Serrey, Daniel García Manilla y al arquitecto Ángel Guido que mereció un prólogo del poeta cordobés Ataliva Herrera, “Tiene hondura y realidad histórica evidente”, en valoración del Capellán Mayor del Ejército Argentino R.P. Amancio González Paz. Consta de siete loores que totalizan más de cuatrocientas estrofas compuestas en tetrástrofos alejandrinos monorrimos.

Al tener acceso a los originales, recibieron el elogio de Juan Carlos Dávalos, tío y maestro de Romero Sosa; y a juicio del humanista Juan Carlos García Santillán es: “El poema de mayor aliento escrito por un salteño”. Aunque ni entonces ni después llegó el autor a ver publicado en libro el extenso texto; más allá de los iniciales requerimientos de varias instituciones culturales como la Unión Salteña y el Centro de Residentes Salteños “General Güemes”, a fin de que la legislatura local concediera un subsidio para hacerlo. No obstante fue difundido al aire íntegramente años después, en abril de 1946, en una audición especial de la Radio Provincia de Salta LV9 para celebrar un nuevo aniversario de la fundación de la ciudad norteña.

FUEGOS ACTUANTES.

Mucho más una acabada relación histórica, enriquecida con datos cronológicos y hasta genealógicos, fiel a la vocación del autor por el arte de Clío, a cuyo estudio y desarrollo finalmente dedicó su existencia, que un punto de partida para expresar pareceres y refundarse a sí mismo, santificando la tierra carnal como Anzoátegui en su poema, comienza esta loa por no relativizar las crueldades de Lerma, acusado en su momento de ideas judaizantes ante la Inquisición y alguien “mendaz, rencoroso e injusto” para el historiador Atilio Cornejo: “Hay en el caballero prestancia de soldado./ Es cristiano, lo jura. Bachiller. Licenciado./ Si a veces se presenta hosco y malhumorado,/ evoca la figura del Manchego alunado”.

Empero entre el claroscuro de miserias y grandezas lejanas, se avivan fuegos actuantes a lo largo del canto como guías que permiten divisar el feliz producto, al cabo, de lo acontecido tantos siglos atrás: “Pero este caballero, a quien la Providencia/ juzgue por sus errores y su íntima conciencia,/ estaba destinado, por Divina Indulgencia,/ a delinear el predio de una nueva querencia”. Y continúa reconstructivo del imaginado ambiente del Valle de Salta: “Junto al curso sonoro del río ribereño/ -Segundo, Sauce o Arias-, ha de plantar el leño/ de la altiva picota. Y aromará un bargueño/ los muros del Cabildo, de espejismo limeño. (…). Esta era la conquista en el Valle de Salta,/ la muy noble conquista que la crónica exalta/ Del gran Virrey Toledo su videncia resalta./ ¡Cuán grande era el ilustre Caballero de Malta!”

La cuaderna vía de tan noble tradición en nuestra lengua, fue asimismo ejercitada en forma más o menos contemporánea a los Loores comentados, tanto en España por Gerardo Diego en Decir de La Rioja, como en la Argentina por Alfredo R. Bufano en sus libros Mendoza, la de mi canto y Colinas de alto viento, por el sacerdote y escritor salesiano Luis Gorosito Heredia –“Nice Lotus”- en Juglar de antaño y hogaño o por María de Villarino en “Loores de Nuestra Señora de Luján”.

En el país, sin embargo, la cuaderna vía ha tenido su punto más elevado sin duda alguna en el magno “Loor a Nuestra Señora del Valle” del catamarqueño Juan Oscar Ponferrada, justamente dado a conocer y ser premiado en los Juegos Florales de Catamarca en abril de 1942, el mismo año de la creación de Romero Sosa, su admirador y amigo cuyas últimas cuartetas de la crónica, siempre escandidas dentro de las formas del Mester de Clerecía, resultan de una emocionada exaltación del terruño: “Es la Salta española, morisca y castellana,/ a ratos pecadora y mística y cristiana,/ la que fue redimida del infiel por Barzana/ y mostró en la contienda su espada toledana./ La Salta de los patios que nieva el limonero/ y que imprime en las páginas de su albo romancero,/ junto con el perfume de albahaca y de romero,/ la sangre de su historia pintada en cada alero./ La Salta de los santos y de los historiales;/ y la del caserío de estampas coloniales,/ propicia a ser cantada en claves virreinales/ o en devotas antífonas de libros sapienciales. /La Salta de las torres, severos penitentes/ con cilicios de bronce de campanas urgentes/ con sones melodiosos, sutiles o potentes/ para llamar al rezo a espíritus ardientes.”

Intencionadamente finaliza Romero Sosa transliterando en homenaje a Anzoátegui, los primeros versos de su poema, inicial epígrafe además de los Loores. Nada raro dado el vínculo ya existente entre uno y otro a acrecentarse en la siguiente década cuando hasta fueron cercanos vecinos de la porteña calle Laprida, en el barrio de Recoleta: “La Salta: novia india de hispanos caballeros,/ a la vez que guerreros, juglares y troveros,/ llenos de señorío o adustos mosqueteros/ que al aire disparaban mosquetes y sombreros.”

Publicado en Diario LA PRENSA.

Domingo 21 de abril del 2024.

https://www.laprensa.com.ar/Dos-poemas-sobre-la-fundacion-de-Salta-543601.note.aspx

jueves, 2 de abril de 2020

SÚPLICA PARA LA IGLESIA MILITANTE -Ignacio B. Anzoátegui.-

SÚPLICA PARA LA IGLESIA MILITANTE.

¿Es que perdió su rumbo


La nave de la Iglesia?


¿Es que a porfía


Se nos ha puesto a andar


de tumbo en tumbo,


Ebria y alzada la marinería?


¿Qué fue de la pasada


Misión de iluminar la mar ignota?


¿Quién le dejó, Señor, así trocada


Su derrota en derrota?





¿Qué viento amotinado


Rasgó sus velas y quebró su quilla


Y la azotó sobre el acantilado


Lejos de Tí, mi Dios, y de tu orilla?


¿Qué Capitán, Señor, adormecido


Por culpa y obra de la democracia


Le quitó su vigor y su sentido


Y la gracia velera de tu Gracia?





Todavía esperamos que en tu pía


Solicitud nos salves del naufragio.


El Diablo nos acecha día a día.


¡Escúchanos, Señor, nuestro sufragio!


(Y que Santa María,


Nuestra Señora la Corredentora,


Si fuera necesario,


Nos tienda nueva vez en esta hora


El santo salvavidas del Rosario).


miércoles, 6 de julio de 2016

TEJES de Ezequiel Martínez Estrada.



TEJES 
de Ezequiel Martínez Estrada.

Tejes. Callamos. Yo leo, 
que es mi modo de tejer. 
La casa empieza a tener 
frialdad de mausoleo. 

—Hace frío. 
—Sí; hace frío. 
—Pon otro poco de leña. 
En el cuadro un árbol sueña 
y frente a él corre un río. 

—Rafael no viene más. 
—Ya no viene más Irene. 
—¿Y Dora? 
—¿Y Pedro? 
—¿Y Tomás? 
—Ya ninguno de ellos viene. 

Además, ¡cuántos se han ido 
por éste o aquel sendero! 
Otros nacieron, pero 
también los hemos perdido. 

Transcurren unos minutos 
en una quietud tan pura 
que el tejido y la lectura 
son perfectos y absolutos. 

—¿Oyes? Salen de la escuela 
los chicos. 
—Pues, ¿qué hora es? 
Hablan y cantan. Después 
sólo queda una estela. 

—¿Han llamado? 
—Sí, han llamado. 
Nadie ha llamado a la puerta. 
Está la calle desierta 
como un camino olvidado. 

El reloj marca una hora 
cualquiera en la eternidad. 
Esta sí es la soledad. 
Nunca la sentí hasta ahora. 

—Es tarde. 
—Es tarde. 
Cerramos 
la llave de luz. Salimos. 
—Hasta luego. 
Y nos dormimos. 
Y después despertamos.


Ezequiel Martínez Estrada nació el 14 de septiembre de 1895 en San José de la Esquina, una localidad del Departamento Caseros a escasos kilómetros del límite con la provincia de Córdoba, en la provincia argentina de Santa Fe. Fue un autodidacta, pensador nato, cabeza lúcida, desmerecido, negado y silenciado. Autor de "Radiografía de la pampa", "La cabeza de Goliat", "Sarmiento" o "¿Qué es esto? Catilina", “Muerte y transfiguración de Martín Fierro”, entre otras.

En 1949 se radicó en la Ciudad de Bahía Blanca.
Los años del peronismo coincidieron con una neurodermatitis, una enfermedad extremadamente discapacitante de origen psicosomático que lo mantuvo postrado por años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de la escritora Victoria Ocampo. Una enfermedad que clasificaron en el nomenclátor de las enfermedades atópicas, es decir, "insólitas". Nunca vistas. Bromeaba Ezequiel Martínez Estrada al denominarla "desbarajuste glandular peronista generalizado".
El gobierno peronista lo había privado de su puesto de trabajo en La Plata, que recuperó en 1956 y fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en la Ciudad de Bahía Blanca. En 1957 asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.
Desde septiembre de 1960 a noviembre de 1962, fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana donde estudió en profundidad la obra de José Martí y editó dos libros de discursos de Fidel Castro.
Esta adhesión a la revolución cubana no sería comprendida ni perdonada por los intelectuales argentinos nucleados en torno de la Revista Sur.
Criticado y poco entendido y/o comprendido de él decían, a modo de ejemplos, un Jorge Luis Borges lo consideraba un "sagrado energúmeno"; Raúl Anzoátegui lo consideró "una estatua aficionada a hacer declaraciones"; Ismael Viñas, un "negador a la marchanta"; Jorge Abelardo Ramos, un "intérprete del pensamiento imperialista", Juan José Hernández Arregui, una "inteligencia enteramente colonizada" y desde el periódico “La Vanguardia del Partido Socialista lo consideraban un "amargo, pesimista y desconcertante”…
"Soy un ídolo en desgracia" solía repetir en su casona de la avenida Leandro Alem de Bahía Blanca viviendo, sus últimos años, austeramente de los haberes de su jubilación y de algunas escasas colaboraciones literarias, pobre, olvidado, recluido y enfermo.
Falleció Ezequiel Martínez Estrada un 3 de Noviembre de 1964 en la Ciudad de Bahía Blanca.

jueves, 15 de octubre de 2015

ZAMBA PARA JAVIER – Zamba de Ignacio Anzoátegui.

ZAMBA PARA JAVIER 
de Ignacio Anzoátegui.

Quiero tener un hijo
que se parezca a vos,
con los ojos tristones y lejos
y una música en el corazón.
 
Quiero que el hijo nuestro
sueñe como los dos;
y al mojarse la noche en el río,
se nos duerma con esta canción.
 
Hijo nuestro,
             por tu cielo ha salido otra luz:
             que ya viene a invitarte a paseo
             en su burro, el niñito Jesús.
 
Quiero volcarle al hijo
todo nuestro querer
y que encuentre en la zamba su nombre,
cuando llegue del cielo Javier.
 
Quiero correr el tiempo
para que pueda ser
y al lloverse de luces su día,
se haga cierta esta copla por él.

Ignacio Braulio Anzoátegui (h) fue el autor-creador de la bellísima “Zamba para Javier” (que escuchábamos, en la zona de Villa Regina, provincia de Río Negro, Patagonia Argentina) por radio AM en la década del ´70 y ´80 en los programas folclóricos de LU16 Radio Río Negro de Villa Regina y LU19 Radio “La Voz del Comahue” de Cipolletti … poesía, arte, sentimiento eso fue Ignacio Anzóategui.
Ignacio Braulio Anzoátegui (h) nació en Buenos Aires, el 20 de Septiembre de 1935, fue hijo de Ignacio Braulio Anzoátegui un escritor y poeta argentino y de Josefina Padilla, fue el mayor de los 11 hermanos. Decía de sus antepasados salteños  pero “portadores de mi apellido/ ingresaron a las Provincias Unidas del Sud/ por la muy bella Provincia de Salta” claro en el Siglo XVIII aún no existía las Provincias Unidas de Sud pero los Anzóategui siempre se sintieron parte de la Patria Grande, de nuestra Argentina.
Se educó en diversas instituciones, recibiendo su diploma de bachiller en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.
Desde muy joven se inclinó tanto por las letras como por la  pintura, destacándose en ambas ramas con diversas publicaciones de poemas. Dirigió durante algunos años la FM de Radio Nacional y era miembro activo de la Academia Argentina de Folclore. Sus palabras dejaron inauguradas las sesiones de la Academia del Folklore, hace dos años: "Lo que aquí nos reúne es el amor. El verdadero, el limpio, el diáfano amor por la Patria. El color y el olor de la Patria. Las palabras y las músicas que la integran y que llenan nuestro corazón desde siempre, desde el principio, desde el origen. Es nuestra tarea conocer y divulgar el patrimonio que tenemos en las manos y en la sangre".
El contenido de las letras de sus canciones y muchas de sus poesías, se refieren al noroeste argentino; fue un devoto practicante católico y lo demuestra en muchas de sus obras tanto pictóricas como poéticas y cancioneras.
Contrajo matrimonio con María Luisa  Zapiola en 1961. Fue padre de 5 hijos, Javier, Pilar, Soledad, Rosario y Guadalupe.
No es nada raro  que Anzóategui un apellido, a todas luces, de origen vasco, Ansoátegi o Anzóategui y de nombre Ignacio (también de origen vasco), tuviera un hijo al que pusiera por nombre Javier.
Decía Ignacio Anzóategui:  “Yo me casé el 3 de Abril de 1961 con María Luisa Zapiola y nos fuimos de luna de miel a Mar del Plata. Yo venía componiendo canciones desde muy chico, desde los 15 años, me casé a los 25. Cuando me voy de Luna de Miel, me voy con mi mujer y mi guitarra, y allí nació la “Zamba para Javier”. Pasó luego un tiempo, yo estaba recorriendo algunas empresas grabadoras, donde me hicieron los ofrecimientos más desleales que te podes imaginar, como por ejemplo: A mí me gusta esta zamba pero usted la va a tener que compartir, usted elija si es el autor de la letra y fulano de tal el de la música. Le contesté: de ninguna manera estoy dispuesto a compartir esto porque es como si usted me ofreciera compartir un hijo, y este hijo es mío, la “Zamba para Javier” es absolutamente mía. En Octubre del ‘62 nació un varón que se llamó Javier, y que se encontró con su zamba. Pasan los años, un hermano mío que fue a veranear a Córdoba, la oyó en un fogón cantada por un señor que dijo que la zamba “era de él”. Y yo me empecé a desesperar, porque de las cositas que yo había compuesto, la que más me importaba era esta zamba. Entonces, volví a recorrer las empresas grabadoras, sin ningún éxito, haciendo algunas amasadoras feas, engañosas, porque te prometían y prometían... hasta que resulta un hecho sumamente inesperado, (mientras tanto me había hecho muy amigo de Ernesto Sábato, iba muy seguido a su casa de Santos Lugares, y venían Matilde y Ernesto a la mía en Bella Vista) Y un día en el año ‘67 un grupo de amigos que se reunieron en casa, porque sabían que venía Sábato, me dicen: Ignacio, por qué no agarras la guitarra y cantas algunas de tus cosas, y canto la “Zamba para Javier” y algunas otras cosas más. Sábato en ese momento no me dice nada, pero al otro día me llama a la oficina donde trabajaba en ese momento en Bs. As, y me dice: “Deje lo que esta haciendo Ignacio, yo lo estoy esperando en la oficina de un amigo mío que queda en la calle San Martín (no me acuerdo a cuanto). Era Ben Molar. ¡La editorial Fermata de Ben Molar! ¡Y se había largado Sábato para interceder por mí con Ben Molar! Que en esos momentos era inaccesible, y me ofrece -en realidad presionado por Sábato-, la oportunidad de grabar. Y así fue que grabé un pequeño disco simple, en aquella época se grababa así, en el año ‘68, si andaba un disco simple se grababa un nuevo disco simple. Hice 3 hasta arribar por primera vez al primer L.P. Así sucedió... fueron andando bastante bien las canciones, sobre todo la “Zamba para Javier”, que tuvo una significativa difusión. No estaba concebido Javier cuando nació esta canción. Fue una premonición. En la luna de miel conversaba con mi mujer de los posibles nombres para nuestro hijo, y yo me jugué decididamente a que iba a ser Javier y nació Javier...”(Facebook).
Esta Zamba fue grabada en un disco simple de 33 revoluciones que giraba en aquellos legendarios Wincofón:  “Hijo nuestro, por tu cielo ha salido otra luz./ Que ya viene a invitarte a paseo,/ en su burro el Niñito Jesús”.
Vivió parte de su vida en Buenos Aires, y desde 1964 residió en Bella Vista, una localidad perteneciente al Partido San Miguel, Provincia de Buenos Aires lugar donde produjo la mayor parte de su obra. Fue allí donde tenía su taller en el que pasaba largas horas trabajando. Falleció en dicha ciudad el 20 de Julio de 2009.

Y la versión hecha por "Los Chalchaleros" una versión grandiosa que es un lujo escucharla....

miércoles, 14 de octubre de 2015

MONÓLOGO DEL AMOR QUE NO QUIERE AMAR y ESPERANZA DEL MILAGRO de IGNACIO BRAULIO ANZOÁTEGUI.

MONÓLOGO DEL AMOR QUE NO QUIERE AMAR.

Este querer amarte por quererte,
y este miedo de amarte sin amarte,
y este querer perderte por ganarte,
y este querer amarte sin perderte,
y este ganarte sin saber perderte,
y este perderte sin saber ganarte,
me dan miedo de amarte por amarte
cuando quisiera no querer quererte.
Este miedo de amarte sin ganarte
y este querer ganarte sin perderte
me obligan a perderte sin amarte.
Porque el miedo de amarte y de perderte
y el miedo de quererte y de ganarte
es el miedo de amarte hasta la muerte.
Ignacio Braulio Anzoátegui nació en Ciudad de La Plata el 25 de julio de1905 se dedicó al campo de las letras, el Derecho y la docencia. De ideas vínculado al nacionalismo católico argentino. 
Los Anzoátegui era una familia que afincada desde hace años en provincia argentina de Salta, La Linda donde confluyeron las raíces vascas e hispanas que se perciben esa defensa en los escritos, pensamientos, aforismos y poesías.
Con un estilo de humor similar en sus sarcasmos al del Padre Leonardo Castellani o Gilberto Chesterton. No era de andar con medias tintas.
Se casó con Josefina Padilla, con quien tuvo once hijos.
“Doctorado en Leyes en la Universidad de Buenos Aires, desempeñó luego la magistratura judicial, siendo sus fallos famosos por el estilo y el talento literario (“Sin poesía no hay derecho”, decía siempre). Uno de esos fallos, sobre un hombre que se casó con una mujer veinte años mayor, decía, por ejemplo: “Cuando se casaron, él tenía la edad en que se encuentra a la vida y ella la edad en que se le reencuentra”.”( http://hispanismo.org/)
Falleció en Buenos Aires el 2 de abril de 1978.

A no confundirlo con Ignacio Braulio Anzoátegui (h) que escribió la bellísima “Zamba para Javier”.

ESPERANZA DEL MILAGRO.

Inútilmente pido lo que pido,
Inútilmente quiero lo que quiero:
No espera mi esperanza lo que espero
Ni olvida mi memoria lo que olvido.
Ni pide mi esperanza lo que olvido
Ni quiere mi memoria lo que espero:
Inútilmente olvido lo que quiero,
Inútilmente espero lo que pido.
Todo es inútil ya. Pido y espero;
Pido al amor olvido, y el olvido
Se entrega a la memoria prisionero.
Quiero sin esperanza, y lo quiero
Espera eternamente en lo que pido
El milagro de amor en el que muero.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La flor azul de Ignacio Braulio Anzoátegui (h).

La flor azul.
La flor azul de tu ternura sola
se dormirá en su boca cuando muera.
Es un niño el que pasa y el que llora.
Es un niño, nomas , en primavera.

Y es tanto amor el de este niño viejo
que su mejor paisaje es una estrella,
que su mejor dolor es un silencio,
que su mayor distancia tu presencia.

De tiempo en tiempo se abrirán los ojos
verdes, con que te mira el alma entera,
y sentirás que te recorre el viento
y te transita toda la belleza.

Partida en dos mitades solidarias
con él se llega al centro de la pena;
se palpan las paredes de la angustia;
se llora desde adentro la tristeza.

Cuando este niño arrodillado pida
la flor azul de tu ternura llena
partida en dos mitades solidarias,
detrás del fondo mismo de la pena
arriba del silencio y de la noche
alcánzale tu mano compañera;
porque este niño viejo no se vaya.
Porque este niño viejo no se muera.

Ignacio Anzoátegui: Biografía.
Ignacio Braulio Anzoátegui (h) nació en Buenos Aires, el 20 de Septiembre de 1935, hijo de Ignacio Anzoátegui y Josefina Padilla, fue el mayor de los 11 hermanos.
Se educó en diversas instituciones, recibiendo su diploma de bachiller en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.
Desde muy joven se inclinó tanto por las letras como por la  pintura, destacándose en ambas ramas con diversas publicaciones de poemas (Recién ahora- Poemas sin guitarra- Con tres o cuatro amigos- Sub-total- Buenos días genario y Las palabras de mis canciones) y la grabación  de varios discos (Editorial Fermata).
El contenido de las letras de sus canciones y muchas de sus poesías, se refieren al noroeste argentino, especialmente a la provincia de Jujuy lugar de su preferencia, y donde de joven residió por algún tiempo y luego visitó en muchas oportunidades.
En 1975 le fué encargado pintar un Cristo de grandes proporciones, en la ciudad de Ascención, prov. de Buenos Aires, el cual se mantiene intacto y es motivo de peregrinaciones de distintos lugarses del país.
Fue un devoto practicante católico y lo demuestra en muchas de sus obras tanto pictóricas como poéticas y cancioneras. En muchas de ellas está presente la imagen de Dios.
Trabajó en distintas empresas de Seguros y Publicidad.
Autor, compositor e intérprete de sus propias canciones, realizó varias presentaciones en distintas ciudades de Argentina y en el extranjero. Algunas de sus canciones fueron grabadas por reconocidos artistas de nuestro país y del exterior.
Expuso sus dibujos y pinturas en muestras individuales en Buenos Aires y el interior del país, en Madrid, Valencia, Milán, Génova, Trieste, Abu Dhabi en los Emiratos Árabes, Ashdod (Israel) y Alejandría (Egipto).
Su otra pasión fue la radiofonía. Creó la audición "La música de los poetas" que se transmitió varios años en Radio Nacional y posteriormente en Radio Cultura.
Fue jurado en diversos certámenes de la canción, la pintura y la poesía.
Integró una de las comisiones asesoras del directorio de Sadaic, fue presidente de la Academia Nacional del Folklore de la cual actualmente es socio honorario, y de la Asociación Cultural “El Galpón” de Bella Vista, provincia de Buenos Aires.
Por sus actividades artísticas, obtuvo varios premios y reconocimientos. El  "Santa Clara de Asís"  otorgado por la Liga de Padres y Madres de Familia, "La Cruz de Plata Esquiú", el primer premio de poesía de la Fundación INCA, y primer y cuarto premio de poesía de la revista Vosotras, certamen integrado por un prestigioso jurado.
Contrajo matrimonio con María Luisa  Zapiola en 1961. Fue padre de 5 hijos: Javier, Pilar, Soledad, Rosario y Guadalupe.
Vivió parte de su vida en Buenos Aires, y desde 1964 residió en Bella Vista, Provincia de Bs.As. lugar donde produjo la mayor parte de su obra. Fue allí donde tenía su taller en el que pasaba largas horas trabajando.
Falleció en dicha ciudad el 20 de Julio de 2009.

Fuente de información de muchos de los datos esta breve biografía: http://www.anzoategui.com.ar/