Los Chalchaleros cantan "La Argentina que yo quiero". Fuerte y generosa, mi Argentina libre y orgullosa de ser como es, pluma, espada y lanza trazaron su historia todos argentinos, compartiendo glorias en el gran encuentro que uniendo a su pueblo del puerto hacia adentro fue gesta sin par. Son brazos abiertos, sus fronteras, prenda su bandera de amor y hermandad, ante la presencia de todo extranjero si no es personero de la prepotencia que no habrá potencia que al ser argentino le tuerza el destino marcado al nacer. Mi patria es soberana y su rango es de nación, jamás será colonia gobernada desde afuera, queremos convivir, pero independientes, dispuestos a servir, pero no sirvientes, no haremos un futuro de paz ni de justicia real, si no empezamos por hablar de igual a igual. Así es la Argentina que yo quiero que alumbra el sendero de la libertad, medio continente libró junto a ella y tras de su huella se hizo independiente, es la patria grande que vive latente que abraza ferviente la causa común. Digna y respetuosa, mi Argentina del derecho propio y del de los demás, cuando su batalla se dio en otras playas fue libertadora, no conquistadora, nada de lo ajeno esta tierra pretende ni a nadie le vende tampoco su honor.
LA ARGENTINA QUE YO QUIERO. AUTOR: MARTÍN DARRÉ.
Martín Darré.
Martín Vicente Darré nace en el barrio de Belgrano en la Capital Federal un 26 de mayo de
1916 (en el año del Centenario de la Independencia de la Nación Argentina "libres de toda dominación extrajera")
Fallece el 12 de noviembre de 1991 fue un pianista, bandoneonista, arreglista,
compositor y director. Se destacó en el tango al embellecer lo que distintos
autores habían compuesto.
En 1978 ganó el concurso destinado a seleccionar el himno
oficial del Campeonato Mundial de Fútbol, disputado en la Argentina. “Esta
marcha –dijo– tiene fervor deportivo, pero no localista; sentido de bienvenida,
de cordialidad, de convivencia, de exaltación de los valores del deporte”. La
versión fonográfica oficial de esa marcha fue confiada a la Banda Sinfónica
Municipal, dirigida a la sazón por Victorino Sierra, y al coro masculino del
teatro Colón.
Como parte de su tarea en la Banda Sinfónica de la Ciudad de
Buenos Aires transcribió numerosos tangos al formato orquestal. Con el mismo
organismo incursionó en otros géneros, elaboró Mosaico popular norteamericano
(selección que reúne piezas de compositores como Gershwin y Henry Mancini) y
adaptó obras del repertorio de Chabuca Granda y Frank Sinatra. Desde 1982 ocupaba el sillón Celedonio Flores en la Academia
Porteña del Lunfardo.
Llegó al tango con sus letras locas cuando éste ya no podía darle la fama y la devoción popular que había derramado sobre otros creadores, que para entonces estaban muertos o se resignaban al ocaso. Pero se abrió paso de todas formas, y hasta logró ser el letrista adoptado por Astor Piazzolla, único vanguardista que no desdeñó el tango canción. Por momentos consiguió conectar con esas grandes masas ya alejadas del género, y le regaló a Piazzolla la multitudinaria repercusión popular que le había faltado. De todas formas, nunca incurrió en una lírica directa y plana, empecinamiento por el que todo artista paga un precio. Creador de una obra incesante, aplaudida o rechazada, ha sido y es el letrista más resuelto a escribir versos nuevos cuando ya todos los versos del tango parecían haber sido escritos.
Horacio Ferrer vio la luz en un hogar montevideano impregnado de arte. De muy niño escribía ya versos, obras para títeres y, algo después, milongas que cantaba, acompañándose en guitarra, para sus amigos del barrio en el sótano de un almacén. Quien le enseñó a sacar tangos de oído en la guitarra fue un tío materno que vivía en Buenos Aires, en la margen occidental del Río de la Plata, adonde viajaba con sus padres frecuentemente. Fue ese mismo tío quien le haría conocer la noche porteña, con toda su galería de personajes bohemios.
Sus primeros tangos surgieron a comienzos de los '50, apareciendo en ellos la temática y el estilo por momentos surreal de sus obras posteriores. Con amigos de la carrera de arquitectura y el coleccionista Víctor Nario inició en Uruguay un programa radial semanal: "Selección de Tangos", desde el cual se propuso defender a las resistidas tendencias vanguardistas. De esa audición insurgente nacerá en 1954 "El Club de la Guardia Nueva", que organizaba conciertos con Aníbal Troilo, Horacio Salgán y el revolucionario Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. A éste lo conoció en 1955, al regresar Astor de Francia. Ese encuentro alcanzaría gran trascendencia.
Ferrer redacta, ilustra y dirige durante siete años la revista "Tangueando", mientras sus versos y sus tangos permanecen inéditos. En esa misma época, entre 1956 y 1959, estudia bandoneón y comparte una pequeña orquesta. Durante este último año publica su primer libro, El Tango. Su historia y evolución, editado por la casa Peña Lillo. Por las dos ondas del Sodre, la radio oficial uruguaya, pone en el aire hasta 1967 ciclos orgánicos sobre la evolución del tango. En lo sucesivo conduciría numerosos programas radiales y televisivos en las dos orillas del Plata.
Tras abandonar sus estudios de arquitectura ingresó como redactor a los suplementos del matutino montevideano "El Día", y por pedido de Troilo escribió "La última grela", tango con el que iniciara su trayectoria de letrista consagrado. Los años que siguieron abundaron en hechos significativos, y entre éstos la celebración del Primer Festival Universitario de Tango, con la participación de Piazzolla, Julio De Caro, César Zagnoli, Prudencio Aragón y otros.
En 1967 graba los poemas de su "Romancero canyengue" para el sello argentino independiente Trova, acompañado por la guitarra de Agustín Carlevaro. El disco provoca que Piazzolla lo invite a escribir juntos, lo que harán intensamente hasta 1973. Así surge, como primer gran fruto, la operita "María de Buenos Aires", que en 1968 estrenan, en la sala Planeta, de Buenos Aires, Piazzolla con su orquesta de diez músicos, las voces de Héctor de Rosas y Amelita Baltar, y el propio Ferrer como recitante en el papel de El Duende. Trova la edita en dos LP, mientras van surgiendo los primeros tangos del binomio, como el ya clásico "Chiquilín de Bachín" y "Juanito Laguna ayuda a su madre", mostrando un claro compromiso social.
A lo largo de 1969 surge la serie de tangos llamados baladas, de los cuales "Balada para un loco" constituirá un éxito resonante, el primero auténticamente masivo que disfrutará Piazzolla. Entre varias obras en que Ferrer despliega su peculiar imaginario, con un lenguaje que lo distingue absolutamente de cualquier otro letrista ("Canción de las venusinas" y "La bicicleta blanca" son ejemplos de ello), sobresale "Fábula para Gardel", una emocionada introducción al arte del genial cantor, con la poética excusa de un padre que le habla de él a su pequeño. En su estreno, el poema fue recitado insuperablemente por el propio Ferrer en el Luna Park de Buenos Aires, acompañado por ocho bandoneones y una gran orquesta bajo la batuta de Piazzolla, en una noche apoteótica. Aquellas producciones quedaron plasmadas en el disco "Astor Piazzolla y Horacio Ferrer en persona".
Entre un extenso número de obras, presentaciones y premios en varios países, Ferrer colaboró con importantes artistas del género, como Roberto Grela, Leopoldo Federico, Raúl Garello y Horacio Salgán, con quien en 1975 compuso el Oratorio Carlos Gardel. Al año siguiente escribió con figuras ya míticas del tango, como Julio De Caro ("Loquita mía"), Pedro Laurenz (poniendo versos a "Esquinero"), Armando Pontier ("El hombre que fue ciudad"), Osvaldo Pugliese ("Yo payador me confieso") y Aníbal Troilo ("Tu penúltimo tango").
Además de prolífico letrista ("Balada para mi muerte", "El Gordo triste" y "El hombrecito blanco" son ejemplos de su poder creador), Ferrer es autor, entre otras obras, de "El Libro del Tango, Arte Popular de Buenos Aires", cuya primera edición data de 1970. Sobre todo en su edición de 1980 en tres tomos (Antonio Tersol Editor), con más de dos mil páginas, es la referencia obligada de cualquier estudioso.
Dice Wikipedia de la innovadora (hoy un clásico de la música
ciudadana) “Balada para un loco” que despertó amores, pasiones y rechazos de
todo tipo.
“En el segundo semestre de 1969, Ferrer le lleva a Piazzola
una frase: "ya sé que estoy piantao...":
Después me dice "y cómo seguimos". Le digo
"bueno, hacé vos una segunda que diga loco, loco, loco", e hizo esa
hermosura. Y después dice "cómo seguimos", mirá, le digo, a mí me
gustaría hacer un recitativo en el medio, y también uno al principio.
Horacio Ferrer
Así surgió una de las canciones más populares de la música
argentina, que además sacudiría los fundamentos de la canción rioplatense. El
resultado fue una balada con ritmo de valsecito y dos recitados hechos a la
medida de la expresividad de Amelita Baltar, por entonces esposa de Piazzola.
El recitado, que ya había aparecido en María de Buenos Aires y que se repetiría
en sus creaciones, es una de las grandes innovaciones de Ferrer para sacudir la
estructura tradicional de la canción rioplatenese:
El recurso (el recitado) adquiere en su obra una identidad
propia y definida, que lo distingue claramente de los recitados que pudieron
haber conocido otros tangos anteriores. La absoluta independencia formal de
estos respecto de las partes cantadas es, quizá, su característica más
distintiva; las partes recitadas no vienen a repetir en otro tono los versos
que se han cantado o están por cantarse; ya ni siquiera se trata de versos. Por
otra parte, la variedad de relaciones que se establecen, a través de las obras,
entre parlamentos y áreas cantadas, constituye una veta que el tango anterior
no había sabido explotar, por lo general nunca demasiado lejos de los modelos clásicos
del tipo ABCB.
La canción fue estrenada de inmediato en Michelángelo, pero
poco después Piazzola, Ferrer y Baltar deciden presentarla para concursar en el
Primer Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción que se realizó en el
Luna Park de Buenos Aires entre del 9 al 14 de octubre de 1969, con un jurado
de alto nivel internacional que integraban entre otros Vinicius de Moraes y
Chabuca Granda.
La Balada fue presentada la primera noche y tuvo una
excelente acogida por parte del jurado, que la declaró finalista en el rubro
"tango". Pero la decisión del jurado generó una controversia entre
los organizadores, muchos de ellos tradicionalistas, que llevó a una
modificación de las reglas del festival, desplazando al jurado de músicos por un
"jurado popular" que en la final del 14 de octubre declaró ganadora a
otra canción.
Pero pese a perder el festival, la canción se instaló en el
gusto popular. De inmediato decidieron grabar la canción en un simple, cantada
por Roberto Goyeneche y con "Chiquilín de Bachín" como lado B. La
Balada... revolucionó la canción popular argentina y los versos de Ferrer
pasaron a ser un lugar común de la cultura popular:
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao,
no ves que va la luna rodando por Callao...
Balada para un loco.
El tema se convirtió en un éxito popular inmediato y ha
quedado como una de las canciones más famosas de la música latina de todos los
tiempos. Gracias a la importancia cultural de la canción, en 2012, la
Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires estableció por ley 4179 denominar a la
esquina de Corrientes y Callao, como "Esquina Horacio Ferrer",
colocándose allí una placa que así lo indica".
"El puente de los suspiros es mi puentecito, ése que yo cruzaba de niña en el Barranco de los Baños. Mi
plácida niñez transcurrió en la quebrada de la Bajada de los Baños del Barranco, balneario sobre el Pacífico,
a ocho kilómetros de Lima. Un puentecito de madera reúne sus dos barrancos. Voy a menudo. Jamás en él
veo el recuerdo; siempre, como cuando niña, miro desde sus balaustres la vida por delante" (Chabuca Granda).
"Cardo o ceniza" es un landó compuesto Chabuca Granda.
Dedicado a Violeta Parra, quien se había enamorado de un joven quenista suizo llamado Gilbert Favré, quien la abandonó. Al buscarlo lo encontró casado viviendo en La Paz, Bolivia. Era el año 1966. El final de la relación originó una de las canciones más conocidas y sentidas de Parra: "Run Run se fue pal' norte".
La canela es originaria de la India, (Cinnamomun zeylanicum), siendo la canela de Ceylan la mejor de todas, ésta es familia de la canela china ( Cinnamomun cassia ) conocida desde el año 2.700 A.C., se cultiva también en Indonesia y Brasil, el nombre proviene de Caña – en italiano Canna y su diminutivo cannella debido al aspecto conocido que utilizamos.
La canela ha sido descrita como el puente entre los sabores por eso un toque de ella es adecuado tanto en platos dulces como salados como el llamado arroz egipcio el cual lleva lentejas y el toque de canela que lo hace tan especial. Dicen que si la tocas o eres tocado por ella quedarás por siempre impregnado de su aroma y podrás decir que aspiraste “la lisura” que brinda la flor de la canela.
LA FLOR DE LA CANELA
Letra del tema de Chabuca Granda.
Déjame que te cuente limeño, déjame que te diga la gloria, del ensueño que evoca la memoria del viejo puente, del río y la alameda.
Déjame que te cuente limeño, ahora que aún perdura el recuerdo, ahora que aún se mece en un sueño el viejo puente, el río y la alameda.
Jazmines en el pelo y rosas en la cara, airosa caminaba la flor de la canela, derramaba lisura y a su paso dejaba aromas de mixtura que en el pecho llevaba.
Del puente a la alameda, menudo pie la lleva por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera, recogía la risa de la brisa del río y al viento la lanzaba del puente a la alameda.
Déjame que te cuente limeño, ¡Ay!, deja que te diga moreno mi sentimiento, a ver si así despiertas del sueño, del sueño que entretiene, moreno, tu pensamiento.
Aspira de la lisura que da la flor de canela, adornada con jazmines matizando su hermosura, alfombra de nuevo el puente, que engalana la alameda, que el río acompañara sus pasos por la vereda.
Y recuerda que...
Jazmines en el pelo y rosas en la cara, airosa caminaba la flor de la canela, derramaba lisura y a su paso dejaba aromas de mixtura que en el pecho llevaba.
Del puente a la alameda, menudo pie la lleva por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera, recogía la risa de la brisa del río y al viento la lanzaba del puente a la alameda.