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miércoles, 3 de agosto de 2016

MI CHALA de BORIS ELKIN.

No sé si es cosa `e mandinga
o es un regalo del cielo;
algunos dicen qu'es malo;
pa mí se me hace qu'es güeno...
Ricién me dijo el dotor
qu'esta fatiga que tengo
es por culpa del tabaco
qu'está minándome el pecho,
¡y me ordenó que lo deje
si quiero salvar el cuero!
Pero dejar el tabaco
áura que ya voy pa viejo
y no tengo en que afirmarme
pa tironear los recuerdos...
¿dejar el tabaco dijo?
¡Si es cosa que ni pienso!
Hacen años, muchos años,
yo trabajaba 'e boyero
cuando prendí el primer chala
pa quemar mi aburrimiento.
¡Qué lindo se ivan las horas,
que pronto volaba el tiempo
y qué hombre me sentí
con el chala entre los dedos!
Cuando mi madre se jué
sin tiempo pa darme un beso,
¡quién otro sino mi chala
me acompañó al sentimiento
y se quemó sin renuncios
con tal de darme consuelo!
Más tarde,cuando el amor
dentró a golpear en mi pecho
ese amor qu'es vida y muerte,
qu'es triunfo y renuncianiento
y que nos mata de a poco
porque se vive muriendo,
¡si habré domado impaciencias
pitando como murciélago!
Y al fin,¿pa qué?: pa que un día
barriera todo el pampero...
Ella no tuvo reparos
en aventarme los sueños.
Cuando esa tarde me dijo
que no perdiera más tiempo
y supe que otro varón
se había ganado su aprecio,
¡menos mal que tuve el chala
que supo darme un consejo
y m'entretuvo la mano
que andaba tanteando el fierro!
Dispués cambié de querencia;
me dijo :"Hacete resero.
Nada hay mejor que el camino
pa quien no tiene un afecto".
¡Las noches que habré pasado
tendido sobre el apero
sin mas estrellas que el chala
parpadeando en el silencio!
Más tarde,cuando la vida
m'enredó entre los puebleros
y entré a borroniar cuartillas
pa darle forma al ricuerdo,
¡quien otro sino mi chala,
me ayudó a escribir los versos!
¿dejarlo,porqu'el dotor
me vino con ese cuento
de qu'el tabaco hace mal
y está minándome el pecho?
¡Deje nomás que me mate!
¡Si por él estoy viviendo!

martes, 2 de agosto de 2016

Por disgracia de Boris Elkin.


¿Te parecen poco mis cincuenta inviernos 
pa que tanta cana me blanquiara el pelo? 
¡Bien se ve, muchacho, que no sabes nada 
d’estas cosas que llevo acá dentro! 
Hacen muchos años. En esta estanzuela 
que queda a la zurda, dentrando pal’pueblo, 
habían dos muchachos, que de tan amigos 
de tan parejitos, de tan compañeros, 
eran lo mesmito que una yunta ‘e bueyes 
uñidos al yugo de un buen sentimiento. 
Dispués…una moza que tenía unos labios 
como pa que nunca se perdiera un beso 
en la estancia aquella dentró de mensuala 
¡y yo no sé ni cómo se puso‘e pormedio! 
¡Lo que son las cosas! No por desleales, 
sino por iguales, quisieron lo mesmo. 
Y desde aquel día esos dos muchachos 
qu’eran como bueyes, por lo compañeros, 
al hallar el toro que cada uno lleva, 
andábamos hoscos, picaos por los celos. 
¿Quién jué el primero que quiso curarse 
del antojo zonzo de algún poco’e sangre? 
¡No sabría decirte, porque no me acuerdo! 
Sé que nos miramos. Sé que en la topada 
mi daga y la suya salieron a un tiempo. 
¡El hachaba lindo! Me cortó por lujo. 
Yo tiraba bajo; le dentraba feo; 
y al final de cuentas de aquella trenzada 
ni perdió el más zonzo ni ganó el más lerdo; 
uno, por disgracia se jué al otro mundo, 
y otro ¡por disgracia! se quedó viviendo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

FIESTA PATRIA de BORIS ELKIN.

—Venga p’acá, m’hijo,
y siéntese a lo gaucho, junto al fuego,
pa’contarle a su tata todo lo que vio hoy,
que le dio permiso pa’ir al pueblo.
¿Taban lindos los festejos patrios?

—Pa’decir la verdad... ¡yo ni me acuerdo!
Iba tanta gente por la plaza
haciendo tanta bulla, tanto estruendo,
que salí como zonzo y almariado
de esa que más que una plaza era un infierno.

—Y aura, contésteme esta pregunta
que de la vaina se me está saliendo:
¿sabe m’hijo lo que es el patriotismo?

—Y... el patriotismo es, por lo que veo,
salir pa’un 25 ‘e mayo o un 9 ‘e julio
luciendo el trajecito dominguero,
vivar a la bandera azul y blanca,
llevar botones lindos en el pecho
y subir, como dicen a la tribuna
pa’dende arriba, discursearle al pueblo.


—¡Todo ese patriotismo que usté vido
no vale un pucho ‘e tabaco negro!
Porque no es patriotismo andar gritando
todos amontonados como borregos,
ni lucir los colores de la patria
cuando se lucen pa’adornar el pecho,
ni tampoco subir a la tribuna
y decir cosas que se las lleva el viento...
El verdadero patriotismo, m’hijo,
lo demostraron nuestros bisagüelos,
allá por Tucumán, en Ayacucho,
en Suipacha, Maipú y San Lorenzo,
peliando como liones por la patria,
conquistando de a jemes el terreno,
y cruzando después la cordillera
pa’darle una manito a los chilenos.
Pero jue patriotismo sin alardes,
no llevaron más lujo sobre el pecho
que la rosa de sangre que el mosquete,
al escupir, les dibujó de lejos.
Y hay también otra clase ‘e patriotismo
que a juerza de mirarlo ni lo vemos,
y es el patriotismo de los hombres
que engrandecen el país con sus esjuerzos.
Trabajando, muchacho, arqueando el lomo,
martillando los fierros,
destripando terrones con la reja
pa’llenar hasta el tope los graneros;
recortando ladrillos,
levantando edificios pa’colegios
y estudiando los libros
pa’mañana o pasao llegar a maestro
y enseñarle a escribir a los muchachos
y a sacar unas cuentas por menos.
El otro patriotismo, el que usté vido...
¡No vale un pucho ‘e tabaco negro!

jueves, 14 de abril de 2016

DE CARNE SOMOS de Boris Elkin.

DE CARNE SOMOS  de Boris Elkin.

¿Echala a m´hija
porque viene a llenarnos de vergüenaza
tráindonos de regalo ese nietito
sin que naides supiera?
¡Vaya un pecao más grande!
¿Qué la gente ha de ráirse de nosotros?
¡Pacencia!

Y al final, ¿qué cara... ncho saben ellos
pa venir a meterse en casa ajena?
Mi hija es mi hija,
y su tata no la echa puerta ajuera
porque compriende bien que esa disgracia
le puede suceder a mas güena.

Las leyes de la vida están escritas
dende que vino Adán y Eva,
y es al ñudo que el hombre escriba otras
pa marcar el camino´e la decencia.

Tuitos somos de carne
y nos corre igual sangre por las venas.
Y...-perdonándome la comparancia-
también nos parecemos a las betias...

¿Ellas? Se juntan como Dios manda.
¿Nosotros? Po´el civil o por la Iglesia...
Pero puestos a mirar las cosas
no se alcanza a notar la diferencia,
ya que al final del cuento nos risulta
que se han juntao... un macho... y una hembra.

¿Qué culpa tuvo m´hija
si no pudo paliar contra esa juerza?
Pa mejor, comenzaron sus amores
cuando dentró a puntear la primavera
-que jue pal tiempo que cortó el cabestro
el malacara pa seguir las yeguas-.
Cuando el toro rompió los alambraos
y al trotecito se nos jué la perra...

¿Echala a m´hija
porque viene a llenarnos de vergüenza
tráindonos ese nieto de regalo
sin que naides supiera?
¡Valla un pecao más grande
lo de cumplir con lo que Dios ordena
y criar el hijo
en vez de malparir sin que la vena!


Boris Elkin fue un poeta argentino nacido en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, el 26 de mayo de 1905. Hijo de chacareros  vivió en la localidad bonaerense de Chivilcoy durante las décadas de 1910 a 1930.
Dos de sus magnas composiciones se destacan: “Nobleza Gaucha” y “El overo” que hoy se han incorporado al folclore argentino.

Falleció en Buenos Aires el 21 de junio de 1952 y poco de desaparecer se publica su última obra Charqueando (Poesías camperas).

domingo, 21 de septiembre de 2014

EL CORRALERO, tonada chilena de Sergio Sauvalle - EL OVERO de Boris Elkin.

EL CORRALERO de Sergio Sauvalle tonada popularizada en Chile por Pedro Messone y en la Argentina por Hernán Figueroa Reyes que estando de vacaciones en Chile el guitarrista y compositor Sergio Sauvalle le mostró la canción "El Corralero" y Hernán Figueroa Reyes la escuchó y la grabó con el éxito que sabemos .
'Tá muy malo el corralero,
y allá en el potrero como viejo está;
hay que ayudarlo a que muera
para que no sufra más.
Siempre fuiste el más certero,
y por eso debes su mal aliviar.

¿Cómo pretende que yo,
que lo crié de potrillo,
clave en su pecho un cuchillo
porque el patrón lo ordenó?
¡Déjelo no más pastar!
No rechace mi consejo,
que yo lo voy a enterrar
cuando se muera de viejo.


Junto al estero del bajo
lo encontré tendido, casi al expirar;
me acerqué muy lentamente,
y se lo quise explicar.
Pero al verlo resignado,
me tembló la mano y me puse a llorar.


Dicen que el chileno Sergio Sauvalle se inspiró en un poema de Boris Elkin llamada "El overo".



EL OVERO de Boris Elkin.

¡Degoyalo Cipriano, degoyalo!
ya el matungo no tiene mas remedio;
hace dos o tres días que está caido
y es al ñudo buscarle un alivio…

Anoche al acostarme, yo pensaba
en eso mesmo que me estás diciendo,
y esta mañana preparé la daga
pa’despenar pa’siempre al pobre overo.

Pero…¿Sabe mi vieja lo que pasa?;
me alcanzó a conocer a veinte metros,y,
levantando un poco la cabeza
me hizo un relincho corto desde el suelo.

Me arrimé pa’matarlo
y vi en sus cansados ojos negros,
yo no se que mirada tan extraña,
que me tembló la daga entre los dedos.

Y me puse a pensar;
¿Qué me diría al saber que soy yo quien lo degüello?
¿Es así como pagan los cristianos,
después de que uno está caido y está viejo?

Este es un bien pa’vos,
quise explicarle;
sentirás un dolor cuando entre el fierro,
pero después verás cuando la sangre
entre a chorriar y a coloriarte el pecho.

Tuito ese dolor se te irá yendo;
y, sacando coraje ni se de adonde;
con una mano le tantié el pescuezo.

Y cuando estaba a punto e degollarlo,
me menearon la mano los recuerdos,
recularon los años de mi vida
y me entraron a arriar los pensamientos,
pa’los tiempos aquellos
que ninguno me prestó mas servicio que el overo.

Yo tenía pa’ aquel tiempo veinte años,
y el sería un potrillo e’ tres y medio;
cuando una vez por cosas, por zonceras
casi ni me acuerdo…
le pegué unos zachazos en el tuzo al comisario mesmo.

Tuve que juir…
mi suerte estaba puesta en las patas de mi parejero,
y pa’ganar el monte, evadió ríos y metió los cerros;
y si de un galope no cruzó los Andes,
jué porque nunca le pedí ese esfuerzo.

Después, cuando unos ojos
que no sé si eran brujos o hechizeros
me enredaron pa’ siempre;
y armé rancho, pa’tener en mi rancho dos luceros,
mi overo puso el anca pa’llevarte;
y como pa’dir al cura estaba lejos,
hizo a la vez de cura, de padrino
y jué testigo e’nuestro casamiento.

Después de algunos años,
cuando el gurisito cayó enfermo;
¿Quién galopeó las doce leguas
que hay extendidas de aquí hasta el pueblo?
¿Y quién galopeó las otras doce
pa’ venir hasta aquí con los remedios?

¡Por eso no me animé a degollarlo!
dejalo al pobre overo…
que se muera solito allá en el bajo,
que yo perdí el coraje hasta pa’verlo…