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domingo, 16 de febrero de 2025

Canta el violín y Becho es el aire… (Alfredo Zitarrosa).

 



Canta el violín y Becho es el aire… (Alfredo Zitarrosa).

Carlos"Becho" Eizmendi eterno.. .y El violín de Becho atemporal.

“Becho”, fue un violinista que inspirara la famosa canción de Don Alfredo Zitarrosa.

La mayoría de la gente cree que  el “Becho” del violín de Becho es un personaje, una ficción inventada por Zitarrosa pero no es así. Los que se emocionan  con la canción “El violín de Becho”, quizá no saben que fue un hombre de carne y hueso.

La obra más emotiva de Zitarrosa, dedicada a su amigo Carlos "Becho" Eizmendi, primer violín de la orquesta Sinfónica del SODRE.

“El nombre del “El Becho” cobró mayor notoriedad desde la canción de Alfredo Zitarrosa, uno de sus amigos entrañables con quienes compartió noches de bohemia.

“Era muy pintoresco, porque no le gustaba tocar en serio. Eso se lo reservaba para las orquestas, pero con sus amigos y la gente del pueblo, aprovechaba para divertirse, para tocar el violín, pero también para jugar con él. En la casa de Zitarrosa, Becho estaba ensayando con Alfredo, y vio que el arco del violín proyectaba una sombra en el suelo, y que San Pedro, el gato de Zitarrosa, intentaba atraparla. Eso dio como resultado una grabación fantástica, donde Becho toca el violín, pero a la vez juega con el gato, ese tipo de juegos eran muy comunes en Becho Había quien decía que él hacía hablar al violín.

Solía en el Chuy ir al boliche de un tal Nicomedes Gómez, se escondía detrás de una columna y le daba las buenas noches, pero usando el violín, y el bolichero se desesperaba buscando, sin saber si la voz que le había hablado pertenecía a una persona o a un loro”.

… … …

“Muy pocos saben que fue un eximio violinista. Tan bueno que se presentó a un concurso para una plaza en la Filarmónica de Munich, y entre doscientos aspirantes lo eligieron a él. Su talento fue reconocido también en Latinoamérica. Dirigió en Cuba, en Venezuela, en Bolivia, fue profesor de conservatorio en Bolivia e integró la Sinfónica de Maracaibo. Talento de artista y trayectoria internacional que contrasta con la falta de reconocimiento en su país aunque tiene méritos más que suficientes para tener un lugarcito propio en la historia de la música uruguaya”.

(Semanario de Junín).

https://semanariodejunin.com.ar/nota/19401/canta-el-violin-y-becho-es-el-aire-hellip/

Alfredo Zitarrosa y Carlos Eizmendi.

Dice Wikipedia:

Carlos Julio Eizmendi Lovisetto (Lascano, Rocha, 7 de febrero de 1932-Montevideo, 21 de mayo de 1985), conocido como Becho Eizmendi, fue un violinista uruguayo.

Primeros años.

Era hijo del peluquero Ángel Eizmendi Méndez y de la maestra Herlinda Lovisetto Agresta. A los cinco años fue inscrito en la Escuela de Varones N.º 74 de Lascano en segundo año, ya que en su hogar fue asimilando naturalmente el programa de primero.

Inició sus estudios musicales a los ocho años con el maestro Camilo Boronat, director de la Banda de Música de Lascano y tiempo después, comenzó a ejecutar el saxo en esa agrupación musical. Fue alumno fundador del liceo de Lascano. Simultáneamente viajaba a Treinta y Tres para seguir sus estudios de violín. Una vez terminados sus estudios preparatorios, pasó a residir en Montevideo, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de la República y prosiguió sus estudios musicales con diferentes profesores.

A los 17 años realizó su primer concierto en el teatro "25 de Mayo" de Rocha y a los 21 años ingresó por concurso a la Orquesta Sinfónica del SODRE dando conciertos en todo el país. Luego de permanecer 18 años en el SODRE, viajó al exterior dando innumerables conciertos en La Habana, Hamburgo, París y Múnich.

Fue contratado por la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, Venezuela y por la Orquesta Sinfónica de La Paz, Bolivia, donde además fue director del Conservatorio Musical. De regreso a Uruguay, volvió al SODRE y tiempo después viajó nuevamente a Europa, integrando por invitación la Orquesta Filarmónica de Múnich.

En oportunidad de su tercer viaje a Europa, acompañado por su esposa, la oboísta uruguaya Ana Corti, recorrió numerosos países y actuó en la Orquesta Filarmónica de la Ópera en el Teatro del Liceu de Barcelona, España.

Falleció el 21 de mayo de 1985 en el Hospital de Clínicas de Montevideo a la edad de 53 años.

En junio de 2005, por ley se designó a la Escuela N.º 93 de la ciudad de Lascano con el nombre de "Carlos Julio ‘Becho’ Eizmendi".

También se nombró a la calle del Liceo de Lascano en honor a él. Y posee un monumento en la misma calle

Su relación con Zitarrosa.

Alfredo Zitarrosa, conmovido por la manera de tocar el violín de Becho Eizmendi, compuso la milonga El violín de Becho, canción que se hizo famosa. Herlinda Lovisetto, su madre, fundadora y directora del Liceo de Lascano, votante del Partido Colorado y de orientación batllista durante toda su vida, fue destituida de su cargo por la dictadura cívico-militar uruguaya simplemente por ser la madre de quien había inspirado a un artista prohibido y declarado "persona peligrosa".

... ... ...

Segunda versión de la canción, transformada con la intervención de Becho:

Becho toca el violín en la orquesta

cara de chiquilín sin maestra y la orquesta no sirve,

no suena sin violines cansados que duelan.

Porque a Becho le duelen violines

que son como su amor, chiquilines;

Becho quiere un violín que sea hombre

que al dolor y al amor no los nombre.

Pero el violín de Becho es un grito

hay violines que suenan distinto;

Becho quiere un violín que sea nadie,

cuatro cuerdas sonando al aire.

Becho tiene un violín que no ama,

pero siente que el violín lo llama;

por las noches como arrepentido

vuelve a amar ese triste sonido.

Vida y muerte, violín, padre y madre;

canta el violín y Becho es el aire;

ya no puede tocar en la orquesta

porque amar y cantar eso cuesta.

El Barrio Cooperativo Alfredo Zitarrosa, en Montevideo (Uruguay),  reúne a varias cooperativas de FUCVAM y seis de sus calles llevan nombres de canciones de Zitarrosa. 


“vida y muerte, violín, padre y madre;

canta el violín y Becho es elaire;

ya no puede tocar laorquesta,

porque amar y cantar eso cuesta.”



Otras versiones:


domingo, 4 de marzo de 2012

LIBROS QUE MUERDEN: LA BIOGRAFÍA DE ALFREDO ZITARROSA.

“El canto me sale, como aprendido, desde el nacer peleando contra el olvido”.
ALFREDO ZITARROSA


Luces y sombras de la vida de Alfredo Zitarrosa.
Una biografía repasa una existencia rica en amistades y en soledad.Confesó que su sueño era ser poeta, pero "el cantor le copó la parada"

El uruguayo Alfredo Zitarrosa, de amplia popularidad dentro y fuera de las fronteras de su patria, y con una vocación artística precoz –dotado tanto para la música como para la literatura– no tuvo una vida placentera, según se desprende del libro "Alfredo Zitarrosa. La Biografía", del periodista e investigador Guillermo Pellegrino.

El libro, editado por el sello Continente dentro de sus Cuadernos de Sudestada, hace un repaso de su llegada a la canción, así como de sus incursiones como locutor, periodista y actor; una vida rica en amistades, pero también con angustias exasperadas en momentos de soledad, primero, y luego en sus largos años de exilio político.

El cantante, nacido en 1936 como hijo natural de Jesusa Blanca Nieve Iribarne, fue anotado como Alfredo Iribarne, pero pronto llevó el apellido del matrimonio al que la madre le encomendó su cuidado: Duarte. Así, padeció un sentimiento de abandono, y aunque como cuenta Pellegrino: "Su madre lo veía de vez en cuando, tuvo con ella una extraña relación de amor y odio".

Tanto ese distanciamiento como el ignorar la identidad de su padre, resintieron su personalidad: "Influyó en gran medida. Creció con ese inmenso dolor de ver que quien le diera la vida se desentendió de su persona. Alguna vez dijo: 'Yo podría haber sido un niño de asilo"

"Ahí hay un problema de identidad", dice Pellegrino en relación a ese joven que a los 16 años había portado tres apellidos: el "Iribarne" inicial, luego "Duarte" y el definitivo "Zitarrosa" que adopta en 1952 tomando el apellido de un argentino casado en ese entonces con su madre.

En el reverso de las penas está la fuerte vocación artística evidenciada en el actor que monta obras de teatro con sus amigos, el cantor precoz que interpreta temas de José Mojica, el escritor que garabatea poemas y lee a Borges, y el locutor que presenta en el auditorio de radio El Espectador a artistas como Eduardo Falú, Edmundo Rivero y Julio Sosa.

Pellegrino habla sobre las circunstancias que hicieron que Zitarrosa optara por la canción: "Habría que rastrearlo ya adulto, en aquel lejano 1964 cuando casi por casualidad debutó como cantor profesional en Perú; es cuando vislumbra al canto como un medio de vida en momentos difíciles; eran tiempos en que andaba buscándose a sí mismo".

Tiempos en que Zitarrosa deambula por países latinoamericanos: en el 60 vive seis meses en la provincia de Córdoba y hacia mitad de la década en Perú y Bolivia.

"Con veintiocho años –añade Pellegrino– quería encontrar su camino. Su intención era ir dejando de a poco la locución y el periodismo –llegó a escribir en el mítico semanario 'Marcha'– y sentía que estaba para cosas más trascendentes".

De la relación con la literatura –por fuera de las letras de canciones– hay estos datos: en 1959 obtuvo el Premio Municipal de Poesía por su libro "Explicaciones" y en 1988 publicó su libro de relatos "Por si el recuerdo".

"Hace unos meses salió un libro suyo que permanecía inédito: 'Sonríe muerte'; y tengo entendido que hay muchos otros textos suyos que aún no han pasado a ser letra impresa. En una oportunidad le confesó a su amigo, el escritor Enrique Estrázulas: 'hubiese querido ser poeta, pero el cantor copó la parada'. Su sueño era ése: ser poeta".

Y lo fue de algún modo. Lo dice Pellegrino cuando asegura que Zitarrosa logró reunir en su arte poesía y música: "Sin renunciar a nada, ya que muchos de sus textos se sostienen sin apoyatura musical. Él robusteció ambas disciplinas, y sus poemas musicalizados pudieron tomar contacto con un público masivo".

En el jurado que lo premió con el Municipal, figuraba un escritor que con el tiempo iba a ser su amigo: Juan Carlos Onetti; la biografía menciona a otros amigos cercanos como el escritor uruguayo Enrique Estrázulas, el poeta peruano César Calvo y varios de los guitarristas que lo acompañaron en sus presentaciones, como los argentinos "Caíto" Díaz y Delfor Sombra.

El autor de "El violín de Becho", "Adagio en mi país", "Stefanie", "Si te vas", "Zamba por vos", "Guitarra negra" y tantos éxitos, hacía un culto de la amistad: "Era muy amiguero –acota el biógrafo–, disfrutaba muchísimo de la charla, compartir un asado o jugarse un truquito".

La estrecha relación de Zitarrosa con la Argentina se inició en 1960 en Córdoba; en 1966 se presentó en el festival de Cosquín y cuatro años después haría su gran entrada en Buenos Aires en el teatro ABC.

El cantor que debutó en Perú con "La zamba de abril" del "Chango" Rodríguez, a quien nombraba entre sus maestros junto a Atahualpa Yupanqui, fue desde siempre un autor reverenciado en nuestro país.

Por las páginas de "Alfredo Zitarrosa. La Biografía" cruza un hombre a ratos parco y reservado y en otros expresivo y generoso; su militancia política, la prohibición de sus temas en el Uruguay de inicios de los años 70 y un exilio de más de ocho años por España y México.

También el retorno triunfal, apoteósico, cuando un 31 de marzo de 1984 emprendió el regreso y una multitud lo aguardaba vivándolo en el aeropuerto.

Para Pellegrino, el cantor que decía preferir la milonga por sobre otros ritmos, y que se definió con la frase "Yo siento lo que la gente siente", fue un hombre consecuente con un ideario cercano: "A José Artigas, quien siempre luchó para que lo más infelices fueran los más privilegiados. Zitarrosa soñaba con la justicia social".

Un episodio ocurrido en diciembre de 1988 –apenas unos días antes de su deceso– reenvía nuevamente al tema "identidad": Zitarrosa viajó a Buenos Aires y tras visitar unos amigos decidió inesperadamente regresar a su país. A punto de abordar el avión sufre una descompensación y es conducido a un hospital donde lo anotan como NN, ya que le habían robado sus documentos.

Escribe Pellegrino que aún no se había reanimado cuando pasó un enfermero que, tras observarlo, exclamó: "¡Qué parecido a Zitarrosa!". (Télam)

El "Candombe del olvido" es un candombe autobiográfico de Alfredo Zitarrosa  que es el autor de la letra y Juan Descrescencio compuso la música.

Vuelve a amar y no se cansa,
la vida no le alcanza,
la muerte es una ingenua adivinanza.


Dónde estarán los zapatos aquellos
que tuve y anduve con ellos,
dónde estarán mi cuchillo y mi honda,
el muchacho que fui que responda.
El candombe del olvido,
tal vez si yo le pido un recuerdo,
me devuelva lo perdido.
Coro
El candombe del olvido,
tal vez si yo le pido un recuerdo,
me devuelva lo perdido.
Ya no recuerdo el jardín de la casa,
ya nadie me espera en la plaza.
Suaves candombes, silencios y nombres
de otros; se cambian los rostros.
El candombe del olvido,
corazón dividido en candombes,
no recuerda haber nacido.
Coro
El candombe del olvido,
tal vez si yo le pido un recuerdo,
me devuelva lo perdido.
Quién me dará nuevamente mi voz inocente,
mi cara con lentes.
Cómo podré recoger las palabras habladas,
sus almas heladas.
El candombe del recuerdo
le pone un ritmo lerdo al destino
y lo convierte en un camino.
Coro
El candombe del olvido,
tal vez si yo le pido un recuerdo,
me devuelva lo perdido.
Qué duros tiempos, el ángel ha muerto,
los barcos dejaron el puerto.
Tiempo de amar,de dudar, de pensar y luchar,
de vivir sin pasado.
Pero el candombe no olvida,
y renace en cada herida
de palo del tambor, con alma y vida.
Coro
El candombe del olvido,
tal vez si yo le pido un recuerdo,
me devuelva lo perdido.
Tiempo raudal, una luz cenital
cae a plomo en la fiesta de Momo,
tiempo torrente que fluye;
por Isla de Flores llegan los tambores.
Fuego verde, llamarada,
de tus roncos tambores
del Sur, techos de seda bordada.
Coro
Fuego verde, llamarada,
de tus roncos tambores
del Sur, techos de seda bordada.
Rueda y rueda al infinito,
el candombe no es un grito,
se canta y no se baila, lailaraila...
Coro
Que se baila y no se canta,
el candombe es una planta que crece,
y hasta el cielo se estremece.
Sólo canta porque puede
y olvida lo que quiere,
la copla no lo mata ni lo hiere.
Coro
Flor azul en una lata,
relámpago de plata,
la vida no lo hiere ni lo mata.
Vuelve a amar y no se cansa,
la vida no le alcanza,
la muerte es una ingenua adivinanza.
Coro
Fuego verde, llamarada,
de tus roncos tambores del Sur,
techos de seda bordada.
Lalalailala, lailaraila ...


martes, 21 de febrero de 2012

LAS CONTRACANCIONES DE ALFREDO ZITARROSA Y LA GUITARRA NEGRA.

PARA LOS AMANTES DE ALFREDO ZITARROSA.


La tercera entrada que no va a ser la última, si Dios así lo quiere, sobre Alfredo Zitarrosa sus Contracanciones y la Guitarra Negra.

Primero una anécdota simpática que  lo pinta a Alfredo Zitarrosa fue durante un carnaval había sido contratado para cantar siete temas; minutos antes de subir al tablado, el empresario que lo contrató le dijo que tenía la mitad del dinero pautado para pagarle. Zitarrosa entonces cantó tres canciones y cortó su actuación exactamente en la mitad de la cuarta. Le explicó a la gente: "Me pagaron por tres canciones y media. Sepan disculpar. Ahora la seguimos en el boliche de la esquina". Y cantó dos horas más. Ese era Zitarrosa.

En el ’73 Alfredo Zitarrosa compuso los versos llamados “Contracanciones” que incorporaban en ellos parte de sus canciones prohibidas. Son compocisiones de género particular creado que tienen una imprecisa ubicación conceptual, musical y literaria. Las “Contracanciones” fueron el origen de “Guitarra negra”.

Contracanción I.

Enmudecieron todas mis canciones, se hicieron polvo del camino, barro seco que deshacen y avientan los pies del pueblo... Envejecieron, se secaron aquí en mi corazón temblando como pájaros sin alimento, sentadas a la mesa como unas niñas bobas que no saben comer, y sin comida, sin agua y sin comida, sin pan ninguno... Enmudecieron mis canciones cercadas por el odio, ajadas en su propia lagrimazón seca y sin ganas, mecidas rudamente por su padre egoísta, mimadas con exceso por su madre didáctica, consentidas por treinta grabaciones almacenadas entre tangos por catorce guitarras contratadas... Enmudecieron mis canciones desconsoladas, se hicieron polvo del camino... barro seco... que deshacen y avientan los pies del pueblo.

Contracanción II.


Como mono trabajo y pienso,
leo, escucho, medito,
me cuesta respirar,
agarro la guitarra, busco,
encuentro, fumo como un animal.
Éste es el valor de mi canción.
Allí estoy yo subido al micrófono,
me suda la camisa, tiemblo de miedo,
canto, otros se angustian, aplauden,
patean, se consuelan de tanto dolor que han sufrido,
no comprenden que de verdad estamos mal heridos,
pero comprenden el mío, y me consuelan,
ahí me aplaudieron, dijeron qué bonito
cómo toca la guitarra, o al revés,
qué guitarristas bárbaros,
cómo se ve que es un vivo,
así cualquiera canta.
Esa canción, aquélla,
cómo pudo hacerla,
cuánto tiempo llevó,
quiénes me la indujeron,
me la prestaron, me la regalaron,
la estaban haciendo hasta que yo me avivé
y reuní todos los pedazos,
a alguien copió ese llanto,
ese odio, aquel perdón, esta pena,
esta manera de recordar tanta miseria,
las uñas rotas, el desconcierto,
la voz, el timbre y el color,
mi identidad como mis orejas
y las puntas de mis dedos,
¿cómo será la canción?
Pensar que se divierte...
Cántese una, sude, no importa cuánto cobre,
a ver esa flor, a nosotros nos conviene,
a nosotros nos consuela,
a nosotros nos extraña, nos admira,
nos duele, nos deja fríos
¿Cómo será la canción?
Pensar que se divierte...
Fabrica flores, después las vende,
y hasta perfuman a veces.

Contracanción III.


Doña Soledad: quédese quieta en su madera, a vos patria no digas que eras nuestra, Barrio Sur... qué lejanos los días de la buhardilla, cuando enterrábamos coroneles con salvas de fogueo, bajo las ventanas de esas humildes pensiones de Yaguarón... Ya no me vendas la coyunda lírica, la milonga tiernita y sola hasta que fue aplaudida y envejeció de golpe... Ya no me cantes pájaros enjaulados o muertos, pericones de Roxlo, mariposas negras... No me vendas el lamento de los que no aman ni el aire burlón del retobao, que igual puede vivir, y además lo vende la compañía impreso en discos... No me digas qué quiere la canción, ni a dónde va el que se va, ya no volverá... No volverá milonga, guitarra negra, el que se fue... como me dice el tango viejo y fulero de verdad, pero melancólico y sólo nuestro, pero nuestro de veras: el tiempo que se fue, se fue para siempre, y lo mismo el loco Antonio que era comunista amó y murió, peleó rabiosamente con las corvinas de su río para vivir, para seguir peleando de overol, y murió y no vuelve, y no hay luna que le valga ni creciente que me demuestre que estaba amando al río como a una mujer... Qué pena, milonga, que no nos duela casi nada ahora, salvo la muerte del estudiante cuando se escapó aquel tiro ¿te acordás?... Qué pena que no nos dolían los nombres, el nombre de no se quién. Y ahora... ¿no te duelen de veras varios Fernández, varios fusilados, varios huesos partidos, los suicidios raros, el estudiante muerto de casualidad cuando se le escapó otro tiro al represivo?... No me toques el violín Becho, no bebas ese vino del negro milonguero, ni cantes con Manolo, la milonga madre nunca fue flamenca y el nene patudo no nació, lo mismo que está muerta para siempre la esperanza de amanecer entre lirios, hoy por hoy... El futuro está ahí nomás y sangra... nomás de entrada, está mal herido y putea, sangra y masca el freno como una gran bestia echada, pero inmortal... No hay con qué darle, ni con balas de cañón lo perforan para siempre... Como a tu canción, milonga, el hierro que lo vulnera pasa a través de su vida y se le clava en el hueso... Así entrará a la adolescencia: acorazado... Y no le canten milongas.

GUITARRA NEGRA.
Guitarra Negra es un álbum que cuenta las vivencias de Alfredo Zitarrosa y de la historia del Uruguay. De Guitarra Negra hay una edición española de año ´77.  El exilio en Madrid fueron de gran tristeza y soledad, el exilio hizo, también, insostenible la relación con su esposa Nancy que decidió volver con sus hijas: Carla  Moriana y María Serena que sumó una agustia en Alfredo y ser calificado de "cantor peligroso"  sumado con el consumo del alcohol.
Guillermo Pellegrino en el libro "ALFREDO ZITARROSA LA BIOGRAFÍA" (Cuadernos de Sudestada, Peña Lillo-Ediciones Continente, 2011) sostiene que en "1977, viajó por primera vez desde España a México auspiciado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y por grupos folklóricos de ese país, encabezados por Julio sólorzano. El 8 de ese mes, en el Auditorio Nacional de Chapultepec, presentó por primera vez en forma oficial su emocionante ´Guitarra Negra´".
Unos meses antes en España había conmovido a Joaquín Sabina y Guillermo Pellegrino cuenta esta anécdota: "Muchos años después, como todo hombre miserable, tuve varias noches en casa con diversas chicas muchas de las cuales no sabía realmente si eran tontas o no. Para sacarme esa duda adopté una prueba: les hago escuchar ´Guitarra negra´; si dice ´¡qué aburrido!´, se va. Por culpa de Zitarrosa (ya que hubo muchas insensibles que no lo supieron apreciar) me he perdido varias noches placenteras".

La primera parte del disco "Guitarra Negra" Zitarrosa realiza una breve recorrida por la historia del Uruguay. Desde aquel hombre que no tenía bandera hasta el progreso que arrasó con lo que le era único: la tierra. Ese hombre que bajo el nombre del adelanto fue olvidado, dejado de lado, exterminado y un Zitarrosa que no se resigna a perder a ese hombre que el adelanto fue olvidando.
 Este recorrido en unos pocos versos ofrece el sueño de un Pueblo ligado a la lucha popular con un compromiso pleno con Uruguay como confesaba en ruedas de amigos o entrevistas "Creo que no nací para vivir fuera del Uruguay. No sirvo para eso".
El segundo recitado de "Guitarra Negra" se titula: " Hoy desde aquí" y está dedicado a su guitarra donde se nota que el exilio marcó a fuego su vida .
 Su destino lejos de su amado país, de sus amigos y de su Pueblo se convierte en una desgarradora canción. Hace un recorrido por su infancia, por su adolescencia, por su adultez.
La persecución política es nombrada como la muerte bajo sospecha de subversión, pero no  lo pudieron se había tomado un ómnibus junto a la vida.  


GUITARRA NEGRA.
Introducción.

Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía... Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas... Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan... Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos... Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas...