sábado, 21 de febrero de 2026

Transferencia / Hamlet Lima Quintana,

 


Transferencia.

Después de todo, la muerte es una gran farsante.

La muerte miente cuando anuncia que se robará la vida,

como si se pudiera cortar la primavera.

Porque al final de cuentas,

la muerte sólo puede robarnos el tiempo,

las oportunidades de sonreír,

de comer una manzana,

de decir algún discurso,

de pisar el suelo que se ama,

de encender el amor de cada día.

De dar la mano, de tocar la guitarra,

de transitar la esperanza.

Sólo nos cambia los espacios.

Los lugares donde extender el cuerpo,

bailar bajo la luna o cruzar a nado un río.

Habitar una cama, llegar a otra vereda,

sentarse en una rama,

descolgarse cantando de todas la ventanas.

Eso puede hacer la muerte.

¿Pero robar la vida?...

Robar la vida no puede.

No puede concretar esa farsa... porque la vida...

La vida es una antorcha

que va de mano en mano,

de hombre a hombre, de semilla en semilla,

una transferencia que no tiene regreso,

un infinito viaje hacia el futuro,

como una luz que aparta

irremediablemente las tinieblas.

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Hamlet Lima Quintana.

Nacido como Hamlet Romeo Lima en Morón, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1923, prefería decir que era de Saladillo (localidad bonaerense situada a 200 km de la ciudad de Buenos Aires, zona rural de la Pampa húmeda).

Su padre, Romero Ventura Lima, con raíces en ese enclave de la tradición que es San Antonio de Areco; y su madre, Leila Carmen Quintana, descendiente de la “tribu de Coliqueo  completaron su cuadro de formación.

Hamlet Lima Quintana componía canciones que acompañaron al movimiento artístico y cultural denominado Nuevo cancionero (1962) que integraban artistas y poetas de la talla de Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez, Manuel Oscar Matus, Eduardo Aragón, Tito Francia, etc. Tanto Mercedes Sosa como Horacio Guarany interpretaron sus composiciones. Musicalizaron su poesía Mario Arnedo Gallo, Remo Pignoni, Oscar Alem, Horacio Salgán, Carlos Guastavino, Enrique Llopis, Eladia Blázquez, César Isella, Julio Lacarra, Litto Nebbia, Carlos Bergesio, entre otros.

Falleció el 21 de febrero de 2002, a los 78 años, por la porquería del cáncer de pulmón.

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Canción para Alfredo.

 Volaba desde el fondo de su guitarra oscura

 como una golondrina popular y sencilla,

 ardiendo en cada esquina con la rara hermosura

 de modelar el canto con perfiles de arcilla.

 Procedía del pueblo la luz de Zitarrosa,

 dolorosa y precisa de su Montevideo,

 era un salmo de vida con sangre de una rosa

 y una rosa de sangre le quemaba los dedos.

 Andaba cuesta arriba de todos los tiranos

 que manchaban las aguas del Río de la Plata,

 pulsador de los sueños latinoamericanos,

 cuestionaba asesinos, abordaba piratas.

 Pariente de la vida con el violín de Becho

 transita por el aire vigilando la aurora,

 navega en nuestra sangre con el mástil deshecho

 como un fiel habitante de nuestra propia hora.

Y es pájaro de fuego junto a su sol poniente

 resurgido en cenizas, cantando profecías,

 y dice que los pueblos en este continente

 no asumen los olvidos ni quieren amnistías.

 Por eso y las cuestiones de andar en la alegría

 en milongas sentidas como una siembra extraña,

 por las alas azules de la milagrería

 Alfredo anda cantando con nuestra propia entraña.

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