miércoles, 22 de junio de 2016

A la patria - Manuel Acuña Narro.

    A LA PATRIA.

    Ante el recuerdo bendito
    De aquella noche sagrada
    En que la patria alherrojada
    Rompió al fin su esclavitud;
    Ante la dulce memoria
    De aquella hora y de aquel día,
    Yo siento que en el alma mía
    Canta algo como un laúd.


    Yo siento que brota en flores
    El huerto de mi ternura,
    Que tiembla entre su espesura
    La estrofa de una canción;
    Y al sonoroso y ardiente
    Murmurar de cada nota,
    Siendo algo grande que brota
    Dentro de mi corazón.


    ¡Bendita noche de gloria
    Que así mi espíritu agitas,
    Bendita entre benditas
    Noche de la libertad!
    Hora del triunfo en que el pueblo
    Vio al fin en su omnipotencia,
    Al sol de la independencia
    Rompiendo la oscuridad.


    Yo te amo... y al acercarme
    Ante este altar de victoria
    Donde la patria y la historia
    Contemplan nuestro placer,
    Yo vengo a unir al tributo
    Que en darte el pueblo se afana
    Mi canto de mexicana,
    Mi corazón de mujer.

    Manuel Acuña Narro (Saltillo, Coahuila, 27 de agosto de 1849 - Ciudad de México, 6 de diciembre de 1873) fue un poeta mexicano.

lunes, 20 de junio de 2016

A MI BANDERA - JUAN ENRIQUE CHASSAING.


A MI BANDERA.
Aquí está la bandera idolatrada,
la enseña que Belgrano nos legó,
cuando triste la Patria esclavizada
con valor sus vínculos rompió.
Aquí está la bandera esplendorosa
que al mundo con sus triunfos admiró,
cuando altiva en la lucha y victoriosa
la cima de los Andes escaló.
Aquí está la bandera que un día
en la batalla tremoló triunfal
y, llena de orgullo y bizarría,
a San Lorenzo se dirigió inmortal.
Aquí está, como el cielo refulgente,
ostentando sublime majestad,
después de haber cruzado el Continente,
exclamando a su paso: ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad!
El 23 de octubre de 1859 participó —del lado de los unitarios (bajo las órdenes de Bartolomé Mitre— en la batalla de Cepeda, contra la Confederación Argentina (al mando del federalista general Justo José de Urquiza). Al ser derrotados, huyeron hasta San Nicolás de los Arroyos. Allí, el 25 de octubre tuvo lugar un ligero combate naval entre los lanchones argentinos y los de Buenos Aires. Se construyó una batería en tierra, en un punto de la barranca al norte de la ciudad, lugar llamado hoy El Campito (donde se construyó la basílica de la Virgen del Rosario de San Nicolás).

En momentos del embarco de las tropas en la orilla del Paraná, al ver Chassaing (de 20 años de edad) al niño abanderado (con la bandera de Buenos Aires, que había sido la misma bandera que había ideado el Dr. Belgrano), se inspira y lee su poema infantil Mi Bandera —cantada en la actualidad por los alumnos argentinos— antes de embarcarse en barcazas río abajo por el Paraná hacia el puerto de Buenos Aires.

El 17 de septiembre de 1861 luchó en la batalla de Pavón (a 260 km al oeste de Buenos Aires) otra vez del lado de los porteños (bajo las órdenes del unitario Bartolomé Mitre) contra la Confederación Argentina (al mando del federalista general Urquiza). Esta vez vencieron los porteños.

En 1862, a los 23 años de edad, Chassaing se recibió de abogado. Se conserva un discurso que pronunció el 11 de septiembre de 1864 cuando su amigo Benigno Jardín recibió el grado de doctor. Fue diputado por Buenos Aires del Partido Unitario de Adolfo Alsina (aliado de Gran Bretaña) y Manuel Quintana (quien entre 1904 y 1906 sería presidente de la República por elecciones fraudulentas).

En 1864 Chassaing fundó el diario El Pueblo, del cual fue el principal redactor, junto con Francisco López Torres. También escribió Himno a Colón y el poema El corazón del hombre, que fueron publicados en su periódico. Fundó el Club del Pueblo, con José María Gutiérrez como presidente y él como vicepresidente.

El 3 de noviembre de 1864 (a los 24 años de edad) falleció de una repentina enfermedad.
Fuente: wikipedia.

domingo, 19 de junio de 2016

BELGRANO - GUSTAVO GARCÍA SARAVÍ.

Entre lunas de barro y luz salada,
entre voces de luto y amargura,
descubriste de pronto la hermosura
de una antigua paloma inmaculada;
de una rosa de vientos, desplegada
como una anunciación de la aventura,
como un arcángel, como la ternura,
como una gloria azul inconquistada:
descubriste de pronto los colores,
fe de la fe y amor de los amores.
Un infinito corazón piadoso,
general de la pena y el desvelo,
adelantado fundador del cielo,
eternamente limpio y silencioso.

viernes, 17 de junio de 2016

Lo peor del amor +19 Días y 500 Noches de JOAQUÍN SABINA.

Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas,
las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole sin dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a la hoguera los archivos.

Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…



Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
en vez de fingir,
o, estrellarme una copa de celos,
le dio por reír.
De pronto me vi,
como un perro de nadie,
ladrando, a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.
Tenían razón
mis amantes
en eso de que, antes,
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez,
yo quería quererla querer
y ella no.
Así que se fue,
me dejó el corazón
en los huesos
y yo de rodillas.
Desde el taxi,
y, haciendo un exceso,
me tiró dos besos…
uno por mejilla.
Y regresé
a la maldición
del cajón sin su ropa,
a la perdición
de los bares de copas,
a las cenicientas
de saldo y esquina,
y, por esas ventas
del fino Laina,
pagando las cuentas
de gente sin alma
que pierde la calma
con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando
la bolsa y la vida
la fuí, poco a poco,
dando por perdida.
Y eso que yo,
paro no agobiar con
flores a María,
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías,
para no comprarla
con bisutería,
ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,
tanto la quería,
que, tardé, en aprender
a olvidarla, diecinueve días
y quinientas noches.
Dijo hola y adiós,
y, el portazo, sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que, así,
se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mi.
No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa…
siempre tuvo la frente muy alta,
la lengua muy larga
y la falda muy corta.
Me abandonó,
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó del espejo
su vivo retrato,
y, fui, tan torero,
por los callejones
del juego y el vino,
que, ayer, el portero,
me echó del casino
de Torrelodones.
Qué pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento,
en el mismo momento
que ella me lo mande.
Y eso que yo,
paro no agobiar con
flores a María,
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías,
para no comprarla
con bisutería,
ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,
tanto la quería,
que, tardé, en aprender
a olvidarla, diecinueve días
y quinientas noches.
Y regresé
a la maldición
del cajón sin su ropa,
a la perdición
de los bares de copas,
a las cenicientas
de saldo y esquina,
y, por esas ventas
del fino Laina,
pagando las cuentas
de gente sin alma
que pierde la calma
con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando
la bolsa y la vida
la fuí, poco a poco,
dando por perdida.
Y eso que yo,
paro no agobiar con
flores a María,
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías,
para no comprarla
con bisutería,
ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,
tanto la quería,
que, tardé, en aprender
a olvidarla, diecinueve días
y quinientas noches.


A la “muchacha de ojos tristes”, por si le roba una sonrisa.

miércoles, 15 de junio de 2016

PRESENCIA QUE NO SE VE de Lyzandro Z. D. Galtier.


PRESENCIA QUE NO SE VE.


Je ne suis peut-être pas tout à fait 
un être réel. 
BENJAMIN CONSTANT. 
Je suis l’autre? 
GÉRARD DE NERVAL. 

Ya de antiguo, de muy antiguo, a buen seguro, 
así que fuere preocupado, despreocupado o solo, 
siempre se me hizo que iba acompañado. 
Alguien que no se ve y que no conozco 
-decíame entonces- camina a mi costado; 
alguien camina conmigo todos mis pasos, 
camina en mí, presente en mí, tan de cerca 
rodeándome, respirándome, pasmo a pasmo, 
mimándome a veces cuando yo camino y donde yo camino; 
alguien, de cierto, que me impele; 
alguien que me da potencia y ser y es uno en mí, 
conmigo mismo, circundándome; 
alguien, de cierto, que me es, sin yo saberlo, 
en este angosto ente que yo soy. 
Lo siento por momentos como un ritmo 
envolvedor, en una continuidad de los más, 
de los demás en mí; en una como anterioridad 
sucesiva de la sangre; 
lo siento más allá de mí mismo, en los hondos de mí, 
por olvido total, continuo, en mí. 
La verdad es que alguien o algo que no soy yo 
ni mi fantasma; alguien o algo que no conozco 
pero sí supongo y que me ocupa y me completa y complementa; 
algo o alguien que no eres tú ni tu otro tú tampoco, 
en cada uno de mis actos decide y me decide, 
en cada uno de mis pasos sus pasos acomoda. 
Es el sendero cuando por el sendero me conduce, 
los cien senderos de los libros indios, 
la cosa que me ocupa, todas las cosas y una, 
cuando en las cosas esparcido me siento; 
es esto y lo otro en mí y es luego todo, 
en cabal confín y más después todavía, 
cuando aparentemente yo entro en mí, 
cuando aparentemente creo ser, 
cuando de cierto más seguro me soy. 
Entonces me pregunto: ¿Soy el que creo ser, 
que yo conozco, o bien el para mí desconocido 
que en mí los otros ven?... 

Medio ser con amor o con odio me vive, sin embargo; 
vivo o muerto, me vive, no lo sé. 
A medio ser en mí estoy quizás velando, 
velándome tal vez –ay- en mí, mientras en ti me vivo. 
Y así, todos los días de mi existir, 
de tal manera y tanto, que pienso 
si seré yo o será otro, éste que, 
en más que yo, te está hablando ahora. 

A Xul Solar, 
a Antonio Porchia.