miércoles, 10 de enero de 2024

La que aguarda de Gabriela Mistral.


Antes del umbral y antes de la ruta,
aguardo, aguardo al que camina recto
y avanza recto mejor que agua y fuego.

Viene a causa de mí, viene por mí,
no por albergue ni por pan y vino,
a causa de que yo soy su alimento
y soy el vaso que él alza y apura.

Del bosque que lo envuelve en leño y trinos,
y sombras temblorosas que lo trepan,
se arranca, y viene, y llega sin soslayo,
porque lo trae mi rasgado grito.

Va pasando las torres que lo atajan
con sus filos de témpanos agudos
y llega, sin salmueras, de dos mares,
indemne como en forro y vaina de honda.

¡Y ahora ya la mano que lo alcanza
afirma su cintura en la carrera!

Y saben, sí, saben mi cuerpo y mi alma
que viene caminando por la raya
amoratada de mi propio grito,
sin enredarse en el fresno glorioso
ni relajarse en las densas arenas.

¡Cómo no ha de llegar si me lo traen
los elementos a los que fui dada!
El agua me lo alumbra en los hondones,
me lo apresura el fuego del poniente 
y el viento loco lo aguija y apura.

Vilano o pizca ebria parecía;
apenas era y ya no voltijea,
nonadas de la niebla lo sorbían
desbaratando su juego de mástiles
y sus saltos de ciervo despeñado.
Del bosque que lo envuelve en sus rumores
se suelta y ya se viene sin soslayo.
Viene más puro que disco lanzado;
más recto vuela que albatros sediento
porque lo trae mi rasgado grito
y el grito mío no se le relaja
ciego y exacto como el alma llega.
Abre ya, parte, el matorral intruso
y todavía mi voz enlazada
con sus cabellos el paso le aviva.
Y al acercarse ya suelta su espalda;
libre lo deja y se apaga en su rostro.
Pero mi grito sólo sube recto,
su mano ya cae a mi puerta.
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 7 de abril de 1889 - Nueva York, Estados Unidos, 10 de enero de 1957). Escritora y premio Nobel de Literatura en 1945 fue la primera mujer iberoamericana​ y la segunda persona en Nuestra América en recibir un premio Nobel.
De origen humilde, Mistral se desempeñó como profesora en diversas escuelas y se convirtió en una importante pensadora respecto al rol de la educación pública.
Hija de Juan Jerónimo Godoy Villanueva, profesor de ascendencia diaguita,​ y de Petronila Alcayaga Rojas, de ascendencia vasca.
Su verdadero nombre es Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, más conocida por su seudónimo Gabriela Mistral.

domingo, 7 de enero de 2024

Levantar el papel donde escribimos de Roberto Juarroz

Levantar el papel donde escribimos
y revisar mejor debajo

Levantar cada palabra que encontramos
y examinar mejor debajo

Levantar cada hombre
y observar mejor debajo

Levantar a la muerte
y escudriñar mejor debajo

Y si miramos bien
siempre hallaremos otra huella.
No servirá para poner el pie
ni para aposentar el pensamiento
pero ella nos probará
que alguien más ha pasado por aquí.

jueves, 4 de enero de 2024

César Vallejo por Luis Buero.

 

César Vallejo por Luis Buero. 

César Vallejo (César Abraham Vallejo Mendoza), poeta excepcional, nació en Perú en 1892, y falleció en París en 1938 con tan solo 46 años de edad.

Sus libros de poemas más conocidos son ‘Los heraldos negros’ (1918), ‘Trilce’ (1922), ‘España aparta de mi ese cáliz’ (1939) y ‘Poemas humanos’ (1939), estos dos últimos publicados por su esposa Georgette luego de la muerte del escritor.

También fue autor de novelas como ‘Fabla salvaje’ y ‘El tungsteno’, además de cuentos como ‘Escalas’, ‘Paco Yunque’, y el ensayo ‘Rusia en 1931’, y obras de teatro. Por otra parte, escribió en diarios de Perú, España y Francia. Se han editado diversas antologías y hasta un disco recitado por un locutor, con sus versos.

Su forma de escribir, de colocar sustantivos en el lugar de adjetivos, su excelsa sensibilidad social y emocional, lo convirtieron en lo que la crítica especializada bautizó como “un poeta universal”. Un creador que fundó un lenguaje poético diferente a lo tradicional.

FRASES DE POEMAS.

En ‘Los heraldos negros’ escribe: “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar, el claustro de un silencio que habló a flor de fuego…”

En otro poema, ‘Los pasos lejanos’, afirma: “Mi padre duerme, su semblante augusto figura un apacible corazón, está ahora tan dulce, si hay algo en él de amargo, seré yo. Hay soledad en el hogar, se reza, y no hay noticias de los hijos hoy, y mi madre pasea allá en los huertos, saboreando un sabor ya sin sabor. Está ahora tan suave, tan ala, tan salida, tan amor. Hay soledad en el hogar sin bulla, sin noticias, sin verde, sin niñez. Y si hay algo quebrado en esta tarde y que baja y que cruje, son dos viejos caminos blancos, curvos. Por ellos va mi corazón a pie.”

En ‘Trilce’ se distingue esta poesía: “He almorzado ahora y no he tenido, madre ni súplica, ni sírvete, ni agua, ni padre que, en el facundo ofertorio de los choclos, pregunte para su tardanza de imagen, por los broches mayores del sonido. Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir de tales platos distantes esas cosas, cuando habrase quebrado el propio hogar, cuando no asoma ni madre en los labios. Cómo iba yo a almorzar nonada. A la mesa de un buen amigo he almorzado, con su padre recién llegado del mundo, con sus canas tías que hablan, en tordillo retinte de porcelana, bisbiseando por todos sus viudos alvéolos; y con cubiertos francos de alegres tiroriros, porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia! Y me han dolido los cuchillos, de esta mesa en todo el paladar. El yantar de estas mesas así, en que se prueba amor ajeno en vez del propio amor, torna tierra el bocado que no brinda la madre, hace golpe la dura deglución, el dulce: hiel, aceite funéreo, el café. Cuando ya se ha quebrado el propio hogar, y el sírvete materno no sale de la tumba, la cocina a oscuras, la miseria de amor”.

En ‘Poemas humanos’ se distingue: “Me viene, hay días, una gana ubérrima, política, de querer, de besar al cariño en sus dos rostros, y me viene de lejos un querer demostrativo, otro querer amar de grado o fuerza, al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito, a la que llora por el que lloraba, al rey del vino, al esclavo del agua, al que ocultose en su ira, al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma. Y quiero por lo tanto acomodarle, al que me habla su trenza, sus cabellos al soldado, su luz al grande, su grandeza al chico. Quiero planchar directamente, un pañuelo al que no puede llorar, y cuando estoy triste o me duele la dicha, remendar a los niños y a los genios. Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo, y me urge estar sentado a la diestra del zurdo, y responder al mudo, y también quiero muchísimo lavarle al cojo el pie, y ayudarle a dormir al tuerto próximo. ¡Ah querer este, el mío, este, el mundial, interhumano y parroquial provecto!, me viene a pelo, desde el cimiento, desde la ingle pública, y viniendo de lejos, da ganas de besarle la bufanda al cantor, y al que sufre besarle en su sartén, al sordo en su rumor craneano, impávido, al que me da lo que olvidé en mi seno, en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros. Quiero, para terminar, cuando estoy al borde célebre de la violencia, o lleno de pecho el corazón, querría, ayudar a reír al que sonríe, ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca, cuidar a los enfermos enfadándolos, comprarle al vendedor, ayudarle a matar al matador -cosa terrible-, y quisiera yo ser bueno conmigo, en todo”.

Publicado en Diario LA PRENSA.

1/1/2024.

https://www.laprensa.com.ar/Cesar-Vallejo-539428.note.aspx

miércoles, 3 de enero de 2024

Cada uno tiene su pedazo de tiempo. Autor: Roberto Juarroz.

Cada uno tiene
su pedazo de tiempo
y su pedazo de espacio,
su fragmento de vida
y su fragmento de muerte.
Pero a veces los pedazos se cambian
y alguien vive con la vida de otro
o alguien muere con la muerte de otro.
Casi nadie está hecho
tan solo con lo propio.
Pero hay muchos que son
nada más que un error:
están hechos con los trozos
totalmente cambiados.

lunes, 1 de enero de 2024

AÑO NUEVO de RUBÉN DARÍO.

   
AÑO NUEVO.
A J. Piquet.
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
                San Silvestre.
Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
                  Salomón.
Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
              Cruz del Sur.
Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
                del Arquero.
A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
                del Arquero.
Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.
San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
                inmortales.
Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
                y el Arquero.