jueves, 8 de noviembre de 2012

EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS - QUIERO APRENDER DE MEMORIA

 
QUIERO APRENDER DE MEMORIA.
EL RECORDADO SANDRO DE AMÉRICA INTERPRETA EL TEMA DE LEONARDO FAVIO “QUIERO APRENDER DE MEMORIA” CON UNA INTRODUCCIÓN DEL POEMA  “EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS”  DE MIGUEL RAMOS CARRIÓN.
Miguel Ramos Carrión fue un extraordinario dramaturgo del Romanticismo, poeta y periodista, nacido en Zamora, España, en 1848, y fallecido en 1915.
Desde la ventana de una casa vieja
siempre sola y triste, rezando y cosiendo
una muchachita de rubios cabellos
ve todas las tardes pasar en silencio
a los seminaristas que van de paseo
pero no ve a todos, ve sólo a uno de ellos
su seminarista de los ojos negros
Cada vez que pasa, gallardo y esbelto
observa a la niña que pide aquel cuerpo marcial
y cuando en ella fija abiertos con vivas y audaces
miradas de fuego parece decirle “te quiero, te quiero”
Yo no he de ser cura, no yo no puedo serlo
si yo no soy tuyo, me muero, me muero.
 
 
Quiero aprender de memoria
con mi boca tu cuerpo, muchacha de abril
y recorrer tus entrañas en busca del hijo que no ha de venir
Quiero partir con mi canto
tu cuerpo de niña y hundirme a vivir
nada me importa la gente
que opina y se mete, no lo han de entender
Cómo explicar que te quiero
que sonrío y muero al verte pasar
cómo explicar que te amo
si no fuiste mía y nunca lo serás
cómo explicar que me duele
hasta el aire que juega en tu pelo y tu andar
Niña, si escuchas mi canto
sabrás que es el canto que lloro por vos
y poco me importa la gente
que opina y se mete, no lo entenderán
Ay, si pudiera en tu pecho
beber el sosiego y encontrara la paz
y acariciando tu pelo encontrar el sueño
que no puedo hallar
Ay, si tu boca me diera, callada,
la forma del amor y amar
encontraría el motivo de seguir viviendo,
de poder luchar
Quiero aprender de memoria
con mi boca tu cuerpo, muchacha de abril
y recorrer tus entrañas en busca del hijo que no ha de venir.
 
 
A la niña entonces se le oprime el pecho
la labor suspende y olvida los rezos
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros

lunes, 5 de noviembre de 2012

EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS.




EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS.

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla:  —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...



Miguel Ramos Carrión.







domingo, 4 de noviembre de 2012

POESÍA COMBATIVA ARGENTINA: ARMANDO TEJADA GÓMEZ.


“El que lea atentamente mi poesía, comprende rápidamente que la intención es cantar opinando” decía Armando Tejada Gómez y cantaba opinando nomás…
Armando Tejada Gómez nació en la provincia de Mendoza un 21 de abril de 1929, descendientes de Huarpes, trabajadores rurales de muy escasos recursos.
De familia númerosa Armando fue el anteúltimo de 24 hermanos.  Hijo de Lucas Tejada, tropero (llevaba ganado de Mendoza a San Juan y Chile, a través de la cordillera), y de Florencia Gómez, casada a los 14 años.
Empezó a trabajar a los 6 años, como canillita y lustrabotas. 
Falleció hace 20 años el 3 de noviembre de 1992, en Buenos Aires.
A los 15 años se compró un ejemplar del "Martín Fierro" obra cumbre de la literatura argentina creación de Don José Hernández  que fue la chispa que despertó en su interior el fuego y  la pasión por la lectura y la poesía.
Fue un activista social y militante político.
Tras el golpe de Estado de 1955,  ArmandoTejada Gómez inició un viraje en sus posiciones, tanto, estéticas como políticas.
Contaba que había cambiado su manera de escribir porque los obreros de la construcción le reprochaban que "escribía cosas que nadie entendía".
De a poco, la palabra de Tejada Gómez se acercó a la cuestión social ganando intensidad y siendo decidor y cuestionador de las injusticias sociales.
Tuvo una intensa aunque fugaz participación en la UCR Intransigente que lideraba  el Dr. Arturo Frondizi, pero rompió filas con el giro gubernamental hacia las posturas desarrollistas que llamaban a la inversión extranjera.
Comenzó a componer canciones junto al músico Oscar Matus, también mendocino y futuro esposo de la cantante Mercedes   “La Negra” Sosa.
Algunas de sus composiciones más conocidas y reconocidas  fueron “Fuego en Animaná”, “Canción con todos”, compuesta con César Isella y con el tiempo se convirtió en un "himno" latinoamericano, “Zamba de la distancia”, “Canción para un niño en la calle”, “Zamba del laurel”, “Trovador del rocío”, “El mundo es un pañuelo”, “Resurrección de la alegría”, "Chaya de la albahaca" (con Gustavo “Cuchi” Leguizamón), "Canción de las simples cosas" (con César Isella), "Zamba azul" y "Regreso a la tonada" (con Tito Francia).
Siempre con su poesía reclamaba por la libertad del sindicalista Agustín Tosco (dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba)  y los presos políticos en los tiempos del Gral. Lanusse.
Ayer nomás ardió el pueblo
Por la tierra y por el pan,
Y la fogata en el valle
No estaba por solo estar.


CANCIÓN CON TODOS de Armando Tejada Gómez se lo considera un himno en Nuestra América.
Todas las voces todas,
todas las manos todas,
toda la sangre puede
ser canción en el viento;
canta conmigo canta,
hermano americano,
libera tu esperanza
con un grito en la voz.

“Mi canción es un libro que se escribe en el viento… todos pueden cantarla y llevársela lejos”.
Tal como el propio Armando Tejada Gómez lo profetizó en "El libro del viento".
Resurrección de la alegría
 Ya no me acuerdo del olvido
ni de la ausencia lastimando,
solo recuerdo tu silueta
dulce habitante del paisaje,
resurrección del cielo tuyo
entre mis manos y la tarde
ya no me acuerdo del olvido,
ando de sol con tu milagro.
Desde el amor todo regresa
como los pájaros y el alba;
Resurrección: digo su nombre
y lleno el aire de campanas,
porque el que nace a la ternura
vence a la muerte cotidiana,
abre las puertas de la vida
y lleva un niño en la mirada.
Amor que vuelve,
amor que espera,
amor que dura,
amor que nace.
Resurrección de la alegría,
estoy de fiesta con mi sangre,
porque el que nace a la ternura
vence a la muerte cotidiana,
abre las puertas de la vida
y lleva un niño en la mirada.
Resurrección...Resurrección...
Armando Tejada Gómez una vida de compromiso permanente:
“Importa dos maneras de concebir el mundo. Una, salvarse solo, arrojar ciegamente los demás de la balsa y la otra, un destino de salvarse con todos, comprometer la vida hasta el último náufrago…”.
“Historia personal de la Paz
Un poema del mendocino, nacido en Guaymallén, Armando Tejada Gómez.
Hermoso poema hasta diría intimista, sencillo. Este poema lo escuché junto con otros de la obra de Tejada Gómez allá por el ´85 en un encuentro organizado por el Partido Comunista (P.C.) de Villa Regina que conducía el vecino del barrio Villa Alberdi el recordado Rodolfo Felicevich.
Es de las historias que la historias oficiales no comentan.
HISTORIA PERSONAL DE LA PAZ.
Siempre hay un rey sobre un caballo
en las viejas ciudades;
lo custodian las fuentes y los niños
y un insólito pájaro.
Cuando los veo, pienso que la muerte
mira de las estatuas
armada hasta los dientes, con sus ojos
de bronce clausurado.
Si pregunto por ellos, me describen
galopes y batallas.
Nunca al caballo libre en las praderas
ni al señor en su casa.
Todos cuentan la historia por las guerras
en las viejas ciudades
y por más que pregunto nadie sabe
describir la morada
donde amasaba pan el panadero
y su mujer hilaba.
La historia que nos cuentan es la historia
de una que otra batalla,
pero jamás nos dicen que, entretanto,
el labrador sembraba
y que, segando el trigo de la vida;
los jóvenes se amaban
mirándose a los ojos, como miro
la paz en tu mirada,
mientras paseamos por la antigua plaza
con un rey a caballo
donde juegan los niños y las fuentes
son catedrales de agua.
La paz, amor,
es ese pájaro insólito que, a veces,
se posa en las estatuas.




La paz, amor,
es ese pájaro insólito que, a veces,
se posa en las estatuas.

"Alerta primavera" Del álbum "Quinteto Tiempo canta a Armando Tejada Gómez" un poema de Armando Tejada Gómez y música Hugo Díaz Cárdenas.



Lo he leído, me han dicho, lo he bebido
en el trago de vino de la vida.
Que todo lo que nace ya es futuro
y por lo joven se sostiene el día.
Acosados del odio nos decían
que ser joven aquí era un delito
y nos asesinaron la alegría
donde el amor proyecta su destino.

¿Por qué padres del mundo, madres nuestras,
habremos de servir para morir
en la locura oscura de la guerra y no para vivir?
¿Por qué volvemos, ya mutilados por culpa ajena?
¿Quién es el guardabosque del otoño?
¿Que día empezará la primavera.?

Yo, combatiente del amor que vuelve
de mi dolor al Sur, de mis Malvinas,
ya lisiado en la flor, desocupado,
avanzo restañando las heridas.

Estoy pisando con la muchedumbre
la mugre del pasado, ya pisado,
al paso de este paso que aquí grita:
¡Alerta! ¡Alerta que camina
la juventud del siglo por América Latina!
Alerta, chacales de ceniza,
devuélvannos los sueños y la vida!

FUE UN MAR Y PERDIÓ SUS BORDES
POESÍA DE HORACIO FERRER


De tanto darse a la vida

Armando Tejada Gómez,
Armando de los hermanos,
fue un mar y perdió sus bordes, ay,
fue un mar y perdió sus bordes.

Noviándole a una zambita,
pastor de infinitas noches,
derramador de los cielos,
correo de ocultas voces,
compinche de alucinados
en ranchos y bodegones,
amaba las libertades
Armando Tejada, el hombre.
De tanto darse a la vida

Armando Tejada Gómez.
Armando todo juglar
fue un mar y perdió sus bordes, ay,
fue un mar y perdió sus bordes.

Con su guitarra cuyana
seis cuerdas y mil primores,
qué afinación su presencia,
qué sabio en el horizonte.
¿A quién regaló su barba?
¿Qué fuego calló sus dones?
¿Qué fue de su carcajada
Armando cascabelotes?
De tanto darse a la vida

Armando Tejada Gómez,
Armando de las auroras
fue un mar y perdió sus bordes, ay,
fue un mar y perdió sus bordes.

Por la ribera del llanto
ya escucho a sus corazones
latir la canción con todos,
poetas y sangradores.
Alzada voz circulante
por campos y poblaciones.
América está en su ausencia,
Armando ramos de amores.

De tanto darse a la vida
Armando Tejada Gómez,
Armando, mi amigo, Armando
fue un mar y perdió sus bordes, ay,
fue un mar y perdió sus bordes.

sábado, 3 de noviembre de 2012

El desarmado de Armando Tejada Gómez.

El desarmado (1985).
Me he desarmado adrede
en estos tiempos
en los que todos pueden
y al fin hablan
del horror consabido
que supimos
y ese silencio
que nos inmolaba.
Yo quisiera saber
si los que gritan
sostendrán ese grito
 a rajatabla.
No sea que otra vez
al primer tiro
quedemos donde estábamos.
Hace un país,
o acaso, un continente
que estamos esperándolos.
Canten cuando no puedan
y si pueden
no se aturdan cantando.
No sólo por cantar
cantan los pájaros.

“Subo desde el sur / hacia la entraña América y total, / pura raíz de un grito / destinado a crecer y a estallar” (“Canción con todos”, 1969).

viernes, 2 de noviembre de 2012

LAS CALLES DE MI PUEBLO DE JORGE CASTAÑEDA.


LAS CALLES DE MI PUEBLO.

 
Las calles de mi pueblo son distintas:
Tienen algo de mí o así parece.
Porque somos amigos las recorro
Y mi tristeza en ellas se atardece.
 
 Algunas son prietas y arboladas
Y en sus acequias el agua se mece.
Otras buscan el fresco del arroyo
O la sombra galante que las bese.

 

Las calles de mi pueblo son distintas:
En cada esquina un ángel amanece
Con fragancia de acacias y ligustros
Y el sol que atenuado languidece.
 

Algunas terminan en las chacras
Porque así la colonia lo establece
Y otras que son audaces en el cerro
De la Cruz miran como el pueblo crece.
 

Calles felices son las de mi pueblo
Donde todo lo bueno me acontece:
Los pájaros tempranos, los vecinos
Y aquel rosal lozano que florece.

 
Como a los caminantes a Emaús
Mi corazón también resplandece.
 
 
 
Se agradece a Jorge Castañeda  vuestro aporte a RINCÓN BARDA SUREÑA y ese amor a su localidad Valcheta.