domingo, 15 de octubre de 2017

ALBUFERA MALLORQUINA de Carlos Basabe.

ALBUFERA MALLORQUINA
de Carlos Basabe.

Amanece en la albufera Mallorquina
un silencio pesado se presagia
una bruma densa y lenta se desplaza
sobre la paz dormida de los pájaros

el crujir de unas malezas manifiestan
los pasos sigilosos de una garza
ha comenzado el amanecer rojizo
para la abundante fauna de la charca

a medida que el sol encandila por el este
se aclara el paisaje lagunero
la niebla se escarcea entre las matas
de juncos, tamarindos y barrones europeos

la belleza del paisaje en la albufera
muestra cigueñuelas, flamencos y pardelas
lagartijas, puercoespines y gaviotas
que componen parte de la fauna mañanera

que diversidad, ¡que paisajes, que hermosura
conforman las baleares de mi tierra
el no haber nacido en estas islas
no me impiden componerle algún poema

el cordaje de mi guitarra gaucha
a veces me entretienen complacidas
cantando versos de esta españa noble
o de mi recordada tierra de argentina.

sábado, 14 de octubre de 2017

QUE VIVA LA CHACARERA de Goyo Allevato y Horacio Fontova.

Nos matan, siempre nos matan
Nos tiran con lo que tienen
Nos venden las pastillitas
Pa’que no nazcan los nenes
Pero nos queda la tierra
Pa’que paguen lo que deben

Venimos siendo los pobres
Somos subdesarrollados
Pero basta de colonias
Ahorita estamos cansados
Antes de los españoles
Eramos civilizados

Por eso te pido hermano
Que escuches mi chacarera
Que es música de tu tierra
Es música verdadera
Herencia de Quechuas, turcos
raza, esperanza y bandera

Arriba los corazones
Abiertas nuestras fronteras
Alegría pa’mi pueblo
Gente que lucha y espera
¡Que vivan los argentinos
que viva la chacarera!

De a poco vamos creciendo
Nos vamos haciendo grandes
Metiendo hombro con hombro
Matando miedos cobardes
Solo peleando la vida
Podemos ir pa’adelante

Juntitos vayamos todos
Bailando la chacarera
Pa’poder ver al invierno
Vestido de primavera
Sacame a los que me sacan
Virgencita milagrera

Que bueno vernos contentos
Con lo poco que nos queda
Corrientes yo te devuelvo
Mi sangre chamamecera
Mandinga hizo las trincheras
Tata Dios la chacarera

Arriba los corazones
Abiertas nuestras fronteras
Alegría pa’mi pueblo
Gente que lucha y espera
¡Que vivan los argentinos
que viva la chacarera!

miércoles, 11 de octubre de 2017

Quiniela - Carlos de la Púa.



Sos como esa cifra taura y salidora
que ya tántas veces me sacó de pato.
Cábula que nunca se cortó hasta ahora
y por ley de juego yo nunca la bato. 

Sos como esa cifra siempre ganadora
pero que una vuelta tendrá que meterme.
Sos como esa cifra tan respondedora
pero que algún juego tendrá que joderme.

¡Sos como esa cifra taura y salidora!

lunes, 9 de octubre de 2017

EL AFILADOR de Silvia Angélica Montoto.

EL AFILADOR 
de
Silvia Angélica Montoto.
Los primeros rayos del sol comienzan a acariciar los techos bajos del caserío y en las veredas de piedra recién baldeadas, se levanta un vapor matinal que perfuma el barrio de primavera.

En las primeras calles, aparece entonces, la figura escuálida de Pedrito Ramírez, el afilador, al que todos llaman “Pica piedras.” Sus bracitos flacos, tienen sin embargo la fuerza de un toro para empujar calle arriba el carrito con el que el muchacho se gana la vida.

En la primera esquina hace sonar el flautín y como corolario, el consabido pregón: ¡A… filadooor, patrona!.... ¡Se afilan cuchillos y tijeras!... …¡A…filadooor!... y el carrito salta de piedra en piedra, de vereda en vereda, subrayando con el sonido de su traqueteo la voz aflautada del adolescente.

Se detiene como siempre, en la ochava del almacén de don Braulio, punto de reunión de las vecinas que esperan su servicio.
Mientras que el pie de Pedrito arranca desde la piedra esmerilada una lluvia de chispas, como luciérnagas trasnochadas, comienzan los parloteos de las mujeres hilvanando historias, algunas ciertas, otras poco creíbles y como al pasar, alaban las virtudes de sus fieles herramientas que el muchacho tendrá que afilar, hasta dejar como nuevas, dale que dale al pedal de su carrito, que es casi una prolongación de sus neuronas…
Beba, la peluquera solterona, le muestra orgullosa a sus congéneres, las tijeritas de agudas puntas que acompañan su monótona vida de muchacha de pueblo…
- ¡Si habré tusado muchachitos con estas tijeras y recortado alguna vez, por qué no, el bigotito sensual de algún caballero!..De esos que ya no hay- agrega con un dejo de nostalgia.
Marieta, la tana gritona y exagerada le retruca blandiendo su cuchilla:
-Y de ésta, ¿Qué me dicen amigas?... Todavía tiene en el cabo de hueso las marcas de la mano del finadito cuando pasaba por su filo los mejores lechones para hacer los chorizos… ¡Y qué chorizos Mama mía! Tampoco de esos se consiguen ahora… y terminó con énfasis su discurso pasándose la lengua por los labios, como si los saboreara en el recuerdo.
Así, todas agregan algo entre risas y cotilleos. La reunión circunstancial es una fiesta a esa hora en la mañana del tranquilo barrio.
Pica Piedras las escucha, las mira de reojo y calla…Él también tiene su historia, que sólo comparte con su máquina de afilar, una historia que le revuelve la sangre y lo golpea en el centro de su corazón, sin embargo, sus labios sellados por un secreto de honor se aprietan y hablan para adentro…como frenando con su silencio la angustia de ese niño-hombre del flautín y el pregón... ¡A…filadooor, patrona, a…filadooor!...

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En el confín del pueblo, donde los grupitos de ranchos se diluyen entre los alpatacos y los molles, se destaca como un símbolo del “pecado”, al decir de los pueblerinos y el cura, una casa de adobes, tipo vivienda de campo con techo verde fosforescente: “El Alacrán”, un cabaret, por denominarlo con una palabra con fonética quizás menos desagradable de lo que realmente es: Un bodegón, anexo casa de citas, como reza en un cartel de cantonera en el portón de entrada.

Allí lo fundó, vaya a saber uno por qué raro designio del destino, una madama llegada del norte, que traía consigo a cuatro muchachas trabajadoras en el más viejo oficio de la humanidad.
La historia de “El Alacrán”, marca un hito entre el antes y el después en la vida de ese pueblito tranquilo de relaciones solidarias y amenas fiestas familiares como única diversión. A “El Alacrán” iban a recalar los fines de semana, los hombres solteros, la mayoría peones de las comparsas de esquila y maridos tramposos, para los que resultaba ser un juguete nuevo, con las consabidas desavenencias familiares, algunas de las cuales llegaron a ser irreparables…

Aquella noche de fin de marzo, “El Alacrán” ardía de machos en celo.

Un tufo a perfume barato, alcohol y sudor se entreveraba con la música ensordecedora y el sonido de esa “brama humana” que hacía temblar las paredes de barro.
Entrada la madrugada se desató una gresca de furia irrefrenable. Sillas, botellas y vasos volaban por el aire. Los hombres disputándose a golpes y patadas las pocas mujeres que había, se jugaban a todo o nada y al sálvese quien pueda.
La madama sin poder controlar la situación, como último recurso, cortó la luz y en las tinieblas, Se escucho un alarido y el golpe seco de un cuerpo al caer pesadamente en el medio del salón. Las chicas buscaron esconderse debajo de los mostradores y los varones, como gatos a quienes se les arroja agua hirviendo, se desbandaron hacia el monte.
Al volver la luz quedó al desnudo la patética escena de un joven desangrándose con un cuchillo ensartado en la garganta, después, los estertores cada vez más espaciados y al fin, la muerte con su presencia soberana e inapelable…
La policía, alertada por alguien anónimo que huyó del lugar, se presento media hora después. El comisario en persona ordenó al sargento: -¡Tome un trapo para no borrar las huellas, y sáquele del cuerpo el puñal, será este el único testigo!- agregó-…¡Manga de borrachos cobardes! – gritó con furia. El muerto, era un total desconocido, de paso quizás por la comarca u obrero de la comparsa instalada a unas leguas del pueblo.

Habían pasado casi dos años y nadie reclamó la desaparición del joven asesinado en “El Alacrán”. Nadie supo tampoco quién había sido el autor de la feroz puñalada que le quitó la vida, porque ninguno de los presentes aquella noche, quiso involucrarse y quedar marcado para siempre por la muerte de un desconocido, en una noche de copas y de minas pasajeras.
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-¿Sabe Sargento?, le dijo el comisario una mañana mientras tomabanunos amargos, ¡ A esta joyita me la voy a quedar Yo! – mientras daba vueltas entre sus dedos regordetes el cuchillo, prueba del delito que había guardado tanto tiempo bajo llave.

El sargento lo miró como haciendo memoria y de pronto, toda la historia apareció nítida en su cabeza.
-y, si a UD. Le parece. Ya no creo que nadie reclame al finadito ni que se entregue el maula que lo achuró.
-¡Así es Sargento, eso espero!... Cuando pase el muchachito que afila los cuchillos, llámelo, lo voy a hacer dejar afiladito y como nuevo. Y el fin de semana lo estrenamos… ¿Qué le parece?
-¿Un chivito, dice UD.?... Fue la pregunta retórica del sargento con la que sellaron el pacto los dos hombres de la Ley…

Pica Piedras arrimó el carrito al cordón de la vereda de la comisaría y esperó al comisario quien lo había citado para las 10.

-Necesito un favor muchacho…a ver si nos entendemos – le dijo- Y extendiéndole el cuchillo en cuestión, le pidió: Dámele una buena afiladita y pulile un poquito el mango de hueso con la esmeril… (Por si las moscas) – agregó guiñándole el ojo al sargento.
Pedrito lo tomó entre sus manos y sintió de inmediato en las entrañas la vibración que ese objeto familiar le producía…Con él había aprendido el oficio con que se ganaba el pan. Su padre lo colocaba en sus pequeñas manos y ayudándolo a pedalear lo arrimaba a la piedra de esmeril y una nube de luciérnagas trasnochadas le desataban al niño una flecha en el cascabel de su risa inocente…
Ahora en cambio, las chispas sobre el acero le quemaban las pupilas, el chirriar de la rueda se hacía insoportable a sus oídos.
De pronto lo comprendió todo…Las palabras de la madre prometiéndole a él y sus hermanos cada día ,que su padre volvería pronto, que estaba trabajando duro en una mina del sur y otro montón de historias que iban paliando el tiempo y la ausencia, hasta tornarla en una costumbre que cada vez dolía menos…
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¡A…filadooor, Patrona!...A…filadooor!…. y el Pica Piedras sigue gastando sus zapatillas por las calles de piedra, mientras esa historia que encierra su secreto, sigue sonando como un eco lejano en el latido de su corazón.


sábado, 7 de octubre de 2017

Décimas (73): Se calma el ambiente (o No hay mal que dure cien años) de Violeta Parra.

Décimas (73): Se calma el ambiente 
(o No hay mal que dure cien años) de Violeta Parra. 

"No hay mal que dure cien años
–sentenciaba mi mamita–,
ni cuerpo que lo resista
por grande que sea el daño".
De repente el desengaño
d’este viaje tan sufrí’o
agarra otro colorí’o
llegando al cordón de fierro,
que se olvidaron los perros
de seguir con sus lairí’os.

Fue como brisa marina
la que pasó por la mente
de toitita aquella gente
al traspasar la cortina.
La tard’ estab’ azulina,
verdecito el pastizal;
del tren los hacen bajar
con música al por mayor
qu’empieza mi corazón
su más lindo tecletear.

En una gran estación
baja el cielo a mi nariz,
tanto calor que hay allí
de máquinas a vapor.
Los comunista’ en función
aguardan la comitiva
de América Sur que arriba
con todos sus elementos.
Se anidan los sentimientos
contentos y en armonida.

América allí presente
con sus hermanos del África,
empieza la fiesta mágica
de corazones ardientes,
se abrazan los continentes
por ese momento cumbre
que surge una perdidumbre
de lágrimas de alegría,
se baila y cant’ a porfía,
se acaban las pesadumbres.

Todo está allí en armonía:
el pan con el estrumento,
el beso y el pensamiento,
la pena con l’alegría.
La música se desliza
como cariño de maire,
que s’embelesan los aires
desparramando esperanzas.
"El pueblo tendrá mudanza"
–me digo con gran donaire.