lunes, 9 de mayo de 2011

CONTESTACIONES PARA ACUNAR TU INFANCIA (fragmento) de HOMERO MANZI.



“Contestaciones para acunar tu infancia”.
(fragmento)

Sí, prometo esperarte para que tú me alcances
y seamos los dos altos y con sombrero.
Y ahora, si te duermes, tendrás al despertarte
una tarde, una estrella, una calle y un trueno.
Sí. Sí. Sí. Te prometo.

HOMERO MANZI.



Este es un fragmento del poema/juramento de un padre hacia su hijo; creación de Homero Manzione,Homero Manzi, "EL POETA" dedicada a su hijo Homero Luis Manzione el 6 de marzo de 1933 fecha del nacimiento del más conocido como Acho Manzi que se toma como referencia la nota de la Revista La Milonga (noviembre del 2007 una nota efectuada por Roberto Selles como la imagen de Acho que fuera publicada por la misma revista de la página virtual de la misma.

domingo, 8 de mayo de 2011

"JUAN MANUEL" POEMA de HOMERO MANZI.



"JUAN MANUEL" POEMA de HOMERO MANZI.
Juan Manuel es un poema de Homero Manzi que musicalizara, en 1934, Sebastián Piana que es una Milonga Federal o Candombe.
Grabada por Charlo con acompañamiento de orquesta (09-11-1934) el conjunto de guitarras que dirigía el maestro Besada.
Este trabajo artístico al editarse fue dedicado a Jorge Luis Borges, quien por aquellos años era ya muy amigo de Sebastián Piana y de Homero Manzi y simpatizante del Brigadier Gral. Don Juan Manuel de Rosas el “joven Borges” en el año 1926 escribía un texto “El tamaño de mi esperanza” donde decía entre otros conceptos sobre Juan Manuel:

“No se ha engendrado en estas tierras ni un místico ni un metafísico, ¡ni un sentidor ni un entendedor de la vida! Nuestro mayor varón sigue siendo don Juan Manuel: gran ejemplar de la fortaleza del individuo, gran certidumbre de saberse vivir, pero incapaz de erigir algo espiritual, y tiranizado al fin más que nadie por su propia tiranía y su oficinismo”.
Ahora sí el poema Juan Manuel de Homero Manzi a 60 años de su fallecimiento.



Juan Manuel
(milonga federal)
Poema de Homero Manzi (1.934)

Candombe de los morenos
por los Barrios del Tambor.
Candombe de noche roja
por la Niña y el Señor.

Coro:

Cuntango, carancuntango,
cuntangó carancuntán.

En vaina de sombra turbia
la traición es un puñal.
Urquiza viene llegando
lo saldremos a esperar.

Juan Manuel,
al revolear de los ponchos,
banderín del escuadrón,
los colorados más bravos
ya se fueron a Morón.
Juan Manuel,
para luchar por la gloria
de tu estrella Federal,
con tamboril de morenos,
la Mazorca con puñal.
El diecinueve de octubre
murió Doña Encarnación.
Los parches retumban duelo,
llora la Restauración.

Coro:

Cuntango, carancuntango,
cuntangó carancuntán.

Candombe de los morenos
por los Barrios del Tambor.
Candombe de noche negra
por la Niña y el Señor.

Emponchado en la derrota
se fugó en un barco inglés.
Dicen que estaban llorando
los ojos de Juan Manuel.

Coro:

Cuntango, carancuntango,
cuntangó carancuntán.

Con un silencio de potros
la pampa los despidió.
No pudo volver al pago
y en otra tierra murió.




sábado, 7 de mayo de 2011

NOBLEZA DE ARRABAL poema de HOMERO MANZI.



Julián Centeya asegura:
" Nunca más tendrá el viejo barrio un narrador más sincero ni más profundo como lo fue Homero".



NOBLEZA DE ARRABAL
tango (1946)
Letra de Homero Manzi

En un ranchito de Alsina
tengo el hogar de mi vida,
con cerco de cina-cina
y corredor de glicinas.
Hay un aljibe pintado,
bajo un parral de uva rosa,
y una camelia mimosa
temblando sobre el brocal.

Y allí también estás frisón
y eres mi lujo de cuarteador.
Rocín feliz, de crin azul,
famoso por todo el sur.
Cuando el domingo asolea
por no hacer de perezoso,
traigo el balde desde el pozo
y refresco el corredor.
Y aprovechando el fresquito
me siento bajo la parra
y al compás de mi guitarra
canto décimas de amor.

En mi ranchito de Alsina
paso tranquilo las horas,
junto al amor de la china,
que me respeta y me adora.
Y, entre su amor y las cosas
que adornan toda mi suerte,
temo, nomás, que la muerte
me saque de ese rincón.



martes, 3 de mayo de 2011

HOMERO MANZI: SUR, UNA LUZ DE ALMACÉN...




60 ANIVERSARIO DEL
FALLECIMIENTO DE HOMERO MANZI.


Hay un tango que es representativo, emblemático uno de ellos es “Sur” y una historia íntima llena de nostalgia que pinta como ninguno Homero.


Sur.

San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo,
Pompeya y, más allá, la inundación,
tu melena de novia en el recuerdo,
y tu nombre flotando en el adiós...
La esquina del herrero barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.


Sur... paredón y después...
Sur... una luz de almacén...
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote,
ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya.
Las calles y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé.


San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y, al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.
Nostalgia de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó,
pesadumbre del barrio que ha cambiado
y amargura del sueño que murió.


Sur... paredón y después...
Sur... una luz de almacén…




Homero Manzi había nacido en Añatuya, era santiagueño, provinciano y avencindado en el barrio de Pompeya y porteño como el que más.
Fue profesor de escuela normal pero la poesía ganó la batalla.
En 1947 Manzi y Aníbal Troilo daban las puntadas finales a uno de los tangos populares “Sur”

Según cuenta García Giménez, Homero Manzi ya intuía que “el barbeta” (como le decían) estaba herido de muerte por la enfermedad y sus amigos también tenían la terrible sospecha. A pesar de su angustioso estado de animo escribió “Sur”, añorando la lozana mocedad en su barrio de adopción.

En los días de carnaval de 1948 fue operado y tres años mas tarde, un 3 de mayo de 1951 la muerte le quebró la ambición de hacer montones de cosas que estaban bullentes en su pensamiento.



¡Tango! piel oscura, voz de sangre. Yuyo de arrabal. Tango. Homero Manzi.



Tango (Voz de tango) de HOMERO MANZI.

Farol de esquina, ronda y llamada.
Lengue y piropo, danza y canción.
Truco y codillo, barro y cortada,
piba y glicina, fueye y malvón.

Café de barrio, dato y palmera,
negra y caricia, noche y portón.
Chisme de vieja calle Las Heras,
pilchas, silencio quinta edición.

¡Tango!
Piel oscura, voz de sangre.
¡Tango!
Yuyo amargo de arrabal.
¡Tango!
Chata, pingo, luna grande.
¡Tango!
Vaina negra del puñal.
¡Tango!
Voz cortada de organito.
Guapo,
recostado en el buzón.
Trampa,
luz de aceite en el garito.
¡Todo!
Todo vive en tu emoción.

Percal y horario, ropa y costura
pena de agosto, tardes sin sol.
Luto de otoño, pan de amargura
flores, recuerdos, mármol, dolor.

Gorrión cansado, jaula y miseria,
alas que vuelan, carta de adiós.
Luces del centro, trajes de seda,
fama y prontuario, plata y amor.



"Argentina, Patria del Bandoneón".

"Argentina, Patria del Bandoneón" de Homero Manzi (fragmento y selección); Homero empezó a escribir este texto que lo terminó su hijo Homero Luis más conocido como Acho Manzi escribieron un artículo sobre el bandoneón.

"El Bandoneón llegó a Buenos Aires en el bagayo de un inmigrante alemán, quién jamás pudo suponer que con él traía el instrumento que andaba buscando la emoción porteña para poder desparramarse por el mundo.
Y así fue que una noche, allá por el 1900, cuando todavía los muchachos se recostaban en las paredes de las esquinas para que no se derrumbaran y se ataban el pescuezo con un pañuelo para que no se les cayera la cabeza al escupir fuerte por el colmillo, el alemancito se sentó en el patio de su conventillo, para llorar en manga de camisa, sobre las notas largas de su Bandoneón, un dramita de inmigración, de ausencia y de distancia.

Y sin quererlo, las notas litúrgicas de su fueye, desangradas en la desolación de los patios porteños, repercutieron en el corazón de las costureritas sentimentales y temblaron en los dedos ligeros de las barras, como si hubieran nacido para repicar compadronamente sobre el doble teclado de aquel lindo aparato.
Y así fue que empezó a rezongar como si llevara adentro el alma atormentada de un garavito. Y se emocionó en la noche de las cortadas, como si hubiera nacido a la luz de un farol, y compadreó en el alarde de una serpentina, como si en él chiflaran los gorjeos de las patotas. Y entonces, ya no fue más bandoneón. En el registro civil de los almacenes, lo bautizaron mandoneón, y para ser más chorro y más porteño, le acomodaron un mote de prontuario; alias... Fueye.

Y en los barrios de Buenos Aires, aparecieron las manos que habrían de estirarlo como nadie. Vicente Greco, Pacho, el ruso Antonio, Pepín, Santa Cruz, Chiape y el pibe de oro, ese pibe que a los doce años con un par de brazos que apenas podían abrazarlo, sacó al fueye sonidos secretos, dulzuras desconocidas, armonías inéditas: Pedro Maffia. Luego vendrán otros, y luego también serán superados, para nuestro bien.
Y luego agrega con la filosofía de un poeta:
El bandoneón es un alma que tomó forma de gusano a fuerza de arrastrarse detrás de un amor imposible. Cuando estaba por morirse de pena en una esquina olvidada del mundo, las caricias de las manos criollas, lo ayudaron a sufrir su congoja. Al hambre de su pena solitaria, el tango le entregó el pan de una amistad derecha y compañera.

El suburbio lo emborrachó en sus copas para hacerlo olvidar. Los compadritos lo llevaron a sus fiestas para ahuyentarle los recuerdos malos. Y Juan de Dios Filiberto, que tiene algo de fueye en su arrugada silueta, le compuso un himno de homenaje: Quejas de Bandoneón
Enrique Santos Discépolo, se ha ganado el título de inspector honorario de las emociones de Buenos Aires. Envuelto en un mínimum de materia, recorrió las calles o se sentó a tomar un café, dispuesto a requisar cuanta emoción circulara sin patente. Nervioso, flaco, afiebrado, pura nariz y talento, de pronto ha encontrado algo que buscaba; una canción, un grito, un gesto; se lo pone debajo del brazo y en su casa lo hace bailar sobre el piano, para inspirar las teclas. Es el drama que un borracho olvidó sobre una mesa o un lio que descubrió por la rendija de una persiana. Una noche oscura, al cruzar una calle del suburbio, Discépolo tropezó con el alma del bandoneón que se había escapado de la caja; entonces hizo un tango: Alma de Bandoneón.

Alma de bandoneón es un tango del año 1935 con la letra del mismo Discépolo y Luis César Amadori.

ALMA DE BANDONEÓN.

Yo me burlé de vos
porque no te entendí
ni comprendí tu dolor.
Tuve la sensación
de que tu canto cruel
lo habías robao, bandoneón...
Recién comprendo bien
la desesperación
que te revuelve al gemir
¡Sos una oruga que quiso
ser mariposa antes de morir!

Fue tu voz,
bandoneón,
la que me confió
el dolor
del fracaso
que hay en tu gemir;
voz que es fondo
de la vida oscura
y sin perdón,
del que soñó volar
y arrastra su ilusión
llorándola...

Igual que vos soñé...
Igual que vos viví
sin alcanzar mi ambición.
Alma de bandoneón
-alma que arrastro en mí-
voz de desdicha y de amor,
te buscaré al morir,
te llamaré en mi adiós,
para pedirte perdón,
y al apretarte en mis brazos,
darte en pedazos
mi corazón.


>>> Bailando tango en calle Florida - Capital Federal / Foto gentileza: Carlos Argentino