lunes, 9 de diciembre de 2019

Date prisa - Edgar Bayley.

Date prisa
que esta lluvia de hace mil lluvias
y cae triste quebranto en tu costado
cae vana puñalada en tus dos nombre
húmeda pared infancia abierta
dios que me crecía poco a poco
no te olvides entonces del encargue
traenos algo un saxofón una memoria
una forma de esperar a mis hermanos
una luz un rumbo un llanto cierto
un silencio una pestaña un leve día
un espejo maduro la libreta
date prisa no vayas a olvidarte
habla tú que puedes- por nosotros
ven a ayudarnos a cambiarlo todo
hasta las ganas de morir las noches
y transforma el horror en mediodía.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Storni por Néstor Tkaczek.

Piensa en Sísifo y en el mito. Ese es un buen resumen para su vida, se dice. Siempre acarreando esa enorme piedra montaña arriba para dejarla caer al valle y vuelta a empezar. Esa misma piedra que ya siendo una adolescente le tocó empujar para subsistir después de que la fortuna familiar se extinguiera como la espuma de este mar que ronca sobre la arena. Le llegan imágenes de Rosario, del magisterio, de su amor por la enseñanza y sobre todo de las letras, de la poesía que comenzó a escribir allá en San Juan, cuando era una niña apenas.
En eso piensa Alfonsina esta madrugada inclemente de octubre y también en el amor, ese que se fue rápido y le dejó a Alejandro y el escarnio de ser madre soltera.
“La inquietud del rosal” fue el primer libro, que mitigó sus penas de recién llegada a Buenos Aires y le abrió camino entre los escritores de la época. Pero también recuerda los comentarios adversos sobre una poesía que dejaba vislumbrar el deseo femenino. “Mis nervios están locos, en las venas/ la sangre hierve, líquido de fuego/ falta a mis labios donde finge luego/ la alegría de todas las verbenas”. Después llegarán más libros y una fama que alivió algunas cargas; pero no la de ser mujer en un mundo de letras dominado por hombres: “Sos un ornitorrinco de las letras”, recuerda que le decía Horacio Quiroga entre risas.
Y la fama trajo una manera nueva de hacer poesía, “me acusaron de oscura, de que no se entendía, no se dieron cuenta que la poesía cambia cuando el poeta cambia, y yo no soy la misma”. Ahora tampoco, hace cinco días acaba de mandar un último poema al diario La Nación, se titula “Voy a dormir” y es toda una premonición. Lo sabe de memoria, repite su comienzo: “Dientes de flores, cofia de rocío,/ manos de hierbas, tú, nodriza fina…”
Ya está, por instinto busca un paraguas y se sonríe. La piedra de Sísifo por fin se detendrá. Está débil y dolorida. Se pone su mejor vestido. Sin prisa cierra la puerta de su habitación, a lo lejos se escucha el sonido embravecido del agua. Ligera, Alfonsina camina hacia el mar.

Palimpsestos. Columna semanal de Néstor Tkaczek publicada en Diario "Río Negro", domingo 8 de diciembre de 2019.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Canto a España - José Hierro.-


Oh España, qué vieja y qué seca te veo.

Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo.
Clavel encendido de sueños de fuego.
He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas,
andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.

¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos
que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades?
¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura?
¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?

Oh España, qué vieja y qué seca te veo.
Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas,
arrojar a una hoguera tus viejas hazañas,
dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora,
ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.

Oh España, qué vieja y qué seca te veo.
Quisiera asistir a tu sueño completo,
mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota,
hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.

Qué tristes he visto a tus hombres.
Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche,
comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo,
dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza.
Les pides que pongan sus almas de fiesta.
No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento,
que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras.

Oh España, qué triste pareces.
Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo,
saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.

Y sobre la noche marina, borrada tu estela,
España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días.
Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino.
Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena...

...en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama,
cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente
la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...


miércoles, 4 de diciembre de 2019

Fidelidad - Blas de Otero.-


Creo en el hombre. He visto 

espaldas astilladas a trallazos, 
almas cegadas avanzando a brincos 
(españas a caballo 
del dolor y del hambre). Y he creído. 
Creo en la paz. He visto 
altas estrellas, llameantes ámbitos 
amanecientes, incendiando ríos 
hondos, caudal humano 
hacia otra luz: he visto y he creído. 
Creo en ti, patria. Digo 
lo que he visto: relámpagos 
de rabia, amor en frío, y un cuchillo 
chillando, haciéndose pedazos 
de pan: aunque hoy hay solo sombra, he visto 
y he creído.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Tras de un amoroso lance - San Juan de la Cruz (1542-1591).-

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto,
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuando más alto subía,
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas por ser de amor el lance,
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba.
Dije: "No habrá quien alcance".
Abatime tanto, tanto
que fui tan alto, tan alto
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.