martes, 16 de abril de 2024

Dos claves herméticas en la poesía de Rubén Darío. A cien años de su muerte Por Jorge Castañeda. (2016).

Dos claves herméticas en la poesía de Rubén Darío. A cien años de su muerte. 

Por Jorge Castañeda. 

Sábado 16 de abril del 2016.

(Jorge Castañeda*) A pesar del paso del tiempo varios poemas del gran poeta nicaragüense Rubén Darío han perdurado.

La crítica especializada ha abordado en demasía varios aspectos de su obra literaria y ya casi está todo dicho sobre la vida y la trayectoria del padre del modernismo.

Algunos han escrito con notable acierto sobre los aspectos sociales en la poética del autor de Azul, que se desprende de un puñado de poemas donde se destaca, verbigracia, “La gran cosmópolis” y su imprecación “A Roosevelt”.

Otros han señalado la sinceridad de los poemas escritos hacia el final de su vida donde el poeta, ahíto de desengaños, se aferra a los verdaderos afectos como en el desgarrador poema a “Francisca Sánchez” y la búsqueda de su luz interior en “Melancolía”. Un Darío filosófico y pesimista también se adivina en las estrofas de “Lo fatal”, donde hasta es “dichosa la piedra dura porque esa ya no siente” y el vate reconoce que “no hay mayor dolor que el de una vida consciente”.

Tampoco es la intención de redundar en este breve escolio sobre los más conocidos y perdurables poemas del gran nicaragüense como la “Canción de otoño en primavera”, los “Motivos del lobo”, la “Sonatina” o las estrofas liminares de “Cantos de vida y esperanza” porque no solamente están en todas las antologías literarias sino que ya han sido incorporadas al legado cultural de los hispanoamericanos.

Hay también quienes advierten en Darío la innovación de las formas métricas, la renovación total de la poética del siglo pasado y en especial la musicalidad y la armonía tan característica que fue como un sello propio y distintivo de la poesía rubendariana.
Mi intención es abordar un aspecto casi desconocido como sería el conocimiento y la influencia en Rubén Darío en lo que podríamos llamar algunas claves herméticas o esotéricas, tan presentes en los poetas simbolistas, cuya obra seguro conocía y que luego florecerían en los artistas surrealistas.
El tema oriental de la transmigración de las almas, o sea de las sucesivas reencarnaciones, está presente en el poema “Metempsicosis” que vale la pena reproducir completo:

Yo fui un soldado que durmió en el lecho
De Cleopatra la reina. Su blancura
Y su mirada astral y omnipotente.
Eso fue todo.
¡Oh, mirada! ¡oh, blancura y oh, aquel lecho
En que estaba radiante la blancura!
¡Oh, la rosa marmórea omnipotente!
Eso fue todo.
Y crujió su espinazo por mi brazo;
Y yo, liberto, hice olvidar a Antonio
(¡Oh, el lecho y la mirada y la blancura!)
Eso fue todo.
Yo, Rufo Galo, fui soldado, y sangre
Tuve de Galia, y la imperial becerra
Me dio un minuto audaz de su capricho.
Eso fue todo.
¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
De mis dedos de bronce no apretaron
El cuello de la blanca reina en broma?
Eso fue todo.
Yo fui llevado a Egipto. La cadena
Tuve al pescuezo. Fui comido un día
Por los perros. Mi nombre: Rufo Galo.
Eso fue todo.

¿Es Metempsicosis un simple poema o en sus versos declara el poeta recuerdos de sus vidas anteriores? ¿Fue Rubén Darío alguna vez Rufo Galo?

Otro poema altamente llamativo del genio de las letras hispanoamericanas que denota un conocimiento acabado de algunos temas velados es el poema a “Parsifal” donde alude a las leyendas artúricas y al derrotero del Santo Graal.

Violines de los ángeles divinos,
Sones de las sagradas catedrales,
Incensario en que arden nuestros males,
Sacrificio inmortal de ostras y vinos;
Túnica de los más cándidos linos,
Para cubrir a niños virginales,
Cáliz de oro, mágicos cristales,
Coros llenos de rezos y de trinos;
Bandera del cordero, azul y blanca,
Tallo de amor de donde el lino arranca,
Rosa sacra y sin par del Santo Graal:
¡Mirad que pasa el rubio caballero
Mirad que pasa, silencioso y fiero,
El loco luminoso: Parsifal.

Seguramente quedan otras claves en el tintero usadas por Rubén Darío en su poética para un estudio posterior. No podía ser de otra forma porque su mirada abarcó casi toda la ciencia y el conocimiento de su tiempo. A pesar de los años aún el poeta nicaragüense mantiene su vigencia y sus versos gozan de buena salud.
*Escritor – Valcheta.

Publicado en ADN Río Negro.

https://www.adnrionegro.com.ar/2016/04/dos-claves-hermeticas-en-la-poesia-de-ruben-dario-a-cien-anos-de-su-muerte/

A 108 años del fallecimiento de Rubén Dario.

Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, fue un poeta, escritor, periodista y diplomático nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española.

Nacimiento: 18 de enero de 1867, Ciudad Darío, Nicaragua.
Fallecimiento: 6 de febrero de 1916, León, Nicaragua.
Datos: Wikipedia.

lunes, 15 de abril de 2024

Un poema de César Vallejo: PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA y otros poemas.




PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA.

Me moriré en París con aguacero, 
un día del cual tengo ya el recuerdo. 
Me moriré en París —y no me corro— 
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso 
estos versos, los húmeros me he puesto 
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, 
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban 
todos sin que él les haga nada; 
le daban duro con un palo y duro


también con una soga; son testigos 
los días jueves y los huesos húmeros, 
la soledad, la lluvia, los caminos...

Capitulación.

Anoche, unos abriles granas capitularon
ante mis mayos desarmados de juventud;
los marfiles histéricos de su beso me hallaron
muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé.

Espiga extraña, dócil. Sus ojos me asediaron
una tarde amaranto que dije un canto a sus
cantos; y anoche, en medio de los brindis, me hablaron
las dos lenguas de sus senos abrasadas de sed.

Pobre trigueña aquella; pobres sus armas; pobres
sus velas cremas que iban al tope en las salobres
espumas de un mar muerto. Vencedora y vencida,

se quedó pensativa y ojerosa y granate.
Yo me partí de aurora. Y desde aquel combate,
de noche entran dos sierpes esclavas a mi vida.

Ausente.

Ausente!  La mañana en que me vaya
más lejos de lo lejos, al Misterio,
como siguiendo inevitable raya,
tus pies resbalarán al cementerio.

Ausente!  La mañana en que a la playa
del mar de sombra y del callado imperio,
como un pájaro lúgubre me vaya,
será el blanco panteón tu cautiverio.

Se habrá hecho de noche en tus miradas;
y sufrirás, y tomarás entonces
penitentes blancuras laceradas.

Ausente!  Y en tus propios sufrimientos
ha de cruzar entre un llorar de bronces
una jauría de remordimientos!

Reseña biográfica.
César Abraham Vallejo Mendoza  nacido en Santiago de Chuco (Perú) el 16 de marzo de 1892.
Su apariencia mestiza se debió a que sus abuelas fueron indígenas y sus abuelos gallegos, uno de ellos fue el sacerdote mercedario José Rufo Vallejo, quien yace en las catacumbas de la iglesia del pueblo de Pallasca en Áncash.
Está considerado como una de las grandes figuras de la poesía hispana dentro del movimiento de vanguardia latinoamericana; uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX.
Publicó en Lima sus primeros poemarios: “Los heraldos negros” (1918).
En 1920 fue acusado injustamente y encarcelado durante más de dos meses, época en la cual escribió parte de su obra "Trilce", obra que significa ya la creación de un lenguaje poético muy personal, coincidiendo con la irrupción del vanguardismo a nivel mundial.
Para escapar a las persecuciones de que fue víctima en el Perú, se marchó a Europa trabó amistad con grandes intelectuales de la época, como  Tristan Tzara, Louis Aragon, el pintor Juan Gris y Vicente Huidobro, entre otros.
Hasta su muerte residió en París (Francia), con algunas breves estancias en la capital de España: Madrid y en otras ciudades europeas en las que estuvo de paso. Vivió del periodismo, complementado con trabajos de traducción y docencia.
Escribió libros en prosa como la novela proletaria o indigenista “El tungsteno” (Madrid, 1931) y el libro de crónicas Rusia en 1931 (Madrid, 1931 y “Paco Yunque”, que saldría a luz años después de su muerte.

Después de una vida de estrecheces económicas y tras una larga enfermedad, murió en Paris el 15 de abril del 1938.

Y si después de tantas palabras.

¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!
¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da…!
¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!
Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena…
Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!

domingo, 14 de abril de 2024

Nostalgia de Jorge Castañeda.


 Nostalgia.

Una vez más
estos abstraído
en mis cosas.
Recuerdos lejanos
o alguna pérdida
dolorosa.
Algún vislumbre
que en el alma
se posa.
Una vez más
la nostalgia
en mí reposa.
Son tonterías
pero que tal vez
importan.
Yo disimulo...
pero igual
se me nota.
Jorge Castañeda
Valcheta (Río Negro)
Patagonia Argentina.

sábado, 13 de abril de 2024

Revolución de León Felipe (1884-1968).

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

viernes, 12 de abril de 2024

CANCIÓN MARINERA de León Felipe (1884-1968).


Todos somos marineros,
marineros que saben bien navegar.
Todos somos capitanes,
capitanes de la mar.

Todos somos capitanes
y la diferencia está
sólo en el barco en que vamos
sobre las aguas del mar.

Marinero, marinero;
marinero... capitán
que llevas un barco humilde
sobre las aguas del mar...
marinero...
capitán...
no te asuste
naufragar
que el tesoro que buscamos,
capitán,
no está en el seno del puerto
sino en el fondo del mar.