sábado, 28 de marzo de 2020

Balderrama (Zamba). Letra de Manuel J. Castilla. Música: “Cuchi” Leguizamón.


Balderrama (Zamba)
Letra de Manuel J. Castilla.
Música: “Cuchi” Leguizamón.  

A orillitas del canal,
cuando llega la mañana,
sale cantando la noche
desde lo de Balderrama,

Adentro puro temblar
el bombo con la baguala
y se alborota quemando,
dele chispear la guitarra.

Si uno se pone a cantar
un cochero lo acompaña
y en cada vaso de vino
tiembla el lucero del alba.

Zamba del amanecer,
arrullo de Balderrama,
canta por la medianoche,
llora por la madrugada.

Lucero solito,
brote del alba,
dónde iremos a parar
si se apaga Balderrama.

A mediados del siglo pasado, Antonio Balderrama y Remigia Zurita tenían una picantería donde se podían degustar los mejores platos regionales. El local era uno de los preferidos por los artistas salteños.
En el año 1954, sus hijos Daría, Celestino y Juan, decidieron independizarse y fundaron el famoso boliche que se encuentra desde siempre en el mismo lugar.
Desde la fundación del “Boliche Balderrama”, ubicado en la intersección de Esteco y San Martín, por ese templo del folclore pasaron innumerables artistas.
El autor de la letra de la zleguiamba Balderrama fue el poeta Manuel J. Castilla y la música es de Gustavo "Cuchi" Leguizamón,  que Mercedes Sosa hizo conocer en el mundo.
En su 50 aniversario, en 2003, la peña fue declarada sitio de "Interés Turístico" por el Ministerio de Turismo, Cultura y Deporte de la Nación  Argentina, y el Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta lo declaró "interés arquitectónico, histórico y cultural".
Juan Balderrama el dueño del "Boliche Balderrama" falleció en el 2013.

jueves, 26 de marzo de 2020

POEMAS DE OLGA OROZCO.



Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
Unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
La humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
Y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido,
Aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí
igual que en un espejo de sonrientes praderas,
y a la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.

Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,
en un último instante fulmíneo como un rayo,
no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada
entre los remolinos de tu corazón.
No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza.
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura
que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia:
"Ellos han muerto ya.
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno.
Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento".

En el final era el verbo.

Como si fueran sombras de sombras que se alejan las palabras,
humaredas errantes exhaladas por la boca del viento,
así se me dispersan, se me pierden de vista contra las puertas del silencio.
Son menos que las últimas borras de un color, que un suspiro en la hierba;
fantasmas que ni siquiera se asemejan al reflejo que fueron.
Entonces ¿no habrá nada que se mantenga en su lugar,
nada que se confunda con su nombre desde la piel hasta los huesos?
Y yo que me cobijaba en las palabras como en los pliegues de la revelación
o que fundaba mundos de visiones sin fondo
para sustituir los jardines del edén sobre las piedras del vocablo.
¿Y no he intentado acaso pronunciar hacia atrás todos los alfabetos de la muerte?
¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía?
Cada palabra a imagen de otra luz, a semejanza de otro abismo,
cada una con su cortejo de constelaciones, con su nido de víboras,
pero dispuesta a tejer ya destejer desde su propio costado el universo
y a prescindir de mí hasta el último nudo.
Extensiones sin límites plegadas bajo el signo de un ala,
urdimbres como andrajos para dejar pasar el soplo alucinante de los dioses,
reversos donde el misterio se desnuda,
donde arroja uno a uno los sucesivos velos, los sucesivos nombres,
sin alcanzar jamás el corazón cerrado de la rosa.
Yo velaba incrustada en el ardiente hielo, en la hoguera escarchada,
traduciendo relámpagos, desenhebrando dinastías de voces,
bajo un código tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas.
Miraba las palabras al trasluz.
Veía desfilar sus oscuras progenies hasta el final del verbo.
Quería descubrir a Dios por transparencia.

Para este día.

Reconozco esta hora.
Es esa que solía llegar enmascarada entre los pliegues de otras horas;
la que de pronto comenzaba a surgir como un oscuro arcángel detrás de la neblina
haciendo retroceder mis bosques encantados,
mis rituales de amor, mi fiesta en la indolencia,
con sólo trazar un signo en el silencio,
con sólo cortar el aire con su mano.
Esa, la de mirada como un vuelo de cuervo y pasos fantasmales,
que venía de lejos con su manto de viaje y las mejillas escarchadas,
y se iba bajando la cabeza, de nuevo hasta tan lejos
que yo buscaba en vano la huella del carruaje en el pasado.
Hora desencarnada,
color de amnesia como dibujada en el vacío del azogue,
igual que una traslúcida figura enviada desde un retablo del olvido.
¿Y era su propio heraldo,
el fondo que se asoma hasta la superficie de la copa,
la anunciación de dar a luz las sombras?
No supe descifrar su profecía,
ese susurro de aguas estancadas que destilan a veces los crepúsculos,
ni logré comprender el torbellino de plumas grises con que me aspiraba
desde un claro de ayer hasta un vago anfiteatro iluminado por lluvias y por lunas,
allá, entre los ventisqueros del irreconocible porvenir;
aquí, donde ahora se instala, maciza como el demonio del advenimiento,
en su sitial de honor en medio de la asamblea de otras horas, pálidas, transparentes,
y me dice que mis bosques son luces extinguidas y aves embalsamadas,
que mi amor era erróneo, como un espejo que se contempla en otro espejo,
que mi fiesta es un cielo replegado en el sudario de mis muertos.
Y se queda esta vez, sin bajar la cabeza.

Olga Orozco nace hace cien años en Toay, a unos diez kilómetros de Santa Rosa, provincia de La Pampa cuando todavía era Gobernación.  
Su nombre completo fue Olga Nilda Gugliotta Orozco. Era la hija menor del siciliano Carmelo Gugliotta y la argentina Cecilia Orozco. Eligió identificarse con el apellido de su madre Orozco.
Poetisa argentina nacida un 17 de marzo de 1920 hace unos 100 años.
Su infancia transcurrió en Ciudad de Bahía Blanca hasta los dieciséis años, cuando se trasladó con sus padres a Buenos Aires donde inició su carrera literaria.
Desde temprano, Olga Orozco se interesó por la poesía y estudió literatura en la Universidad de Buenos Aires. Fue maestra, periodista y, además, autora de los horóscopos en la revista Claudia y en el diario Clarín (1968 y 1974). Firmaba con el seudónimo “Canopus” el horóscopo dominical en el diario Clarín.
Desde sus primeros pasos como poeta, se vinculó con Oliverio Girondo y Norah Lange, y fue la única mujer que participó en el grupo de poetas que se aglutinaron en torno a la revista “Canto”.
Decía acerca de la poesía: “La poesía acompaña a la gente, les ayuda a compartir sus extrañamientos, a sentir que no están solos para mirar el fondo de los abismos que se nos presentan a cada rato y los acompaña en sus interrogantes, en sus inquietudes extremas, en el enigma que todos llevamos con nosotros por el sólo hecho de estar vivos y no saber quiénes somos. Además la poesía ayuda a no dormirse del lado más cómodo”.
Recibió el Primer Premio Municipal de Poesía (1963), el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes (1980), el Premio Nacional de Poesía (1988) y el Premio Juan Rulfo (1998), entre otros.
En los Últimos poemas (2009), el libro que había dejado listo poco antes de morir, en 1999.
Su obra ha sido traducida a varios idiomas.
Olga Orozco fallece, a los 79 años, el 15 de agosto de 1999.

OBRAS.
Desde lejos (1946), Las muertes (1952), Los juegos peligrosos (1962), La oscuridad es otro sol (1967), Museo salvaje (1974), Veintinueve poemas (1975), Cantos a Berenice (1977), Mutaciones de la realidad (1979), La noche a la deriva (1984), Páginas de Olga Orozco (1984) (antología con prólogo de Cristina Piña), En el revés del cielo (1987), Con esta boca en este mundo (1994), También la luz es un abismo (1995), Relámpagos de lo invisible (1998) (Antología), Eclipses y fulgores (1998) (Antología), Últimos poemas (2009), El jardín posible (2009) (antología con prólogo de Marisa Negri), Poesía completa (2012) (Adriana Hidalgo Editora), Yo Claudia (antología de su obra periodística a cargo de Marisa Negri) (2012) (Ediciones en Danza), Cantos a Berenice, ilustrado por Martino (2015) (Ediciones en Danza). Fuente de información: Wikipedia.

Desde 1994 funciona en Toay (provincia de La Pampa)  la Casa Museo Olga Orozco, en la que se realizan actividades culturales en torno a la obra de la poeta y en la que se puede consultar su biblioteca.
Foto: Diario "Clarín".

domingo, 22 de marzo de 2020

Zamba de mi pago (Hermanos Ábalos).



Zamba de mi pago  
(Hermanos Ábalos).
Un violín gemidor
junto a un bombo legüero
y un viejo arpero
nostalgias me traen de ‘ande soy.

Viendo estoy zarandear
a mis guapas paisanas
y en sus miradas
mensajes secretos de alcanzar.

Y andaré y andaré
donde quiera que sea iré
pero a mi pago (Santiago)
tan solo muriendo olvidaré.

En mi andar de cantor
serenatas al alba
dentro de mi alma
reviven del pago de ‘ande soy.

Piquillín y chañar
monte de algarrobales
verdes tunales
y un canto en la noche he de extrañar.

viernes, 20 de marzo de 2020

Solo (Tango) / Vuelvo al Sur (Tango).

Solo
(Tango)
Letra y música
de Fernando Solanas.
Canta: Roberto Goyeneche.

Solo y al costado,
como un cero solo,
al que marginaron
y resiste solo.
Lejos y perdido,
como un perro lejos,
voy contra el olvido
rastreando mis huesos.


Solo y sin un mango,
como en un suicidio,
solo tengo un tango
pa'contar mi exilio.
Lejos de mi vida,
sin tener un puerto,
ando a la deriva
y me dan por muerto.


Solo y perseguido,
en mi Buenos Aires,
ando sin sentido
como un tiro al aire.
Lejos todo extraño
y me siento poco
y si no me engaño
yo me vuelvo loco
Solo y escondido,
con toda la historia,
que nos han prohibido
y está en mi memoria.
Solo es el exilio,
como un cero solo,
tiempo de delirio
que lo borra todo.


Solo como un cero solo,
solo resistiendo solo
lejos como un perro lejos
lejos rastreando mis huesos
solo como en un suicidio
solo pa'contar mi exilio.



Cuelgo el corazón en el ropero
mi pobre corazón lleno de agujeros
lejos como están los viejos
lejos de cualquier espejo,
solo como un cero solo
solo resistiendo solo.


VUELVO AL SUR
(Tango)
Letra de Fernando "Pino" Solanas.
Música de Astor Piazzolla
Canta: Roberto Goyeneche.

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón.

Sueño el Sur,
inmensa luna, cielo al reves,
busco el Sur,
el tiempo abierto, y su después.

Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.

Te quiero Sur,
Sur, te quiero.

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.
Vuelvo al Sur,
llevo el Sur,
te quiero Sur,
te quiero Sur...


Estas interpretaciones de estos tangos forman parte de la película "Sur"una película argentina-francesa dramática de 1988 escrita y dirigida por Fernando "Pino" Solanas y protagonizada por Susú Pecoraro, Miguel Ángel Solá, Lito Cruz, Philippe Léotard y Ulises Dumont. 
En el momento de su estreno obtuvo varios galardones internacionales, entre los que se cuenta el Premio del Festival de Cannes al mejor director. 
El argumento de la película transcurre en la Argentina de 1983, el fin de la dictadura cívico-militar del mal llamado “Proceso de Reorganización Nacional”. El protagonista Floreal sale, por fin, de la cárcel. Durante cinco años su mujer ha esperado su regreso; pero, durante todo ese tiempo, la pareja, como el país, ha cambiado. Sin embargo, los dos desean fervientemente recuperar la esperanza y la libertad.

La yapa.

Milonga del tartamudo.

Letra de Fernando "Pino" Solanas y música de Don Alfredo Zitarrosa.

Milonga del tartamudo que siempre dijo que no,
yo soy pobre y no me vendo, y nadie me atropelló.
Por cierto que era su orgullo ser de abajo y no ceder,
cuando todos los de arriba lo quisieron corromper.
En el mercado del hombre, si no es bueno el rendimiento,
se empieza con los despidos y acaba en el vaciamiento.
Echegoyen echó fama en la gran ocupación,
cuando un juez y un coronel le exigieron rendición.
Dele? dele? dele? delegado no? no se deje chi... chicanear,
si la gente está a su lado tiene todo por ganar.
En medio de su discurso, el tarta tartamudeó,
y entre risas y cargadas, la gente le canturreó:
mi? mi? mi... milonga ta? ta? tartamudeada, milonga para olvidar,
cuando calla el tartamudo, seguro que va a pelear.
Milonga del delegado que andaba por Mataderos,
entre playas y corrales, sirviendo a los compañeros.
El gremio lo acompañó de Liniers a Puerto Piojo,
vecinos, pibes y viejos enfrentando el desalojo.
En el negocio de carnes primera es la del novillo,
la del hombre vale apenas pa l rebenque o el cuchillo.
Mi? mi? mi? milonga del tartamudo que siempre dijo que no,
sigo pobre y no me vendo, ¡la puta que los parió!
Las vacas que se escaparon de los palos y los dueños,
aún andan por las barriadas, vagando como en un sueño.

Fernando "Pino" Solanas compuso el tema "Milonga del tartamudo", que es interpretado en la película "Sur" por Alfredo Zitarrosa.

miércoles, 18 de marzo de 2020

EL VIENTO DE CARLOS BASABE.

EL VIENTO.
Ha llegado desde el sur, sabe Dios quien lo ha traido
pero arriba despacito, y se agranda en un instante
levantando polvaredas, de una tierra ya gastada
corpúsculas salitreras, de un bardal agonizante
Se quedará algunos días, como visita molesta
"el viento" no tiene paz, cuando llega acalorado
se introduce en las rendijas, sin pedir permiso a nadie
hasta en los ojos molesta, por no decir otro lado
En épocas de desmonte, cuando gringos de la Italia
enrasaron el terruño, con rastrones, pico y pala
"el viento" fué el enemigo, permanente de esa tierra
que las lágrimas secó, después de tanto sudarla
Yo lo viví media vida, por eso puedo contarlo
los vientos de cualquier sitio, son muy poco valorados
cuando la fruta está en yemas, y hay que tratar de salvarla
viento, granizo y heladas, están de más en mis pagos
Lo mismo el viento del norte, que trastorna la cabeza
con su machacón silbido del jariyal arrancado
es molestia permanente que pasa besando el valle
y se aleja disfrutando de su linaje anticuado
Cuando vuelvo cada tanto, para recordar recuerdos
me encuentro con ese viento que parece que me espera
le hago un guiño complaciente, para ver si me recuerda
mientras pregunto agobiado, ¿otra vez bailamos cueca?
LOS VIENTOS PERMANENTES EN LA PATAGONIA SON MOLESTOS Y PERJUDICAN LAS FLORACIONES O ECHAN AL SUELO LAS FRUTAS. ¡NO SON SANTOS DE MI DEVOCIÓN!


ALMENDROS DE MALLORCA.
Hace poquitos días, el paisaje era yermo
los campos desvestidos, anunciaban invierno
pero un sol de justicia, que duró una semana
aceleró los brotes dormidos del almendro


Reventaron las yemas y las hojas dormidas
alfombraron las ramas, fecundas del olvido
y una mañana tibia, despertaron las flores
renovando el paisaje, del campo adormecido
Ramilletes de flores, de un blanco inmaculado
que pronto se transforman en frutos del almendro
terminará en las mesas humildes del labriego
regresando en enero, o a comienzos de invierno
Me encanta contemplar, la "Sierra Tramuntana"
"Manacor", "San Llorenc", "Marratxi", "Son Servera"
atesoran mis ojos, los paisajes Isleños
quedarán para siempre, cautivos del recuerdo