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miércoles, 6 de abril de 2016

Tanto lo hi querío de Miguel Andrés Camino.


Tanto lo hi querío
de Miguel Andrés Camino.

No me diga, maire, 
que ha sío po mala
que mi Juan se ha ío!

Tanto lo hi qerío, 
que en mi pobre rancho
no ha habío bocao, 
caricia, ni beso
que pa él no haiga sío.

¿Quién, sino esta lesa, 
trenzaba sus sogas, 
cuidaba su aliño, 
y con blanca lana
de sus probes guachos
tejía sus matras
y sus cojinillos?

Y él, náa más que penas, 
es lo que me daba
en cambio'e cariño...

Tanto lo hi querío, 
que po más que icen
que vive con otra, 
po náa lo maldigo, 

si juera eso cierto, 
de que está con otra, 
¡adiós esperanza
que güerva conmigo!

¿Po qué he sío güena?

¡Malhaya la pena
y toíto el trabajo, 
que po conservalo
asín m'ha ponío!

Y, ¿qué harei yo agora
con esta guagüita?...

Penando, penando, 
seguiré en la vía; 
hasta que otro hombre
al verme algún día
tan triste y tan sola, 
me arrastre a su rancho
pa concluir conmigo.

Po que juera pronto
¡ay! ¡qué no daría!...

viernes, 1 de abril de 2016

El entierro de Painé de Miguel Andrés Camino.


El entierro de Painé.

Duerme en calma Leuvucó.
Descansan las tolderías; 
y en la comba de la noche
chispean las "Tres Marías".
De pronto se oye un rumor
de llantos y griterías
que se apaga, se renueva, 
se aclara, se magnifica
y luego se desparrama
por las hoscas lejanías.

Ha muerto el bravo Painé, 
Jefe de la dinastía
de los Zorros, y Calvaiñ
a sucederlo se alista, 
como hijo mayor habido
de una anciana cacica
que Painé considerara
como su esposa legítima.

Dicen que ha muerto Painé
por arte de brujerías.
Tal aseguran las machis
de todos rumbos venidas.
Y como se cree verdad
puesto que Calvaiñ lo afirma, 
su viejo padre Painé
no irá solo a la otra vida.

Por órdenes de Calvaiñ
que, al punto, en castigo dicta, 
es fuerza que sus esposas
al otro mundo le sigan, 
y al sacrificio cruento
marchen también las cautivas.
Además, todos los chusmas
que hubieren más de dos chinas, 
una de ellas, han de hacer
que figure entre las víctimas.
Ante mandato tan cruel, 
enloquecidas las indias
sángranse el rostro, y sus manos
sobre los ojos se crispan.

Las mujeres a los hombres
acusan de cobardía
por no saber defender
de sus esposas la vida.
Mas Calvaiñ, un tanto humano, 
-como lo fuera aquél día
que de la muerte salvara
al Coronel Baigorría, 
cuya cabeza, Painé, 
a Rosas mandar quería-
ha separado a su madre:
la pobre vieja cacica; 
por ruego de Cailbuñaim
que diera a Painé dos hijas
sólo peronda a una de ellas, 
a la menor, por ser niña; 
y de sus otras mujeres
a María la cautiva.
No falta quien a Calvaiñ
reproche con osadía
que haya salvado a la madre
y, de Cailbuñaim, la hija.

A lo que Calvaiñ resonde
como cosa definida:
-mi madre no era mujer
que con Painé hiciera vida; 
hace ya bastantes años
que de nada le servía.
Si hubiese estado hasta ayer
viviendo en su compañía, 
como me llamo Calvaiñ, 
ella también moriría. 
En cuanto a Cailbuñaim, 
he salvado a la más niña.
Morirá la que mi padre
por esposa prefería.

El cuerpo traen de Painé
tendido en una angarilla
cruzada entre dos briosos
caballos de sus tropillas, 
y envuelto en lujosas matras
que le tejieran sus chinas.
Lloran indias y cautivas
y lanzan sordos gemidos
las trutrucas doloridas.

Siguen a pie las mujeres
para morir elegidas.
Las pobres vienen en cerco, 
formado de lanzas vivas.
Luego aparece Calvaiñ
con sus tropas escogidas:
gente de bola y de lanza
de las tribus ranquelinas.
A una señal de Calvaiñ, 
que al punto se ve cumplida, 
que de media en media legua
la matanza se repita, 
y ese reguero de sangre
hasta el sepulcro prosiga.

¡Señor, Señor, por piedad!
claman indias y cautivas.
¡Pobre este hijito Calvaiñ!
¡Señor, Señor, que es mi hija!
¡Es mi mujer! ¡Es mi madre!
¡Déjalas, Calvaiñ, que vivan!
Mas la orden de Calvaiñ
debe cumplirse en seguida, 
y golpes secos de bola
van quitándoles la vida.

En el filo de la loma
el chenque ya se divisa, 
y así que el cortejo llega
se tiende la indiada en línea.
Que avancen, manda Calvaiñ, 
los lanceros y las indias.
Extienden luego a Painé
en la fosa, y ya se alistan
a darle por compañera, 
que llevará a la otra vida, 
la que, en esta, fué entre todas
sus mujeres, preferidas.

La hija de Cailbuñaim
será la postrera víctima
humana de la tragedia, 
con que Calvaiñ finaliza
la sangrienta represión
a que las machis lo incitan.
Ante Calvaiñ, la infeliz, 
se postra desfallecida; 
tiéndele el hijo, que en brazos, 
nerviosamente acaricia, 
e inútilmente le implora
que le perdone la vida.
Calvaiñ, insensible al ruego
de la desdichada india, 
mostrando al niño que tiende
hacia él sus manecitas, 
a que por última vez
le dé de mamar la invita.

Movida por la esperanza
la pobre madre se inclina
y al hijo de sus entrañas
le da de mamar sumisa.
Mas al separarse de él
como leona enfurecida
lo defiende, hasta caer
al suelo desvanecida.
Luego, a la pobre mujer, 
cumpliendo con la consigna, 
de un golpe feroz de bola
la cabeza le hacen trizas, 
y colocan su cadáver
con el de Painé en línea.
Un manto de tierra y ramas
les servirá de cobija.
Han colocado en el chenque, 
junto con la platería
que en sus peronas y aperos
Painé y su esposa lucían, 
toda especie de cacharros
con licores y comidas, 
para que fácil les sea
su traslado a la otra vida.
Cinco caballos, diez perros, 
veinte ovejas elegidas
son muertos y desangrados
sobre la tierra movida.
Y cuando el regreso emprende
la fúnebre comitiva, 
la luz del atardecer, 
que los campos ilumina, 
sobre el trágico cortejo
sus rayos de sangre envía.

Ya de noche, en Leuvocó, 
llora aún la toldería; 
de cultrunes y trutrucas
calló la voz dolorida, 
y en la comba de la noche
chispean las "Tres Marías".

jueves, 31 de marzo de 2016

AÑORANZA de Miguel Andrés Camino.

AÑORANZA.

Corralitos de pirca,
cabras serranas,
azulados de niebla
por las mañanas.

Silbo de los zagales
en las quebradas;
al gotear de la fuente
que se desgrana

en un lecho de berros
y mejoranas;
son recuerdos que añora
con pena mi alma.

¡Corralitos de pirca,
cabras serranas!...
¡Y la moza garrida
que va por agua!

De "El paisaje, el hombre y su canción" (1938) de Miguel Andrés Camino.

Un poeta con vigencia nacional 

por Ana María de Mena.

Publicó dos libros que hablan de su pasión por la región patagónica.
Miguel Andrés Camino es reconocido por sus escritos.
Poesías suyas fueron cantadas por grandes de la música.

El poeta Miguel Andrés Camino nació el 30 de noviembre de 1877 en Buenos Aires, hijo de un español del que heredó el nombre y apellido y de la francesa Dominique Mailhes. Estudió en el Colegio Charlemagne de la Capital y vivió en San Martín de los Andes entre 1916 y 1925.
Fue periodista de la revista folclórica "Nativa", corresponsal en Europa del diario "La Nación" y columnista del conocido mensuario "Caras y Caretas", además de publicaciones teatrales y del cancionero criollo. Es considerado el primer escritor de San Martín de los Andes, ya que no hay registro de autores anteriores.
Publicó dos libros inspirados en los hombres, mujeres y paisaje cordilleranos que –desde el título– hablan de su pasión por esta región patagónica: "Chaquiras" y "Chacayaleras", que le dieron trascendencia por la escritura sencilla de los versos que abordan temas cotidianos.
Las dos obras fueron reeditadas; la segunda en la Colección Poetas de España y América de Editorial Losada. Por ellos recibió un reconocimiento de la municipalidad de Buenos Aires y una medalla del Círculo de la Prensa de Buenos Aires, que conservan sus descendientes.
Esa producción literaria en verso describe con entusiasmo el entorno sanmartinense, particularmente el de la Vega San Martín donde residió. Esa temática se extiende a la región. En una nota publicada por "El Heraldo" de Trelew en 1945, dice Carlos S. Marinari: "Íntimamente ligado al desenvolvimiento intelectual de la Patagonia, si bien su obra se circunscribe a asuntos del sur de Neuquén, su producción se extiende, por similitud de ambiente, por escenarios afines, a una gran extensión de la cordillera austral".
Hombre culto, que había viajado a Europa y hablaba varios idiomas, estaba relacionado con el mundo del espectáculo, de la literatura, la música, el teatro y la pintura.
Fue citado por Jorge Luis Borges en un ensayo sobre los orígenes del tango y mantuvo amistad con Enrique Banchs, Hugo Wast, Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Tito Schipa y otros referentes del quehacer cultural de su tiempo.
Multifacético, Camino escribió artículos de interés general y obras teatrales, fue letrista de canciones a las que pusieron música destacados compositores académicos como Pascual de Rogatis y Carlos López Buchardo, así como populares de la talla de Osvaldo Pugliese, Agustín Irusta, Manuel Gómez Carrillo y Filiberto.
En San Martín de los Andes cultivó la amistad de las familias Elorriaga, Chidiak, Carro y Sepúlveda, entre otras. Durante su permanencia en el pueblo estuvo relacionado al nacimiento de varias instituciones, como la Biblioteca Popular 9 de Julio de la que fue uno de los fundadores y la presidió durante un tiempo.
Veintinueve de sus poesías registradas en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores fueron cantadas por Carlos Gardel, Azucena Maizani, Leda Valladares, María Elena Walsh, Mercedes Sosa, Alfredo Zitarrosa y Atahualpa Yupanqui, entre otros prestigiosos intérpretes. De esos temas hay grabaciones.
Algunos indicios permiten pensar que Camino tiene descendencia en San Martín de los Andes. Cuando retornó a Buenos Aires, en una reedición suya cuasi artesanal, se incluye una pintura del cerro Torta realizada por Luigi Paolillo, donde puede verse una casa de la Vega San Martín, donde probablemente vivió. Asimismo, el exlibris impreso en una edición aparecida en Buenos Aires, es el rostro de un nativo enmarcado en una guarda indígena con la palabra "Chapelco". Son detalles sugerentes.
También una carta manuscrita por su hermano donde cuenta los últimos días del poeta, conservada por una vecina de Lolog, da cuenta del vínculo con este pueblo que –es evidente– llevó siempre en su corazón. En el poema "Nostalgia", escrito en Buenos Aires, finaliza diciendo: Amanecer de la Vega, / que me place recordar! / la vida andará por ella / florecida de chays. / Aun perdura en mis oídos / su risita de cristal".
Cuando falleció, en 1944, despidió sus restos en el Panteón de Sadaic en el cementerio de Chacarita, Cátulo Castillo.
Por su destacada labor, se impuso el nombre de Miguel A. Camino a una calle de la ciudad de Buenos Aires y a otras de Córdoba capital y Neuquén. En San Martín de los Andes lo llevan la avenida costanera que circunda el lago Lácar (que todavía no tiene un cartel que lo indique) y una calle de la Vega Maipú, barrio que homenajea a varios escritores.
Vale subrayar entonces, que cuando nos referimos a Miguel Andrés Camino, hablamos de un poeta con profunda raigambre cordillerana y trascendencia nacional.
Publicado en Diario "Río Negro", 4 de febrero de 2013.