Perdón... Te digo adiós. Si perdonas podrás olvidar. No quiero que el amor sea trigo sembrado en el mar. Sólo quiero que seas feliz, te libres de mí y recobres la fe. Que te quede de mí la ternura como resolana debajo de la piel.
Y cuando el amor renace vuelve a cantar la vida, vuelve la fe perdida. Todo tiene sentido otra vez. Que te quede de mí la ternura como resolana debajo de la piel.
Se ha roto entre los dos la alegría de sueños de amar. Nos queda la ilusión y es posible volver a empezar. Nadie puede inventar el ainor. No me guardes rencor. Despedirse es tan cruel. Que te quede de mi la ternura como resolana debajo de la piel.
"No venga a tasarme el campo con ojos de forastero, porque no es como
aparenta sino... como yo lo siento.
Yo soy cardo d'estos
llanos, totoral d'esos esteros, ñapindá de aquellos montes, piedra mora
de mis cerros,
y no va'cre'r si le digo que hace poco lo
comprendo!
Debajo d'este arbolito suelo amarguiar en silencio... Si
habré lavao cebaduras pa' intimar y conocerlo!
No da leña ni pa' un
frio, no da flor ni pa' un remedio, y es un pañuelo de luto la sombra
en que me guarezco...
No tiene un pájaro amigo pero, pa'mí, es
compañero!
...Pa'qué mentar mi tapera; velay... si se está
cayendo! L'han rigoria los agostos di una ponchada de
inviernos...
La vi quedarse vacía; la vi poblarse'e
recuerdos... Sólo pa'no abandonarme li hace patancha a los
vientos,
y con goteras de luna quiere estrellar mis
desvelos!
Mi pago conserva cosas, guardadas en su silencio, que yo
gané campo afuera... que yo perdí... tiempo adentro.
No venga a
tasarme el campo con ojos de forastero, porque no es como
aparenta sino... como yo lo siento:
su cinto, no tiene plata ni pa'
pagar mis recuerdos!" Osiris Rodríguez Castillos, uruguayo fue poeta, escritor. Considerado uno de los pilares del folclore uruguayo. Su extensa obra como compositor llegó a influenciar a artistas como Jorge Cafrune, José Larralde, Eduardo Falú,
Mercedes Sosa.
Mamerto Menapace es su nombre de este monje benedictino nacido en en la región argentina del chaco santafesino. Su nombre Mamerto es por Fray Mamerto Esquiú.
Su nombre recibe cariñosas cargadas. En la Argentina, suele designarse con el despectivo apodo de "mamerto",
a alguien lento, tonto, poco despierto.En un encuentro entre el fallecido Dr. René
Favaloro, Don Luis Landriscina y el monje benedictino Mamerto, en el Luna Park,
acaecido el 8 de Diciembre de 1997, organizado con fines benéficos, en el cual
también participó Eduardo Falú, el cual en un momento, dirigiéndose al padre
Menapace le dice: "Mire que nombrecito le han puesto padre", y entre risas el chaqueño Luis Landriscina aclaró: "Mamerto, sí, pero no ejerce".Noveno de trece hermanos, monje benedictino del monasterio Santa María de Los Toldos desde el año 1952.
El poeta, crítico de arte, historiador y abogado León Benarós, que falleció ayer a los 97 años, es portador de una profusa obra literaria que abarca más de veinte libros y numerosas canciones que compuso junto a músicos notables como Adolfo Ábalos, Sebastián Piana, Eduardo Falú, Jorge Cafrune y Mariano Mores.
Nacido en Vila Mercedes, San Luis, en 1915, Benarós -enrolado en la línea de los neorrománticos- integró la generación del `40 y colaboró con numerosas revistas y diarios del país y del exterior, como las locales Verde Memoria, Nosotros, Clarín y Cuadernos Americanos de México y La Estafeta Literaria de España.
Viajó por La Pampa y Mendoza, antes de instalarse en su juventud en Buenos Aires, donde estudió Derecho, al tiempo que alternó su gusto por la guitarra y el canto.
Su primer libro "El rostro inmarcesible", de 1944, ganó el Premio Municipal de Literatura y, entre otros galardones, fue elegido "El Libro del Mes" por un jurado de notables, entre los que figuraban Jorge Luis Borges, Pedro Henríquez Ureña, Victoria Ocampo, Enrique Amorío, Baldomero Fernández Moreno y Martínez Estrada.
Su obra está integrada por volúmenes como "Romances de la tierra" (1950), "Romancero argentino" (1959) y "Décimas encadenadas" (1962), que recibió el Premio Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes y hasta fue elogiada por el poeta chileno Pablo Neruda.
"Versos para el Angelito" (1958), "Romances de infierno y cielo" (1971), "El bello mundo" (1981), y "Canto de amor a Buenos Aires", también están entre sus libros de poesía más destacados, así como los trabajos en prosa de "Libro de vacaciones" (1980), "Leyendas argentinas" (1981), "El desván de Clio" (1990) y "Mirador de Buenos Aires" (1994).
Desdoblado en poeta, crítico y periodista de prensa, radio y televisión, Benarós desarrolló trabajos de investigación literaria y junto a Carlos Guastavino compuso un poema sinfónico.
"Fue un hombre cordial y generoso, conocedor a fondo de los temas históricos y de la cultura popular, con una memoria impecable", señaló a Télam el poeta y ensayista Horacio Salas.
El ex director de la Biblioteca Nacional remarcó la generosidad del autor: "Cada vez que tenía una duda sobre algún aspecto del tango de los primeros tiempos, lo mismo que sobre el folklore de las distintas regiones del país acudía a él -indicó-. Generoso con su biblioteca, más de una vez fotocopió libros enteros para facilitarme la bibliografía que consideraba esencial para mis trabajos".
La obra "El rostro inmarcesible" ubicó a Benarós, según Salas, en la primera línea de la poesía argentina: "Es una colección de poemas de amor que ocupó un primer plano en la generación del 40", describió. "Pablo Neruda me confió en 1968 que, en su criterio, Benarós poseía un manejo formal del romance que superaba, incluso, los trabajos de Federico García Lorca, tal como lo publiqué en su momento. Los sabios no suelen aparecer con frecuencia. León Benarós lo fue. Sin duda", indicó Salas.
"Minucioso coleccionista de folletos largamente centenarios, en los que siempre me señalaba alguna curiosidad. Conocedor de botánica y al mismo tiempo lingüista. Periodista, algunos de sus artículos fueron recopilados en el libro 'El desván de Clio'. Sus artículos eran verdaderas indagaciones en profundidad. Nunca leí nada suyo que no albergase hallazgos dignos de recordar. También fue dibujante, caricaturista y pintor", aseguró.
Benarós, que en 1983 publicó su "Canto de amor a Buenos Aires", fue declarado Personalidad Emérita de la Cultura por la Secretaría de Cultura y Comunicaciones de la Presidencia de la Nación y recibió el Premio Manuel Mujica Láinez.
"Ha dado con el idioma y el tono justos, y cuánta sabiduría, cuánto conocimiento evidencian sus composiciones. Es mucho lo que he revivido y lo que he aprendido al voltear sus páginas", dijo justamente a propósito de su producción el autor de "Bomarzo" y "Los viajeros".
Benarós perteneció a la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), a la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (Sadaic) y a la Sociedad Argentina de Autores. (Télam).
Fueguito que vas quemando sangre quieta de la leña dame el calor que me falta para desvelar mi pena.
Estírate amigo viejo no me pidas más madera que me queda la guitarra con seis cuerdas compañeras.
Acompáñame despacio no hay pa’ que darnos prisa que en las brasas del infierno yo también seré ceniza.Caricias a fuego lento en to’ el trigo de tu pan cuando ya no quede nadie solito te apagarás.
Fueguito que vas bailando canciones y melodías desde el horizonte llamas llegan las traen del día.
Con quebracho o algarrobo con ciprés o palo santo entibiando vas la noche y vas crujiendo en el llanto.
Fueguito que vas quemando cartas grises de nostalgia déjame cantar tu canto y embriagarme de tu magia.
Fragmento de la "Revista Veintitrés" en el suplento "Asterisco"por Jorge Belaunzarán a Alberto Rojo, 10 de mayo de 2012.
-En esa decisión de privilegiar la física a la música también había una cuestión más concreta: ¿de qué vivía?
-Llevé mucho tiempo en darme cuenta de que lo que yo tenía valía la pena mostrarse. Es una cuestión mía. La Chacarera del fuego Mercedes la canta 20 años después de que la escriba. No la mostraba. La mostré a un par de amigos, les gustaba. A mí mujer Andrea en Bariloche: está linda, ¿no?, le digo. Sí, está linda, me dice ella, que es recontra rigurosa. Después se la muestro a Mercedes y me dice: no lo puedo creer; querido vas a escuchar de mí, me dice. Pero eso fue en el 2002, yo la había hecho en el '84. Es una obsesión de terapia, de estar en el gimnasio y no salir a la cancha. Con (Egberto) Gismonti me pasó lo mismo. Tomé una clase y me dice: pero si yo te conozco a vos. Estábamos en una clase magistral y la gente se cagaba de risa. Pero si tu música me encanta, me dice. Son cosas de sobre exigencia, o de inseguridad, ¿no? O sea que sí, de qué vivo era un planteo, pero pasaba en gran medida por el planteo de inseguridad, de confianza estética. Y también del hecho de que estaba enamorado de la Física, y que sigo enamorado de esa forma de pensar las cosas.
-No había posibilidad de medir en qué tendría más probabilidad de éxito.
-¡Jajaja! Me acuerdo de cosas del (Instituto) Balseiro, que hablaba con estudiantes y a todos les gustaba cómo tocaba la guitarra pero yo sentía que comparado con los tipos que realmente admiraba me faltaba muchísimo. Ahora los conozco y me respetan, y es como raro que a Eduardo Falú le guste lo que hago, que para mí siempre fue una especie de semidiós. El tipo es tan modesto. Igual el sonido de Eduardo no lo consigue nadie. Pero hay que jugarse, hay que mandarse, hay que tener tolerancia a la imperfección.
-Tal vez alguna de esta gente sobre la que siempre se dice ¡qué humildad!, en realidad tiene un horizonte mucho más lejano que el de la media, y por eso les parece que lo que hacen es prácticamente nada. En cambio el horizonte de la media llega apenas a ellos.Alberto Rojo con sólo seis años comenzó a estudiar piano y luego guitarra. Autodidacta hasta 1980, cuando obtuvo una beca para estudiar en el Camping Musical de Bariloche, mientras se doctoraba en física en el reconocido Instituto Balseiro. Continuó sus estudios en Michigan (Estados Unidos).
Guitarrista, compositor, cantante e intérprete, el tucumano Alberto Rojo ha escrito canciones y obras instrumentales en las que confluyen lo folclórico tradicional, la música clásica y el repertorio internacional. Llegó a compartir escenarios con "la Negra" Mercedes Sosa.
En 1990, se doctoró en Física en el Instituto Balseiro (Bariloche, Argentina). Fue investigador de la Universidad de Chicago. Actualmente es profesor de la Oakland University en Michigan, donde reside y donde continua dedicándose incesantemente a la música. Desde entonces, alterna su vida entre sus pasiones: la Ciencia, la Música y la Pintura.
“El canto me sale, como aprendido, desde el nacer peleando contra el olvido”.
ALFREDO ZITARROSA
Luces y sombras de la vida de Alfredo Zitarrosa.
Una biografía repasa una existencia rica en amistades y en soledad.Confesó que su sueño era ser poeta, pero "el cantor le copó la parada"
El uruguayo Alfredo Zitarrosa, de amplia popularidad dentro y fuera de las fronteras de su patria, y con una vocación artística precoz –dotado tanto para la música como para la literatura– no tuvo una vida placentera, según se desprende del libro "Alfredo Zitarrosa. La Biografía", del periodista e investigador Guillermo Pellegrino.
El libro, editado por el sello Continente dentro de sus Cuadernos de Sudestada, hace un repaso de su llegada a la canción, así como de sus incursiones como locutor, periodista y actor; una vida rica en amistades, pero también con angustias exasperadas en momentos de soledad, primero, y luego en sus largos años de exilio político.
El cantante, nacido en 1936 como hijo natural de Jesusa Blanca Nieve Iribarne, fue anotado como Alfredo Iribarne, pero pronto llevó el apellido del matrimonio al que la madre le encomendó su cuidado: Duarte. Así, padeció un sentimiento de abandono, y aunque como cuenta Pellegrino: "Su madre lo veía de vez en cuando, tuvo con ella una extraña relación de amor y odio".
Tanto ese distanciamiento como el ignorar la identidad de su padre, resintieron su personalidad: "Influyó en gran medida. Creció con ese inmenso dolor de ver que quien le diera la vida se desentendió de su persona. Alguna vez dijo: 'Yo podría haber sido un niño de asilo"
"Ahí hay un problema de identidad", dice Pellegrino en relación a ese joven que a los 16 años había portado tres apellidos: el "Iribarne" inicial, luego "Duarte" y el definitivo "Zitarrosa" que adopta en 1952 tomando el apellido de un argentino casado en ese entonces con su madre.
En el reverso de las penas está la fuerte vocación artística evidenciada en el actor que monta obras de teatro con sus amigos, el cantor precoz que interpreta temas de José Mojica, el escritor que garabatea poemas y lee a Borges, y el locutor que presenta en el auditorio de radio El Espectador a artistas como Eduardo Falú, Edmundo Rivero y Julio Sosa.
Pellegrino habla sobre las circunstancias que hicieron que Zitarrosa optara por la canción: "Habría que rastrearlo ya adulto, en aquel lejano 1964 cuando casi por casualidad debutó como cantor profesional en Perú; es cuando vislumbra al canto como un medio de vida en momentos difíciles; eran tiempos en que andaba buscándose a sí mismo".
Tiempos en que Zitarrosa deambula por países latinoamericanos: en el 60 vive seis meses en la provincia de Córdoba y hacia mitad de la década en Perú y Bolivia.
"Con veintiocho años –añade Pellegrino– quería encontrar su camino. Su intención era ir dejando de a poco la locución y el periodismo –llegó a escribir en el mítico semanario 'Marcha'– y sentía que estaba para cosas más trascendentes".
De la relación con la literatura –por fuera de las letras de canciones– hay estos datos: en 1959 obtuvo el Premio Municipal de Poesía por su libro "Explicaciones" y en 1988 publicó su libro de relatos "Por si el recuerdo".
"Hace unos meses salió un libro suyo que permanecía inédito: 'Sonríe muerte'; y tengo entendido que hay muchos otros textos suyos que aún no han pasado a ser letra impresa. En una oportunidad le confesó a su amigo, el escritor Enrique Estrázulas: 'hubiese querido ser poeta, pero el cantor copó la parada'. Su sueño era ése: ser poeta".
Y lo fue de algún modo. Lo dice Pellegrino cuando asegura que Zitarrosa logró reunir en su arte poesía y música: "Sin renunciar a nada, ya que muchos de sus textos se sostienen sin apoyatura musical. Él robusteció ambas disciplinas, y sus poemas musicalizados pudieron tomar contacto con un público masivo".
En el jurado que lo premió con el Municipal, figuraba un escritor que con el tiempo iba a ser su amigo: Juan Carlos Onetti; la biografía menciona a otros amigos cercanos como el escritor uruguayo Enrique Estrázulas, el poeta peruano César Calvo y varios de los guitarristas que lo acompañaron en sus presentaciones, como los argentinos "Caíto" Díaz y Delfor Sombra.
El autor de "El violín de Becho", "Adagio en mi país", "Stefanie", "Si te vas", "Zamba por vos", "Guitarra negra" y tantos éxitos, hacía un culto de la amistad: "Era muy amiguero –acota el biógrafo–, disfrutaba muchísimo de la charla, compartir un asado o jugarse un truquito".
La estrecha relación de Zitarrosa con la Argentina se inició en 1960 en Córdoba; en 1966 se presentó en el festival de Cosquín y cuatro años después haría su gran entrada en Buenos Aires en el teatro ABC.
El cantor que debutó en Perú con "La zamba de abril" del "Chango" Rodríguez, a quien nombraba entre sus maestros junto a Atahualpa Yupanqui, fue desde siempre un autor reverenciado en nuestro país.
Por las páginas de "Alfredo Zitarrosa. La Biografía" cruza un hombre a ratos parco y reservado y en otros expresivo y generoso; su militancia política, la prohibición de sus temas en el Uruguay de inicios de los años 70 y un exilio de más de ocho años por España y México.
También el retorno triunfal, apoteósico, cuando un 31 de marzo de 1984 emprendió el regreso y una multitud lo aguardaba vivándolo en el aeropuerto.
Para Pellegrino, el cantor que decía preferir la milonga por sobre otros ritmos, y que se definió con la frase "Yo siento lo que la gente siente", fue un hombre consecuente con un ideario cercano: "A José Artigas, quien siempre luchó para que lo más infelices fueran los más privilegiados. Zitarrosa soñaba con la justicia social".
Un episodio ocurrido en diciembre de 1988 –apenas unos días antes de su deceso– reenvía nuevamente al tema "identidad": Zitarrosa viajó a Buenos Aires y tras visitar unos amigos decidió inesperadamente regresar a su país. A punto de abordar el avión sufre una descompensación y es conducido a un hospital donde lo anotan como NN, ya que le habían robado sus documentos.
Escribe Pellegrino que aún no se había reanimado cuando pasó un enfermero que, tras observarlo, exclamó: "¡Qué parecido a Zitarrosa!". (Télam)
El "Candombe del olvido" es un candombe autobiográfico de Alfredo Zitarrosa que es el autor de la letra y Juan Descrescencio compuso la música.