Poesía, arte, cultura, música. Cuentos y Relatos. Un rincón que nace y crece en la Patagonia Argentina.
miércoles, 15 de abril de 2026
TEORÍA DE LA REPUTACIÓN de CÉSAR VALLEJO.
He estado en la famosa taberna Sztaron de la calle de Seipel, en Budapest, taberna, según se murmura, de una secreta firma bolchevique y cuyo gerente, Ossag Muchay, es tan cortés con la clientela. Muchay ha estado conmigo un gran rato, conversando y bebiendo absintio de Viena, esa distilación religiosa y armada, color de convólvulo, que extrae de una extraña gramínea salvaje, llamada dístilo dormido. La taberna, esta tarde, se ha visto visitada por muy contados parroquianos, que entraban, estirando los miembros, bebían malvadamente ante el mostrador y se iban con gran perfección. Dos muchachas jugaban en un rincón de la planta baja, un juego de dulce de hierro,3 con pequeñas tortugas de capa y cintas de colores. A la entrada de la misma sala, platicábamos el buen Muchay y yo. Hablábamos de las supersticiones del Asia Menor, de las salobres ciencias de aprehensión, de las hechicerías.
––No. El nombre no es sino uno solo. Las firmas son muchas, sin duda, mas el nombre está en una sola de las firmas, entre todas.
martes, 31 de marzo de 2026
HABLO DE LA CIUDAD de OCTAVIO PAZ.
convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines, teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas,
la ciudad enorme que cabe en un cuarto de tres metros cuadrados inacabable como una galaxia,
la ciudad que nos sueña a todos y que todos hacemos y deshacemos y rehacemos mientras soñamos,
la ciudad que todos soñamos y que cambia sin cesar mientras la soñamos,
la ciudad que despierta cada cien años y se mira en el espejo de una palabra y no se reconoce y otra vez se echa a dormir,
la ciudad que brota de los párpados de la mujer que duerme a mi lado y se convierte,
con sus monumentos y sus estatuas, sus historias y sus leyendas,
en un manantial hecho de muchos ojos y cada ojo refleja el mismo paisaje detenido,
antes de las escuelas y las prisiones, los alfabetos y los números, el altar y la ley:
el río que es cuatro ríos, el huerto, el árbol, la Varona y el Varón vestido de viento
—volver, volver, ser otra vez arcilla, bañarse en esa luz, dormir bajo esas luminarias,
flotar sobre las aguas del tiempo como la hoja llameante del arce que arrastra la corriente,
volver, ¿estamos dormidos o despiertos?, estamos, nada más estamos, amanece, es temprano,
estamos en la ciudad, no podemos salir de ella sin caer en otra, idéntica aunque sea distinta,
hablo de la ciudad inmensa, realidad diaria hecha de dos palabras: los otros,
y en cada uno de ellos hay un yo cercenado de un nosotros, un yo a la deriva,
hablo de la ciudad construida por los muertos, habitada por sus tercos fantasmas, regida por su despótica memoria,
la ciudad con la que hablo cuando no hablo con nadie y que ahora me dicta estas palabras insomnes,
hablo de las torres, los puentes, los subterráneos, los hangares, maravillas y desastres,
El estado abstracto y sus policías concretos, sus pedagogos, sus carceleros, sus predicadores,
las tiendas en donde hay de todo y gastamos todo y todo se vuelve humo,
los mercados y sus pirámides de frutos, rotación de las cuatro estaciones, las reses en canal colgando de los garfios, las colinas de especias y las torres de frascos y conservas,
todos los sabores y los colores, todos los olores y todas las materias, la marea de las voces —agua, metal, madera, barro—, el trajín, el regateo y el trapicheo desde el comienzo de los días,
hablo de los edificios de cantería y de mármol, de cemento, vidrio, hierro, del gentío en los vestíbulos y portales, de los elevadores que suben y bajan como el mercurio en los termómetros,
de los bancos y sus consejos de administración, de las fábricas y sus gerentes, de los obreros y sus máquinas incestuosas,
hablo del desfile inmemorial de la prostitución por calles largas como el deseo y como el aburrimiento,
del ir y venir de los autos, espejo de nuestros afanes, quehaceres y pasiones (¿por qué, para qué, hacia dónde?),
de los hospitales siempre repletos y en los que siempre morimos solos,
hablo de la penumbra de ciertas iglesias y de las llamas titubeantes de los cirios en los altares,
tímidas lenguas con las que los desamparados hablan con los santos y con las vírgenes en un lenguaje ardiente y entrecortado,
hablo de la cena bajo la luz tuerta en la mesa coja y los platos desportillados,
de las tribus inocentes que acampan en los baldíos con sus mujeres y sus hijos, sus animales y sus espectros,
de las ratas en el albañal y de los gorriones valientes que anidan en los alambres, en las cornisas y en los árboles martirizados,
de los gatos contemplativos y de sus novelas libertinas a la luz de la luna, diosa cruel de las azoteas,
de los perros errabundos, que son nuestros franciscanos y nuestros bhikkus, los perros que desentierran los huesos del sol,
hablo del anacoreta y de la fraternidad de los libertarios, de la conjura de los justicieros y de la banda de los ladrones,
de la conspiración de los iguales y de la sociedad de amigos del Crimen, del club de los suicidas y de Jack el Destripador,
del Amigo de los Hombres, afilador de la guillotina, y de César, Delicia del Género Humano,
hablo del barrio paralítico, el muro llagado, la fuente seca, la estatua pintarrajeada,
hablo de los basureros del tamaño de una montaña y del sol taciturno que se filtra en el polumo,
de los vidrios rotos y del desierto de chatarra, del crimen de anoche y del banquete del inmortal Trimalción,
de la luna entre las antenas de la televisión y de una mariposa sobre un bote de inmundicias,
hablo de madrugadas como vuelo de garzas en la laguna y del sol de alas transparentes que se posa en los follajes de piedra de las iglesias y del gorjeo de la luz en los tallos de vidrio de los palacios,
hablo de algunos atardeceres al comienzo del otoño, cascadas de oro incorpóreo, transfiguración de este mundo, todo pierde cuerpo, todo se queda suspenso,
la luz piensa y cada uno de nosotros se siente pensado por esa luz reflexiva, durante un largo instante el tiempo se disipa, somos aire otra vez,
hablo del verano y de la noche pausada que crece en el horizonte como un monte de humo que poco a poco se desmorona y cae sobre nosotros como una ola,
reconciliación de los elementos, la noche se ha tendido y su cuerpo es un río poderoso de pronto dormido, nos mecemos en el oleaje de su respiración, la hora es palpable, la podemos tocar como un fruto,
han encendido las luces, arden las avenidas con el fulgor del deseo, en los parques la luz eléctrica atraviesa los follajes y cae sobre nosotros una llovizna verde y fosforescente que nos ilumina sin mojarnos, los árboles murmuran, nos dicen algo,
hay calles en penumbra que son una insinuación sonriente, no sabemos adónde van, tal vez al embarcadero de las islas perdidas,
hablo de las estrellas sobre las altas terrazas y de las frases indescifrables que escriben en la piedra del cielo,
hablo del chubasco rápido que azota los vidrios y humilla las arboledad, duró veinticinco minutos y ahora allá arriba hay agujeros azules y chorros de luz, el vapor sube del asfalto, los coches relucen, hay charcos donde navegan barcos de reflejos,
hablo de nubes nómadas y de una música delgada que ilumina una habitación en un quinto piso y de un rumor de risas en mitad de la noche como agua remota que fluye entre raíces y yerbas,
hablo del encuentro esperado con esa forma inesperada en la que encarna lo desconocido y se manifiesta a cada uno:
ojos que son la noche que se entreabre y el día que despierta, el mar que se tiende y la llama que habla, pechos valientes: marea lunar,
labios que dicen sésamo y el tiempo se abra y el pequeño cuarto se vuelve jardín de metamorfosis y el aire y el fuego se enlazan, la tierra y el agua se confunden,
o es el advenimiento del instante en que allá, en aquel otro lado que es aquí mismo, la llave se cierra y el tiempo cesa de manar;
instante del hasta aquí, fin del hipo, del quejido y del ansia, el alma pierde cuerpo y se desploma por un agujero del piso, cae en sí misma, el tiempo se ha desfondado, caminamos por un corredor sin fin, jadeamos en un arenal,
¿esa música se aleja o se acerca, esas luces pálidas se encienden o apagan?, canta el espacio, el tiempo se disipa: es el boqueo, es la mirada que resbala por la lisa pared, es la pared que se calla, la pared,
hablo de nuestra historia pública y de nuestra historia secreta, la tuya y la mía,
hablo de la selva de piedra, el desierto del profeta, el hormigüero de almas, la congregación de tribus, la casa de los espejos, el laberinto de ecos,
hablo del gran rumor que viene del fondo de los tiempos, murmullo incoherente de naciones que se juntan o dispersan, rodar de multitudes y sus armas como peñascos que se despeñan, sordo sonar de huesos cayendo en el hoyo de la historia,
hablo de la ciudad, pastora de siglos, madre que nos engendra y nos devora, nos inventa y nos olvida.
llanos ocres, colinas leonadas.
Trepé por un breñal una cuesta de cabras
hacia un lugar de escombros:
pilastras desgajadas, dioses decapitados.
A veces, centelleos subrepticios:
una culebra, alguna lagartija.
Agazapados en las piedras,
color de tinta ponzoñosa,
pueblos de bichos quebradizos.
Un patio circular, un muro hendido.
Agarrada a la tierra —nudo ciego,
árbol todo raíces— la higuera religiosa.
Lluvia de luz. Un bulto gris: el Buda.
Una masa borrosa sus facciones,
por las escarpaduras de su cara
subían y bajaban las hormigas.
Intacta todavía,
todavía sonrisa, la sonrisa:
golfo de claridad pacífica.
Y fui por un instante diáfano
viento que se detiene,
gira sobre sí mismo y se disipa.
Octavio Irineo Paz Lozano nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Fallece el 19 de abril de 1998. Poeta, ensayista, dramaturgo y diplomático mexicano.
viernes, 12 de diciembre de 2025
Cuento policial de Marco Denevi.
jueves, 4 de diciembre de 2025
Taxis de ficción: de Travis Bickle de De Niro a Rolando Rivas de García Satur. Por Néstor Tkaczek.
El mundo del taxi está inmortalizado en aquella película de Scorsese: “Taxi driver”; y la televisión argentina lo hizo con la teleserie más exitosa de su historia: “Rolando Rivas, taxista”, en la que el tachero giraba por la ciudad en un mítico Siam Di Tella.
Por Néstor Tkaczek.
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| El legendario Siam Di Tella que manejaba Rolando Rivas en la inolvidable telenovela. |
Virgilio no es solo el poeta inmortal de la “Eneida”, al parecer fue el primero que puso por escrito la idea de un vehículo que podían usar en Roma aquellas personas con discapacidad. Con el tiempo se utilizaron los carruajes de alquiler con diferentes tarifas para ir de un punto a otro de las cada vez más populosas urbes. Generalmente su parada era en las plazas. Sobre el reemplazo de estos coches de transporte por el automóvil, hay una obra emblemática del teatro argentino: “Mateo” de A. Discépolo. Gracias a la popularidad de esta pieza teatral, a muchas de estas carretelas (hoy dedicadas a pasear turistas) se les llama “mateos”. Se sabe que el primer taxi tal como hoy lo conocemos circuló en París y fue inventado por el fabricante de autos, Louis Renault, quien lanzó unos pequeños coches dotados de taxímetros (medidores de tarifas) para ser alquilados en diferentes paradas de la capital francesa.
Hoy el taxi es un componente esencial de la vida cotidiana y forma parte de las señas identitarias de las ciudades. Es impensable ver imágenes de Buenos Aires sin esos autos amarillos y negros, o los verdes y blancos del D. F. mexicano, o los amarillos de tantas películas en Nueva York.
El cine repite una toma ya emblemática, la del personaje que ingresa apresurado y ordena “siga a ese auto”. El mundo del taxi está inmortalizado en aquella película de Scorsese: “Taxi driver”; y la televisión argentina lo hizo con la teleserie más exitosa de su historia: “Rolando Rivas, taxista”, en la que el tachero giraba por la ciudad en un mítico Siam Di Tella.
En mi pueblo el color de los taxis siempre fue variopinto. La memoria me lleva a una entrañable garita (hoy ya desaparecida) ubicada en pleno centro y estacionados allí, el Falcon Blanco de Suárez, el azul de Matus, creo que otro blanco de Olguín y el 404 celeste de Sanz, al que todos conocían como “el zorzal”. El reloj era a “ojímetro”, aunque nadie cuestionaba sus tarifas. Recuerdo que eran hombres grandes; y los vi hacerse más grandes aun junto a sus autos que lentamente fueron mostrando el óxido del tiempo en las carrocerías hasta desaparecer.
Publicado en Diario Río Negro.
11/12/2022.
sábado, 12 de julio de 2025
Poemas y relatos de Silvia Angélica MONTOTO.
MOMENTOS.
Como vuelven con su arrullo
cada tarde
las palomas al nido.
Como el agua,
que vuelve siendo lluvia
al corazón del río.
Yo vuelvo por caminos de nostalgias
que es una forma
de volver contigo.
Regina...
Que tienes nombre de mujer
y tienes,
la magia del abrigo.
Volver a ti es encontrar de pronto
un tiempo sumergido.
es reanudar el ayer,
la palabra irreverente acaso
cuando está tan presente
lo vivido...
Soñando,
camino por las calles arboladas,
me refugio en tu plaza.
Como un autómata mi pies me llevan
a la ternura irrepetible
de mi casa.
Regina...
Sinónimo de afectos
de lejana juventud
de amigos.
Regresar, es sólo una palabra.
es la forma concreta
de andar caminos.
No se puede volver adonde nunca
del todo se ha partido.
"Cuando digo mañana es porque espero, porque amo,dudo y creo,y porque tengo ganas de seguir viviendo....Mañana cuando diga hasta mañana, mi vos será esperanza.o quizá miedo de que no haya en mi. vida otra mañana,más... seguiré esperando otro comienzo". SILVIA MONTOTO.
Vivía en en nuestra Ciudad Villa Regina donde terminó sus días.
No se puede volver adonde nunca
del todo se ha partido.
Tiene varios libros entre ellos, podemos mencionar, Antología de Expresiones Literarias de Neuquén (1977), "Vuelo de palomas" publicado en 1983 en los talleres gráficos de la Organización de Escuelas Parroquiales (Or.Es.Pa) de Villa Regina. En diciembre de 1983 obtiene una mención especial en el Concurso Nacional de Poesías QUIJOTE DE PLATA con el poema "Para llegar al sur", publicado en el libro "Duendes" (1985, Editorial Amarú, Bs. As.).
En diciembre de 1989 publica el libro de poesías "Ocaso de los grillos" (Editorial Amaru, Buenos Aires).
En 1994 publica otro libro de poesías "Luna, retamas y sueños" con ilustraciones de Martín Ydiart de Villa Regina (Editorial Esquel S.A., Chubut).
Residió en la Ciudad de San Carlos de Bariloche (provincia de Río Negro). Por Resolución N° 299-04 de la Ciudad de Bariloche reconoce con el "Premio al Mérito" a la escritora Silvia Montoto de Lazzeri por su producción literaria.
El cuento “La viuda del ferroviario” recibió el diploma la distinción en la S.A.D.E. (Sociedad de Escritores Patagónicos).
Sus últimos libros “En el andén” presentado en Octubre del 2021 en el Salón de las Artes de Villa Regina, que reúne unos 40 cuentos cortos sobre historias de la vida misma el octavo libro de la autora registrando vivencias de lugares donde vivió como las localidades rionegrinas de Maquinchao, San Antonio Oeste, Villa Regina y San Carlos de Bariloche. Y la nueva antología poética “Desandando caminos” que fuera presentada en Mayo 2022 y "Las andanzas de Don Gauna" presentado en mayo del 2024.
Fallece el jueves 10 de julio del 2025.
*** Muchos de estos datos de la biografía fueron publicados yá en Rincón Barda Sureña.
*** Para los que desean leer otros poemas y cuentos de Silvia Montoto hacer click en etiquetas Silvia Angélica Montoto de Lazzeri y allí aparecerán publicaciones (entradas).
Etiqueta:Silvia Angélica Montoto de Lazzeri.
viernes, 13 de junio de 2025
El descuido de Martin Buber.
viernes, 16 de mayo de 2025
COSAS DE SOBERÓN por Julio Manuel Narváez.
COSAS DE SOBERÓN por Julio Manuel Narváez.
Era un personaje de la zona, algo excéntrico. Parece ser que sufrió un gran dolor cuando su hermano, a quien hacía muchos años que no veía vino a visitarlo y se ahogó en el río.
En una noche bochornosa de verano se fue a dormir sobre el
techo playo de la cabaña; cuando de pronto, lo despertaron las voces de la
gente que andaba martineando (cazando martinetas en noche oscura con farol y
armados de palos).
Escuchó que decían: "Soberón siempre tiene cosas buenas
tanto para comer como para beber, rompamos la cerradura y entremos".
Nunca imaginaron que los estaba oyendo.
Soberón usaba como cobijo un poncho desflecado, se la pasó
por la cabeza al tiempo que gritaba "Buau".
Los sorprendidos intrusos se dieron tal susto que
emprendieron veloz carrera, se oyeron rodar las piedras acantilado abajo. No se
desnucaron de casualidad, fue una buena lección.
Julio Manuel Narváez - Ingeniero Huergo.
Publicado en "Espacio de opinión" de "La Comuna de Villa Regina", miércoles 18 de abril de 2012, página 6.
Publicado en EL REGINENSE. 6 de mayo del 2012.
El Ing. Julio Narváez fue un apasionado, como pocos, por los
caballos criollos, los animales silvestres de la Patagonia Argentina y un
“historiador-recopilador” de esas tantas historias, anécdotas, relatos orales
que unen a las localidades valletanas. También fue un coleccionista morteros,
antiquísimas máquinas de coser, puntas de flechas, documentos y fotografías.
El Ing. Julio Manuel Narváez
fue nacido y criado en Ingeniero Huergo en 1929. Se alejó de su terruño
natal cuando estudió de Ingeniero Civil.
Opinaba que la indagación histórica "Es algo que siempre me interesó mucho. Tuve la oportunidad de conocer a viejos pobladores que me brindaron muchos datos interesantes sobre esta ciudad" que fueron llevados en el libro “De Tiempos Idos”.
Falleció en su Ing. Huergo natal, a los 83 años.
miércoles, 14 de mayo de 2025
Historia de vida sobre caballos baguales por Julio Manuel Narváez.
Historia de vida sobre caballos baguales por Julio Manuel Narváez.
Hace un tiempo, había combinado con el señor Pedro Juárez (un gaucho de los antes) que me esperaría en la costa sur del río Negro con una yunta de caballos de andar.
Sin pensarlo más traqueamos para el sur, era el mes de abril de 1957. Ya las tardes se iban acortando, así que al atardecer llegamos a un charco barroso rodeado de unas matas de monte que se encontraba sobre la planicie; dos perros que nos acompañaban querían tomar agua allí, y mi compañero los echó del lugar. Le preguntó: ¿por qué hace eso? y me contesta: primero tenemos que sacar agua para nosotros. Luego hizo n fuego y usando él un tacho de pava, preparó unos mates que compartimos. Yo también me moría de sed.
Entre mate y mate, y que conversamos un poco, empezó a oscurecer. Los perros se levantaron y se pusieron a ladrar a un hombre que andaba a pie, que nos dijo: -“Buenas noches”, se trataba del señor Enrique López, quien era muy gaucho; solía soltar el caballo y lo agarraba en el campo, como lo hizo en esa ocasión. Nosotros atamos las cabalgaduras en un monte de olivillos mientras conversaba con el paisano conocido, le encargo si podía conseguirme un bagual overo, a lo que me contestó que iba a tratar de bolearme uno. Cerca de donde acampábamos dijo haber visto dormitando a la manada de Paleta Blanca; a las distintas manadas de caballos las van denominando de acuerdo a características de alguno de sus componentes. En este caso se trata de las del cojudo de pelaje zaino con la particularidad de tener una paleta blanca, se trataba de un animal bastante viejo. Si habría gambeteado tiros de boleadoras, pero no pudo gambetearle al destino, pues apareció muerto en la costa del río a consecuencia del gusano del cuajo, según mi informante.
Durante la noche y habiendo pasado mucho frío, sentí como se levantaba “Don Pedro” y me cobijaba con un ponchito, un perro echado a mis pies aumentaba el calor de mi cuerpo.
Así fue pasando la noche y apenas amaneció, después de unos mates, ensillamos. Nuestros caballos también habían pasado una mala noche, se habían enredado, estaban entumecidos y con el lomo escarchado. Rumbeamos el charco “La Espuela”. A poco de andar, me dice Don Pedro: -“Ahí tiene a sus baguales” y poniendo la pierna sobre la cruz del animal, se pone a liar un cigarrillo (aún hoy me parece verlo en tal postura).
Mis ojos no daban abasto viendo caballos por todos lados, dos yeguas torbillas inmóviles como estatuas mientras el padrillo se paseaba delante de ellas. A mi izquierda una tropilla desparramada; arrimándose al cojudo una yegua madrina baya cabos negros con una potranca colorada de mala cara.
Yo le avisé a Don Pedro que había una yegua madrina, este tirando el pucho y con una puteada me dice: -córtele a ver si la puedo separar, él le silbaba bajito, la yegua miraba al padrillo y a él. En ese momento de indecisión la pudimos cortar, Don Pedro se acercó, le tocó el anca y le manoteó el cogote, le sacó la manea que llevaba en la collera.
Sacó la manea de su caballo y le puso doble manea a la yegua, la arrió con un látigo y la llevó con la tropilla (todos los miembros de la tropilla estaban mordisqueados) por lo pronto pudimos salvar a la madrina y a la potranca.
Al padrillo le pareció que nos arrimábamos mucho, pegó un relincho y disparó seguido de sus yeguas, es por ello que el paisano le tiene odio a los caballos baguales, porque roban la madrina y así desparraman a la tropilla; esto lo hacen los padrillos nuevos, que no pueden hacerse de yeguas que han sido acaparadas por los caballos más veteranos.
A mí no me desilusionaron los caballos baguales, al contrario, sus sentidos exacerbados al máximo por el ejercicio constante, son dignos de encomio, sobre todo, por olfato, como pudimos comprobar en otra oportunidad.
Estamos emprendiendo el regreso, cuando visualizamos a un manadón de por lo menos once yeguarizos. Se trataba de la manada del overo que emprende una veloz huida. Mientras seguimos andando, Don Pedro va prendiendo fuego el mata sebo. Al preguntarle por qué hace eso me contesta: -los baguales le tienen mucho miedo al fuego porque lo produce el hombre y este hecho puede favorecer a otros paisanos que anden recorriendo el campo para bolear a los baguales.
Los baguales son muy madrugadores y vespertinos, en esas horas del día tienen muy poco requerimiento de agua, pues aprovechan al máximo el rocío, por eso mañerean mucho para bajar el agua y lo hacen resoplando, olfateando.
Cuando no ven peligro llegan y, como dicen los paisanos, se encharcan, llegando a tomar cerca de setenta litros de agua, por lo que, después de hacerlo, se encuentran muy vulnerables al acoso del hombre y se acalambran enseguida.
Finalmente, al terminar estas jornadas, como la que acabo de describir, siento alegría por haber conocido todo esto pero a la vez tristeza al ver que se van perdiendo.
Julio Manuel Narváez - Ingeniero Huergo.
Carta de lectores que fuera publicada en el semanario "LA COMUNA DE VILLA REGINA". corresponde a la edición Nro. 437, Espacio de Opinión, miércoles 4 de abril de 2012.
Foto internet ilustrativa de la entrada.
Publicada en El Reginense 10 de abril 2012.
El Ing. Julio Narváez fue un apasionado, como pocos, por los
caballos criollos, los animales silvestres de la Patagonia Argentina y un
“historiador-recopilador” de esas tantas historias, anécdotas, relatos orales
que unen a las localidades valletanas. También fue un coleccionista morteros,
antiquísimas máquinas de coser, puntas de flechas, documentos y fotografías.
El Ing. Julio Manuel Narváez
fue nacido y criado en Ingeniero Huergo en 1929. Se alejó de su terruño
natal cuando estudió de Ingeniero Civil.
Opinaba que la indagación histórica "Es algo que siempre me interesó mucho. Tuve la oportunidad de conocer a viejos pobladores que me brindaron muchos datos interesantes sobre esta ciudad" que fueron llevados en el libro “De Tiempos Idos”.
Falleció en su Ing. Huergo natal, a los 83 años.
lunes, 12 de mayo de 2025
Oesterheld y su primer cuento en La Prensa.
Días atrás, “El Eternauta”, la adaptación cinematográfica de la icónica historieta creada por Héctor Germán Oesterheld (1919-1978), con dibujos de Francisco Solano López, llegó a Netflix. En su primera semana en la plataforma la serie argentina, protagonizada por Ricardo Darín, se posicionó como una de las series más vistas de habla no inglesa en el mundo.












