Poesía, arte, cultura, música. Cuentos y Relatos. Un rincón que nace y crece en la Patagonia Argentina.
miércoles, 15 de abril de 2026
TEORÍA DE LA REPUTACIÓN de CÉSAR VALLEJO.
He estado en la famosa taberna Sztaron de la calle de Seipel, en Budapest, taberna, según se murmura, de una secreta firma bolchevique y cuyo gerente, Ossag Muchay, es tan cortés con la clientela. Muchay ha estado conmigo un gran rato, conversando y bebiendo absintio de Viena, esa distilación religiosa y armada, color de convólvulo, que extrae de una extraña gramínea salvaje, llamada dístilo dormido. La taberna, esta tarde, se ha visto visitada por muy contados parroquianos, que entraban, estirando los miembros, bebían malvadamente ante el mostrador y se iban con gran perfección. Dos muchachas jugaban en un rincón de la planta baja, un juego de dulce de hierro,3 con pequeñas tortugas de capa y cintas de colores. A la entrada de la misma sala, platicábamos el buen Muchay y yo. Hablábamos de las supersticiones del Asia Menor, de las salobres ciencias de aprehensión, de las hechicerías.
––No. El nombre no es sino uno solo. Las firmas son muchas, sin duda, mas el nombre está en una sola de las firmas, entre todas.
sábado, 14 de marzo de 2026
Moralejas o mejor reflexiones de Ricardo Zelarayán.
Me moriré en París con aguacero, Jueves será, porque hoy, jueves, que proso César Vallejo ha muerto, le pegaban también con una soga; son testigos César Abraham Vallejo Mendoza nació el 16 de marzo de 1892
en Santiago de Chuco, pueblo en una zona alta del departamento de La Libertad,
en Perú y falleció en París, a los 46 años, el 15 de abril de 1938. |
miércoles, 12 de junio de 2024
Un poema de César Vallejo.
lunes, 15 de abril de 2024
Un poema de César Vallejo: PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA y otros poemas.
Y si después de tantas palabras.
¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra! ¡Si después de las alas de los pájaros, no sobrevive el pájaro parado! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos!
¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra por sus propios desastres y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla! ¡Más valdría, francamente, que se lo coman todo y qué más da…!
¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad, sino de esas cosas sencillas, como estar en la casa o ponerse a cavilar! ¡Y si luego encontramos, de buenas a primeras, que vivimos, a juzgar por la altura de los astros, por el peine y las manchas del pañuelo! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo, desde luego!
Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena y también en el otro, mucha pena y en los dos, cuando miran, mucha pena… Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra! |
sábado, 16 de marzo de 2024
Considerando en frío, imparcialmente... de César Vallejo.
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...
jueves, 4 de enero de 2024
César Vallejo por Luis Buero.
César Vallejo por Luis Buero.
César Vallejo (César Abraham Vallejo Mendoza), poeta excepcional, nació en Perú en 1892, y falleció en París en 1938 con tan solo 46 años de edad.
Sus libros de poemas más conocidos son ‘Los heraldos negros’ (1918), ‘Trilce’ (1922), ‘España aparta de mi ese cáliz’ (1939) y ‘Poemas humanos’ (1939), estos dos últimos publicados por su esposa Georgette luego de la muerte del escritor.
También fue autor de novelas como ‘Fabla salvaje’ y ‘El tungsteno’, además de cuentos como ‘Escalas’, ‘Paco Yunque’, y el ensayo ‘Rusia en 1931’, y obras de teatro. Por otra parte, escribió en diarios de Perú, España y Francia. Se han editado diversas antologías y hasta un disco recitado por un locutor, con sus versos.
Su forma de escribir, de colocar sustantivos en el lugar de adjetivos, su excelsa sensibilidad social y emocional, lo convirtieron en lo que la crítica especializada bautizó como “un poeta universal”. Un creador que fundó un lenguaje poético diferente a lo tradicional.
FRASES DE POEMAS.
En ‘Los heraldos negros’ escribe: “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar, el claustro de un silencio que habló a flor de fuego…”
En otro poema, ‘Los pasos lejanos’, afirma: “Mi padre duerme, su semblante augusto figura un apacible corazón, está ahora tan dulce, si hay algo en él de amargo, seré yo. Hay soledad en el hogar, se reza, y no hay noticias de los hijos hoy, y mi madre pasea allá en los huertos, saboreando un sabor ya sin sabor. Está ahora tan suave, tan ala, tan salida, tan amor. Hay soledad en el hogar sin bulla, sin noticias, sin verde, sin niñez. Y si hay algo quebrado en esta tarde y que baja y que cruje, son dos viejos caminos blancos, curvos. Por ellos va mi corazón a pie.”
En ‘Trilce’ se distingue esta poesía: “He almorzado ahora y no he tenido, madre ni súplica, ni sírvete, ni agua, ni padre que, en el facundo ofertorio de los choclos, pregunte para su tardanza de imagen, por los broches mayores del sonido. Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir de tales platos distantes esas cosas, cuando habrase quebrado el propio hogar, cuando no asoma ni madre en los labios. Cómo iba yo a almorzar nonada. A la mesa de un buen amigo he almorzado, con su padre recién llegado del mundo, con sus canas tías que hablan, en tordillo retinte de porcelana, bisbiseando por todos sus viudos alvéolos; y con cubiertos francos de alegres tiroriros, porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia! Y me han dolido los cuchillos, de esta mesa en todo el paladar. El yantar de estas mesas así, en que se prueba amor ajeno en vez del propio amor, torna tierra el bocado que no brinda la madre, hace golpe la dura deglución, el dulce: hiel, aceite funéreo, el café. Cuando ya se ha quebrado el propio hogar, y el sírvete materno no sale de la tumba, la cocina a oscuras, la miseria de amor”.
En ‘Poemas humanos’ se distingue: “Me viene, hay días, una gana ubérrima, política, de querer, de besar al cariño en sus dos rostros, y me viene de lejos un querer demostrativo, otro querer amar de grado o fuerza, al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito, a la que llora por el que lloraba, al rey del vino, al esclavo del agua, al que ocultose en su ira, al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma. Y quiero por lo tanto acomodarle, al que me habla su trenza, sus cabellos al soldado, su luz al grande, su grandeza al chico. Quiero planchar directamente, un pañuelo al que no puede llorar, y cuando estoy triste o me duele la dicha, remendar a los niños y a los genios. Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo, y me urge estar sentado a la diestra del zurdo, y responder al mudo, y también quiero muchísimo lavarle al cojo el pie, y ayudarle a dormir al tuerto próximo. ¡Ah querer este, el mío, este, el mundial, interhumano y parroquial provecto!, me viene a pelo, desde el cimiento, desde la ingle pública, y viniendo de lejos, da ganas de besarle la bufanda al cantor, y al que sufre besarle en su sartén, al sordo en su rumor craneano, impávido, al que me da lo que olvidé en mi seno, en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros. Quiero, para terminar, cuando estoy al borde célebre de la violencia, o lleno de pecho el corazón, querría, ayudar a reír al que sonríe, ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca, cuidar a los enfermos enfadándolos, comprarle al vendedor, ayudarle a matar al matador -cosa terrible-, y quisiera yo ser bueno conmigo, en todo”.
Publicado en Diario LA PRENSA.
1/1/2024.
miércoles, 18 de octubre de 2023
El poeta murió al amanecer de Raúl González Tuñón.
murió al fin en la plaza frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos musas: la esperanza y la miseria.
Fue un poeta completo de su vida y su obra,
escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera
y como hombre de su tiempo que era
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas.
Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.
Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
los parroquianos del Café,
los artistas del circo ambulante,
unos cuantos obreros,
un antiguo editor,
una hermosa mujer
y mañana, mañana,
florecerá la tierra que caiga sobre él.
Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
un Schiller, un Bertrand, un Becquer, un Machado,
versos de un ser querido que se fue antes que él,
muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta
y una antigua fragata dentro de una botella.
Los que le vieron dicen que murió como un niño.
Para él fue la muerte como el último asombro:
tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido,
y un pájaro en el hombro.
(de El violín del diablo)
de gentes y de lámparas luminosa
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata, amigo, la vida es dura,
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
títeres y titiriteros,
volver a ser niño otra vez
y andar entre los marineros
de Liverpool o de Suez.
Detrás de esos turbios cristales
hay una sala sombría.
Paraísos artificiales.
de reflejos funambulescos.
¡Aquí hay mujer y manzanilla!
Aquí hay olvido, aquí hay refrescos.
Pero sobre todo mujeres
para hombres de los puertos
que prenden como alfileres
sus ojos en los ojos muertos.
No debe tener esqueleto
el enano de Sarrasani,
que bien parece un amuleto
de la joyería Escasany.
Salta la cuerda, sáltala,
ojos de rata, cara de clown
y el trala-trala-trálala
ritma en tu viejo corazón.
Estampas, luces, musiquillas,
misterios de los reservados
donde entrarán a hurtadillas
los marinos alucinados.
Y fiesta, fiesta casi idiota
y tragicómica y grotesca.
Pero otra esperanza remota
De vida miliunanochesca…
la mujer
la mujer más gorda del mundo!
Entrar con un miedo profundo
pensando en la giganta de Baudelaire…
Nos engañaremos, no hay duda,
si desnuda nunca muy desnuda,
si barbuda nunca muy barbuda
será la mujer.
Pero ese momento de miedo profundo…
la mujer
la mujer más gorda del mundo!
con la filosofía poco se goza.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
Raúl González Tuñón nace en Ciudad de Buenos Aires el 29 de marzo de 1905 - Fallece el 14 de agosto de 1974.
Vivió en París y también en Madrid donde trabó relación con César Vallejo, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Federico García Lorca y Pablo Neruda.
sábado, 15 de abril de 2023
TELÚRICA Y MAGNÉTICA de César Vallejo.
César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892-







