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lunes, 31 de mayo de 2021

No fueron tus divinos ojos, Ana de Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613).


  No fueron tus divinos ojos, Ana, 
los que al yugo amoroso me han rendido; 
ni los rosados labios, dulce nido 
del ciego niño, donde néctar mana; 

     ni las mejillas de color de grana; 
ni el cabello, que al oro es preferido; 
ni las manos, que a tantos han vencido; 
ni la voz, que está en duda si es humana. 

     Tu alma, que en tus obras se trasluce, 
es la que sujetar pudo la mía,
porque fuese inmortal su cautiverio. 

     Así todo lo dicho se reduce 
a solo su poder, porque tenía 
por ella cada cual su ministerio.

jueves, 27 de mayo de 2021

A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa de Argensola.


A una mujer que 
se afeitaba y estaba hermosa
de Argensola.

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
 que aquel blanco y color de doña Elvira
 no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

Pero tras eso confesaros quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.

Mas ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
 que no sea verdad tanta belleza!


La palabra actual para “afeite” es “maquillaje”.
Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza! Bartolomé Leonardo de Argensola.

Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613) y Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631) nacieron en Barbastro (Huesca).

Y la recreación del tema en el "tangazo" Maquillaje que hace Homero Expósito dice:

No, ni es cielo ni es azul, ni es cierto tu candor, ni, al fin, tu juventud.
Tu compras el carmín y el pote de rubor que tiembla en tus mejillas,
y ojeras con verdín para llenar de amor tu máscara de arcilla.

Tú, que tímida y fatal te arreglas el dolor después de sollozar,
sabrás cómo te amé, un día al despertar sin fe ni maquillaje,
ya lista para el viaje que desciende hasta el color final.

Mentiras, que son mentiras tu virtud, tu amor y tu bondad y, al fin, tu juventud,
mentiras, te maquillaste el corazón, ¡mentiras sin piedad!, ¡qué lástima de amor!

Tú, que tímida y fatal te arreglas el dolor después de sollozar,
sabrás cómo te amé, un día, al despertar sin fe ni maquillaje,
ya lista para el viaje que desciende hasta el color final.

sábado, 2 de marzo de 2013

Un poema de Lupercio Leonardo de Argensola.

 


Dentro quiero vivir de mi fortuna

y huir los grandes nombres que derrama

con estatuas y títulos la Fama

por el cóncavo cerco de la luna.

 

Si con ellos no tengo cosa alguna

común de las que el vulgo sigue y ama,

bástame ver común la postrer cama,

del modo que lo fue la primer cuna.

 

Y entre estos dos umbrales de la vida,

distantes un espacio tan estrecho,

que en la entrada comienza la salida,

 

¿qué más aplauso quiero, o más provecho,

que ver mi fe de Filis admitida

y estar yo de la suya satisfecho?

 

Lupercio Leonardo de Argensola (Barbastro, Huesca, 14 de diciembre de 1559 - Nápoles, 2 de marzo de 1613) fue un poeta, historiador y dramaturgo español.