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viernes, 10 de julio de 2026

DESCUBRIMIENTO DE LA PATRIA de Leopoldo Marechal.

 


DESCUBRIMIENTO DE LA PATRIA.

1
Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla:
“La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”.
Los apisonadores de adoquines
me clavaron sus ojos de ultramar;
y luego devoraron su pan y su cebolla
y en seguida volvieron al ritmo del pisón.
2
¿Con qué derecho definía yo la Patria,
bajo un cielo en pañales
y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
Los apisonadores de adoquines
escupieron la palma de sus manos:
en sus ojos de allende se borraba una costa
y en sus pies forasteros ya moría una danza.
“Ellos vienen del mar y no escuchan”, me dije.
“Llegan como el otoño: repletos de semilla,
vestidos de hoja muerta.”
Yo venía del sur en caballos e idilios:
“La Patria es un dolor que aun no sabe su nombre”.
3
Una lanza española y un cordaje francés
riman este poema de mi sangre:
yo también soy un hijo del otoño,
que llegó del oriente sobre la tez del agua.
¿Qué harían en el Sur y en su empresa de toros
un cordaje perdido y una lanza en destierro?
Con la virtud erecta de la lanza
yo aprendí a gobernar los rebaños furiosos;
con el desvelo puro del cordaje
yo descubrí la Patria y su inocencia.
4
La Patria era una niña de voz y pies desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempo de labranza;
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta.)
5
La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las yerras:
¡estampaba su risa en los novillos!
O junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de setiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas).
6
Yo vi la Patria en el amanecer
que abrían los reseros con la llave
mugiente de las tropas.
La vi en el mediodía tostado como un pan,
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia en sus potrillos.
La vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña, y trazando el orbe de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún.
7
Por eso desbordé yo mi copa de tierra
y un cachorro del viento pareció mi lenguaje.
Por eso no he logrado todavía
sacarme de los hombros este collar de frutas,
ni poner en olvido aquel piafante
cinturón de caballos
ni esta delicia en armas que recogí en Maipú.
8
Guardosos de semilla,
vestidos de hoja muerta,
los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
Con el temblor sin sueño del cordaje
la descubrí yo solo allá en Maipú.
Y de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo,
sentí yo la piedad que se alarmaba
y el miedo que nacía.
“La Patria es un temor que ha despertado”,
me dije yo en el Sur y en su empresa de toros.
“Niña y pintando el orbe de su infancia,
en su mano derecha reposa la del ángel
y en su izquierda la mano tentadora del viento.”
El temor de la Patria y su niñez
me atravesó encostado (la cicatriz me dura).
9
Tal fue la enunciación, el derecho y la pena
que traje a la Ciudad de la Yegua Tordilla.
Y así les hablé yo a los inventores
de la ciudad plantada junto al Río,
y a sus ensimismados arquitectos,
o a sus frutales hombres de negocio:
“La Patria es un dolor en el umbral,
un pimpollo terrible y un miedo que nos busca.
No dormirán los ojos que la miren,
no dormirán ya ell sueño de los bueyes.”
(Los apisonadores de adoquines
masticaban su pan y su cebolla.)
10
Y así les hablé yo a los albañiles:
“La Patria es un peligro que florece.
Niña y tentada por su hermoso viento,
necesario es vestirla con metales de guerra
y calzarla de acero para el baile
del laurel y la muerte”.
(Los albañiles, desde sus andamios
hacían descender cautelosas plomadas).
11
Y dije todavía en la Ciudad,
bajo el caliente sol de los herreros:
“No solo hay que forjar el riñón de la Patria,
sus costillas de barro, su frente de hormigón:
es de urgencia poblar su costado de Arriba,
soplarle en la nariz el ciclón de los dioses.
La Patria debe ser una provincia
de la tierra y del cielo”.
12
Me clavaron sus ojos en ausencia
los amontonadores de ladrillos.
Los abismados hombres de negocio
medían en pulgadas la madera del norte.
Nadie oyó mis palabras, y era justo:
yo venía del Sur en caballos y églogas.
13
Y descubrí en mi alma: “Todavía no es tiempo:
no es el año ni el siglo ni la edad.
La niñez de la Patria jugará todavía
más allá de tu muerte y la de todos
los herreros que truenan junto al río”.
14
La Patria no ha de ser para nosotros
una madre de pechos reventones;
ni tampoco una hermana paralela en el tiempo
de la flor y la fruta;
ni siquiera una novia que nos pide la sangre
de un clavel o una herida.
15
Yo la vi talonear los caballos australes,
niña y pintando el orbe de sus juegos.
La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable,
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.
16
Por eso, nunca más hablaré de la
Patria.
::: ::: :::

CREDO A LA VIDA.


Creo en la vida todopoderosa,
en la vida que es luz, fuerza y calor;
porque sabe del yunque y de la rosa
creo en la vida todopoderosa
y en su sagrado hijo, el buen Amor.

Tal vez nació cual el vehemente sueño
del numen de un espíritu genial;
brusca la senda, el porvenir risueño,
nació tal vez cual el vehemente sueño
de un apóstol que busca un ideal.

Padeció, la titán, bajo los yugos
de una falsa y mezquina religión;
veinte siglos se hicieron sus verdugos
y aun padece, titán, bajo sus yugos
esperando la luz de la razón.

Fue en la humana estultez crucificada;
murió en el templo y resurgió en la luz…
¡Y, desde allí, vendrá como una espada,
contra esa Fe que germino en la nada,
contra ese dios que enmascaro la cruz!

Creo en la carne que pecando sube,
creo en la Vida que es el Mal y el Bien;
la gota de agua del pantano es nube.
Creo en la carne que pecando sube
y en el Amor que es Dios.
¡Por siempre amén!


martes, 10 de febrero de 2026

AMOR SE FUE / Macedonio Fernández.

 


AMOR SE FUE.

Amor se fue;

mientras duró a todo hizo placer.

Cuando se fue nada dejó que no doliera.

Macedonio Fernández.

Macedonio Fernández  (1º de junio de 1874 - 10 de febrero de 1952)  fue un poeta, narrador, filósofo y candidato a presidente de la Argentina. Ejerció gran influencia sobre la literatura argentina posterior, especialmente en Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Oliverio Girondo, Héctor Murena, Leopoldo Marechal, Ricardo Piglia, entre otros.

Hacia 1920, Macedonio Fernández se propuso lanzar su candidatura a Presidente de la nación. Dado que “el 95% de los votantes del país no tienen convicción ni compromiso” y que son menos las personas que se proponen ser presidentes que las que pretenden ser kiosqueros o farmacéuticos.

“Durante mucho tiempo, se creyó que Macedonio Fernández era un personaje inventado por Borges -dice a LA NACION la profesora e investigadora Mónica Bueno-. Muchos pensaban que no podía ser aquel Doctor en Leyes y Jurisprudencia recibido en la Universidad de Buenos Aires a finales del siglo XIX que nunca había asistido a los banquetes anuales de egresados, por lo tanto sus compañeros pensaban que habría muerto. Ni personaje de Borges ni fantasma, vivió con intensidad hasta 1952. ¿Quién es Macedonio Fernández? Un hombre que decide vivir en pensiones, para quien escribir es el resultado de pensar y no la antesala de publicar, y que además se aleja, con un gesto a la vez arcaico y utópico, de la profesionalización del escritor, un hombre que puede desembarazarse del éxito o del prestigio propio o ajeno (pensemos en su actitud ante la llegada de Marinetti -declarado fascista- a la Argentina y las anécdotas varias que rozan siempre el humor, el desparpajo y la inteligencia); un hombre escondido detrás de una cortina que juega con su anunciada presencia, la foto con la guitarra y el poncho al hombro, los papelitos desperdigados en las mesas de café, un hombre que apuesta a la epifanía de la inexistencia”. Diario LA NACIÓN, 10/2/2022.

martes, 3 de octubre de 2023

El costado de arriba.

 

Por Juan Martín Devoto.

Décadas pasaron desde que se conoció el magistral poema de Leopoldo Marechal Descubrimiento de la Patria. (*) Y más allá de quiénes defendían o atacaban al autor por su filiación política, vale la pena detenerse en la obra en sí, que lo trasciende y hoy puede todavía iluminar a la Argentina en estos momentos de desconcierto ante el salto al vacío que parece avecinarse.

Luminosas metáforas caben hoy en la descripción de la realidad actual de nuestra Patria. Los apisonadores de adoquines masticando su pan y su cebolla, los albañiles y sus cautelosas plomadas, los abismados hombres de negocio que medían en pulgadas la madera del norte. Mutatis mutandis, fácil es ver retratados en ellas a sectores sindicales, a grupos empresarios o financieros y otros.

Pero antes es preciso prestar atención a la realidad con que describe, con una mezcla de esperanza y desilusión, el mundo del que viene cargado de expectativas a la Ciudad de la Yegua Tordilla para explicar su anhelo de contagiarle esas riquezas del suelo y sus raíces. Y, concluye, “nadie oyó mis palabras, y era justo: yo venía del Sur en caballos y églogas”.

Y es en estos días, tanto tiempo después, seguimos sin querer aceptar la fórmula única que el poeta había recitado en versos admirables:

“No solo hay que forjar el riñón de la Patria,

sus costillas de barro, su frente de hormigón:

es de urgencia poblar su costado de Arriba,

soplarle en la nariz el ciclón de los dioses.

La Patria debe ser una provincia

de la tierra y del cielo”.

Porque él mismo señaló el único camino posible para lograr el destino que nos está reservado al sentenciar que “de todo laberinto se sale por arriba”.

No pareciera que las miradas de quienes aspiran al poder -ya sea político, económico, social o espiritual- se eleven hacia Arriba, sino a la mera búsqueda de un confort terreno de corto aliento y abonado por un individualismo que campea a derecha e izquierda. El cual podría sintetizarse en la única aspiración del sálvese quien pueda, sin la menor expectativa terrenal en el Bien común duradero y menos en la Esperanza verdadera en un profundo anhelo de los bienes eternos.

Por eso es un deber hacer realidad la conclusión del mismo Marechal:

“La Patria no ha de ser para nosotros

nada más que una hija y un miedo inevitable,

y un dolor que se lleva en el costado

sin palabra ni grito”.

(*) En ´’Heptamerón’, 1966.

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/El-costado-de-arriba-535621.note.aspx

sábado, 7 de mayo de 2022

Fragmento de "Didáctica de la Patria” de LEOPOLDO MARECHAL.


"Por la mañana, cuando te levantes,
piensa, Josef, en ese nuevo día;
y no te olvides que al salir al sol
entrarás en un campo de batalla.
Que no te engañe el paso normal de los tranvías
ni la canción melosa del frutero
ni el pacífico rostro de tu jefe
ni la sonrisa blanca de tu subordinado.
Ángeles y demonios pelean en los hombres:
el bien y el mal se cruzan invisibles aceros.
Y has de andar con el ojo del alma bien alerta,
si pretendes estar en el costado
limpio de la batalla.
Josef, nada es trivial en esa guerra:
basta el peso ladrón de una bolsa de azúcar
para que llore un ángel y se ría un demonio.

No vaciles jamás en la defensa
o enunciación o elogio
de la Verdad, el Bien y la Hermosura.
Son tres nombres divinos que trascienden al mundo,
y es fácil deletrearlos en las cosas.
No los traiciones, aunque te flagelen:
yo sé bien que la triste Cobardía
suele atar a los hombres junto al Río moroso.
Vence a la Cobardía de los ojos oblicuos,
y la Patria futura dará el santo y el héroe
que han de trazar las líneas de la Cruz.

Liviano de equipaje y avizor en tu guerra,
te asaltarán, empero, no escasas tentaciones.
Josef, has de vencerlas, o llorará la Patria todavía en pañales.
Si te ofrecen un cargo de visibilidad,
acéptalo en razón de tu mérito sólo
y en vista de los frutos que darás a tu pueblo.
Si eres olmo, no admitas la función del peral,
o has de ser un peral falsificado
y un olmo sinvergüenza."

lunes, 17 de agosto de 2020

Homenaje al Gral San Martín de Leopoldo Marechal.

Homenaje al Gral San Martín.
Fragmento de la Cantata Sanmartiniana estrenada en el Cerro de la Gloria, 30.12.1950
El renunciamiento
¡Atención pido al silencio!
¡Silencio pido a las almas!
Aquí dará San Martín
su lección enamorada.
Tres naciones redimidas
por la gloria de sus armas
ya le sonríen amores,
ya le tejen alabanzas.
El héroe llenó la copa
Con el vino de su hazaña:
La copa en su mano hierve,
y lo convida la Fama.
¡Qué peligroso es el vino
del triunfo, si nos embriaga!
San Martín está en la hora
en que luchan vino y alma.
La Gloria lo está invitando
con sus terribles palabras.
"¡No te detengas -le dice-,
no desampares las armas!
¡Halcón de la guerra, busca
tu embriaguez en la batalla!"
San Martín llenó la copa
con el vino de su hazaña:
es la hora de los héroes
en que luchan vino y alma.
Pero el Ángel ya le dicta
su razón de oro y de plata:
"San Martín -le dice el Ángel-,
la hermosura de la espada
vale menos que la rosa
del Amor en la balanza!".
San Martín oyó las voces,
y aquel flechero de Marte
dejó el vino de la Gloria
por el acíbar del Ángel.
¡Ay, los ejércitos lloran
con sus llantos militares!
Llorando están los guerreros,
y lloran porque no saben.
No saben que San Martín
ha roto una dura cárcel
y se aventura en el tiempo
donde ríen las edades.
¡Adiós, brillo de las armas!
¡Adiós, clarines triunfales!
¡San Martín ha desertado
la Gloria por el Romance!
Llorando están los guerreros,
y lloran porque no saben
que más allá de su Gloria
lo está esperando su Ángel.


Música de Julio Perceval, letra de Leopoldo Marechal.
Imagen de Antonio Berni.
Publicado por Fundación Leopoldo Marechal. Imagen del mismo sitio.

Leopoldo Marechal (1900 - 1970) Narrador, poeta, dramaturgo y ensayista argentino. 

domingo, 9 de agosto de 2020

Influencias literarias: Dante, la Divina Comedia y sus sucesores.

Influencias literarias: Dante, la Divina Comedia y sus sucesores.

Por Néstor Tkaczek.
“Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, dijo Ítalo Calvino. Es por ello que en la avenida de los siglos y hasta la actualidad innumerables obras artísticas (música, escultura, pintura, literatura) tienen la influencia de la “Divina comedia”.
Un pequeño recorrido por su ascendiente en el panorama literario muestra cuán presente está el poeta florentino en algunas obras de la contemporaneidad. Ese recorrido es aleatorio, viene guiado por el hilo de la memoria. Y así el primero que llega es –cuándo no– Rubén Darío. La referencia a Dante es constante en toda su poesía. Recuerdo el comienzo de “Thanatos”, cuando Darío ya era un poeta desencantado y lejos habían quedado aquellos tiempos y floreos Modernistas. “En medio del camino de la Vida…/ dijo Dante. Su verso se convierte:/ En medio del camino de la Muerte.// Y no hay que aborrecer a la ignorada/ emperatriz y reina de la Nada”…
Es difícil no relacionar esa maravilla narrativa que es “Pedro Páramo” con la “Divina Comedia”. Rulfo toma de Dante la posibilidad de que un vivo explore el mundo de los muertos y Comala en el fondo no es otra cosa que un pueblo infernal, un mundo de muertos al que llega y se relaciona con ellos el protagonista, Juan Preciado. “Cálmese. Ya lo sentirá [el calor] más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del Infierno. Con decirle que muchos de los que allí mueren, al llegar al Infierno regresan por su cobija». En definitiva en “Pedro Páramo”, no hay una delimitación clara entre ambos mundos. Lo trágico de la novela radica en la imposibilidad de salvación.
“Adán Buenosayres” es la gran novela de Leopoldo Marechal, entre la multiplicidad de influencias, sin dudas está la de Dante. Es clara la filiación en su parte final titulada “El Viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia”. Hay aquí un descenso infernal del protagonista guiado por el astrólogo Schultze. Adán recorre sus círculos y asiste al espectáculo de un mundo en total descomposición.
El legado de Dante en el siglo XX se corporiza en una suerte de infierno del desencanto en Marechal, Rulfo y Darío.
* Publicado en Diario " Río Negro", domingo 9 de agosto del 2020.

viernes, 26 de junio de 2020

EL POEMA DE ROBOT de LEOPOLDO MARECHAL.-


EL POEMA DE ROBOT.
El ingeniero de Robot; se dijo:
«Hagamos a Robot a nuestra imagen
y nuestra semejanza».
Y compuso a Robot, cierta noche de hierro,
bajo el signo del hierro y en usinas más tristes
que un parto mineral.
Sobre sus pies de alambre la Electrónica,
ciñendo los laureles robados a una musa,
lo amamantó en sus pechos agrios de logaritmos.
Pienso en mi alma: «El hombre que construye a Robot
necesita primero ser un Robot él mismo,
vale decir podarse y desvestirse
de todo su misterio primordial».
Robot es un imbécil atorado de fichas,
hijo de un padre zurdo y una madre sin rosas.

No es bajo el soplo de la indignación
que refiero esta historia sucia como el uranio.
Yo no maté a Robot con la sal de la ira,
sino con los puñales de la ecuanimidad.
No me gusta el furor que se calza de viento
sólo para barrer golondrinas y hojas:
el furor es amable si responde a un teorema
serio como Pitágoras.
Yo viví en una charca de batracios
prudentes y sonoros en su limo.
Cierta vez pasó un águila sobre nuestras cabezas,
y todos opinaron: «Ese vuelo no existe».
Yo me quedé admirando la excelsitud del águila,
y construí motores de volar.
Los batracios dijeron: «Es orgullo».
Les respondí: «Batracios, la mía es altivez».
El orgullo es un flato del Yo separativo,
mas la altivez declara su propia elevación.

Y aquí estoy, agradable de aforismos,
tal un árbol que empuja sus yemas reventonas.
La casa de Robot está en el polo
contrario del enigma,
y el que a Robot destruye vuelve a mirar el rostro
perdido de. la ciencia.
Yo fui un ser como todos los que nacen de vientre:
rosa más rosa menos, era igual mi niñez
a todas las que gritan o han gritado
junto a ríos cordiales.

Un día mis tutores, fieles a la Didáctica,
me confiaron al arte de Robot.
Mis tutores murieron: eran santos idiotas.
Yo he regado sus tumbas con yoduro de sodio.
Pensando en el astuto cerebro de la Industria,
Robot era un brillante pedagogo sin hiel,
un conjunto de piezas anatómicas
imitadas en cobre y en tungsteno.
Su cabeza especiosa de válvulas y filtros
y su pecho habitado por un gran corazón
(obra de cien piedades fotoeléctricas)
hacían que Robot usase un alma
de mil quinientos voltios.

En rigor, era nulo su intelecto
y ajena su terrible voluntad.
Pero Robot, mirado en sus cabales,
era un hijo brutal de la memoria,
y un archivista loco, respondiendo a botones
o teclas numerados por la triste cordura.
A los que se deleitan con vistosos retratos
les diré que sin duda Robot no era un Adonis.

Visto de frente y con el ojo alerta,
parecía una cruza de marciano y reloj;
y visto de perfil, su hermosura era igual
a la de un ciclotrón en vendimia de isótopos.
No obstante lo que más imponía en Robot
era su honradez inexorable?
una honradez fundida y niquelada
por demiurgos envueltos en iones y sigilo.
Podría ser que atentos a mi ultima estrofa,
se dijesen algunos que aliviano el poema
con las fáciles plumas de la comicidad.
Advierto yo a esos héroes que naufragan
en el bacín lujoso de Aristóteles,
que mi poema es trágico y risible
como un final de siglo.

La risa visceral de la Comedia
no ha de ser inferior a los hipos del Drama.
Si lo cómico nace de cierta privación,
límite o quebradura de algún ser,
todo lo que se instala fuera del Gran Principio
ya es cómico en alguna medida razonable.
La muerte de Robot me ha dictado sentencias
que ya diré a su tiempo y en lugar exactos;
pues escandalizar a los mayores
también es evangélico.

Desde que yo, el aeda, perpetré mi laudable
quemazón, de teorías y cisnes literarios,
no se aburren las Musas, y el poema
recobra su abnegada vocación
de apresar lo decible y lo indecible.
A Robot entregaron mi puericia,
y en esa hora sollozó un arcángel
y se rió un demonio»
Yo lo ignoraba entonces, como es justo,
pues en la gloria de Robot no hay ángeles
ni demonologías en su infierno, sino la exaltación o la tristeza
del átomo de hidrógeno.

Se daba por sentado que yo era el Gran Vacío
y era Robot la Grande Plenitud.
De modo tal que abriendo la espita de Robot:,
llenaba mi vacío con la ciencia más pura,
según la ley alentadora
de los vasos comunicantes.

Los verdores del alma, sus trascendentes plumas
y toda irradiación que no registren
los contadores Geiger
eran para Robot y sus profetas
o un abolido ensueño de calvas teologales
o las divagaciones del mono progresista
con que soñaba Darwin midiendo calaveras.
Y así la Didascalia se dormía feliz
en su ostentosa cama de bronce y palosanto.
Mi primer incidente con Robot
(y el que abría en mi alma la gran desavenencia
que terminó en un crimen de piadosa factura)
sucedió cuando el noble pedagogo
me dictaba el Factor de Cohesión
de los núcleos estables e inestables.

A los que todavía sin grilletes
van del apio a la rosa, bellos como almirantes;
a los que aún entregan a la emoción del viento
una risa pentecostal
en la salud del Cristo vivo;
a todos esos "raros" que aún perfuman el cosmos
digo lo siguiente:
La Física Nuclear suelta el olor
de los gases livianos de la Tabla Periódica;
y ese olor, al obrar en un alma sensible,
nos da el precipitado de la Melancolía.
No es bueno descender a la materia
sin agarrar primero los tobillos del ángel:
Einstein, el matemático, se libró del abismo
porque midió la noche con el arco
de un violín pitagórico.
Leopoldo Marechal (Buenos Aires, 11 de junio de 1900 - 26 de junio de 1970) fue un poeta, dramaturgo, novelista y ensayista argentino.
Autor de obras fundamentales como "Días como flechas", "Heptamerón", "Cuaderno de navegación”, "Antígona Vélez", "Historia de la calle Corrientes", las novelas "El banquete de Severo Arcángelo", "Megafón o la guerra", "Adán Buenosayres" una obra que en su momento fue incomprendida, criticada y silenciada que se considera  una de las novelas más importantes de la literatura argentina del siglo XX.
Una profunda crisis espiritual a su regreso lo devolvió a la Iglesia Católica, donde formó el grupo que dirigía los Cursos de Cultura Católica.
Se destacó en casi todos los géneros literarios: poesía, ensayo, narrativa y teatro. Identificado claramente con el peronismo, habiendo ocupado importantes cargos dentro del gobierno de Juan Domingo  Perón cuando la Dirección General de Cultura se transforma en Secretaría Leopoldo Marechal queda a cargo de la Dirección de Ensenanza Artística y militando activamente en la resistencia peronista, Leopoldo Marechal después de 1955 su presencia fue proscrita y por lo tanto desterrada de los manuales de literatura y de las librerías. Se llamaba a si mismo “el poeta depuesto” y lo fundamentaba: “En nuestra fauna sumergida existen hoy el Gobernante Depuesto, el Militar Depuesto, el Cura Depuesto, el Juez Depuesto, el Profesor Depuesto y el Cirujano Depuesto. No quedó aquí ningún hijo de madre sin deponer. -¿Y usted qué lugar ocupa en esa fauna? –me preguntó Megafón chisporroteante de malicia. –Soy el Poeta Depuesto –le confesé modestamente”.

viernes, 25 de octubre de 2019

LA DACTILÓGRAFA TUBERCULOSA de Nicolás Olivari.

La dactilógrafa tuberculosa. 
de Nicolás OLIVARI.
Esta doncella tísica y asexuada,

esta mujer de senos inapetentes,
-rosicler en los huesos de su cara granulada,
y ganchuda su israelita nariz ya transparente...

Esta pobre yegua flaca y trabajada,
con los dedos espátulas de tanto teclear,
esta pobre mujer invertebrada,
tiene que trabajar...

Esta pobre nena descuajeringada,
con sus ancas sutiles de alfiler,
tiene el alma tumefacta y rezagada
¡y se empeña en comer!

Yo la amé cuatro meses con los ojos,
con mis ojos de perro triste y vagabundo;
cuando le miraba los pómulos rojos,

¡qué dolor profundo!

Un día juntamos hombro a hombro nuestra desdicha;
vivimos dos meses en un cuchitril;
en su beso salivoso naufragó la dicha
y el ansia de vivir...

Una tarde sin historia, una tarde cualquiera,
murió clásicamente en un hospital.
(Bella burguesita que a mi lado pasas, cambia de acera,
porque voy a putear...).


Diego Arzeno más conocido como Nicolás Olivari nacido en Buenos Aires el 8 de septiembre de 1900.
Durante las décadas del 40 y del 50 se mostró coincidente con el peronismo, con la instauración de la dictadura autodenominada revolución Libertadora fue proscripto durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu y perseguido por sus ideas políticas junto con otros poetas y escritores como Leopoldo Marechal, Nicolás Olivari, Fermín Chávez, Arturo Jauretche, Zoilo Laguna, María Granata, Homero Manzi, etc. Se prohibió la lectura de sus libros en escuelas y se decretó la quema de sus obras.​
En 1962 fue uno de los miembros fundadores de la Academia Porteña del Lunfardo, institución de la que formó parte hasta el día de su muerte.
Publicó libros dedicados a la poesía, tales como "La Amada Infiel", libro de versos aparecido en 1924, "La Musa de la mala pata", "El gato escaldado", "Diez poemas sin poesías", "Los poemas rezagados" y "Pas de quatre".

También fue autor de la letra de algunos tangos: "Tengo Apuro", "Cuarenta Entradas", "La Violeta", etc.

Nicolás Olivari falleció el 22 de septiembre e 1966.