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lunes, 19 de septiembre de 2016

DIOS A LA UNA (Canción) de Daniel Altamirano.

Dios, desde la noche de mi ayer,
Dios, en el aroma que no hallé,
Dios, en la sonrisa que encontré,
Dios, haya en el niño que no fue.

Recitado
No sé en qué calle, me dirás: ¡buen día!,
¡Ahh... tanto tiempo que  no estamos juntos!.
Yo te diré: Estoy tan ocupado, últimamente.
¿Y si te arrimas esta noche a casa?,
así charlamos y cenamos juntos.

Dios, esta noche cenaremos juntos,
habrá buen vino y estará en la mesa
lo más querido de mi vida entera
y algún recuerdo que golpeó a mi puerta.

Dios, esta noche cenaremos juntos,
no tardes tanto que la vida pura
no tiene tiempo y partirá a la una.

Recitado
Sabes de mí, lo que de ti no supe nunca,
Tal vez no pregunté, o todos me engañaban.
Pero hoy sé que tu nombre me recuerda un milagro
que se ha quedado a obscuras en nuestro corazón.

Dios, esta noche cenaremos juntos,
no tardes tanto que la vida pura
no tiene tiempo y partirá a la una.
Dios, esta noche cenaremos juntos,
no tardes tanto que la vida pura
no tiene tiempo y partirá a la una.

Recitado
Dios, no te olvides, la mesa estará puesta
con flores, mantel blanco, y en la puerta
el barullo de los chicos jugando.
Dios, Dios espera, no te olvides
esta noche a la una.

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA OMA ES UNA MUJER.

"LA OMA" es un popular Chamamé que tiene "la marca" de "Los 4 de Córboba" con letra de Daniel Altamirano y música de Pedro Favini.
Oma significa abuela en alemán, en nuestra Argentina sobre todo en la mesopotamia o en la región chaqueña, a todas las abuelas de procedencia o descendencia alemana, polaca, suiza, húngara o ucraniana, se las llama así. Pero, una mujer, quedó inmortalizada como “La Oma” gracias una afamada canción del folclore popular argentino.

"LA OMA"
La Oma es una mujer
de setenta y pico de años
vive en el norte chaqueño
cerquita de San Bernardo.


Tiene los ojos azules
como el agua de los mares
porque vino de muy lejos
y al río le dio su sangre.

Hay que entrar por las picadas
para llegar a su rancho
de barro y apuntalao
con quebracho colorao
lleno de arboles el patio
y herramientos de trabajo
una volanta, un arao
y el paisaje del Chaco.
La Oma es feliz con poco
digamos mejor con nada
la Oma era rubia y se ve
que era linda alemana.

Que sola que esta la Oma
pero ella no piensa en nada
como pensar en la muerte
si la Oma es como un hada.

En su ranchito de barro
calienta a leña su pava
conversa con su lorito
que es con el único que habla.

Hay que entrar por las picadas.

Marta Hoffner de Rabe, "La Oma".
LA HISTORIA

Marta Hoffner, era brasileña, nació el 12 de octubre de 1907 y era la quinta hija de un matrimonio de alemanes, vivía en Santa Catalina un estado del sur de Brasil, fundado por alemanes y suizos. En ese lugar conoció a Armando Rabe, que había llegado desde Alemania a ese sitio junto a su familia, escapando de la guerra, en busca de paz y prosperidad. Pero para los Rabe la vida en Brasil fue difícil , por eso decidieron encaminarse al oeste, pasaron por Uruguayana, cruzaron el río Uruguay, anduvieron por Corrientes y continuaron con su trayecto, hasta que finalmente llegaron a Charata (San Bernardo) en la Provincia de Chaco, allí se establecieron y consiguieron buenos trabajos.
A pesar de todo lo bien que le iba, Armando Rabe, había dejado su amor, Marta Hoffner en Brasil. Ya habían pasado dos años desde la despedida y después de tanto tiempo volvieron a encontrarse, pues Marta, decidió emprender viaje hacía la tierra donde se encontraba Armando. Allí, en San Bernardo, se casaron y tuvieron tres hijos: Ana, Martín y Gerda.

LA OMA TRABAJADORA
Marta Hoffner de Rabe (La Oma) era muy trabajadora. Se dedicaba al cultivo de algodón y además realizaba todas las tareas del campo: sembró de todo, crío vacas, gallinas, aves de corral y chivos. En ese tiempo había muchas plagas, especialmente de langostas que devoraban todos los cultivos. Por eso para espantarlas hacían ruidos con latas y bolsas, porque no había venenos. Ella para transportarse usaba una volanta tirada por burros.
En la década del cincuenta, Armando decidió separarse de la La Oma y viajó a Buenos Aires junto a su hijo Martín. Las otras dos hijas, Ana y Gerda, se fueron del monte chaqueño. Ana tuvo como destino los Estados Unidos, mientras que Gerda consiguió trabajo como secretaria del doctor Esteban Alejandro Mauro (quien venía desde Mendoza a trabajar en Chaco). Gerda veía seguido a su madre Marta, pero igualmente La Oma pasaba gran parte de la semana sola en compañía de su entrañable amigo: el lorito Pedro.

Y UN DÍA SE HIZO HISTORIA Y CANCIÓN
La década del setenta fue muy importante para el folklore nacional. Los artistas de este género viajaban por todo el país dando a conocer su música. Por eso en 1975, el mendocino Daniel Altamirano llegó a San Bernardo junto a su grupo Los Altamirano compuesto por él y por sus dos hermanos Julio y Mario. En Chaco fueron a visitar a su coprovinciano el doctor Esteban Mauro. En uno de sus viajes, el doctor Mauro, le pidió a La Oma que prepare un chivito para agasajar al grupo. Así el 25 de mayo de 1975, el doctor Mauro y Los Altamirano recorrieron cinco kilómetros, pasando por picadas bordeadas de árboles hasta que llegaron al rancho de barro, apuntalado con quebracho colorado donde vivía La Oma.
Al regresar, Daniel Altamirano se sintió inspirado por la forma de vida de Marta y decidió componer un bello poema. Más tarde el compositor Pedro Favini (tucumano) integrante del Trío San Javier le añadió música con ritmo de chamamé y en el año 1977, el grupo Los 4 de Córdoba (integrado por Víctor Godoy, Héctor Pacheco, Eduardo Márquez y Américo Albornoz) estrenaron el tema, logrando un éxito rotundo y convirtiendo esta canción en una de las más populares del repertorio folklórico argentino.


AHÍ NO TERMINA LA HISTORIA
El año 1994, fue muy particular para Marta Hoffner de Rabe (La Oma). Ese año, el Congreso de la Nación la reconoció como mujer sobresaliente del año.
Pero como todos la Oma era mortal y el 19 de noviembre de 1994, a las 6:15 horas, con 87 años de edad, su vida finalizó. Sus restos descansan en el cementerio de San Bernardo.
Sin duda alguna, la sencillez, el esfuerzo y la voluntad de esta mujer, la dejaron grabada en la historia e inmortalizada en una canción. Como ella, existieron, existen y existirán muchas mujeres que dedican su vida al campo y que viven en ranchos humildes y muy acogedores. Aquí está este Chamamé llamado La Oma, para que lo puedan escuchar y disfrutar, en su versión más popular interpretada por "Los 4 de Córdoba"
Fuente de información:
http://www.raicesdelfolklore.com.ar/mitos-leyendas-y-creencias/600-la-oma.html

Daniel Altamirano sostiene: "Grande es esa alegría que veo brotar en el público cuando comienzo la canción diciendo: La Oma es una mujer/, de setenta y pico de años"....vive en el monte chaqueño,/ cerquita de San Bernardo./ Tiene los ojos azules,/ como el agua de los mares,/ porque vino de muy lejos/ y el cielo quedó en su sangre./ Hay que entrar por las picadas/ para llegar a su rancho,/ de barro y apuntalao/ con quebracho colorado./ Lleno de árboles el patio/ y herramientas de trabajo,/ una volanta, un arao/ y el paisaje de su Chaco./ La Oma es feliz con poco/ digamos que es mejor con nada,/ La Oma era rubia y se ve/ que era una linda alemana./ Que sola que está La Oma, pero ella no piensa en nada,/ como pensar en la muerte, si La Oma es como un hada./ En su ranchito de barro/, calienta a leña su pava,/ conversa con un lorito/, que es con el único que habla...

jueves, 25 de agosto de 2011

EL VIAJE DE MARADONA.



EL VIAJE DE MARADONA
Autor: Daniel Altamirano.

Dicen que viajaba a Salta
en el tren que llega a San Ramón de Orán
el que viene de Formosa
trayendo gente hasta Pirané.

Iba sumido en sus pensamientos
el hombre joven, el doctor aquel.

En Estanislao del Campo
sintió el llamado y bajó al andén
Y bajó al andén,
sin saber por quién.

Ella alumbraba, ella solita
dolor de vida alumbrándose.

El doctor con su pericia
tocó su vientre y nació un bebé
Y nació un niño, un niño hermoso
un niño indio y el tren se fue.

Y el tren se fue, dejándole,
dejándole en el andén
Y el tren se fue, dejándole
un Cristo solo en el andén.


"El Aníbal me decía, mirá… mirá che
un par de libros, hojas de yerba
un microscopio viejo, decime che
¡pucha que rico en voluntad era este hombre!
fijate vos, fijate che, con pocas cosas
hizo tanto bien,
Y yo recordé a Filipa que allá en Formosa
me decía él…Don Maradona un santo
un Cristo nuestro, cantale che
pa’ que los niños de nuestra patria
sepan que hay hombres nobles,
humildes, buenos ejemplos para seguir…
Y yo me digo, creo que el destino
sabe adónde, por qué y por quién
se detiene el tren ".


Esto me contó Venancio
el Intendente de Estanislao
y Los Menchos que tocaban
chamamé maceta y vea usted.

Y el tren se fue, dejándole
un Cristo solo en el andén.

Letra y música: Daniel Altamirano.


Esteban Laureano Maradona (1895-1995)
Nació el 4 de julio de 1895, en Esperanza, provincia de Santa Fe en Argentina.
Esteban Laureano Maradona fue un médico que no hizo otra cosa que cumplir con su tarea, con abnegación y una profunda vocación de servicio.
Obtuvo su título de médico en la Universidad de Buenos Aires, en 1926, con diploma de honor. Fue durante sus estudios, discípulo de Bernardo Houssay.
Hacia 1930, se radicó en Resistencia (Chaco), y hacia 1932 se alistó y trabajó como voluntario en el Hospital Naval de Asunción, durante la guerra del Chaco o "del petróleo".
Desde 1935, y durante 25 años, vivió en Estanislao del Campo, un pequeño pueblito en donde el tren que lo llevaba a Tucumán se detuvo a hacer un trasbordo de pasajeros, y donde se quedó a atender a una parturienta que se debatía por su vida y la de su hijo en un parto distóxico en medio del monte formoseño.
Durante todos esos años, Maradona no solo atendió a los nativos sino que también estudió sus costumbres e incorporó a sus conocimientos los de la medicina tradicional aborigen.
Murió en Rosario el 14 de enero de 1995 a los 99 años.
Fue el "Doctorcito Dios", el "Doctor Cataplasma", el "Doctorcito Esteban", el "médico de los pobres", como lo llamaban sus pacientes, con profundo amor y devoción.

“Asi viví muy sobriamente cincuenta y tres años en la selva – dijo poco antes de morir – hasta que el cuerpo me dijo basta. Un día me sentí morir y me empecé a despedir de los indios, con una mezcla de orgullo y felicidad, porque ya se vestían, se ponían zapatos, eran instruidos,
Creo que no hice ninguna otra cosa mas que cumplir con mi deber”



“…Hace mucho que por ello me dediqué a los estudios naturales; no me conformé con lo que dicen los que enseñan. Veía que llamaban avestruz al “ñandú” y tigre al “yaguareté”, y estos despropósitos lo dicen personas cultas de la alta sociedad.
Yo no creo de todo lo que se dice, porque lamentablemente tenemos un pueblo ineducado y aunque bien sé que no somos lo peor, siempre debemos aspirar a lo mejor…”