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martes, 22 de agosto de 2023

22 de agosto. Día Nacional del Folclore y Mundial del Folclore. Un cuento de Mamerto Menapace.

 Y he visto también otros grupos de hombres. Vinieron con todo lo poco que tenían, y algunos animales. Tenían muchas menos posibilidades que los ladrilleros y mucha menos ciencia que los sabios. Pero tenían una gran riqueza: tenían tiempo y cariño por la tierra.

Comenzaron por incendiar un trozo de pajonal. Ordenaron un pequeño trozo de paisaje y allí se instalaron para vivir. Traían semillas distintas, nuevas para ese paisaje viejo. Al principio todo pareció quedar igual, salvo los pequeño tablones de geografía cambiada. La presencia constante de aquellos hombres en diálogo continuo con la tierra, interpelándola por los abrojos, por la quínoa y el chamico.
Nuestros hombres no interpelaban a la tierra por lo visible de la tierra, por lo que la tierra mostraba. Interpelaban a la tierra por lo que en la tierra había de oculto. No se limitaron a recoger u organizar lo que encontraron en su superficie. La incendiaron, la roturaron, la recorrieron tranco a tranco sembrándola de semillas nuevas. Después supieron esperar. Esperaron vigilantes, carpiendo siempre el rebrote del paisaje viejo. Y lo que es importante: vivieron en la tierra; no se fueron de ella.
Eran hombres con fe en la tierra. Con un cariño profundo por la tierra. Sabía que la tierra tiene posibilidades muchísimo más ricas que aquello que puede dar cuando es dejada a sus solas fuerzas.
(...)
La tierra aceptó a estos hombres. Les devolvió con inmensa generosidad las semillas que ellos habían sembrado. Al tiempo comenzó a haber una identificación entre esos hombres y la tierra liberada.
Bajo un mismo sol, la tierra y los hombres comenzaron a tener la piel color trigal. Y cuando el hombre se acostó a dormir en el surco, la tierra se levantó a vivir en el alma de sus hijos.
Así cuentan que nació el folklore, con sus coplas.
Autor: Mamerto Menapace.
Los hombres y la tierra (fragmento). Del libro: La sal de la tierra de Mamerto Menapace. Editora Patria Grande.

martes, 26 de marzo de 2019

A Dios rogando... y con el mazo dando. Autor: Mamerto Menapace, osb.

A Dios rogando... y con el mazo dando.
Dice que Dios Nuestro Señor, una vez salió con sus ayudantes, como les dicen en el campo a los Apóstoles y volvió a su tierra. Quería ver como andaba aquello que Él había sabido dejar por acá. Iban por esos campos de Dios. Tiempo de la inundación. De repente se encontraron con un vasco, en esta zona hay muchos y el cuento esta dedicado a ellos. Un vasco, vamos a ser sinceros, medio renegado. Resulta que se le había empantanado el carro en medio de un lodazal grande (peludo le dicen acá). Estaba el vasco con el barro hasta el anca, cinchando la rueda. Bajaba a los santos y los volvía a subir, y decía muchas barbaridades. Entonces San Pedro miró al Señor y le dijo: “Señor, castíguelo!!”, “¿Como?” le pregunto el Señor, “Pedro, tanto tiempo de cristianismo y todavía no aprendiste hermano? ¿Como lo voy a castigar al pobre hombre?
Vayan todos a ayudarle a sacar el carro”. “Pero no escucho lo que dijo?” “Que importa lo que dijo! Lo importante es lo que hace! Vayan, vayan ayúdenlo”. Fue Pedro con todos los apóstoles y les fue fácil sacar el carro. El hombre parece que no agradeció mucho. Subió al carro y se fue. Siguieron andando y por ahí che, otro lodazal grande como el anterior y esta vez era un gringo quien se había atascado. El gringo, mas prolijito, estaba arriba del carro también empantanado hasta el eje. Pero, desde arriba del carro, el hombrecito se había puesto de rodillas y rezaba con mucha humildad: “Señor Dios, vos que sois bueno, ayúdame, sácame de esta realidad. Mándame a tus santos apóstoles y a los ángeles a que me ayuden y me saquen el carro de acá, y siguió rezando así.” San Pedro pregunto al Señor:”¿Vamos a ayudarle?”, “No” dijo el Señor. “No le ayuden nada”. “¿Como?” dijo Pedro. “Te digo que no hay que ayudarle, vamos, sigamos”. Y siguieron y lo dejaron en el barro. Claro, San Pedro se sentía autoridad en la Iglesia, pero tenía que hacerle caso al Señor. Por ahí, cuando estaban medio alejados, San Pedro dijo: “Disculpenos Señor, no es que yo lo quiera corregir a Ud., pero no entiendo que es lo que pasó”. “¿Cómo que no entienden que es lo que paso?”. “Si, al otro que era un renegado, que estaba tratando de sacar el carro, si nos mando que lo ayudáramos, y a este que puso toda la confianza en nosotros y nos rezaba y nos alababa, a él no pudimos ayudarlo”. “Justamente”, dijo el Señor “el otro hacía todo lo que el podía y por eso merecía ser ayudado. Este otro era un cómodo, quería que nosotros le solucionáramos todo. No señor !! Que se baje y que se embarre. Entonces le vamos a ayudar”. A Dios rogando, pero también dando. Yo creo que tenemos, hermanos, que hacer en la vida como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que en definitiva todo depende de Dios. Todo depende si llueve o si no llueve. Eso lo manda Dios. Hagamos como si todo dependiera de nosotros, pero sabiendo que todo depende de Dios. A Dios rogando y con el mazo dando...
Autor: Mamerto Menapace, osb.
Editora Patria Grande, Buenos Aires, Argentina.
Foto de sitio: Oleada Joven.

domingo, 30 de septiembre de 2012

DIOS RASTREADOR.

DIOS RASTREADOR.
Salmo Criollo 138/139.
Mamerto Menapace.
VOLVIENDO - MOLINA CAMPOS.


Vos, bichando me aguaitás
como puma en la espesura;
Vos conocés mi postura
y todos mis pensamientos,
si estoy despierto o durmiendo:
¡Rastreador de mis llanuras!
Antes de que abra yo el pico
ya conoces mis palabras,
como perrada que ladra
Vos me rodeas sin cesar:
yo jamás podré alcanzar
lo que a mi ciencia no cuadra.
¿Y ande dir, que no me sigas,
pa esconderme de tu vista?
Si ni el chajá te despista
con lo alto de su vuelo;
porque Vos desde tu cielo
no hay suceso al que no asistas.
Si le pido alas al viento
para volar hasta el mar
ni allí me podré ocultar
pues de tu lazo trenzado
ha de ser brujo el ganado
para poderse zafar.
Y si me hundo en la noche
pa esconderme en algún bajo
es unútil mi trabajo
porque pa Vos no hay tinieblas
y a la noche de más niebla
la cortás de un solo tajo.
Fuiste Vos quien me trenzó
en las entrañas maternas
y frente a tu ciencia eterna
yo me inclino y me recojo
pues ya estuve ante tus ojos
cuando era una sombra tierna.
Al grano hundido en el surco
Vos vigilás con esmero,
y en tu libro de estanciero
le tenés marcada fecha
en que habrá de dar cosecha
para principio de enero.
Imposibles de seguir
son las huellas de tu obrar,
y si las quiero contar
veo que como mis penas
son tantas como la arena
que arulla en su canto el mar.
Tirá nomás de la cincha
pa ver si aguanto el cimbrón;
si acaso mi corazón
se apartó de tu cariño,
yo te pido como un niño:
¡concedeme tu perdón!
MAMERTO MENAPACE.
Mamerto Menapace es su nombre de este monje benedictino nacido en en la región argentina del chaco santafesino. Su nombre Mamerto es por Fray Mamerto Esquiú.
Su nombre recibe cariñosas cargadas. En  la Argentina, suele designarse con el despectivo apodo de "mamerto", a alguien lento, tonto, poco despierto.En un encuentro entre el fallecido Dr. René Favaloro, Don Luis Landriscina y el monje benedictino Mamerto, en el Luna Park, acaecido el 8 de Diciembre de 1997, organizado con fines benéficos, en el cual también participó Eduardo Falú, el cual en un momento, dirigiéndose al padre Menapace le dice: "Mire que nombrecito le han puesto padre", y entre risas el chaqueño Luis Landriscina aclaró: "Mamerto, sí, pero no ejerce". Noveno de trece hermanos, monje benedictino del monasterio Santa María de Los Toldos desde el año 1952.