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domingo, 21 de julio de 2024

Paga de José Pedroni.


Paga 

de José Pedroni.

Mamá Angustia, en la puerta,
llora y da de mamar;
llora porque su hombre en la taberna
se está bebiendo el jornal.
 
No llores, mamá Angustia, que tu niño
bebe tu mal.
Míralo, en la luna de tu pecho,
dispuesto a lloriquear.
  
Yo iré, si tú lo quieres,
a buscar a tu Juan,
que ha perdido el camino de tus ojos
y no lo puede hallar.
Le diré que tu mesa ya está puesta
debajo del parral,
con su jarra de vino de Mendoza
y su redondo pan. . .
  
Pero que nunca llores en la puerta
cuando das de mamar;
nunca las dulces lunas de tu pecho
se hagan lunas de sal.



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José Pedroni nace en Gálvez, provincia de Santa Fé, la Argentina un 21 de septiembre de 1899- Fallece en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, la Argentina el 4 de febrero de 1968.
su lugar de residencia durante la mayor parte de su vida fue en la ciudad de Esperanzaprovincia de Santa Fé, la Argentina. ha sido considerado como la figura literaria máxima de la ciudad santafesina de Esperanza.

"Voy a decir quién soy: octavo en el orden de once nacimientos, vine al mundo en Gálvez, (Santa Fe) el 21 de septiembre de 1899. Allí hice mis primeras letras; allí permanecí hasta los trece años. En ese tiempo, el mejor de mi vida, se produce mi cuento donde hay algunos nombres - Juan, Ramón, Félix, Julián y Ercilia, mi dulce hermana - ; las ruinas de un iglesia que nunca llegó a techarse, una laguna llena de sanguijuelas chupadoras, un campo con pechirrojos, un tren que pasa y una mariposa que deposita en mi corazón el huevecillo que se resolvería después en verso un poco triste. Mi padre, constructor de cuchara en mano, a quien yo servía como peoncito en mis horas libres, solía encontrarme detrás de un montón de ladrillos tocando la serenata de mi soledad en un violín de dos palitos secos .... Otras veces su silbido me sorprendía escribiendo en la arena palabras inventadas, arte este de bajo precio al que finalmente me aficioné. Mi madre se llamaba Felisa, y era callada, propensa al llanto y muy hermosa. Mi padre, Don Gaspar, era menudo, nervioso, dominante y gran trabajador. Firmaba Pedroni Gaspare. A su nombre llegaba a nuestra casa un diario italiano que yo leía para él por las noches. Me decía que sabía hacerlo muy bien; pero no era cierto. Casi siempre mi padre se dormía sobre la mesa grande, tan cansado estaba. Mi madre lo sacudía, y él buscaba el lecho con paso vacilante. Yo aprovechaba para irme a dormir y hacia la noche me despertaba para llorar. Me curaron con una tijera abierta, puesta por Ercilia debajo de mi cama. Contábame ella después que aquella noche temblaba como una hoja. Un día me llevaron a Rosario para que estudiara. A los dieciocho años regresé al campo. Anduve por algunas colonias agrícolas. Con los cosecheros aprendí a cantar. A los veinte años aparece la mujer, una sola en mi vida. Conscripto y casado, llegamos con un hijo a Esperanza . Fui durante treinta y cinco años contador de una fábrica de arados. Jubilado, aquí estoy con sesenta y tantos años, cuatro hijos y nueve nietos. Eso es todo, y demostrativo de lo común de mi vida que no me separa de los demás. Con las palabras de Hugo respondo a la desilusión que pueda producir en algunos: “Insensato lector, ¿crees que yo no soy tú? ” He publicado doce libros de versos, donde el hombre en quien creo y a quien amo, participa de mi emoción y domina sobre el paisaje. El recuerdo del hombre dirá cuál es el mejor de mis poemas."

José Pedroni.

Publicado en Wikipedia,

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domingo, 5 de septiembre de 2021

CONFIDENCIA de José PEDRONI.


CONFIDENCIA 

de José PEDRONI.

En fragante mudanza el limonero
destaca tu rubor.
Tú no sabes, amiga, pero hueles
a limonero en flor.
En un tronco caído una avecilla
le hizo casa al amor.
Tú no sabes, amiga, pero anidas
lo mismo en mi dolor.
Del arroyo una fría pedrezuela
me trajo el pescador.
Guardé la piedra en mi cerrada mano,
y sentí su frescor.
La harina del molino me empolva el alma
la harina de tu amor.
En el monte encontramos uva crespa
y una flor y otra flor;
Cada flor con tu aroma y cada uva
con tu mismo sabor.
Con su fresco algodón venda la piedra
el musgo trepador.
También es como el musgo tu ternura
en mi piedra interior.
Por el camino baja suavemente
un lugareño son.
Así también, amiga, tu palabra
baja a mi corazón.

viernes, 2 de junio de 2017

EL GAUCHO de José Pedroni.

EL GAUCHO de José Pedroni.

Quisiera haber vivido mucho tiempo antes,
en nuestra hora prima, en nuestro día madre,
sólo para conocerte,
gaucho que cantabas con toda la sangre,
con todos los pájaros libres en la boca,
como ya no canta nadie,
nadie en el mundo, nadie, nadie.
Quisiera haber vivido en tu primer instante,
antes de la entrega de la pampa,
antes del encierro de los árboles.
Haber vivido en el alto mediodía de tu lance.
Haber corrido tu mañana, desandado tu tarde,
ambulado tu ocaso tras la voz del caracol del mate.
Río blando de boca, para orillar, errante,
y un puñal en el cielo, hecho de estrellas,
cada noche, al echarme.
Un puñal, una cruz, donde pensar en alguien.
Quisiera haber vivido en tu día grande,
el del rastreo de la libertad, la selva por delante.
Mía tu doma; mío tu duelo salvaje;
mío tu oído en la tierra;
míos tus ojos en las altas aves.
Haber tenido tu pulso para la sed, para el hambre.
En la boca sin miedo, ante el desierto,
tu grito penetrante.
Quisiera haber estado en todas las pulperías
junto a la guitarra amante
- voz, cintura y entrega de mujer entrañable-;
en todas las pulperías, sólo para esperarte;
sólo para abrirte cancha;
sólo para gritar ¡qué cante!, sólo para oírte cantar;
sólo para verte ir, libre, a cualquier parte:
la luna en tus virolas; en tu cuchillo el sol que nace;
en tu pañuelo al cuello, enjugada, la sangre.
Mía tu luz en la cara; mía tu esgrima en el aire;
mío tu numen; mío tu arte.
Antes del encierro de la aguada, donde,
entre junco y ave,
alguna vez te proyectó el ocaso, montado y con amante.
Antes del alambre con uñas, desgarrador de carnes.
Yo no tendría ahora este dolor cobarde.
Dormiríamos juntos, bajo la tierra madre.
¡Gaucho!
Gaucho que estás en todas partes, en la tierra,
en los árboles, en toda pisada de caballo,
en todo vuelo de ave...
¡Gaucho de la Cruz del Sur, sobre la pampa grande!
Las piernas entre ramas, los ojos anhelantes,
desmontados andamos de tu coraje,
sin cuchillo, sin lazo, por amarillas calles.
Viento ladrón de libertad y honra metido en los trigales.
¿Dónde la voz que diga "¡Por aquí!" en nuestra amarga tarde;
dónde la voz de valeroso rumbo que nos enanque
y el ala del sombrero otra vez nos levante?
Fuerza que se ha alejado de nosotros,
por el mañana, ¡hágase!.
Vénganos otra vez, ¡Oh gaucho!, tu coraje.
Vénganos tu conciencia del deber. Vénganos tu arranque.
Tu cuchillo de fuego. Tu altivez. Tu donaire.
Tu canto de jilguero. Tu baile.
Tu corazón de niño. Tu ángel.
¡Vénganos sobre el campo, por el aire!.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Parábolas del agua - José Pedroni.


1

El buey salió al camino, y en el lomo
le brillaba el sudor.
Seguido por su sombra, entró al arroyo
y bebió bajo el sol.
Bebió, metido el morro en la corriente,
con ruidosa fruición,
y después dio un mugido largo y fuerte
que el agua prolongó.
2

Sobre el ancho aguazal un ave blanca
bajó al anochecer;
perforó con el pico el agua clara,
y de nuevo se fue.
Pero al volar se le perdió una pluma
rosada en el envés,
que fue sobre el cristal de la laguna
su prenda de volver.
3

El tímido aguador de madrugada
la mula aparejó,
y anduvo mucho tiempo con el agua
de pastor a pastor.
Así, en una lomilla, al dar un tumbo
un piezgo se volcó;
y era de ver entonces el apuro
del tímido aguador.
Pero cuando, camino de su choza,
lo andado desandó,
halló en aquel lugar cien mariposas
posadas bajo el sol.

Amiga, buena amiga, dulce hermana
de la palabra fiel:
seamos en la vida como el agua,
que se deja beber.

martes, 2 de abril de 2013

LAS MALVINAS DE JOSÉ PEDRONI + JORGE CAFRUNE.


 

Tiene las alas salpicadas de islotes,
es nuestra bella del mar.
La Patria la contempla desde la costa madre
con un dolor que no se va.
Tiene las alas llenas de lunares,
lobo roquero es su guardián.
La patria la contempla.
Es un ángel sin sueño
la patria junto al mar.
Tiene el pecho de ave sobre la honda helada.
Ave caída es su igual.
El agua se levanta entre sus alas.
Quiere y no puede volar.
El pingüino la vela.
La gaviota le trae cartas de libertad.
Ella tiene sus ojos en sus canales fríos.
Ella está triste de esperar.
Como a mujer robada le quitaron el nombre:
lo arrojaron al mar.
Le dieron otro para que olvidara
que ella no sabe pronunciar.
El viento es suyo; el horizonte es suyo.
Sola, no quiere más,
sabe que un día volverá su hombre
con la bandera y el cantar.
Cautiva está y callada. Ella es la prisionera
que no pide ni da.
Su correo de amor es el ave que emigra.
La nieve que cae es su reloj de sal.
Hasta que el barco patrio no ancle entre sus alas,
ella se llama Soledad.


LAS MALVINAS de JOSÉ PEDRONI.
RECITA "UN GRANDE" JORGE CAFRUNE.
 

miércoles, 27 de julio de 2011

BICIPOEMAS.... La bicicleta con alas de José Pedroni (1.967).


BICIPOEMAS DE BARDA SUREÑA.


La bicicleta con alas
de José Pedroni
(1.967).

La bicicleta un día va a volar.
La bicicleta de todos.
Ya lo verán.
Le están saliendo las alas.
Son de verdad.

El niño quiere que vuele,
y volará.
El niño irá por el aire
a comprar el pan;
dará una vuelta al campanario
de paloma y cal.
El niño y la paloma
sobre la ciudad.
El niño acompañando al ganso blanco
Eso se verá.

Le están saliendo las alas.
Ven a mirar.
Mira como el lirio de los campos.
No pienses mal.

Las altas tienen miedo de algo.
Salen y vuelven a entrar.
Miedo de nosotros,
quizás.

Junto al caballo es que desciende el ánsar
crespuscular.
Cuando me ve,
se va.
¿Quién soy?
¿Por qué se va?

Tan pronto los hombres
ganen la paz,
la bicicleta de todos
volará.
La que duerme en la puerta de los cines
volará.
La del cartero
volará.
La de la reina Guillermina,
volará.
La mía -y tuya-
volará.
Por arriba del humo y los cables
me verás.

La bicicleta tendrá un solo nombre:
Libertad.
El ángel de las aguas
ya no se irá.

Calle ancha del cielo
para mirar.
Flores que nunca vimos,
aquí, allá.
Habrá tiempo para mirar.
Cuánto tiempo perdido,
¡ay!

Tán pronto los hombres
dejen de guerrear,
la bicicleta del mundo
volará.
Todos los pueblos tendrán un velódromo
donde los niños correrán.
De allí alzarán el vuelo.
Darán una vuelta sobre el mar.
Si no lo hubiera
sobre el trigal;
si no lo hubiera
irán donde lo haya y volverán.
Ir y volver
será como cantar.
Porque la bicicleta tendrá alas de verdad.
La del cartero, la de la reina Guillermina.
Nadie se caerá.

Todo es cuestión que los hombres
ganen la paz.



José Pedroni nacido con la primavera argentina del 21 de septiembre de 1899. Era hijo de Gaspar Pedroni y de Felisa Fantino, ambos inmigrantes piamonteses que vivían en la provincia de Santa Fé. Falleció en el año 1968 en Mar del Plata.