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sábado, 30 de mayo de 2026

Romance del prisionero. Anónimo. Siglo XV.

 


Romance del prisionero.

Por el mes era de mayo                              

cuando hace la calor,                    

cuando canta la calandria                           

y responde el ruiseñor,                              

cuando los enamorados              5           

van a servir al amor,                     

sino yo, triste cuitado,                 

que vivo en esta prisión,                            

que ni sé cuándo es de día,                       

ni cuándo las noches son,           10         

sino por una avecilla                     

que me cantaba al albor.                            

Matómela un ballestero                             

¡Dele Dios mal galardón!                            

Cabellos de mi cabeza   15         

lléganme al corvejón,                  

los cabellos de mi barba                             

por manteles tengo yo;                              

las uñas de las mis manos                          

por cuchillo tajador.       20         

Si lo hacía el buen rey,                 

hácelo como señor,                      

si lo hace el carcelero,                  

hácelo como traidor.                    

Mas quien ahora me diese         25         

un pájaro hablador,                      

siquiera fuese calandria,                            

o tordico, o ruiseñor,                   

criado fuese entre damas                          

y avezado a la razón,     30         

que me lleve una embajada                     

a mi esposa Leonor:                     

que me envíe una empanada,                 

no de trucha, ni salmón,                             

sino de una lima sorda  35         

y de un pico tajador:                    

la lima para los hierros                 

y el pico para el torreón.                            

Oídolo había el rey,                       

mandóle quitar la prisión.           40         

 

Autor: Anónimo.

(Siglo XV).

viernes, 11 de abril de 2025

ORACIÓN DE GRATITUD. Autor anónimo.


 ORACIÓN DE GRATITUD.

Es maravilloso Señor
tener los brazos abiertos
cuando hay tantos mutilados.
Mis ojos ven
cuando hay tantos
sin luz.
Mi voz canta
cuando hay tantos
que enmudecen.
Mis manos trabajan
cuando hay tantos
que mendigan.
Es maravilloso volver a casa
cuando hay tantos
que no tienen a dónde ir.
Es maravilloso amar, soñar,
cuando hay tantos que lloran,
odian,
y se revuelven en pesadillas.
Es maravilloso
tener un Dios en quién creer
cuando hay tantos
que no sienten
consuelo ni fe.
¡Es maravilloso Señor!
tener tan poco que pedir
y mucho que agradecer.
Autor: anónimo.
Visto en face de Jorge Castañeda.

jueves, 18 de julio de 2019

La creación de la tierra y el cielo. Autor: Anónimo.

La creación de la tierra y el cielo.


Dice el pueblo de los jíbaros que fue el bondadoso Yus quien creó la tierra. Pero esta, al principio, estaba completamente desnuda. Era necesario vestirla y la vistió con selva de árboles gigantes y plantas menores que iban a dar los más variados frutos.
Entre las ramas altas silbaba el viento solitario, unas veces como bestia salvaje, otras como pájaro llorón, y otras al modo del zumbido de las moscas. Entonces Yus dijo:
-¡Mi creación está todavía incompleta!… ¡Ahora corran cuadrúpedos y serpientes por el suelo! ¡Puéblense los árboles de pájaros cantores! ¡Vuelen y anden los insectos por donde quieran o puedan!
Y eso fue.
La tierra no estaba completa todavía. Algo más faltaba. Entonces Yus subió a la copa del árbol más alto llevando en su diestra una hermosa jarra de oro. Con sus ojos divinos contempló su obra y notó que la flora inmensa se moría de sed.
-¡Sean los ríos y los lagos! –dijo. Y volcó su jarra llena de agua milagrosa sobre el suelo; y los ríos y los lagos fueron.
Faltaba algo más. De algún rincón secreto sacó una tela finísima de color azul, la echó hacia la altura y, sopla que sopla, la extendió en una comba infinita cubriendo la tierra con el cielo.
-¡Sobre este firmamento brillarán el Sol, la Luna y las estrellas, y cruzará el río Nayanza -agregó-, para que, cuando desborde, llueva en la tierra!
Y eso fue.
Pero faltaba algo más. Faltaba el hombre, pues Yus no estaba satisfecho con las criaturas animales que creara. Eran incapaces de comprender las maravillas de su obra. Y así subió un día al cráter del volcán Sangay, llevándose una porción de barro del valle Upano. Al borde de esa descomunal boca de la montaña, modeló un muñeco que parecía un hombre. Luego, en la gran hornilla del coloso prendió fuego y puso a cocer la figura antropomorfa, obteniendo lo que quería. Le bastó solamente el soplo de su alegría para que el muñeco sea el mismísimo hombre pleno de vida e inteligencia, a quien Yus le regaló cuanto había creado antes, y además una compañera para que la raza jíbara se multiplique y pueble sus inmensos dominios.

martes, 16 de julio de 2019

Caperucita Roja - Anónimo: Cuentos folclóricos.

Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.
Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pajaritos, las ardillas…
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
-¿A dónde vas, niña? -le preguntó el lobo con su voz ronca.
-A casa de mi Abuelita -le dijo Caperucita.
“No está lejos”, pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: “El lobo se ha ido, pensó, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles”.
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.
El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.
La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
-Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
-Son para verte mejor -dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
-Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
-Son para oírte mejor -siguió diciendo el lobo.
-Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
-Son para… ¡comerte mejoooor! -y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!
Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.
Caperucita Roja (en francésLe Petit Chaperon rouge; en alemánRotkäppchen) es un cuento de hadas de transmisión oral, difundido por gran parte de Europa, que luego se ha plasmado en diferentes escritos; llamado así por el hecho de que la protagonista lleva puesta siempre una caperuza de color rojo. El relato marca un claro contraste entre el poblado seguro, y el bosque peligroso; una contraposición habitual en el mundo medieval (Wikipedia).