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domingo, 23 de marzo de 2025

QUERERTE COMO TE QUIERO. Rafael de León. Poeta español.


QUERERTE COMO TE QUIERO
.

Mira cómo se me pone

la piel cuando te recuerdo.

Por la garganta me sube

un río de sangre fresco

de la herida que atraviesa

de parte a parte mi cuerpo.

Tengo clavos en las manos

y cuchillos en los dedos

y en mi sien una corona

hecha de alfileres negros.

Mira cómo se me pone

la piel cada vez que me acuerdo

que soy un hombre casao

y sin embargo, te quiero.

Entre tu casa y mi casa

hay un muro de silencio,

de ortigas y de chumberas,

de cal, de arena, de viento,

de madreselvas oscuras

y de vidrios en acecho.

Un muro para que nunca

lo pueda saltar el pueblo,

que anda rondando la llave

que guarda nuestro secreto.

¡Y yo sé bien que me quieres!

¡Y tú sabes que te quiero!

Y lo sabemos los dos

y nadie puede saberlo.

Salgo de mi casa al campo

solo con tu pensamiento,

para acariciar a solas

la tela de aquel pañuelo

que se te cayó un domingo

cuando venías del pueblo

y que no te he dicho nunca,

mi vida, que yo lo tengo.

Y lo estrujo entre mis manos

lo mismo que un limón nuevo,

y miro tus iniciales

y las repito en silencio

para que ni el campo sepa

lo que yo te estoy queriendo.

Ayer, en la Plaza Nueva,

-vida, no vuelvas a hacerlo-

te vi besar a mi niño,

a mi niño el más pequeño,

y cómo lo besarías

-¡ay, Virgen de los Remedios!-

que fue la primera vez

que a mí me diste un beso.

Llegué corriendo a mi casa,

alcé a mi niño del suelo

y sin que nadie me viera,

como un ladrón en acecho,

en su cara de amapola

mordió mi boca tu beso.

¡Ay, qué alegría y qué pena

quererte como te quiero!

Mira, pase lo que pase,

aunque se hunda el firmamento,

aunque tu nombre y el mío

lo pisoteen por el suelo,

y aunque la tierra se abra

y aun cuando lo sepa el pueblo

y ponga nuestra bandera

de amor a los cuatro vientos,

sígue queriendome así,

tormento de mis tormentos.

¡Ay, qué alegría y qué pena

quererte como te quiero!

Rafael de León

Poeta español.

Rafael de León y Arias de Saavedra, VIII marqués del Valle de la Reina, y IX conde de Gómara (Sevilla, 6 de febrero de 1908-Madrid, 9 de diciembre de 1982), fue un poeta español de la Generación del 27.

Fue el primogénito de José de León y Manjón, VII marqués del Valle de la Reina, y de María Justa Arias de Saavedra y Pérez de Vargas, VI marquesa del Moscoso y VII condesa de Gómara. Con ocho años es internado en el prestigioso colegio jesuita del Puerto de Santa María, donde coincidirá con Rafael Alberti. Después pasará por el también jesuita colegio de El Palo, en Málaga, y por los salesianos de Utrera. En 1926 inicia la carrera de Derecho en la Universidad de Granada, donde conocerá a Federico García Lorca.

Al producirse la guerra civil española Rafael de León se encontraba en Barcelona y allí es encarcelado por parte de las autoridades republicanas debido a su origen aristocrático.

En la cárcel declarará tener una buena amistad con destacados poetas republicanos como León Felipe, Federico García Lorca y Antonio Machado.

Escribió para los cantantes Nino Bravo, Raphael, Rocío Dúrcal, Rocío Jurado, Isabel Pantoja y especialmente a Carmen Sevilla; canciones escritas por él fueron presentadas en el afamado Festival de la Canción de Benidorm, obteniendo el primer premio en la 3.ª edición (año 1961) la canción titulada "Enamorada", con letra de Rafael de León y música de Augusto Alguero, popularizada posteriormente por la cantante Carmen Sevilla.

*** Datos textual pertenecen a Wikipedia.

lunes, 9 de diciembre de 2024

La rosa y el viento de Rafael de León.-

En la Alhambra había una rosa más bonita que ninguna,
La blancura de las fuentes envidiaba su blancura,
De noche cuando la Alhambra se iba vistiendo de luna
Bajaba el viento a Granada en busca de su hermosura.

La rosa se distraía oyendo los surtidores,
Mientras el viento gemía de amor en los miradores.

Ay mi rosa de la Alhambra, rosa de la morería,
Haré lo que tú me mandes con tal  de que seas mía.
Manda a repicar campanas que yo las repicaré
Manda que se seque el Darro y no volverá a correr.
Pero por amor de Dios,
Pero por amor de Dios,
No mandes que no te quiera porque eso no puedo yo.

Pasó la Reina una tarde a la verita de la rosa,
Si la rosa era de nieve, la reina era ma hermosa,
Y cortándola del tallo con mano de terciopelo
Con un alfiler de plata la prendió sobre su pelo.
Y por la noche la Alhambra mientras la rosa moría,
Llorando en los arrayanes el viento triste decía.

Ay mi rosa de la Alhambra, rosa de la morería,
Haré lo que tú me mandes contar de que seas mía.
Manda a repicar campanas que yo las repicaré
Manda que se seque el Darro y no volverá a correr.
Pero por amor de Dios,
Pero por amor de Dios,
No mandes que no te quiera porque eso no puedo yo.

Rafael de León y Arias de Saavedra, Conde de Gómara, Marqués del Moscoso y Marqués del Valle de la Reina, nació en Sevilla, el 6 de febrero de 1908.
Poeta de la Generación del '27, sobre todo conocido fuera de su tierra por las letras de un sinfín de de letras de coplas que creó junto a Antonio Quintero y Manuel Quiroga, teniendo registradas entre los tres, más de cinco mil canciones.
Murió en Madrid, el 9 de diciembre de 1982.

sábado, 9 de diciembre de 2023

Necesito de de tí - Rafael de León.


Necesito de ti, de tu presencia,
de tu alegre locura enamorada.
No soporto que agobie mi morada
la penumbra sin labios de tu ausencia.

Necesito de ti, de tu clemencia,
de la furia de luz de tu mirada;
esa roja y tremenda llamarada
que me impones, amor, de penitencia.

Necesito tus riendas de cordura
y aunque a veces tu orgullo me torturan
de mi puesto de amante no dimito.

Necesito la miel de tu ternura,
el metal de tu voz, tu calentura.
Necesito de ti, te necesito.

Rafael de León y Arias de Saavedra, nació un jueves 6 de febrero de 1908 en Sevilla. De ningún poeta español han sido tan recitadas sus poesías y tan cantadas las letras de sus canciones. Falleció eL 9 de diciembre de 1982, con 74 años, en su piso madrileño situado frente al Retiro.

lunes, 13 de julio de 2020

ASÍ TE QUIERO de Rafael de León.


   











ASÍ TE QUIERO.

A Conchita Piquer
El día trece de julio
yo me tropecé contigo.
Las campanas de mi frente,
amargas de bronce antiguo,
dieron al viento tu nombre
en repique de delirio.
Mi corazón de madera
muerto de flor y de nidos,
floreció en un verde nuevo
de naranjos y de gritos,
y por mi sangre corrió
un toro de escalofrío,
que me dejó traspasado
en la plaza del suspiro.
¡Ay trece, trece de julio,
cuando me encontré contigo!
¡Ay, tus ojos de manzana
y tus labios de cuchillo
y las nueve, nueve letras
de tu nombre sobre el mío
que borraron diferencias
de linaje y apellido!
¡Bendita sea la madre,
la madre que te ha parido,
porque sólo te parió
para darme a mí un jacinto,
y se quedó sin jardines
porque yo tuviera el mío!
¿Quieres que me abra las venas
para ver si doy contigo?
¡Pídemelo y al momento
seré un clavel amarillo!
¿Quieres que vaya descalzo
llamando por los postigos?
¡Dímelo y no habrá aldabón
que no responda a mi brío!
¿Quieres que cuente la arena
de los arroyos más finos?
Haré lo que se te antoje,
lo que mande tu capricho,
que es mi corazón cometa
y está en tu mano el ovillo;
que es mi sinrazón campana
y tu voluntad sonido.
Nunca quise a nadie así;
voy borracho de cariño,
desnudo de conveniencias
y abroquelado de ritmos
como un Quijote de luna
con armadura de lirios.
Te quiero de madrugada,
cuando la noche y el trigo
hablan de amor a la sombra
morena de los olivos;
cuando se callan los niños
y las mocitas esperan
en los balcones dormidos;
te quiero siempre: mañana,
tarde, noche... ¡por los siglos,
de los siglos! ¡Amén! Te
querré constante y sumiso,
y cuando ya me haya muerto
antes que llegue tu olvido,
por la savia de un ciprés
subiré delgado y lírico,
hecho solamente voz
para decirte en un grito:
¡Te quiero! ¡Te quiero muerto
igual que te quise vivo!

sábado, 10 de marzo de 2018

Poema LA PROFECÍA de Rafael de León.

Versión Modificada
Me lo contaron ayer,
las lenguas de doble filo,
que te casaste hace un mes…
Y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera, en mi caso,
se hubiera echado a llorar;
yo, cruzándome de brazos,
dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro,
ni de enredarme a maldiciones,
ni de apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casado? ¡Buena suerte!
Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre
que no te guardo rencor.
Porque sin ser tu marido
ni tu novio, ni tu amante,
soy el que más te ha querido:
y con, ¡¡con eso tengo bastante!!
Y haciendo un poco de historia nos volveremos a atras
Para recordar las glorias de mis dias de chaval
¿Qué tiene el niño, Manuela?
que anda como trastornado;
le noto cara de pena
y el colorcillo quebrado.
Ya no juega a la pelota,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose por el nido.
¿No te parece a ti extraño?
¿No es cosa muy rara
que un chaval de doce años
tenga tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo,
y andas demasiado tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujer, vigila…
Y fueron dos centinelas
los ojillos de mi madre.
Cuando sale de la escuela
se va pa los olivares.
¿Y qué es lo que busca allí?
Una niña,
tendrá el mismo tiempo que él.
José Manuel, no le riñas,
que está aprendiendo a querer.
Mi padre encendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre,
y te compró unos zarcillos,
y a mí, a mi un pantalón de hombre.
Yo no te dije te adoro,
pero amarré a tu balcón
mi lazo de seda y oro
de primera comunión.
Y tú, fina y orgullosa,
me ofreciste en recompensa
la cinta color de rosa
que engalanaba tu trenza.
Voy a misa con mis primos.
Bueno; te veré en la ermita.
¡Y qué serios nos pusimos
al darte el agua bendita!
De vuelta, en el campanario,
cuando rompimos a hablar:
dice mi tíita Rosario
que la cigüeña es sagrada…
Y el colorín y la fuente,
y el rocío, y el bronce
de esta campana y el
romero de los montes,
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río.
Y aquella cinta lejana
que llamea en el horizonte.
¡Todo es sagrado! cielo y tierra,
porque todo lo hizo Dios.
¿Qué te gusta más?
Tu pelo.
¡Qué bonito le salió!
y tus manos redonditas,
y tus pies, fingiendo el paso
de las palomas zuritas.
Con la pureza del copo
de nieve te comparé.
Te revestí de piropos
de la cabeza a los pies.
Te hice un ramo
de pitiminí precioso,
y luego nos retratamos
en las agüitas del pozo.
¿En qué piensas?
En darte un beso.
Y sentí una vergüenza
que me caló hasta los huesos.
De noche, muertos de luna,
nos vimos en la ventana.
shh calla!mi hermanillo está en la cuna;
le estoy cantando la nana.
Y mientras tú le cantabas,
yo inocente, pensé
que la nana nos casaba
como marido y mujer.
¡Pamplinas, figuraciones
que inventan los chavales!
Después la vida se impone:
tanto tienes, tanto vales…
Por eso yo, al enterarme
que llevas un mes casáda,
no dije que iba a matarme
sino… ¡que me daba igual!
Mas, como es rico tu dueño,
te vendo esta profecía;
tú, cada noche, en tus sueños,
soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que tu boca me besó
y te llamarás ¡cobarde!
como te lo llamo yo.
Y verás, sueña, que sueña,
que me morí siendo chico
que se llevó una cigüeña
mi corazón en el pico…
Pensarás: No es cierto nada;
yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá a la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marído
ni tu novio, ni tu amante,
sino… ¡el que más te ha querído!
y con eso..¡¡Con eso tengo bastante!!
por lo demas, todo se olvida,
veras como dios te envia
un hijo como una estrella,
avisamelo enseguida,
me servira de alegria
cantarle la nana aquella!!
Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi madre no quiere
ni yo tampoco.
Pensarás: No es cierto nada;
yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá, pero allá en la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marído,
ni tu novio, ni tu amante,
sino… ¡el que más te ha querído!
y con eso..¡¡Con eso tengo bastante!!

Versión Original
«Y me bendijo a mi mare;
y me bendijo a mi mare.
Diez séntimos le di a un pobre
y me bendijo a mi mare.
¡Ay! qué limosna tan chiquita,
qué recompensa tan grande.
¡Qué limosna tan chiquita,
qué recompensa tan grande!»
¿A dónde vas tan deprisa
sin desirme ni ¡con Dió!?
Me puedes mirá de frente,
que estoy enterao de tó.
Me lo contaron ayer
las lenguas de doble filo,
que te casaste hase un mé
y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera en mi caso,
se hubiera echao a llorá,
yo, crusándome de brasos
dije que me daba iguá.
Y ná de pegarme un tiro
ni liarme a mardisiones
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus barcones.
¿Que t’has casao? ¡Buena suerte!
Vive sien años contenta
y a la hora de la muerte,
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los artares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi mare
que no te guardo rencor.
Porque sin sé tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
yo fui quien más t’ha querío,
con eso tengo bastante.
* * *
—¿Qué tiene er niño, Malena?
Anda como trastornao,
tié la carilla de pena
y el colorsillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destrosa la ropa
subiéndose a coger níos.
¿No te parese a ti extraño,
no ves una cosa rara
que un chaval de dose años
lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo
y estás demasiao tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigilia, mujé, ¡vigila!
Y fueron dos sentinela
los ojitos de mi mare.
—Cuando sale de la escuela
se va pa los olivare.
—Y ¿qué busca allí? —Una niña,
tendrá el mismo tiempo que él.
José Migué, no le riñas,
que está empesando a queré.
Mi pare ensendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre,
te regaló unos sarsillos
y a mí un pantalón de hombre.
Yo no te dije «te adoro»
pero amarré en tu barcón
mi laso de seda y oro
de primera comunión.
Y tú, fina y orgullosa,
me ofresiste en recompensa
dos sintas color de rosa
que engalanaban tus trensas.
—Voy a misa con mis primos.
—Bueno, te veré en la hermita.
Y qué serios nos pusimos
al darte el agua bendita.
Mas luego en el campanario,
cuando rompimos a hablar:
—Dise mi tita Rosario
que la sigüeña es sagrá,
y el colorín, y la fuente,
y las flores, y el rosío,
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río;
y el bronse de esta campana,
y el romero de los montes,
y aquella línea lejana
que la llaman… ¡horisonte!
¡Todo es sagrao: tierra y sielo
porque así lo quiso Dió!
¿Qué te gusta más? —Tu pelo.
¡Qué bonito me salió!
—Pues, ¿y tu boca, y tus brasos,
y tus manos reonditas,
y tus pies fingiendo el paso
de las palomas suritas?
Con la puresa de un copo
de nieve te comparé;
te revestí de piropos
de la cabesa a los pié.
A la vuerta te hise un ramo
de pitiminí,presioso
y a luego nos retratamos
en las agüitas de un poso.
Y hablando de estas pamplinas
que inventan las criaturas,
llegamos hasta tu esquina
cogíos por la sintura.
Yo te pregunté: —¿En qué piensas?
Tú dijiste: —En darte un beso.
Y yo sentí una vergüensa
que me caló hasta los huesos.
De noche, muertos de luna,
nos vimos por la ventana.
—¡Chssss! Mi hermaniyo está en la cuna,
le estoy cantando la nana.
«Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi mare no quiere
ni yo tampoco».
Y mientras que tú cantabas
yo, inosente me pensé
que nos casaba la luna
como a marío y mujé.
¡Pamplinas! ¡Figurasiones
que se inventan los chavales!
Después la vida se impone:
tanto tienes, tanto vales;
por eso, yo al enterarme
que llevas un mes casá,
no dije que iba a matarme,
sino que me daba iguá.
Mas como es rico tu dueño,
te vendo esta profesía:
tú, por la noche, entre sueños
soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que mi boca te besó
y te llamarás «¡cobarde!»
como te lo llamo yo.
Y verás, sueña que sueña,
que me morí siendo chico
y se llevó la sigüeña
mi corasón en su pico.
Pensarás: «no es sierto ná,
yo sé que lo estoy soñando»;
pero allá en la madrugá
te despertarás llorando,
por el que no es tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querío.
Con eso tengo bastante.
Por lo demás, tó se orvía.
Verás cómo Dios te manda
un hijo como una estrella;
avísame de seguía,
me servirá de alegría
cantarle la nana aquella:
«Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi mare no quiere
ni yo tampoco».
Pensarás: «no es sierto ná,
yo sé que lo estoy soñando».
Pero allá en la madrugá
te despertarás llorando.
Porque sin sé tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
yo soy… quien más t’ha querío…
¡Con eso tengo bastante!

Encontrado en 

sábado, 16 de septiembre de 2017

La niña de Puerta Oscura de Rafael de León.

La niña de Puerta Oscura
se dio de cara con él,
los ojos de calentura,
la boca como un clavel.

¿A dónde vas, niña hermosa?
¿A dónde vas por aquí?
Estoy buscando una rosa,
la rosa del mes de abril.

Y al verla ponerse como una amapola,
Manolo Centeno le dijo a la Lola:

Limonar,
en medio del Limonar, Limonar,
de conchas y caracolas
le voy a hacer a mi Lola
una casa de coral.
Limonar, Limonar
y que de noche las olas
con verde bata de cola
le bailen por soleá.

La niña de Puerta Oscura
a verlo no ha vuelto más
y Málaga la murmura
del Palo hasta el Limonar.

¡Qué pena, Manuel Centeno,
que no quieras tú venir
a ver este clavel moreno
que le ha nacido de ti!

Bordando pañales pa su criatura
lloraba a canales la de Puerta Oscura.

domingo, 5 de marzo de 2017

AUTO DE FÉ - RAFAEL DE LEÓN.

AUTO DE FÉ - RAFAEL DE LEÓN.

Esta noche de agosto he quemado tus cartas.
¡Ocho años de agosto de vida apasionada!
Mi corazón ardía en medio de las llamas,
rodeado de fechas, ¡cenizas de mi alma!
Los abrazos crujían, los besos se quejaban,
y los dulces “¡te quiero!” de tinta y de esperanza,
en una pirueta de fuego, se rizaban.

Como una serpentina, tu nombre se alargaba,
y era un puente la firma sobre un río de brasas que,
silenciosamente, sin voz, se desplomaba.

Esta noche de agosto he quemado tus cartas.

¡Ocho años de vida apasionada!

Rafael de León, es el nombre artístico que tuvo Rafael de León y Arias de Saavedra.
Nació un jueves 6 de febrero de 1908 en Sevilla (España), , en el seno de una aristocrática familia de terratenientes andaluces. Fue el primogénito de José de León y Manjón, VII marqués del Valle de la Reina, y de María Justa Arias de Saavedra y Pérez de Vargas, VI marquesa del Moscoso y VII condesa de Gómara.
En 1916 ingresó en el internado del colegio jesuita "San Luis Gonzaga", del Puerto de Santa María, donde coincidió con Rafael Alberti, y en el que años antes estudió Juan Ramón Jiménez.
Al producirse la Guerra Civil Española Rafael de León se encontraba en Barcelona y allí es encarcelado por parte de las autoridades republicanas debido a su origen aristocrático.
En la cárcel declarará tener una buena amistad con destacados poetas republicanos como León Felipe, Federico García Lorca y Antonio Machado.
De ningún poeta español de este siglo que acaba, han sido tan recitadas sus poesías y tan cantadas las letras de sus canciones. Fue el letrista de algunas de las más célebres canciones populares españolas del siglo XX, como Tatuaje, Ojos verdes, A ciegas, A la lima y al limón ¡Ay pena, penita, pena!, María de la O, Con divisa verde y oro.
Hacia el final de su dilatada carrera de letrista, escribió para los cantantes Nino Bravo, Raphael, Rocío Dúrcal, Rocío Jurado o Isabel Pantoja; canciones escritas por él fueron presentadas en el afamado Festival de la Canción de Benidorm.
Falleció en 1982, con 74 años, en su piso madrileño situado frente al Retiro.


Coplas del querer (Rafael de León - Manuel Quiroga - Juan Solano - Basilio García Cabello - Ricardo Freire).

Dime que me quieres, dímelo por Dios,
aunque no lo sientas,
aunque sea mentira,
pero dímelo.
Dímelo bajito,
se te hará más fácil decírmelo así,
y el "te quiero" tuyo será "pa" mis penas
lo mismo que lluvia de mayo y abril.
Ten misericordia de mi corazón.
Dime que me quieres, dímelo por Dios.

Te quiero más que a mi "vía".
Te quiero más que a mis ojos.
Más que al aire que respiro
y más que a la "mare" mía.
Que se me paren los pulsos si te dejo de querer,
que las campanas me doblen si te falto alguna vez.
Eres mi "vía" y mi muerte.
¡Te lo juro compañero!
No debía de quererte y sin embargo te quiero.

Vino amargo que no da alegría,
aunque me emborrache no la puedo olvidar,
porque la recuerdo dame vino amargo,
que amargue, que amargue,
"pa" quererla más.

Esta pena mía
me está apuñalando de noche y de día.
Esta pena mía
si me encuentro solo me da compañía.
Si ve que estoy triste se vuelve alegría.
Si ve que me pierdo me sirve de guía.
Se que me atormenta y es una agonía,
pero estoy contento con la pena mía.

domingo, 22 de enero de 2017

MARÍA DE LA O - Rafael de León.


MARÍA DE LA O.
Para mis manos tumbagas,        
para mis caprichos monea         
y para mi cuerpo lucirlo               
mantones bordaos, vestidos de sea.    
La luna que yo pía          
la luna que me dan.      
Que para eso mi payo "abiya más parné"           
que tiene un sultán.     
¡Envidio tu suerte!        
- me dicen algunas al verme lucí -,         
y no saben, "probes",  
la envidia que ellas me causan a mí.      
¡María de la O!
Que desgraciadita, gitana tu eres           
teniéndolo todo.            
Te quieres reí, 
y hasta los ojitos los tienes moraos       
de tanto sufrí.  
Maldito "parné"             
que por su culpita dejaste al gitano       
que fue tu querer.        
Castigo de Dios
Castigo de Dios
es la crucecita que llevas a cuesta          
María de la O    
Para su sé fui el agua    
para su frío candela       
y para sus besos amantes          
dejé entre sus brazos, mis carnes morenas.     
Querer como aquel nuestro     
no hay en el mundo dos;            
¡maldito dinero que así de su vera         
a mí me apartó!              
¡Serás más que reina!  
- me dijo a mí el payo y yo lo creí;           
mi vía y mi oro 
daría yo ahora por ser lo que fui.             

jueves, 17 de abril de 2014

Y sin embargo te quiero - Rafael de León.

Y sin embargo te quiero.
RAFAEL DE LEÓN.

Me lo dijeron mil veces,
mas yo nunca quise poner atención.

Cuando vinieron los llantos

ya estabas muy dentro de mi corazón.


Te esperaba hasta muy tarde,

ningún reproche te hacía;

lo más que te preguntaba
era que si me querías.



Y, bajo tus besos,

en la madrugá,

sin que tú notaras la cruz de mi angustia
solía cantar:



Te quiero más que a mis ojos,

te quiero más que a mi vida,

más que al aire que respiro
y más que a la madre mía.



Que se me paren los pulsos

si te dejo de querer,

que las campanas me doblen
si te falto alguna vez.



Eres mi vida y mi muerte,

te lo juro, compañero;

no debía de quererte,
no debía de quererte
y sin embargo te quiero.



Vives con unas y con otras

y na se te importa de mi soledad;

sabes que tienes un hijo
y ni el apellido le vienes a dar.



Llorando junto a la cuna

me dan las claras del día.

Mi niño no tiene padre
¡Qué pena de suerte mía!



Anda, rey de España,

vamos a dormir,

y, sin darme cuenta, en vez de la nana
yo le canto así:

Te quiero más que a mis ojos,
te quiero más que a mi vida,
más que al aire que respiro
y más que a la madre mía.

Que se me paren los pulsos
si te dejo de querer,
que las campanas me doblen
si te falto alguna vez.

Eres mi vida y mi muerte,
te lo juro, compañero;
no debía de quererte,
no debía de quererte

y sin embargo te quiero.

Que se me paren los pulsos
si te dejo de querer,
que las campanas me doblen
si te falto alguna vez.

Eres mi vida y mi muerte,
te lo juro, compañero;
no debía de quererte,
no debía de quererte

y sin embargo te quiero.