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jueves, 4 de diciembre de 2025

Taxis de ficción: de Travis Bickle de De Niro a Rolando Rivas de García Satur. Por Néstor Tkaczek.

 El mundo del taxi está inmortalizado en aquella película de Scorsese: “Taxi driver”; y la televisión argentina lo hizo con la teleserie más exitosa de su historia: “Rolando Rivas, taxista”, en la que el tachero giraba por la ciudad en un mítico Siam Di Tella. 

Por Néstor Tkaczek.

El legendario Siam Di Tella que manejaba Rolando Rivas en la inolvidable telenovela.

Virgilio no es solo el poeta inmortal de la “Eneida”, al parecer fue el primero que puso por escrito la idea de un vehículo que podían usar en Roma aquellas personas con discapacidad. Con el tiempo se utilizaron los carruajes de alquiler con diferentes tarifas para ir de un punto a otro de las cada vez más populosas urbes. Generalmente su parada era en las plazas. Sobre el reemplazo de estos coches de transporte por el automóvil, hay una obra emblemática del teatro argentino: “Mateo” de A. Discépolo. Gracias a la popularidad de esta pieza teatral, a muchas de estas carretelas (hoy dedicadas a pasear turistas) se les llama “mateos”. Se sabe que el primer taxi tal como hoy lo conocemos circuló en París y fue inventado por el fabricante de autos, Louis Renault, quien lanzó unos pequeños coches dotados de taxímetros (medidores de tarifas) para ser alquilados en diferentes paradas de la capital francesa. 

Hoy el taxi es un componente esencial de la vida cotidiana y forma parte de las señas identitarias de las ciudades. Es impensable ver imágenes de Buenos Aires sin esos autos amarillos y negros, o los verdes y blancos del D. F. mexicano, o los amarillos de tantas películas en Nueva York. 

El cine repite una toma ya emblemática, la del personaje que ingresa apresurado y ordena “siga a ese auto”. El mundo del taxi está inmortalizado en aquella película de Scorsese: “Taxi driver”; y la televisión argentina lo hizo con la teleserie más exitosa de su historia: “Rolando Rivas, taxista”, en la que el tachero giraba por la ciudad en un mítico Siam Di Tella. 

En mi pueblo el color de los taxis siempre fue variopinto. La memoria me lleva a una entrañable garita (hoy ya desaparecida) ubicada en pleno centro y estacionados allí, el Falcon Blanco de Suárez, el azul de Matus, creo que otro blanco de Olguín y el 404 celeste de Sanz, al que todos conocían como “el zorzal”. El reloj era a “ojímetro”, aunque nadie cuestionaba sus tarifas. Recuerdo que eran hombres grandes; y los vi hacerse más grandes aun junto a sus autos que lentamente fueron mostrando el óxido del tiempo en las carrocerías hasta desaparecer. 

Publicado en Diario Río Negro.

11/12/2022.

https://www.rionegro.com.ar/espectaculos/taxis-de-ficcion-de-travis-bickle-de-de-niro-a-rolando-rivas-de-garcia-satur-2638537/

miércoles, 30 de noviembre de 2022

El destino en la literatura por Néstor Tkaczek.-

El destino en la literatura 
por Néstor Tkaczek.


La vida como un tren que se mantiene firme en unos rieles ya predeterminados y de los cuales es imposible salirse es una metáfora muy usada para visualizar la idea de destino como una mano férrea que nos transporta a donde ella quiere, independiente de nuestra voluntad.
En la obra del gran intelectual iraní Omar Khayyam (siglos XI y XII) el destino es ni más ni menos que la voluntad de Alá. Él, sospecho, es el creador de la metáfora de la vida como un juego de ajedrez. “Todo es un tablero de ajedrez de noches y días, donde el destino, con hombres como piezas, juega: Acá y acullá mueve, y da jaque mate y mata, y uno por uno, vuelve a ponerlos en la caja”. En otros textos el destino aparece con nombre propio: “He aquí la única verdad. Somos los peones de la misteriosa partida de ajedrez que juega Alá. Él nos mueve, nos detiene, vuelve a empujarnos, y al final nos arroja, uno a uno, a la caja de la nada”. Muchos siglos después, y ya no en farsi, sino en castellano y en Buenos Aires, Borges retoma esta idea en algunos sonetos: (se refiere a las piezas de ajedrez)…”No saben que la mano señalada/ del jugador gobierna su destino,/ no saben que un rigor adamantino/ sujeta su albedrío y su jornada.// También el jugador es prisionero/ (la sentencia es de Omar) de otro tablero/ de negras noches y de blancos días”. 
En Borges el destino tiene algunas variantes, aunque perdura la idea de la inevitabilidad, de la sucesión de causas y efectos que desembocan en un efecto final ya prefijado. En el “Poema conjetural” Laprida, antes de morir, se da cuenta de esto: “A esta ruinosa tarde me llevaba/el laberinto múltiple de pasos/ que mis días tejieron desde un día/ de la niñez. Al fin he descubierto/ la recóndita clave de mis años,/ la suerte de Francisco de Laprida,/la letra que faltaba, la perfecta/forma que supo Dios desde el principio”. 


Publicado en Diario "Río Negro", domingo 16 de Junio de 2019.-

sábado, 26 de noviembre de 2022

Palimpsestos: Equilibrios por Néstor Tkaczek.

Una frontera es en el fondo un límite, una división natural o artificial en el espacio; pero también una frontera es un surco imaginario que marca tiempos diferentes. Borges construyó en la Buenos Aires de las primeras décadas del siglo pasado una literatura adornada de guapos y zaguanes, de cuchillos vibrantes y naipes marcados en ese lugar indeciso en que el campo se tiñe de urbanidad y la ciudad se disuelve en el campo. Las orillas y el Oliverio son el cronotopo de ese primer Borges que busca rescatar un tiempo ya inevitablemente perdido.
En esa novela casi perfecta de Dino Buzzati, llamada “El desierto de los tártaros”, Giovanni Drogo pasó treinta años en la fortaleza Bastiani, último mojón antes del desierto interminable, esperando el ataque. La fortaleza es una frontera, un lugar construido para evitar que los enemigos ingresen, pero también ese lugar es simbólico, marca una diferencia, establece las líneas demarcatorias en la que algo termina (en este caso la patria) y comienza lo otro (en este caso lo diferente).
“Soy un ejemplar de frontera”, así se define mi admirado Héctor Tizón, y esa situación geográfica ha sido central en la obra del escritor jujeño. Los personajes, los paisajes, el lenguaje, todo remite a un orbe autónomo ubicado en los confines de nuestro país.
También soy un ejemplar de frontera. He pasado la mayor parte de mi vida en sitios de frontera. Nací en los márgenes dubitativos de las viñas y el campo agreste, desde chico presencié la dura lucha para impedir que el monte se adueñara del surco.
Pasados los años viví en las orillas de una ciudad fronteriza, lejos de todo y con la intemperie rozando los tejados. Otra vez, miraba, cómo el desierto avanzaba hacia mi ventana y una vaga inquietud, cierta angustia ante la vastedad se ha vuelto constitutiva en mí.
Una frontera, imaginaria o no, es un lugar difuso, una hesitación continua entre lo que es y lo que ha sido, lo que es y lo que no es. Quienes caminamos por esa cornisa estamos siempre construyéndonos, haciéndonos a cada rato, extraños a los conceptos de identidad y seguridad. Vivimos en la zozobra.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 9 de diciembre de 2018.-

viernes, 25 de noviembre de 2022

Palimpsestos: Renacimiento y escritoras por Néstor Tkaczek.

Al modo de Hipatia, es en el otoño de la Edad Media (frase inigualable de Huizinga) cuando aparece la primera gran intelectual de Occidente, e incluso se habla de la primera escritora feminista, me refiero a Cristina de Piza (s. XIV-XV). Hija del médico de Carlos V, poseía una cultura extensa que abarcaba no solo las artes sino también las ciencias. Viuda muy joven y en bancarrota, Cristina comenzó a ganarse la vida con las letras, ya que componía baladas que exaltaban los amores de algunos nobles que querían ver y escuchar sus propias conquistas y para eso le pagaban. Dado su prestigio participó de varias polémicas con hombres acerca del papel de la mujer en la sociedad y del uso, muchas veces denigratorio, que hacía de la figura femenina la literatura de su tiempo. Desde comienzos del siglo XV, dedicó todos sus esfuerzos a escribir y reivindicar a su género. Uno de sus libros comienza: “Ha llegado el momento de que las severas leyes de los hombres dejen de impedirles a las mujeres el estudio de las ciencias y otras disciplinas”. Ya muy grande culminó su trabajo intelectual con una monumental biografía de Juana de Arco en la que sostiene que fue su condición de mujer la que inclinó el fiel para su condena a muerte.
Eso que llamamos Renacimiento, cuya fecha de inicio es tan controvertida y aleatoria según los países, supone algunos cambios en la consideración de la mujer, sobre todo en el arte. Por un lado, se libera aparentemente a la mujer de algunas ideas tradicionales, se devela el cuerpo femenino (recurriendo a personajes mitológicos, claro está) como la “Venus” de Botticelli o bien se enfatiza la inocencia, la virginidad y el rostro angelical que corresponde a cierto ideal de mujer en muchos de los pintores de la época.
Ese ideal de mujer se traslada a la literatura y por influencias diversas la mujer queda convertida en la verdadera razón de vivir del poeta, la “donna angelicata”. Así con su mirada lo eleva al cielo y con el desdén lo desbarranca al infierno. Todo gira en torno de la amada, podés recordar también a Laura, a Beatrice, a Elisa, a Galatea...

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 2 de diciembre de 2018.-

miércoles, 23 de noviembre de 2022

La Edad Media y las escritoras por NÉSTOR TKACZEK.

La Edad Media y las escritoras 
por NÉSTOR TKACZEK.
A medida que avanza la Edad Media lentamente aparecen escrituras femeninas. Es cierto que esta escritura de mujeres es acotada, también es cierto que se ha perdido y mucho de lo que otras mujeres escribieron; pero lo que nos queda es de extrema brillantez.
Hay una historia singular, terrible, –si se quiere– protagonizada por uno de los más brillantes filósofos de la Alta Edad Media, se llamaba Abelardo y era temido por sus colegas y amado por sus alumnos gracias a una inteligencia demoledora. Ese hombre se enamora de una alumna suya, un joven bellísima llamada Eloísa. En su autobiografía Abelardo recuerda ese tiempo: “...Los libros permanecían abiertos, pero el amor más que la lectura era el tema de nuestros diálogos, intercambiábamos más besos que ideas sabias. Mis manos se dirigían con más frecuencia a sus senos que a los libros...”. La historia dice que Eloísa quedó embarazada y que su tutor (un tío obsesionado por la deshonra) irrumpió junto a otros parientes en la casa de Abelardo y lo castraron. Por indicación de éste, Eloísa ingresó en un convento y él se ordenó monje. Desde ese momento y hasta la muerte de Abelardo, ella le enviará una serie de cartas apasionadas en las que habla del papel de la mujer en el mundo, de su dualidad, ya que como monja se sometía a Dios, pero como mujer -y pese a todos los contratiempos-pertenecía a Abelardo. Es curioso, la docta obra del filósofo es hoy menos popular que las cartas de aquella mujer que clamó siempre por el amor de ese hombre.
Los amantes están en un sepulcro doble en el cementerio parisino de Pére Lachaise.
Ahora recuerdo a Hidelgarda de Bingen, otra de las grandes figuras femeninas de la Edad Media, que destacó como escritora mística y religiosa, poeta, escritora científica (libros de medicina), música, y artista plástica. Afortunadamente debido a su condición religiosa su obra se ha conservado y muestra la diversidad y profundidad del pensamiento de esta monja germana. Pero pese a que el mismo papa Eugenio III se manifiesta sorprendido por sus escritos y la insta a que siga produciendo, Hidelgarda no puede cumplir su sueño de enseñar en la universidad porque era mujer.
Publicado en Diario "Río Negro", 25 de noviembre de 2018.-

martes, 22 de noviembre de 2022

La Edad Media y las escritoras por NÉSTOR TKACZEK.

La Edad Media y las escritoras por NÉSTOR TKACZEK.
Hago una concesión, acuerdo con los humanistas al llamar desde un particular punto de vista “edad oscura” a la Edad Media, pero la llamo por razones muy diferentes de estos, entre ellas es posible que el rótulo sea pertinente cuando hablamos de la mujer en este periodo. Claro, si Agustín de Hipona, que es uno de los grandes intelectuales del mundo medieval y representante de la institución más poderosa de este mundo sostiene: “Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones”. Estas ideas cruzaban por la mente no sólo de sacerdotes y monjes sino de otros estamentos de la sociedad medieval con mayor o menor adhesión.
Lentamente y a medida que avanza la Edad Media esta virulencia se va atenuando, incluso en la misma iglesia con el nuevo lugar que se le da en el dogma a María, la madre de Jesús. La devoción mariana (alrededor del siglo IX) convierte a la mujer en abnegada servidora del varón, en la “santa” de la casa puertas adentro. También la literatura caballeresca erige un ideal de dama (en la clase noble) que va a ser la depositaria del amor del trovador o del caballero y tendrá virtudes inigualables; pero todo esto, claro está, es meramente literario o un juego cortesano, la realidad social de la mujer era bien diferente de este modelo. Cuanto más lejos de la cultura y del saber escrito estuviera la mujer más virtuosa la consideraban.
Pero siempre hay excepciones. La historia ha conservado algunos nombres que atravesaron la férrea malla de machismo medieval. Una de ellas es Dhuoda de Gascuña, duquesa en la corte de Carlomagno, escribió en latín, para su hijo Guillermo, el primer manual pedagógico del Medioevo, el “Liber Manualis”, del que te dejo unas líneas. “Tu Dhuoda te ayudará siempre, hijo, y si te faltare algún día, lo que sucederá, tendrás este pequeño libro de moral, como imagen en un espejo, para que puedas verme siempre al leer con los ojos de la mente y del cuerpo”.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 18/11/2018.

lunes, 30 de mayo de 2022

«Si te gustan los libros viejos…»: comercio de usados. Por Néstor Tkaczek.

 


«Si te gustan los libros viejos…»: comercio de usados. 
Por Néstor Tkaczek.
Confieso que con los años he perdido el entusiasmo de recorrer librerías de usados. Ya no me atrae llegarme hasta las bateas a revisar el caos y hallar un tesoro en medio de tanta bisutería.
En una época me he pasado tardes enteras revolviendo en esa confusión supina que suelen ser las mesas de libros usados por el solo placer de descubrir títulos desconocidos de un autor o recuperar un clásico que no tenía o que está a un precio irrisorio o descubrir un volumen muy antiguo. También, ganado por la curiosidad, leía en algunos ejemplares las marcas vitales de sus antiguos dueños: las dedicatorias, las notas al margen o a pie de página, los subrayados. En esas aventuras he terminado con los dedos pringosos de tanto manosear papeles no siempre bien aseados, los ojos rojos por el polvillo que atesoran los libros viejos y algunos ataques de alergia; pero como dice el refrán parafraseado , “si te gustan los libros viejos, aguantate…”.
El verdadero paraíso de los cazadores de libros antiguos es Buenos Aires y sus librerías de viejo sobre calle Corrientes. Allí he dejado parte del presupuesto mensual. Mi preferida está en la Avenida de Mayo, es pequeña y se llama “El túnel”, suelo entrar a admirar sus primeras ediciones o textos muy raros y antiguos.
Ahora, mientras escribo, recuerdo que una vez mal vendí la “Gramática Española” de M. Seco en una librería mendocina de la calle San Juan, el dinero se transformó en un regalo para una chica y en una milanesa a caballo. Al que le fue mejor con la venta fue a Enrique González Tuñón, hermano del poeta Raúl e integrante de la bohemia literaria de los años 20. Enrique llevaba un libro para vender y calculaba sacarle unos 50 centavos; mientras esperaba vio que un empleado compraba una pila de libros bien encuadernados a otro cliente, luego se metió en la trastienda y Enrique puso su librito arriba de la pila. Cuando se acercó el dueño y le preguntó que iba a vender, González Tuñón señaló su librito y se hizo el distraído. El propietario tasó la pila y entre regateos el escritor se llevó 25 pesos y salió huyendo del lugar.

Por Néstor Tkaczek.

PUBLICADO EN DIARIO RÍO NEGRO.

Domingo 29 de mayo del 2022.

https://www.rionegro.com.ar/espectaculos/si-te-gustan-los-libros-viejos-comercio-de-usados-2321031/

domingo, 22 de mayo de 2022

Arlt, Nalé Roxlo y cómo iluminar la noche.

 Mientras Nalé arrodillado sobre los hombres del autor de “Los siete locos” maniobraba para sacar rápidamente el farol, Arlt bromeaba: “Mire, Nalé, si fuera en cana por robar el fuego sagrado de la municipalidad, como Promoteo”.
Conrado Nalé Roxlo y Roberto Arlt, dos amigos que una noche quedaron a oscuras.
Por Néstor Tkaczek.

Siempre la oscuridad ha incitado nuestros miedos. De allí la obsesión a lo largo de los siglos por iluminar la noche, hacerla lo más parecido al día de acuerdo con la tecnología de la época. Hoy con la iluminación le den los centros urbanos estamos cada vez más cerca de vivir eternamente de día. Además nos basta con estirar una mano hasta una perilla y la luz se hace, y a veces es una fotocélula la que realiza el trabajo por nosotros.
Pero esto hasta hace muy poco tiempo no fue así, especialmente en las zonas rurales iluminar la noche dentro de las casas implicaba cierta rutina. En las chacras, mi infancia tiene el recuerdo permanente del farol de noche colgado en el techo. De allí se bajaba cuando la tarde caía, se le llenaba el depósito con kerosén ( hoy ya casi no se consigue), se buscaba la alcuza que contenía alcohol para prenderlo y luego un fósforo y lentamente el globo de amianto ( le llamaban “camisa”) iba tomando temperatura y luminosidad; y en ese momento había que “bombear” con una especie de inflador que gasificaba el combustible y entonces se transformaba en un verdadero “sol de noche”. Tenía también una especie de manijita que había que girarla si se tapaba la entrada del kerosén y frecuentemente había que bombear ya que cuando disminuía la presión bajaba la luminosidad. Los faroles de este tipo más famosos eran los “Petromax” que iluminaron las noches de varias generaciones.
Cuenta el querible—y a veces olvidado escritor—Conrado Nalé Roxlo, que en su juventud vivía muy lejos del centro de Buenos Aires, que su calle se alumbraba con faroles de kerosén y que frecuentemente su “sol de noche” lo dejaba a oscuras por falta de combustible. A oscuras quedaron una noche en plena charla con su amigo un tal Roberto Arlt, por lo que salieron a robar uno de la cuadra. Mientras Nalé arrodillado sobre los hombres del autor de “Los siete locos” maniobraba para sacar rápidamente el farol, Arlt bromeaba: “Mire, Nalé, si fuera en cana por robar el fuego sagrado de la municipalidad, como Promoteo”.

PUBLICADO EN DIARIO RÍO NEGRO.
Domingo 22 de Mayo del 2022.

jueves, 7 de octubre de 2021

Bóveda celeste por NÉSTOR TKACZEK.

Y aquí está Urano (El cielo para los griegos) ocupando mi ventana mientras escribo y el viento centrifuga las nubes grises que tapan el sol. Testigo de nuestros derroteros por el mundo, de nuestras vicisitudes, inmutable, a nuestra indiferencia y quizás a nuestras confidencias. Aunque también hay gente que no le gusta el cielo y prefiere “El otro cielo”, como el protagonista del cuento de Cortázar que ya en su juventud “era sensible a ese falso cielo de estucos y claraboyas sucias, a esa noche artificial que ignoraba la estupidez del día y del sol ahí afuera”, cielos de yeso y vitraux como los del pasaje Güemes en Buenos Aires o los de la galería Vivienne en París. A él, digo, al personaje del cuento, lo intimidaba el cielo como esa canción piojera que dice “¿Qué voy a hacer,/con tanto cielo para mí?/ Voy a volar,/Yo soy un bicho de ciudad”.
Sigo amando el cielo natural, en la inmensidad del campo, en los solitarios e interminables viajes, mientras el auto se desplaza por la ruta, el cielo es también una compañía, un mapa celeste (aunque menos necesario que a los marinos de la antigüedad). Disfruto del cielo inclusive amenazador y negro en tormentas de verano, me solazo con la belleza del celaje de un atardecer, me pasmo ante el imponente camino estrellado de la Vía Láctea.
Y ahora que la nombro, viene a mi memoria la hermosa leyenda de los indios Pampa sobre Chachao y el cielo. Cuentan que Chachao se aburría en la eternidad del Cielo. Quiso bajar a la tierra aún anegadiza y lluviosa; tomó la Vía Láctea, que los indios denominaban “Camino del Cielo”, por allí descendió hasta la pampa. Con el barro moldeó figuras según el capricho de su fantasía y les dio vida mediante un soplo, así creó a los animales. Pero en un descuido, el ñandú comenzó a subir el “Camino del cielo”; aterrado Chachao quiso impedir esto y con sus boleadoras logró frenar al ñandú que volvió a la pampa... pero el cielo quedó marcado por la huella del avestruz; los tres dedos y el garrón se convirtieron en la Cruz del Sur, y las boleadoras son Alfa y Beta del Centauro.
Publicado en Diario "Río Negro", domingo 7 de octubre de 2018.-

domingo, 21 de marzo de 2021

Otoño, la estación más linda de la región por Néstor Tkaczek.

¿Es el otoño la estación más linda en la región? Para mí, sí; aunque como dice el dicho: “contra gustos, no hay disputa”. Resulta prodigiosa la transformación del paisaje en los valles del norte patagónico. La paleta de colores que nos regalan los árboles, especialmente en el inicio de la estación es infinita, verdes, amarillos, ocres, marrones y todas las variedades intermedias que por torpeza cromática no puedo referir.
La estación comienza con el equinoccio de otoño, que no siempre coincide con el 21 de marzo, y marca que en esa fecha el día y la noche duran exactamente lo mismo. Al parecer nuestra palabra proviene del latín tardío “autumnus”, que significaba algo así como: “llegada de la plenitud del año”; seguramente porque marcaba el final del ciclo de la naturaleza, también porque muchos productos se cosechaban durante el otoño. Por eso la luna llena más cercana al inicio del otoño es llamada en muchos lugares “luna de cosechas” por su brillantez que permite trabajar aun de noche.
Desde hace un tiempo se celebra el 21 de marzo el día de la poesía, (con toda la polémica que suponen los “días de…”), en el supuesto caso de que la poesía tuviese un día. Pero es bueno recordar algunos versos de poetas insignes dedicados al otoño.
El primer poeta que viene a mi memoria es Homero y la “Ilíada” y aquel verso único. “como las generaciones de las hojas, así la de los hombres”; también Neruda y su célebre poema N°6: “Te recuerdo como eras en el último otoño./Eras la boina gris y el corazón en calma. /En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. / Y las hojas caían en el agua de tu alma.” La inconfundible María E. Walsh le dedicó una de sus canciones a, “El señor otoño” que andaba haciendo travesuras: “A los arbolitos de la plaza/ un sobretodo de oro les compró, / y pintó la tarde con mostaza/ aunque el sol le decía que no”. Y Mario Benedetti nos dice: “Aprovechemos el otoño/ antes de que el invierno nos escombre/ entremos a codazos en la franja del sol/ y admiremos a los pájaros que emigran…”.
Eso don Mario, aprovechemos el otoño.

Publicado en el Diario "Río Negro", domingo 21 de marzo del 2021. 

https://www.rionegro.com.ar/otono-la-estacion-mas-linda-de-la-region-1736571/

domingo, 6 de diciembre de 2020

El diablo y Santos Vega por Néstor Tkaczek.

El diablo y Santos Vega

por Néstor Tkaczek.

El gaucho como clase social hace tiempo que desapareció. Si conocemos parte de su cosmogonía se debe principalmente a hombres letrados que compartieron momentos de su vida con este personaje. Nos queda como hito de su expresión el canto. Gracias a él, algunos gauchos pudieron comunicar parte de su mundo y su circunstancia. 

Hay en ellos un marcado sincretismo religioso alimentado por innumerables supersticiones y leyendas. El campo, la noche, la soledad han dado origen a un sinfín de historias que tienen que ver con lo sobrenatural y especialmente con “Mandinga”, una de las formas de llamar al diablo (en lenguaje gauchesco) en nuestro país.  

Entre esas leyendas figura la de un payador sin igual llamado Santos Vega. La fábula dice que murió por haber sido vencido sorpresivamente en un contrapunto de payada por alguien desconocido. 

Con esos hilos, Rafael Obligado (1851-1920)teje su obra mayor. Cuatro cantos  escritos en décimas tiene su “Santos Vega”. El primero es el que nos sitúa nuevamente en la leyenda, gracias a una distancia atemporal y a una atmósfera propicia que nos permite percibir su alma: “Cuando la tarde se inclina/sollozando al Occidente,/ corre una sombra doliente/ sobre la pampa argentina”.  

El último canto nos relata la muerte de Santos Vega, quien duerme bajo un ombú. Los paisanos están contemplando su sueño; llega un joven impetuoso y lo despierta para desafiarlo a un contrapunto. Pero ese joven no es otro que el diablo, y en plena payada se muestra tal cual es: “Juan Sin Ropa se alzó en tanto,/bajo el árbol se empinó,/un verde gajo tocó,/ y tembló la muchedumbre,/porque echando roja lumbre,/aquel gajo se inflamó”.  Al final, derrotado Santos Vega, el diablo se transforma sobre ese ombú en serpiente y da paso a la leyenda: “y los años dispersaron/ los testigos de aquel duelo;/pero un viejo y noble abuelo,/así el cuento terminó:/“Y si cantando murió/aquel que vivió cantando,/fue, decía suspirando,/porque el diablo lo venció.” 

Hay una clara dimensión simbólica en el poema. Es el contrapunto entre tradición e innovación. Obligado siente que el mundo que él conoció está agonizando y no hay forma de contener al progreso, a pesar de estar disfrazado de diablo. 

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 6 de diciembre del 2020.

https://www.rionegro.com.ar/el-diablo-y-santos-vega-1598322/

domingo, 27 de septiembre de 2020

Palimpsestos: Fausto y Goethe. Por: Néstor Tkaczek.


 Fausto y Goethe. 

Por Néstor Tkaczek.

La vida y la obra de Johann Goethe (1749-1832) están fuertemente precintadas al mito del doctor Faustus. Su figura fue una obsesión y desde joven se propuso escribir un drama con su historia y ese propósito le llevó toda su vida.

El primer Fausto (publicado en 1808) conserva cierto aire prerromántico y es decisivo para la terminación del mismo el viaje que el autor hace a Italia. A partir de ese momento Goethe vuelve su mirada a los clásicos y abandona el incipiente movimiento romántico. Fausto es un mago, un sabio que frustrado por no alcanzar el conocimiento absoluto siente desfallecer; es ahí que interviene uno de los ayudantes de Lucifer, Mefistófeles, quien le ofrece poder, dinero, mujeres y conocimiento. A cambio de esto le pide que firme el pacto con su sangre. Un personaje fundamental en este drama es el de Margarita, la mujer que Fausto amó y que no pudo retener por su alianza con el demonio.

Goethe trabajó en la segunda parte del “Fausto” hasta su muerte. En él, hay una fuerte impronta del mundo clásico, como lo es por ejemplo el descenso de Fausto al Hades, ayudado por Mefistófeles, para rescatar a Helena de Troya, de la cual el alquimista está enamorado. Así todo lo que se propone lo consigue. “No sabría vivir si no pudiera obtenerlo” es la frase que lo guía a lo largo de los cinco actos del drama. Finalmente, ya centenario, Fausto muere, y cuando el diablo se apresta a llevárselo los ángeles se lo disputan y finalmente se lo arrebatan.

En su “Fausto” aparece en toda su plenitud la preocupación de Goethe por el mundo pasional del hombre. La pasión es el impulso que vivifica la cultura, que eleva al hombre, pero a la vez también puede destruirlo. Hay en el personaje de Fausto un anhelo incesante a saltar todas las barreras, a ser más. Un término alemán define perfectamente esta tensión constante por ser más: “streben”, que podemos traducir malamente como “aspiración”. Goethe, sorprendentemente salva a su criatura; y lo explica en dos versos clave: “Al que se afana siempre hacia lo alto, hacia el ideal, solo a ese podemos salvarlo”.

Autor: Néstor Tkaczek. 

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 27 de Septiembre del 2020.

domingo, 9 de agosto de 2020

Influencias literarias: Dante, la Divina Comedia y sus sucesores.

Influencias literarias: Dante, la Divina Comedia y sus sucesores.

Por Néstor Tkaczek.
“Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, dijo Ítalo Calvino. Es por ello que en la avenida de los siglos y hasta la actualidad innumerables obras artísticas (música, escultura, pintura, literatura) tienen la influencia de la “Divina comedia”.
Un pequeño recorrido por su ascendiente en el panorama literario muestra cuán presente está el poeta florentino en algunas obras de la contemporaneidad. Ese recorrido es aleatorio, viene guiado por el hilo de la memoria. Y así el primero que llega es –cuándo no– Rubén Darío. La referencia a Dante es constante en toda su poesía. Recuerdo el comienzo de “Thanatos”, cuando Darío ya era un poeta desencantado y lejos habían quedado aquellos tiempos y floreos Modernistas. “En medio del camino de la Vida…/ dijo Dante. Su verso se convierte:/ En medio del camino de la Muerte.// Y no hay que aborrecer a la ignorada/ emperatriz y reina de la Nada”…
Es difícil no relacionar esa maravilla narrativa que es “Pedro Páramo” con la “Divina Comedia”. Rulfo toma de Dante la posibilidad de que un vivo explore el mundo de los muertos y Comala en el fondo no es otra cosa que un pueblo infernal, un mundo de muertos al que llega y se relaciona con ellos el protagonista, Juan Preciado. “Cálmese. Ya lo sentirá [el calor] más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del Infierno. Con decirle que muchos de los que allí mueren, al llegar al Infierno regresan por su cobija». En definitiva en “Pedro Páramo”, no hay una delimitación clara entre ambos mundos. Lo trágico de la novela radica en la imposibilidad de salvación.
“Adán Buenosayres” es la gran novela de Leopoldo Marechal, entre la multiplicidad de influencias, sin dudas está la de Dante. Es clara la filiación en su parte final titulada “El Viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia”. Hay aquí un descenso infernal del protagonista guiado por el astrólogo Schultze. Adán recorre sus círculos y asiste al espectáculo de un mundo en total descomposición.
El legado de Dante en el siglo XX se corporiza en una suerte de infierno del desencanto en Marechal, Rulfo y Darío.
* Publicado en Diario " Río Negro", domingo 9 de agosto del 2020.

lunes, 18 de mayo de 2020

Del folclore a la literatura: añoranza y fragilidad por Néstor Tkaczek.

Del folclore a la literatura: añoranza  y fragilidad

por Néstor Tkaczek.

Ahora que estamos encerrados, ahora que añoramos hasta la menor partícula de libertad, ahora que determinados gestos cotidianos como los besos y abrazos han quedado en el arcón del tiempo, ahora que las rutinas que nos agobiaban o no (ir a trabajar, salir con amigas, viajar, asistir a clases) pasaron a ser parte de los paraísos perdidos; ahora, te digo, surge en nosotros, en forma velada o no, la añoranza.
Añorar significa “Recordar con pena a alguien o algo ausente, lejano, perdido o del que se ha sido privado”. En esa definición lo distintivo es la palabra “pena”. Echamos de menos lo que hasta dos meses atrás suponíamos como partes intocables de nuestras vidas. Y aparece otro concepto que nos da en la cara y nos serrucha nuestra soberbia humana, el de la fragilidad. Todo se ha vuelto demasiado frágil; lo que creíamos normal ya no lo es y se vuela como estas penúltimas hojas del otoño.
Un conjuro para la añoranza suele ser la escritura, de hecho, hay una vieja chacarera en nuestro folklore que se titula “Añoranzas” y es el lamento de una persona por una tierra que dejó. Muchos escritores se alejaron de su terruño por decisión propia y esa lejanía y la añoranza que sienten, ya no del regreso, sino de determinadas situaciones vividas, hace que escriban sobre ese mundo que dejaron, así Paul Bowles, el autor de “El cielo protector”, y Juan Goytisolo, el novelista español, ambos en Marruecos; o Vargas Llosa en Madrid o Londres; Guillermo Cabrera Infante, el autor de “Tres tristes tigres” en Inglaterra. En otros casos la añoranza es paralizadora como le pasó a Daniel Moyano, el gran narrador riojano, que llegado a España y durante muchos años apenas podía escribir algunas palabras; algo similar le ocurrió al jujeño Héctor Tizón, también a Ovidio y tantos más.
Añoranza y fragilidad, tiempos de zozobra para el bicho humano. La escritura como conjuro, quizás te reencontraste con la escritura como una forma de entender este momento. Pero también la lectura como conjuro, como una manera de restaurar desde el laberinto hogareño cierta normalidad que perdimos y añoramos.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 24 de mayo del 2020.

domingo, 12 de abril de 2020

Infierno y literatura. Autor: Néstor Tkaczek.


Desde la más remota antigüedad y en el marco de las creencias funerarias de casi todas las civilizaciones aparece la noción de catábasis entendida como el descenso a los infiernos y anábasis la salida de ese mundo. Lo hemos visto en mitos de diferentes culturas que tienen en común la idea de que no se puede volver de los infiernos, en ellos no hay lugar para la esperanza.
Sin embargo la literatura lo logra. Hay ilustres ejemplos a lo largo de su historia. En la “Odisea”, Ulises no encuentra el camino hacia su patria, la maga Circe le da las instrucciones para descender a los infiernos y buscar al adivino Tiresias, quien le dirá cómo volver a Ítaca. En su descenso, muerto de terror, Ulises no solo se encuentra con Tiresias, sino también describe la diversidad de almas que están en el Hades.
Sorprendido divisa a su madre Anclea quien le da noticias sobre su muerte, también ve una multitud de mujeres conocidas. Y en ese desfile de difuntos se encuentra con sus compañeros de ejército.
“Llegó después el alma de Aquiles y la de Patroclo, y la Antíloco y la de Ayax. Me reconoció Aquiles y me dijo aladas palabras: Odiseo rico en ardides, desdichado, ¿Cómo te has atrevido a descender a Hades, donde habitan los muertos, los que carecen de sentidos, los fantasmas de los mortales que han perecido?” Y el orgulloso Aquiles, que prefirió una vida corta pero llena de gloria, dice arrepentido: “No intentes consolarme de la muerte, noble Odiseo. Preferiría estar sobre la tierra y servir en casa de un hombre pobre, aunque no tuviera gran hacienda, que ser el soberano de todos los muertos”. Ulises logra salir del Hades transformado, es otro hombre ya que no sólo sabe de qué manera podrá volver a su casa sino también que tendrá una vida larga y morirá feliz lejos del mar.
Esta catábasis y anábasis de Ulises es el punto de partida de un tópico de larga tradición en la literatura.

Autor: Néstor Tkaczek.
Publicado en Diario "Río Negro", domingo 12 de abril del 2020.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Storni por Néstor Tkaczek.

Piensa en Sísifo y en el mito. Ese es un buen resumen para su vida, se dice. Siempre acarreando esa enorme piedra montaña arriba para dejarla caer al valle y vuelta a empezar. Esa misma piedra que ya siendo una adolescente le tocó empujar para subsistir después de que la fortuna familiar se extinguiera como la espuma de este mar que ronca sobre la arena. Le llegan imágenes de Rosario, del magisterio, de su amor por la enseñanza y sobre todo de las letras, de la poesía que comenzó a escribir allá en San Juan, cuando era una niña apenas.
En eso piensa Alfonsina esta madrugada inclemente de octubre y también en el amor, ese que se fue rápido y le dejó a Alejandro y el escarnio de ser madre soltera.
“La inquietud del rosal” fue el primer libro, que mitigó sus penas de recién llegada a Buenos Aires y le abrió camino entre los escritores de la época. Pero también recuerda los comentarios adversos sobre una poesía que dejaba vislumbrar el deseo femenino. “Mis nervios están locos, en las venas/ la sangre hierve, líquido de fuego/ falta a mis labios donde finge luego/ la alegría de todas las verbenas”. Después llegarán más libros y una fama que alivió algunas cargas; pero no la de ser mujer en un mundo de letras dominado por hombres: “Sos un ornitorrinco de las letras”, recuerda que le decía Horacio Quiroga entre risas.
Y la fama trajo una manera nueva de hacer poesía, “me acusaron de oscura, de que no se entendía, no se dieron cuenta que la poesía cambia cuando el poeta cambia, y yo no soy la misma”. Ahora tampoco, hace cinco días acaba de mandar un último poema al diario La Nación, se titula “Voy a dormir” y es toda una premonición. Lo sabe de memoria, repite su comienzo: “Dientes de flores, cofia de rocío,/ manos de hierbas, tú, nodriza fina…”
Ya está, por instinto busca un paraguas y se sonríe. La piedra de Sísifo por fin se detendrá. Está débil y dolorida. Se pone su mejor vestido. Sin prisa cierra la puerta de su habitación, a lo lejos se escucha el sonido embravecido del agua. Ligera, Alfonsina camina hacia el mar.

Palimpsestos. Columna semanal de Néstor Tkaczek publicada en Diario "Río Negro", domingo 8 de diciembre de 2019.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Cautivas por Néstor Tkaczek.-

Una variante de este tópico que venimos desarrollando en otras columnas de las mujeres como “botines de guerra” es sin dudas el de las cautivas. En la historia argentina son abundantes los casos de las cautivas; entendidas estas como mujeres hechas prisioneras por los aborígenes que pasan a formar parte de la tribu. Las mujeres en el mundo indígena representaban propiedad y eran expresión de poder y status. Hay testimonios de mujeres que han pasado toda la vida y han formado familias junto a sus captores; otras fueron rescatadas o liberadas.
La figura de la cautiva tiene una larga tradición en la literatura argentina. Está unida a la dicotomía que atraviesa el siglo XIX: civilización/barbarie, y la cautiva es un personaje en disputa, arrebatada a la civilización sufre los tormentos de la barbarie en esta lucha varonil por la apropiación de la mujer. Desde la escritura inicial de Esteban Echeverría pasando por José Hernández las cautivas son mujeres resistentes que todo lo soportan en su afán de volver a territorio blanco.
El ejemplo paradigmático es “La cautiva” de Echeverría. María es la heroína, una cautiva que salva a su marido herido y logra huir de las tolderías no sin antes matar a uno de sus captores. “Una mujer; en la diestra/ un puñal sangriento muestra,/ sus largos cabellos flotan/ desgreñados, y denotan/ de su ánimo el batallar. […]Un cuerpo gruñe y resuella,/ y se revuelve; mas ella/ cobra espíritu y coraje,/ y en el pecho del salvaje/ clava el agudo puñal”. Después de infinitos trabajos María es rescatada del infierno.
Desde una mirada menos romántica, la cautiva de “El Martín Fierro” responde un poco más a la realidad que pasaban aquellas mujeres. Dos años está prisionera la mujer y se describen las innumerables penurias por las que pasa. Con el cacique tiene un hijo, producto de la violación, esto ocasiona los celos de la mujer principal. Así la ve Martín Fierro y la rescata del indio: “Toda cubierta de sangre/ aquella infeliz cautiva: /Tenía dende abajo arriba/ la marca de los lanzazos;/ sus trapos hechos pedazos/ mostraban la carne viva”.
En ambos textos las cautivas retornan de la frontera, son exhibidas como víctimas de la barbarie y rescatadas por la civilización, son un vehículo también de propaganda política.
Publicado en Diario "Río Negro", domingo 1º de Diciembre de 2019.

domingo, 1 de septiembre de 2019

¿Qué será de las librerías? por Néstor Tkaczek.-


Para quienes amamos los libros, no pasa inadvertida que hoy la librería tal como la conocemos tiende a desaparecer. Hay varias causas que como adargas caballerescas vienen impactando en el templete de las librerías; pero que podemos resumir en una: crisis comercial.
Este paulatino descenso en las ventas tiene causas y efectos. Podemos enumerar algunos: el deshábito de la compra de libros, el reemplazo por otras formas de entretenimiento y cierta crisis de lectores, posteriormente la forma de lectura provista por el mundo informático que menguó la compra de libros de papel y trajo aparejado un nuevo fenómeno que jaquea hasta cierto punto a las librerías: los libros electrónicos. Es inevitable que vamos hacia ellos, y si las librerías tradicionales no los ofrecen tarde o temprano desaparecerán. Agrego otra causa: el hábito que muchos lectores van adquiriendo en forma paulatina de comprar libros por internet.
Ya van quedando pocos locales netamente dedicados al libro y hoy se imponen las grandes cadenas libreras que además venden películas, discos y hasta juegos electrónicos y de mesa; a la variedad de su catálogo hay que agregarle cierta uniformidad en la estética y un trato impersonal. En el afán por no perder espacio algunas librerías que conozco de Buenos Aires o de Córdoba han incorporado un sitio para el café. Es seductor saborear un buen café, compartir la charla con amigos y estar rodeado de anaqueles repletos de libros.
La crisis de la librería tradicional lleva también a la pérdida de un querible y a/preciado oficio, el de librero. En la actualidad, y salvo excepciones, los vendedores ven en el libro solo una mercancía y si no es por algún programa informático no saben qué tienen para ofrecer, y es imposible arrancarles una recomendación. Son vendedores que responden a un perfil de ventas general diseñado por las agencias de mercadeo que poco tienen que ver con los libros. Pero ser librero/a es mucho más que ser un vendedor de libros a secas, esas personas conservan un amor por los libros que buscan compartir con sus clientes.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 1º de Septiembre de 2019.

lunes, 1 de julio de 2019

La voluntad divina en la literatura universal por Néstor Tkaczek.

La voluntad divina en la literatura universal 

por Néstor Tkaczek.

La voluntad divina encorseta nuestras vidas, no hay hoja de ruta para elegir ya que el sendero es uno solo y no está trazado por nosotros. Esas son algunas analogías que se desprenden de esta primera idea que todos tenemos de destino. Para esta concepción la metáfora del juego de ajedrez de la columna anterior es muy precisa.

Para el héroe romántico el destino es una fatalidad (esta palabra y el término “hado” tienen el mismo origen latino: “fatum”). Así lo vemos en muchísimas obras, te comento una que rompe con lo establecido en el teatro. Se trata de “Don Álvaro o la fuerza del sino”, del duque de Rivas, escritor español del siglo XIX. Un encadenamiento trágico de muertes y desencuentros con la amada cruza toda la escena. Don Álvaro se resiste y lucha contra la fuerza de su destino; sin embargo nada de lo que hace da resultado y cae derrotado cuando comprende que es en vano luchar contra fuerzas divinas.
En esta obra del duque de Rivas se basa la ópera de G. Verdi, “La forza del destino”. El argumento es casi el mismo; pero lo curioso es que aquí el destino también actúa en el plano real porque esta ópera tenía fama de acarrear desgracias, esto hizo que no se la representara por mucho tiempo y se evitara nombrarla en el ambiente artístico, o bien se referían a ella como “la maldita”.
El tema del amor trágico que no puede evadir los designios del destino también está en algunas tragedias de Shakespeare. En el prólogo de “Romeo y Julieta” ya nos anticipa esa batalla perdida: “De las entrañas funestas de estos dos enemigos (Montescos y Capuletos), surge una pareja de amantes a la que se oponen las estrellas”. En “Macbeth” hay una lucha contra un destino incontrolable en la que el protagonista termina perdiéndolo todo por su ambición desmedida.
El destino juega con nosotros y como un tahúr nos reparte las cartas ya secretamente marcadas. Esa caracterización puede ser un buen resumen para quienes en la literatura o en la vida pregonan que no nos podemos liberar de los brazos del hado.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 30 de Junio de 2019.
https://www.rionegro.com.ar/la-voluntad-divina-en-la-literatura-universal-1024362/

lunes, 1 de abril de 2019

Palimpsesto: Banalizar por Néstor Tkaczek.

“Hay que terminar con esta DICTADURA que estamos viviendo”, rezaba una publicación de un dirigente político en la red; a lo que otro -de su mismo partido- lo reconvenía por usar la palabra “dictadura” en estos tiempos. Las redes sociales están llenas de ejemplos como estos que contribuyen al caos discursivo y al extravío conceptual y las torna, verdaderamente, un mar de confusiones.
Hay un viejo refrán que bien puede aplicarse a la lengua: “al pan, pan; al vino, vino”. El refrán habla de la propiedad, es decir de la correspondencia entre la palabra, el concepto y el referente. Cervantes decía que sus ficciones consistían básicamente en “mostrar con propiedad un desatino”. Hay situaciones en que hablar/escribir sin propiedad carece de importancia; pero hay otras en que es esencial la exactitud.
Como sabemos el lenguaje está cargado de ideología, y en nuestra sociedad el término “dictadura” no remite en lo inmediato a un concepto abstracto, nos señala puntualmente la dictadura militar de la década del 70. Lo que aparece en la cita del comienzo es la intención de equiparar el periodo aquel con el que estamos viviendo; es decir Macri es igual a Videla. Hay muchas maneras de refutar ese argumento, una de ellas es que vivimos en una democracia; pero lo peligroso de esta exageración está en otro lado.
Lo peligroso está en que los jóvenes que no vivieron esa dictadura crean que la vida en esa época es más o menos como la que se vive actualmente. Esa distorsión juega a favor de Videla y sus secuaces, ya que los trivializa, los vuelve inofensivos, los despoja del horror. Dicho de otra manera: los banaliza.
Banalizar el mal es hacerlo digerible, cotidiano, insustancial, como cuando llamamos a alguien intolerante, “nazi”, sin saber realmente qué es el nazismo. Hannah Arendt, la mujer que más hondamente reflexionó sobre el nazismo, lo supo muy bien y acuñó la célebre frase “la banalidad del mal”.
Por eso quienes tenemos profesiones públicas no podemos eludir la responsabilidad de llamar a las cosas por su nombre.
Columna semanal de Néstor Tkaczek publicada el día domingo 31 de marzo de 2019 en el Diario "Río Negro".
Foto de Rincón Barda Sureña: Web corresponde a la manifestación de 1982 convocada por la C.G.T.