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lunes, 19 de diciembre de 2016

Fragmento del poema "Casi gringo" de Luis Landriscina.


Yo soy del Chaco argentino
nacido en ésta región
soy tan hijo de esta tierra
que me siento emparentado
al quebracho colorado
y al capullo de algodón.
en mis venas corre sangre
de la Italia forjadora,
de esa estirpe labradora
que en mi patria se afincó.

Fueron gringos mis dos padres,
y también los dos hermanos
que ya en el suelo italiano
con la América soñó.
aquel sueño y el destino
los empujaron un día
a dejar toda una vida
por otra tal vez mejor.

Fragmento del poema 
"Casi gringo" 
de Luis Landriscina.

Don Luis Landriscina es hijo de inmigrantes italianos Luigi Landriscina, albañil, y Filomena Curci, ambos de Trinitapoli, Foggia en el sur de Italia,  fue séptimo de un total de ocho hermanos  nacido en Colonia Baranda,  provincia de Chaco el  19 de diciembre de 1935.

domingo, 21 de diciembre de 2014

CASI GRINGO por LUIS LANDRISCINA.


Yo soy del Chaco argentino, 
nacido en esta región
soy tan hijo de esta tierra,
que me siento emparentado
al quebracho colorado
y al capullo de algodón.

En mis venas corre sangre
de la Italia forjadora,
de la estirpe labradora
que en mi patria se afincó.

Fueron gringos mis dos padres
y también mis dos hermanos
que desde suelo italiano,
con la América soñaron.
Aquel sueño y el destino,
los empujaron un día
a dejar toda una vida
por otra, tal vez mejor
y en un buque se embarcó
con lágrimas mi familia,
porque allá dejaron todo
con sus penas y alegría:
a la patria, a sus amigos,
a sus padres, a la villa,
a los sueños de la infancia,
que eran carne de ilusión.

Más sus pupilas mojadas
con llantos de mil ausencias
se secaron de esperanza
al ver esta noble tierra
que esperándolos estaba
para borrar con su sol,
las noches de tantas guerras;
que esperaba para darles
un arado y una reja,
trigo de paz para el pan
y un rancho para querencia.

Así llegaron al Chaco,
mis hermanos y mis padres
plantando una humilde chacra,
rodeada de quebrachales
pagando en sudor de sangre
sus blancos algodonales
y olvidando con trabajo,
la noche de sus pesares.


Luego, Dios, que nunca olvida,
premió el sufrir de mi madre
con un puñado de hijos,
tan rubios como trigales
y trigueños color sombra
de adentro de los obrajes.
Entre ellos, llegaba yo
a ver la luz de este Chaco,
a escuchar sin comprender
los mil murmullos del campo
a gastarme las rodillas,
gateando por todo el rancho
y prenderme de mi madre,
para dormirme mamando.

Yo ni contaba dos años,
cuando mi madre partiera
para dar vida a otro hermano.
Ya nunca la volví a ver,
ya nunca estuvo en el rancho,
solo volvió mi familia,
todos de negro y llorando
y mi hermana la mayor,
mientras me alzaba en sus brazos
trató de hacerme entender,
que mi madre no estaría
nunca jamàs en el rancho....
porque Dios la habìa llamado
para tenerla a su lado.-

La chacra quedó en silencio,
todos hablaban despacio
y yo recorría el patio
siempre buscando y buscando;
màs un dìa se quebrò
el silencio con un llanto
que brotaba de la cuna
hecha de rustico palo:
hacia adentro fui corriendo,
los ojos grandes mirando,
y asomado a la cunita,
he visto de cerca el llanto....

Era un trueque del destino,
mi madre por un hermano:
así terminó su vida,
dejando otra vida en cambio,
y se internó tierra adentro
por sujetarnos al Chaco:
porque si yo tengo sangre
de esa gringa de otros pagos,
también la tiene la sombra
profunda de los quebrachos.

Y si sus huesos y carnes
viven en mi ser andando
también viven en la tierra
de una tumba de este pago
y están abonando el suelo,
caliente de nuestro Chaco.

Por eso es que yo me siento
emparentado a esta tierra;
por eso es que yo teniendo
tanta sangre de italiano
me siento tan argentino,
tan chaqueño y tan hermano
de las chacras, de los montes,
de los indios mocovíes,
de los tobas y matacos,
razas todas que en la selva
de entre los cardos brotaron
como fruto de esta tierra
donde mi madre ha quedado.

Todo tiene algo que ver
con mi sangre y su pasado...
Por eso, aunque casi gringo,
lo quiero tanto a mi Chaco.


Don Luis Landriscina es  nombre artístico de Luigi Landriscina hijo de inmigrantes italianos Luigi Landriscina, albañil, y Filomena Curci, ambos de Trinitapoli, Foggia en el sur de Italia,  fue séptimo de un total de ocho hermanos  nacido en Colonia Baranda,  provincia de Chaco el  19 de diciembre de 1935.
Luis Landriscina perdió a su madre a los 20 o 22 meses de edad, es criado en un ambiente rural por sus padrinos, Margarita Martínez y Santiago Rodríguez.
Cursa la escuela primaria en Villa Ángela y Resistencia donde se destacó como narrador desde pequeño en las fiestas escolares.
Es un relator de las historias populares sobre todo de los pobladores del interior, de la Argentina profunda y costumbristas provincianas, siempre con una pincelada de un buen humor sin caer en lo ordinario y la utilización de las consideradas malas palabras para despertar sonrisas. Su estilo es según sus palabras “de los que no tienen apuro para hacer reír porque yo narro, y siempre he dicho que el cuento es como un viaje: si el viaje no es entretenido, el pueblo adónde vas queda lejos”.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Chaco - Luis Landriscina.

Chaco, provincia pujante
en la vida de la Patria,
tierra que antaño fuera
rugir de tigres y hachas,
de gentes que por poblar
morían a punta de lanza,
porque el malón no perdona :
su defensa es la matanza.

Tierra de selvas tupidas
y también de extensas pampas,
de chacras entre los montes,
de mucho tiempo sin agua,
de cañadas y de esteros,
de bichos de toda laya,
de las mangas de langostas
matadoras de esperanzas.

Tierra de surcos rebeldes
que a veces no devolvían
lo que el hombre les prestaba,
de obrajes con jornaleros
que vuelcan su alma en el hacha.
Sus vidas son de los montes,
de las miserias y farras.

Pero al telón de ese Chaco
el tiempo lo va cerrando,
y donde el tigre rugía
hoy hay tractores arando.
Se acabaron los malones,
las tribus se han vuelto mansas,
y están chuceando la tierra
con rejas en vez de lanzas.

Ramillete de indios fuertes
de melancólicas razas,
son también hijos del monte,
simbólicos como el hacha.
Y no es de menos valor
el gringo de tierra extraña
que se metió en nuestros montes
y luchó en pos de sus ansias.
Tuvo que afrontar mil contras,
ahuyentar penas que matan,
y en la lucha por la vida
aprendió a querer mi Patria.

Ese puñado de cosas,
más voluntad y esperanza,
fueron levantando el Chaco
al nivel de sus hermanas.
Hoy sigue golpeando el hacha
y la reja no descansa.
Por eso los pueblos brotan
como por arte de magia,
los caminos se hacen anchos,
se va agrandando la Patria,
y el algodón de las chacras
va curando las heridas
de los quebrachos que sangran.

Chaco, provincia querida
que al progreso se encamina,
hoy, hoy abraza a sus hermanas
de esta mi tierra argentina.

viernes, 15 de marzo de 2013

MAESTRA DE CAMPO - POEMA DE DON LUIS LANDRISCINA.






Por la pereza del tiempo

el otoño estaba tibio,

ya que en el Chaco, el verano

es como dueño del sitio.

Y a veces demora en irse

sin importarle el destino.

Por eso es que aquella tarde

cuando bajó en la estación

del lerdo tren en que vino

su cuerpito era una brasa

por nuestro clima encendido.

Y se quedó en el andén

como asustada y con frío

por ser mucha juventud

pa´terreno tan arisco.

A más mujer, buenamoza

y en pago desconocido.

Y allí se quedó parada

en vago mirar perdido por,

por querer disimular

su temor a estar tan sola

y sin saber el camino.

Pero al momento nomás,

las toscas manos de un gringo,

callosas de tanto arar

y de pelearlo al destino

se acercaron bondadosas

y con ternura de niño

le dieron la bienvenida

en nombre de la escuelita

que hace mucho la esperaba

triste en el medio del monte

pa que alegrara a sus hijos.

Subieron al viejo carro

de aquel colono sufrido,

y comenzaron a andar

entre una nube del polvo

por el reseco camino.

Cuando llegaron al rancho

la noche ya había encendido

sus farolitos del cielo

y el canto triste del grillo,

y fue por eso tal vez

que entre las cuatro paredes

de aquel su humilde cuartito

una angustiosa tristeza

entraba a clavar cuchillos

como queriendo matar

esa noble vocación

que en su pecho había nacido.

Pero llegó la mañana

y el sol con todo su brillo

desdibujó las tinieblas

que habían querido torcer

Las huellas de su destino.

Y aunque llorando por dentro

masticando soledad

en aquel lejano sitio

puso firmeza en el paso

y fue a buscar el amor

de aquel puñado de niños

que hace mucho la esperaba

en la escuelita de campo

clavada en Pampa del Indio.

Y desde entonces su vida

se hizo horcón de guayacán

se hizo paredes de adobe

se hizo terrón para el quincho

y armó con todos sus años

aquel rancho para el alma

con un letrero invisible

que decía en letras de amor

"Aquí hay saber y cariño".

Y fueron 30 los años

y fueron muchos los niños

que luego se hicieron hombres

y mandaron a sus hijos.

Ella, ella no pudo tenerlos

porque la flor de su vida

se marchitó entre los montes

y nunca llegó el amor

a golpear en la ventana

de su rancho de cariño.

La escuela, la escuela

le había pedido

hasta ese sacrificio

que se quedase soltera

porque precisaba intacto

todo el amor que tuviera

para entregarlo a los chicos.

Y en eso, en eso de darlo todo,

un tibio día recibió en una nota oficial

algo que la estremeció:

después de mucho esperar

el concejo le anunciaba

que había sido jubilada

en premio por su labor.

¿Era premio o era castigo?

Mil veces se preguntó.

No se vaya señorita,

quédese a vivir aquí,

si nosotros la queremos

por qué se tiene que ir.

Esas voces y unas manos

que se agitaban sin ruido

fueron únicos testigos

de aquella amarga partida.

Ella entraba en el olvido

allí dejaba sus años

allí dejaba su vida.

La polvareda del sulky

y manitos color tierra

fueron su único homenaje

en aquella despedida.

¡Adiós señorita Rosa!

¡Adiós maestra de campo!

En usted a todos les canto

los maestros de mi tierra

no sé si mi estrofa encierra

y expresa lo que yo siento,

pero tan solo pretendo

oponer a tanto olvido

mi simple agradecimiento,

ya que la Patria les debe

el más grande y merecido

de todos los monumentos.

sábado, 16 de junio de 2012

Hubo pago en el obraje de Luis Landriscina.

Corre el año treinta y nueve
en un obraje del Chaco,
Enero lo aviva al sol
como apurando un churrasco
y allí en el medio del monte
entre crujidos y hachazos
la gente distingue un ruido
que no es común en el pago,
es el ruido de un motor
que está llegando a los saltos
porque viene en la picada
queriendo domar las huellas
que le dejaron los carros.
El hachero que escuchó
dejó amagado un hachazo
y gritando de alegría
se fue corriendo a los saltos
porque ese ruido no es otro
que el ruido claro del auto
en el que llega el patrón
con la plata del salario...
por eso corren contentos
por eso van a esperarlo
todos quieren ser primeros
en saber la hora del pago
pa'dirse a lavar al rancho
mientras tejen ilusiones
o hacen planes pa'gastarlo...
-Yo voy a comprar ropa nueva.
-Yo provista para rato.
-Yo viá ver si llego al pueblo
porque no fui en todo el año.
Y otros entre truco y vino
seguro han de liquidarlo.
Y así entre la algarabía
de prepararse pa'el pago
la gente olvida que un Dios
les dio a todos un destino
que es un camino marcado
y que si alguno lo deja
se ensume hasta las orejas
en el charco del diablo...
pero en eso nadie piensa...
y ya en el medio e'la siesta
las guainas barren un patio
le acomodan los asientos
y cuelgan unos faroles
pa'que sirva pa'la fiesta.

-Gritó un hachero a la gente
-Ya abrió la administración!
y asomó un señor de lentes
que le llaman "el contador",
se escuda en un mostrador
que encaja contra una puerta
y allí pide las libretas
pa'hacer la liquidación.

-A ver, Ramiro González.
-Presente -gritó un paisano
que refregando sus manos
se acerca hasta el mostrador.
-Esto es lo que te sobró,
son treinta y tres con noventa
poné el dedo en el recibo
aquí tenés tu libreta...
y sí es que querés chupar
pagá la caña al contado
porque ya saben ustedes
que para el chupi no hay cuenta.
-Ajá -le dijo González-,
Traiga nomás esa caña
Ya que es plata lo que suebra.
Y se fue a esperar el baile
Prendido de la botella.
Y así sigueron pasando
los hacheros en cadena,
cada hachero un eslabón
cada eslabón una pena,
penas que pronto olvidaron
con esa caña que quema,
porque todos se llevaron
para el baile su botella...

Hasta que llegó la noche
en aquel rancho de fiesta
fiesta pobre del hachero
que no sabe ni una letra
y el que montado en sus sueños
quiere escapar rienda suelta
por el camino del vino
hacia una vida más buena...
pero el vino es traicionero
y lo aparta de esa huella
él lo empuja desde adentro
para que vuelva a la fiesta
y lo invita que demuestre
que es más hombre cualquiera,
porque el vino manda fácil
cuando el hombre es sin escuela.
Y así comienza la cosa
tal vez por una zoncera
empieza la discusión
los ánimos se caldean
y después de un empujón
ya está lista de pelea.
Benítez quiso sacar
a la novia de Cabrera
y el novio en cuanto lo vio
copó la banca en la fiesta.

-No chupe si es que no aguanta
y conmigo no se meta
no sea de que lo planche
de un cachetazo en la jeta.

Y ese fue todo el motivo
que originó la tragedia.
Benítez sacó el cuchillo,
también lo sacó Cabrera.

Y al pobre viejo don Castro
cuando vino a separar
Benítez le erró un puntazo
Que de darle lo bandea;
los cuchillos se encontraron
se gatearon como fieras,
Benítez perdió dos pasos
que fue ganando Cabrera,
se hicieron unos amagues
como estudiando flaquezas,
Benítez tanteó el destino
dejando la guardia abierta
y el otro que no era manco
lo convirtió en osamenta.

...Y allí empezaron los gritos
las lamentaciones y quejas,
el patrón vino corriendo
se agarraba la cabeza
y le echó mil maldiciones
a los que hicieron la fiesta...
el muerto era buen hachero
y perderlo era una pena...
el contador de los lentes
que llegaba en camiseta,
mirando dijo en voz alta
sin reparo a que lo oyeran:

-Cuando nó, estos negros tapes
no van a andar en pelea
tienen plata y ya se chupan
más vale que ni nacieran.
-No, mi amigo, no se pase
que también es culpa nuestra
-dijo el patrón en un tono
como a callarlo sin seña.
-Nosotros trajimos plata
y vendemos ese vino
que fue el que tomó Benítez
y hecho sangre ahora chorrea.
Aunque de todas las culpas
la mayor es la ignorancia
de esta gente sin escuela,
que se divierte a su modo
ya que chupar es su fiesta;

No se divierten mejor
porque nadie les enseña,
lo mismo que el trabajar
y ese vivir como bestias,
o el de no saber firmar
por no conocer las letras,
fue por que nadie les dijo
que en el pueblo hay una escuela
donde hay un director
y tal vez una maestra,
que ya hubieran evitado
hace rato esa pelea,
con esos dones de padres
que brotan de su paciencia...

Pero ya no pudo hablar
se hizo el duro a su manera
y se corrió pa'lo oscuro
disimulando su pena...
Y en el medio de aquel patio
como una muestra inservible
de otro tipo de coraje
se fue apagando Benítez
tendido en un viejo catre;
La noche se hizo profunda,
quedó en silencio el obraje,
un hacha quedó sin dueño,
un hijo quedó sin padre,
y un cuzco pensó pa' adentro
y estaré solo en el rancho
ya no hará falta que ladre.
Allí quedaba ese hachero
personaje de una historia
escrita en su propia sangre
para carne de los chismes
de las viejas del paraje
o pa'que al llegar al pueblo
en un cajón sin lustrarse
la gente diga tristona
"Hubo pago en el obraje".

miércoles, 22 de junio de 2011

Tiempo de la siembra poema de Don Luis Landriscina.


Tiempo adentro de la siembra (el loco José)
Luis Landriscina

Un hombre camina solo
tiempo adentro de la siembra.
Está paseando su angustia
sobre esa vida de tierra,
que son las pocas hectáreas
de esa chacra pura pena,
donde siempre tuvo algo
que vino a aguarle la fiesta.

Unas veces las heladas
que vinieron tempraneras,
otras veces fueron plagas,
otras lluvias y otras secas.
La cosa es que nunca tuvo
cosecha que fuera buena.

Ahora es otoño en su vida,
esa vida que se seca
como está seca la chacra,
culpa del sol que la quema.
Hoy ya no sabe qué hacer.
Se pasea y se pasea...
los ojos mirando lejos
como añorando su tierra,
o mirando en años mozos
cuando a estas playas viniera.
(Porque a veces, algo ayuda
el recordar cosas viejas).

Pensar en cuando llegó
una mañana serena,
amanecer de ilusiones
que iluminaron su senda
para que encuentre un arado
y se olvide de la guerra.

Ilusiones que anduvieron
caminando en tierra suelta,
cantando junto a su dueño
con cada gota de siembra.
Ilusión que hecha capullos
le permitió que intentara
traer a la que esperaba
en un pueblito de Europa
para ser su compañera.

Y al poco tiempo llegó,
la tímida Federenka.
Pelo rubio y ojos claros
que apuntalaron la siembra
iluminando aquel rancho
con su menuda presencia.
Llegó la gringa y la chacra
parecía estar de fiesta.
Aparecieron cortinas
y hasta mantel en la mesa.

Cantaron mejor las aves
al ver que llegó una dueña,
y tuvo otro gusto el pan
que amasara por las noches
en ese andar de impaciencias,
porque la gringa era arisca
para andarse con pereza
y a todo le puso el lomo
sin preguntar cuánto pesa.

Y así pasaron seis años
persiguiendo la cosecha.
Mas lo bueno dura poco
y la pobre cayó enferma.
El gringo desesperaba
sin saber cómo atenderla.

Temblando la llevó al pueblo
cuerpeándole a la picada
su sendero de culebra,
y sin medir el cansancio
de aquéllas sus pobres bestias.
entró al galope en el pueblo
como a ganarle a la muerte
una vida en la carrera.

Y en esa misma volanta
mensajera de cosechas,
muy triste por la picada
llorando trajo sus penas,
porque se volvió muy solo
sin la pobre Federenka
que se quedó para siempre
debajo de un poncho e'tierra.

Iba llegando a la chacra
y en el rancho creyó verla,
repitiendo esas palabras
que al morir ella dijera:
- Cuidá la chacra, José,
trabajá y nunca la vendas.

Y allí comenzó a vivir
las cuentas de su existir
en un rosario de penas,
porque además de faltarle
su tan guapa compañera,
el destino desde entonces
le mezquinó las cosechas.

Por eso camina solo
bajo aquel sol que lo quema,
como queriendo en su andar
gastar el surco hasta hundirse
para siempre en esa tierra,
como queriendo encontrar
junto a perdidas cosechas
la figura angelical
de su buena Federenka,
para seguir siempre juntos
caminando de la mano
tiempo adentro de la siembra.