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lunes, 2 de abril de 2018

VETERANOS DE MALVINAS por Lydia Musachi.

VETERANOS DE MALVINAS

Gran Malvina, Soledad
hermanas en mar helado
turba de suelo regado
con sangre de mis hermanos.

Archipiélago estudiado
en libros de geografía,
son mas de 200 islas
rodeadas de mar y niebla.

Fue en abril el despertar
de gaviotas y pingüinos
ruido de armas alzadas
por soldados argentinos.

Ordenes a puño alzado
son nuestras las hermanitas,
jóvenes uniformados
con valor y pocas fintas.

Un 2 de abril comenzaron
a sentirse un poco dueños
de esos pedazos de tierra,
habitados por extraños.

Sin miedo desembarcaron
enarbolaron bandera,
llegaron como jugando
soldaditos a la guerra.

Sin conocer a su gente,
hablando muy poco idioma
sintiendo que con las armas
cualquier idioma se entiende.

Praderas de turba fría
húmedas de niebla gris,
socavaron su escondite
y comenzaron a sufrir.

Agua, frío , hambre y miedo
sus compañeros allí fueron
y obedeciendo las órdenes
con gloria allí murieron.

Trescientos y tantos hombres
estrenando fusil y balas
fueron cayendo de a poco
en medio de tantas lágrimas.

Conscriptos recién entrenados
luchando como dragones,
valor que les dio el amor
de toda
la patria rogando.

Veteranos de Malvinas
hoy los vemos por las calles
vendedores ambulantes,
luchando necesidades
con dolores restallantes.

Sobrevivientes del duelo
dispar entre dos gobiernos,
uno  pobre, delirante y
el otro pirata acérrimo.

Veteranos de Malvinas
hoy y siempre recordamos
el fervoroso coraje de sus
rostros camuflados,
cuando al ataque avanzaron
dejando en las Islas marcas
y en Darwin descansando
doscientos treinta y siete cruces blancas.


Lydia Musachi.

El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas con el fin de recuperar la soberanía que en 1833 había sido arrebatada por fuerzas armadas de Gran Bretaña. A pocos días del desembarco y toma de las islas por parte de la tripulación argentina, la entonces primera ministra de Inglaterra, Margaret Tatcher, envió una fuerte dotación de militares ingleses para dar respuesta y desplazar a la milicia argentina.

El conflicto bélico resultó ineludible. Si bien fue corto, duró alrededor de dos meses y medio, tuvo resultados contundentemente trágicos: 649 bajas argentinas y más de 500 suicidios motivados por secuelas y traumas de posguerra.

El desalentador escenario político, social y económico que Argentina protagonizaba en ese entonces, funcionó como principal motivación para que la dictadura cívico-militar decidiera, de forma apresurada y sin mayores estrategias militares, realizar un acto patriótico y heroico que mejorara su imagen como gobierno. Sin embargo, el fracaso y derrota de las tropas argentinas deterioró aún más su imagen.

miércoles, 16 de agosto de 2017

LUNA TAMBERA de Lydia Musachi.


LUNA TAMBERA.
de Lydia Musachi.
Montando el nochero y fumando su pucho de armar
en frías noches de invierno mi padre va,
potrero de alfalfa, buscando las vacas
en la madrugada, para ordeñar.

Luna tambera, su compañera, en la oscuridad,
como todas las veces llegando al corral,
camino de rocío, arreando las vacas,
silbando bajito, el Tonio va,
balar de terneros, taloneando al nochero,
por los potreros mi padre va.

Publicado en http://grupoloslanceros.blogspot.com.ar/
imagen del mismo sitio.

sábado, 24 de septiembre de 2016

LA ESPERANZA - Lydia Musachi.-

Los cerros eran el horizonte por los cuatro costados. Perdida en el fondo del valle donde serpentea el río mas caudaloso, entre un bosquecito perfumado de yuyos, allí se encuentra Mi Esperanza, una finca serrana, fresca y con olor a hogar desde su amplia galería.
Para los lugareños la finca es una leyenda y en cuanto me contaron algunos de sus misterios mi instinto de comunicadora me empujó a querer conocerla para luego contar lo que ví, lo que sentí y lo que imaginé sobre élla.
Golpeé las manos y enseguida salieron a ladrarme dos hermoso perros ovejeros, que al grito de su amo, volvieron sobre sus pasos. Allí de pie en la fresca galería, un anciano de buen porte y mejor pilcha gaucha, me observaba.
-Buenos días Señor!
-Buenos días Señorita, que se le ofrece? –respondió.
Y allí me quedé, parada y muda. Qué le podía decir?  Tenía miedo de ofenderlo y que me saque a guascazos con el hermoso rebenque se lucía colgado en la pared.
Me presento respetuosamente y le digo que soy una turista curiosa nomás, que me encantó su casa, todo el lugar y que pensé en su antigüedad, sus historias, y como me gusta escribir, a lo mejor pueda inspirarme y escribir por fin mi primer novela.
Me miró como sospechando, entrecerrando los ojos, pero al fin extendió su mano y me dijo me llamo Braulio Altamirano, pase Ud. y para eso de la novela, no creo que haya mucho para contar por acá.
Tomamos asiento en unos sillones rústicos de madera sin lustrar y paja trenzada, cómodos y cálidos como de hogar acogedor. Se me escapa la mirada hacia tantas bellas plantas que adornan la galería, jazmines trepadores, abrazando las columnas de caños verde inglés, tinajas panzonas llenas de malvones, láminas de Molina Campos adornando las blancas paredes y  lazos de amor colgando de las macetas. El olor a campo llena mis pulmones y una linda señora parada frente a mí, me extiende su mano. Una sonrisa en su boca y una trenza oscura cayendo sobre el pecho.
-          Sea bienvenida a nuestra casa, que la trae por aquí?
-          Me traen la paz de este lugar y la belleza de su casa, contesté. Pero soy muy curiosa y me parece que hay historia detrás de estos muros y quizás algunas muy lindas y románticas. No puede haber pasado la vida, sin haber dejado rastros en un lugar tan especial.
-          Tiene razón, me contestó,-esta casa y este lugar,-están plenos de historias, de luchas hostiles, de amores difíciles y de grandes acontecimientos. Al menos así  sentimos los que algo de todo eso hemos vivido aquí.
Así fui aceptada como huésped de honor en esa bella casa, y allí mismo percibí que el argumento de mi novela estaba asegurado.
Me alegró el corazón la amabilidad del matrimonio, tanto como si hubieran estado  estado esperando mi llegada. Quizás les parecí sincera o les recordé a alguna hija que anduviera lejos por el mundo, fue la explicación que me dí.
Como no llevaba equipaje, la dueña de casa, que allí supe que se llamaba María, me ofreció todo lo necesario para mi higiene personal y me acompañó al cuarto de huéspedes.
Cercano ya el mediodía, el sol picaba fuerte, así que me convidaron con un vaso de agua fresca, recién extraída a balde y cadena de un aljibe que se veía en el patio.
Conversamos un rato, los tres en la galería y luego pasamos al comedor, dónde María presentó una asadera con carne dorada , acompañada de hortalizas y verduras.
Que rica me pareció la comida, que linda conversación tuvimos los tres solos en la casa, parecíamos como si fuéramos de la familia y que hubiéramos pasado mucho tiempo sin vernos. Me impresionó el tratamiento cariñoso entre la pareja, con cuanto amor se atendían mutuamente. María era tratada con dulzura por su esposo y élla respondía con respeto, pero se leía el amor en su mirada. Observé callada que la vida en esa casa era como en un remanso de paz.
Me contaron que Don Braulio había heredado ese campo de sus padres, hace muchos años, que tenían algunas cabezas de ganado para subsistir y caballos mansos para salir a recorrer el paisaje.
-La señora monta muy bien desde que era niña, me dijo su marido acariciándole el pelo. Y ordeña una vaca todas las mañanas, abre la puerta del corral a las cabras y ovejas para que salgan hacia el cerro a pastar, acompañadas por los perros. Ellos mismos las arrean hacia los corrales al atardecer, donde María las espera y las vuelve a encerrar.
-Se encuentra a gusto? Me preguntaron  a dúo. Mi respuesta positiva los hizo sonreír y propusieron que me fuera a dormir una linda siesta y que luego tenían algunas cosas para contarme, que seguramente servirían para escribir una novela.
- Y de ésas que tienen final feliz, dice María, tocando suavemente la mejilla de su esposo.
Luego de la siesta y de unos ricos mates con tortillas, salimos los tres a caballo, para recorrer el pequeño valle, llegando hasta un arroyito rumoroso, que salpicaba las orillas pobladas de berros.
 Pese a que Don Braulio no era joven como su esposa, se los veía saludables y felices de vivir de manera tan sencilla y con tanta libertad, cabalgaban conversando entre éllos y a cada rato me señalaban algún árbol añoso o algunos pájaros que salían volando, nombrándolos y contando alguna anécdota.
Al regresar, ya era el atardecer, la señora se dirigió a supervisar sus animales en el corral y a prepara la cena en la cocina. Quise acompañarla pero me indicó que me quedara junto a su esposo a tomar un refresco en la galería y que le pidiera que me contara algún acontecimiento o leyenda, porque el tenía buena memoria.
Mejor lo dejamos para después de la cena, me dijo don Braulio, vaya nomás a la cocina, si es su gusto. La típica cocina de campo me asombró por su limpieza y por el orden. Ollas y sartenes colgaban sobre la cocina a leña, con una típica campana instalada sobre las hornallas y la luz provenía de una antigua lámpara de hierro que pendía de las vigas del techo, alto y señorial. Pronto estábamos cenando en el comedor y mis sentimientos eran como de estar viviendo en otro tiempo.
Afuera la noche era silenciosa y tibia. La luna señoreaba en un cielo azul-negro, cuajado de luciérnagas titilantes y se prestaba para sentarnos a tomar mates con cedrón en la galería y también para escuchar las historias que me tenían prometidas y que me llenaban de interrogantes.
Don Braulio la mira a María y le dice: -le contamos nuestra historia? Y élla riendo le dice que sí, que yo merecía escribir mi primer novela y que éllos podían colaborar.
Había una vez, hace muchos años, una casa de campo, dónde vivía una pareja que había llegado a casarse tras muchas vicisitudes, chismes de comadres y lágrimas derramadas. El varón, hijo de un hombre de campo, con reglas estrictas respecto al honor y la virtud, se había enamorado de Juliana, una bonita niña de un establecimiento ubicado en los cerros. Al tiempo de conocerla, le propuso matrimonio, soslayando las recomendaciones de su padre, que había oído que la joven no era tan virtuosa como él pretendía que fuera la mujer elegida para esposa de su hijo. Se comentaba que la señorita había sufrido una violación, en el transcurso de un viaje a la ciudad cercana. Tras reuniones, llantos y discusiones familiares, los enamorados deciden fugarse y en una capilla perdida en los cerros, se casaron. Anduvieron trabajando en lo que encontraban, ambos estaban acostumbrados al trabajo duro, y al final se afincaron, ya con una hija, en una pequeña casa, entre molles y algarrobos a la orilla del Río Grande. Al tiempo, Juliana enfermó gravemente y ya no pudo hacerse cargo de las tareas que demandaba el hogar. Su hija, de apenas 10 años, se hizo cargo del cuidado de su madre enferma y de las tareas de la casa. Dejó de concurrir a la escuelita rural y asistió hasta el último momento a su querida madre. Luego del dolor por su partida, la vida siguió su curso. La pequeña volvió a la escuela, su padre le ensillaba el caballo y cada mañana partía para hacer una hora de camino, por estrechos senderos en el monte, y asistir entusiasmada a sus clases. Al terminar su escolaridad, se dedicó de lleno al cuidado de la casa, de las cabras y las ovejas, mientras el padre sembraba los claros del monte, alambraba y atendía el ganado que pastaba en los cerros.
Cada noche se encontraban en la mesa y comentaban los acontecimientos del día, lo que había hecho cada uno en lo suyo.
Y llegó la primavera al alma de la niña y soñó como lo hacen todas las jovencitas, con el amor y los ojos se le llenaron de pájaros y en su panza revoloteaban mariposas.
Su padre tenía 42 años y hacía 8 que había quedado viudo. No había vuelto a enamorarse, pese a que los domingos solía llegarse hasta el pueblo a visitar conocidos o jugar a las bochas en el boliche.
La joven era muy alegre y se notaba feliz de vivir de la manera en que lo hacía. Se arreglaba bien su largo pelo, se ponía color en las mejillas y los domingos se vestía para ir a misa a la capilla cercana. Al regresar cocinaba algo rico y ponía lindas flores en toda la casa. Un día sintió algo extraño en su pecho, cuando percibió la mirada de su padre, a través de la mesa del comedor y  sintió como le ardían las mejillas. Logró sonreír y levantarse apresurada a  lavar los platos. Qué me pasa, se preguntó.?
Otro día se vio ansiosa esperando que regresara del pueblo el hombre de la casa y  preocupada se puso a llorar. Qué es lo que me pasa? Decía para sí mismo. A quién le puedo contar?. Y decidió que el domingo iba a ir a la capilla, un rato antes de la misa, para poder hablar con el viejo cura que la conocía desde muy chica.
Por las noches no podía dormir, caminaba por la casa, intranquila, se miraba mucho en el espejo, deseaba y le preocupaba a la vez, que llegara el domingo. Una de esas noches de insomnio, deambulando por la casa, se topó de lleno con los ojos hermosos del hombre que creía era su padre y en la oscuridad, se acurrucó en su pecho como pidiendo su amparo, pero sus instintos y la sinrazón de sus sentimientos hicieron que levantara su cara y buscara su boca. El abrazo y el beso fue correspondido y luego se sintió tomada de la mano y conducida hacia la galería, donde se sentaron y la oscura noche fue testigo de la explicación de todas las cosas que le estaban sucediendo.
-          María, le dijo el hombre recién descubierto, yo no soy tu padre biológico, me casé con tu madre por amor a élla y a vos que venías en camino, fruto de la violación que le infligiera un desconocido a tu mamá en el camino a la ciudad. Eso explica lo que sientes, no llevas mi sangre, por eso ahora que has despertado como mujer, percibes sensaciones que te llenan de miedo y a la vez de alegría. Si no me equivoco, querida mía, estás enamorada y yo me culpo por haberte mirado con el amor que siento por ti, desde el día que me dí cuenta que ya eras una hermosa mujer.
-          Y aquí nos ve, señorita, después de 40 años, llenos de amor el uno por el otro y lejos de la gente que no entendió el lenguaje tan simple de la vida, el del amor.
Regresé a la “civilización” con la mas dulce de las experiencias y me puse a escribir una bella historia de amor, sin siquiera tener que usar la imaginación.

Lydia Musachi- Valle Hermoso, 10 de enero de 2010.

lunes, 12 de octubre de 2015

Te llamamos Patagonia por Lydia Musachi.

Te llamamos Patagonia
por Lydia Musachi.

Tanta arena y tanto viento que erosionan,
Altas bardas y canciones de las provincias del sur,
Nos acostumbramos a llamarte Patagonia,
Desde Río Negro, Chubut y el Neuquén,
Hasta la árida Santa Cruz y  la Tierra del Fuego,
 bien Ona , del final.
La Patagonia crece siendo mar, desierto y cordillera,


Remontando los ríos hacia el Ande,
Pasando por todos sus preciados Valles,
Y enfrentando al viento sur hasta perderse,
En las aguas heladas de la Antártida.

El estrecho pone un límite al continente,
De aquí estepas, coirones y el carbón,
Del otro lado estancias, pueblos y la gente,


Isleña y fueguina, a puro corazón.

PERTENECE AL SITIO DEL GRUPO LOS LANCEROS DESDE EL TREBOL, SANTA FÉ, LA ARGENTINA.

viernes, 3 de abril de 2015

VETERANOS DE MALVINAS por Lydia Musachi.

VETERANOS DE MALVINAS.

Gran Malvina, Soledad
hermanas en mar helado
turba de suelo regado
con sangre de mis hermanos.

Archipiélago estudiado
en libros de geografía,
son mas de 200 islas
rodeadas de mar y niebla.

Fue en abril el despertar
de gaviotas y pingüinos
ruido de armas alzadas
por soldados argentinos.

Ordenes a puño alzado
son nuestras las hermanitas,
jóvenes uniformados
con valor y pocas fintas.

Un 2 de abril comenzaron
a sentirse un poco dueños
de esos pedazos de tierra,
habitados por extraños.

Sin miedo desembarcaron
enarbolaron bandera,
llegaron como jugando
soldaditos a la guerra.

Sin conocer a su gente,
hablando muy poco idioma
sintiendo que con las armas
cualquier idioma se entiende.

Praderas de turba fría
húmedas de niebla gris,
socavaron su escondite
y comenzaron a sufrir.

Agua, frío , hambre y miedo
sus compañeros allí fueron
y obedeciendo las órdenes
con gloria allí murieron.

Trescientos y tantos hombres
estrenando fusil y balas
fueron cayendo de a poco
en medio de tantas lágrimas.

Conscriptos recién entrenados
luchando como dragones,
valor que les dio el amor
de toda
la patria rogando.

Veteranos de Malvinas
hoy los vemos por las calles
vendedores ambulantes,
luchando necesidades
con dolores restallantes.

Sobrevivientes del duelo
dispar entre dos gobiernos,
uno  pobre, delirante y
el otro pirata acérrimo.

Veteranos de Malvinas
hoy y siempre recordamos
el fervoroso coraje de sus
rostros camuflados,
cuando al ataque avanzaron
dejando en las Islas marcas
y en Darwin descansando
doscientos treinta y siete cruces blancas.

Publicado en el Blog del Grupo los Lanceros de la PEÑA FOLKLÓRICA LOS LANCEROS. Institución fundada el 15 de marzo de 1988 de El Trébol- Pcia. de Sta.  Fe, la Argentina.
http://grupoloslanceros.blogspot.com.ar/

lunes, 7 de abril de 2014

LA SIETE DE ABRIL (Zamba) - Andrés Chazarreta.


Triste y con penas me voy 

voy cantando esta canción

buscando consuelo en esta zamba 
porque me ha pedido el corazón. 

Lejos se escucha mi voz 
y ella dice en su cantar 
en aquellas noches silenciosas
canto porque alivio mi pesar. 

Como el perfume de flor 
suave acompasada sos 
has hecho bailar a muchos criollos 
haciendo vivir la tradición. 

Tu melodía quizás 
siempre ha sido para mí 
la que muchas veces he soñado 
y así te nombré Siete de Abril. 

Estribillo: 

Otros andarán por ai´ 

igualitos como yo 

cantando tristes sus penas 

zamba sos mi canción.


Chazarreta, Andrés A. Santiago del Estero, 29-05-1876; Santiago del Estero, 24-04-1960.
Recopilador, guitarrista y empresario. Huérfano de madre a los cuatro años, se crió junto a su abuela y a sus hermanos. En 1895 se recibió de maestro y ejerció la docencia de niños y adultos hasta 1906, llegando a ser Inspector de Escuelas en 1905. También fue maestro y ocupó cargos directivos en escuelas militares. De niño tocaba la'armónica y el acordeón. Ya adolescente, sus hermanos le enseñaron rudimentos de guitarra con los que aprendió a rasguear zambas, chacareras, escondidos, vídalas y gatos. En 1902 comenzó estudios de teoría y solfeo y técnica guitarrística, lo que le llevó a interesarse por un tiempo en música académica europea entonces en boga. Como integrante de una pequeña orquesta, conoció la ejecución de danzas como valses, mazurcas, schotis, lanceros, serenatas y otras que se bailaban entonces en los salones aristocráticos. En 1960 interpretó públicamente en un teatro d esa ciudad la Zamba de Vargas, un tema tradicional que había transcripto y arreglado para guitarra y que hizo editar en Buenos Aires en 1908 por la Casa Medina, firmándolo como propio. Influido por la Literatura tradicionalista y por las representaciones gauchescas de los circos criollos, formó un elenco con bailarines y músicos santiagueños aficcionados para poner en escena las danzas y canciones tradicionales de la época. En Julio de 1911 debutó en teatro Pasatiempo del Águila, obteniendo un clamoroso éxito, a pesar de la oposición oficial y de ciertas aristocracias locales, que veían en estas representaciones un resabio del pasado 'bárbaro". poco después repitió la presentación en Tucumán, donde se renovó el rechazo oficial y la aprobación popular. La compañía dio otros espectáculos en diversos puntos de las provincias del noroeste. Mientras tanto, Chazarreta continuaba con su labor docente y su tarea de recopilación y transcripción de las obras de las cuales iba tomando conocimiento. En 1918 viajó a Bs. As. con el fin de interesar a literatos y empresarios en la presentación de su compañía, pero no tuvo eco. En 1920 se asoció con el empresario teatral Juan Mauri. Este - quién más tarde se casaría con la cantante de la orquesta, Patrocinio Díaz- obtuvo entonces el porte`no Teatro Politeama. La compañía debutó a allí en Marzo e 1921, y permaneció en cartel por más de un mes a razón de 2 funciones diarias. Este éxito posibilitó la realización de giras por ciudades como La Plata, Rosario, Paraná, Córdoba y Montevideo. Desde entonces y hasta 1939, ya fuera con su compañía o con sus grupos de niños, Chazarreta retornaría año por medio a la Capital. Fundó allí en 1941 la Academia de Danzas Nativas y en 1942 la Orquesta de Arte Nativo. En 1937 y 1943 encabezó audiciones en las radios Nacional, Belgrano, El Mundo y Stensor. Desde 1929 hasta 1959 grabó innumerables discos para la RCA Víctor en solos, dúo, tríos, cuartetos o con la orquesta, que llegó a tener veinte integrantes.
OBRA EDITADA: En Santiago del Estero: Álbum musical santiagueño de piezas criollas coleccionadas para piano, publicado en homenaje al Centenario de la Independencia Argentina, 1916; En Buenos Aires: Segundo Álbum musical santiagueño de tonadas y bailes criollos para canto y piano, en 1920; Tercer Álbum musical de tonadas y bailes criollos para canto y piano, 1923; Cuarto Álbum para piano y canto, 1927; Quinto Álbum de Música nativa, 1934; Sexto Álbum de Música Nativa, 1935; Séptimo Álbum de Música Nativa, 1940.
Autor: Emilio Pedro Portorrico.
Publicado en blog del Grupo Peña Folklórica Los Lanceros desde EL TRÉBOL, SANTA FE.