LA LEYENDA DEL COQUENA
JUAN CARLOS DÁVALOS
Cazando vicuñas anduve en los cerros.
Heridas de bala se escaparon dos.
-No caces vicuñas con arma de fuego,
Coquena se enoja - me dijo un pastor.
- ¿Por qué no pillarlas a la usanza vieja,
cercando la hoyada con hilo punzó?
¿Para qué matarlas, si sólo codicias
para tus vestidos el fino vellón?
-No caces vicuñas con arma de fuego,
Coquena las venga, te lo digo yo.
¿No viste en las mansas pupilas oscuras
brillar la serena mirada del dios?
-¿Tú viste a Coquena?
-Yo nunca lo vide,
pero sí mi agüelo - repuso el pastor;-
una vez oíle silbar solamente,
y en unos tolares, como a la oración.
Coquena es enano; de vicuña lleva
sombrero, escarpines, casaca y calzón;
gasta diminutas ojotas de duende,
y diz que es de cholo la cara del dios.
De todo ganado que pace en los cerros,
Coquena es oculto, celoso pastor;
si ves a lo lejos moverse las tropas,
es porque invisible las arrea el dios.
Y es él quien se roba de noche las llamas
cuando con exceso las carga el patrón.
En unos sayales, encima del cerro,
guardando sus cabras andaba el pasto;
zumbaba en los iros el gárrulo viento,
rajaba las piedras la fuerza del sol.
De allende las cumbres de nieves eternas,
venir los nublados miraba el pastor;
después la neblina cubrió todo el valle,
subió por las faldas y el cerro tapó...
Huyó por los filos el hato disperso,
y a gritos, en vano, lo llama el pastor.
La noche le toma sentado en cuclillas,
y un sueño profundo sus ojos cerró.
Cuando el alba tiñe - limpiando los cielos-
de rosa las abras, despierta el pastor.
Junto a él, a trueque del hato perdido,
Coquena, de oro le puso un zurrón.
No más en los cerros guardando sus cabras,
las gentes del valle vieron al pastor;
Coquena dispuso que fuese muy rico.
Tal premia a los buenos pastores el dios.
Juan Carlos Dávalos fue un escritor argentino nacido en provincia
de Salta en 1887. Su sangre lo unía a encomenderos y patriotas. A los dieciséis
años, junto con David Michel Torino, fundó el periódico "Sancho
Panza".
Falleció el 6 de noviembre
de 1959 en la Ciudad de Salta.
El poeta nacido en Cerrillos
(Salta) Manuel J. Castilla le dedicó unos versos: "porque la tierra viva
se quedó en las manos/ como una húmeda sombra enamorada/ Yo digo que la tierra
lo nombra en la semilla".
EL COQUENA – Leyenda
Salteña.
En las inmensas soledades de la puna, los ganados están
protegidos. Un enanito misterioso, un duendecillo, que todo lo ve, es quien
defiende sus vidas de las crueldades humanas. Nadie ha visto a Coquena. Es fama
que tiene cara de cholo y viste casaca y pantalón de vicuña. Lleva también
diminutas ojotas y ancho sombrero de suave pelo. Desde las alturas contempla
sus bestias sin ser visto. Sólo se ha escuchado su silbido, que es mágico
llamado. Pero es tal la seguridad de su presencia que todos le temen. Por eso
no matan vicuñas ni llamas para utilizar su pelo.
Prefieren cortar suavemente el vellón. Tampoco maltratan a
las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros. Se cuentan historias,
en que justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese
don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve,
cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida
su hato de cabras en plena borrasca. Y está su persona tan ligada a los hechos
que ocurren por estas regiones, que, en Salta, cuando aparece un forastero,
para adquirir provisiones y, tocándose con el codo, murmuran: "Es
coquena". (http://www.portaldesalta.gov.ar/)