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jueves, 13 de agosto de 2026

Romance de la luna tucumana de Don Atahualpa Yupanqui / LUNA TUCUMANA - ATAHUALPA YUPANQUI / PABLO DEL CERRO.


Romance de la luna tucumana. 

de Don Atahualpa Yupanqui.

 

Bajo el puñal del invierno

Murió en los campos la tarde.

Con su tambor de desvelos

Salió la luna a rezarle.

 

Rezos en la noche blanca

Tañen las arpas del aire,

Mientras le nacen violines

A los álamos del valle.

 

Se emponchan de grises nieblas

Los verdes cañaverales

Y caminan los caminos

Con su escolta de azahares.

 

Zamba de la luna llena

Baila la noche en las calles

Con su pañuelo de esquinas

Y su ademán de saudades.

 

La noche llena de arpegios,

La copa de los nogales;

El tamboril de la luna

Cuelga su copla en el aire.

 

Mi corazón bate palmas

Con las manos de mi sangre

Mientras cansada, la luna,

Se duerme sobre los valles...

En Sadaic figuran como autores: 

CHAVERO HÉCTOR ROBERTO y AZNAR PEDRO.


::: ::: :::

LUNA TUCUMANA, HIMNO CULTURAL.

Le canto porque ella sabe de mi largo caminar.

Esta creación suya desde hace años pasó a ser de la gente "que se la apropió" pues prendió como pastito seco.

y cuando las canta el pueblo,

ya nadie sabe el autor”. Decía Manuel Machado.

El 23 de enero de 1949, se registra la zamba «Luna Tucumana» con el subtítulo «Yo le canto a la luna», con música y letra de Atahualpa Yupanqui. Esto es lo que figura en SADAIC. Sin embargo, Héctor Roberto Chavero, hijo de don Atahualpa, sostiene que en esta zamba, también tiene parte como autora su madre Antonietta Paule Pepin-Fitzpatrick, quien firmaba con el seudónimo “Pablo del Cerro”.

"Comencé a hacer mis viajes a caballo entre Tucumán y Tafí del Valle. Para hacer esa travesía de treinta horas cuesta arriba, cuesta abajo, tres cerros, algunas quebradas y un largo faldeo en el Valle de las Carreras para entrar a Tafí, yo tenía una mula en Acheral. Una deliciosa aldea que conocí, amé y jamás olvido... ¡Acheral de Tucumán! Ahí tenía mi mula y de ahí salí ocho o diez veces durante ocho o diez años seguidos. Jamás fui en automóvil a Tafí del Valle, siempre al montao, desde Acheral a Tafí del Valle. Eso con el tiempo me trajo esta facultad y este montón de recuerdos y de ideas. Y las ganas de decirle mi amor y mi cariño y mi recuerdo permanente a Tucumán, a Acheral y sobre todo a la luna tucumana. Porque yo salía a las cinco de la mañana, a las cuatro de la mañana, ensillaba mi caballo, mi mula, y salía. Y recién me amanecía en el faldeo, a mitad del camino... ¡recién me amanecía! Vale decir que la luna me acompañó siempre, por eso digo en los versos 'Yo no le canto a la luna, porque alumbra y nada más, le canto porque ella sabe de mi largo caminar” -decía Atahualpa Yupanqui-.

Junto a Don Atahualpa Yupanqui, compuso temas como Indiecito dormido, El alazán, El arriero, Guitarra dímelo tú, Luna Tucumana (primera pieza de la dupla compositiva), Chacarera de las piedras, Melodía del adiós-Danza rústica y muchas más.

Unas 65 composiciones figuran a nombre de “Antonieta Paula Pepin” en la página de SADAIC, de las cuales 37 fueron escritas por la pareja.

Aún así, eso quedó como un detalle oculto detrás de los prejuicios de la época, que la obligaron a firmar ante la audiencia como “Pablo del Cerro”.

El 30 de marzo de 2004 el Gobierno de Tucumán sanciona la ley 7375, adoptando como Himno Cultural de la Provincia de Tucumán, a la obra musical la zamba “Luna tucumana”.


LUNA TUCUMANA  

de ATAHUALPA YUPANQUI / PABLO DEL CERRO.

Yo no le canto a la luna
porque alumbra y nada más;
le canto porque ella sabe
de mi largo caminar
 
¡Ay, lunita tucumana,
tamborcito calchaquí;
compañera de los gauchos,
en las sendas de Tafí!
 

Perdido en las cerrazones,
¿quién sabe, viditay, por dónde andaré?
Mas cuando salga la luna,
cantaré, cantaré
a mi Tucumán querido;
cantaré, cantaré, cantaré.


Con esperanza o con pena,
en los campos de Acheral,
yo he visto a la luna buena
besando el cañaveral.
 
En algo nos parecemos,
luna de la soledad:
yo voy andando y cantando,
que es mi modo de alumbrar.

En Sadaic figura CHAVERO HÉCTOR ROBERTO.





MOMENTO MUSICAL.



sábado, 31 de mayo de 2025

LUNA TUCUMANA - ATAHUALPA YUPANQUI / PABLO DEL CERRO.

 


LUNA TUCUMANA.

Yo no le canto a la luna

porque alumbra y nada mas,

le canto porque ella sabe

de mi largo caminar.

 

Ay lunita tucumana

tamborcito calchaquí,

compañera de los gauchos

en las sendas de Tafí.

 

Perdida en las cerrazones

quien sabe vidita

por donde andaré

mas, cuando salga la luna,

cantaré, cantaré.

A mi Tucumán querido

cantaré, cantaré, cantaré.

 

Con esperanza o con pena

en los campos de Acheral

yo he visto a la luna buena

besando el cañaveral.

 

En algo nos parecemos

luna de la soledad:

yo voy andando y cantando

que es mi modo de alumbrar.

'Yo no le canto a la luna, porque alumbra y nada más, le canto porque ella sabe de mi largo caminar”.

Atahualpa Yupanqui  con su sabiduría criticaba a los poetas "alunados", como los llamaba, con esos versos terribles: "de tanto mirar la luna/ ya nada sabes mirar; eres como un pobre ciego/ que no sabe a dónde va" en "El Poeta" porque Don Ata pensaba lo que manifiesta en la zamba "Luna Tucumana": "yo no le canto a la luna/ porque alumbra y nada más; le canto porque ella sabe/de mi largo caminar". 

Esta creación suya desde hace años pasó a ser de la gente "que se la apropió" pues prendió como pastito seco.

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Manuel Machado - Coplas Andaluces.

El 23 de enero de 1949, se registra la zamba «Luna Tucumana» con el subtítulo «Yo le canto a la luna», con música y letra de Atahualpa Yupanqui. Esto es lo que figura en SADAIC. Sin embargo, Héctor Roberto Chavero, hijo de don Atahualpa, sostiene que en esta zamba, también tiene parte como autora su madre Antonietta Paule Pepin-Fitzpatrick, quien firmaba con el seudónimo “Pablo del Cerro”.

"Con el tiempo me trajo esta facultad y este montón de recuerdos, de ideas y las ganas de decirle mi amor, mi cariño y mi recuerdo permanente a Tucumán, a Acheral y sobre todo a la luna tucumana" -decía Atahualpa Yupanqui-.

La zamba Luna Tucumana de Atahualpa Yupanqui fue declarada Himno Cultural de la Provincia, por Ley N° 7375.

El 30 de marzo de 2004 el gobierno tucumano decidió adoptar esta zamba del año 1949 como himno provincial. Su ejecución y canto ha sido incorporado al protocolo para todos los actos oficiales o escolares.

... ... ...

DON ATAHUALPA YUPANQUI. Héctor Roberto Chavero, verdadero nombre de Yupanqui, nació el 31 de enero de 1908 en el partido bonaerense de Pergamino, en las pampas, provincia de Buenos Aires. Nace en J. de la Peña, paraje Campo de la Cruz fue un hombre de muchos oficios, de esos que se hacen a sí mismos, con sabiduría.

Su madre, Higinia, era de origen vasco; su padre, José Demetrio Chavero, un humilde funcionario de ferrocarril criollo, que le bastaron para afirmar al historiar sus orígenes:

“Me galopan trescientos años de América, desde que don Diego Abad Chavero llegó para abatir quebrachos y algarrobos, a hacer puentes y columnas para iglesias y capillas”.

 

Mi agüelo fue carretero,

mi tata fue domador;

nunca se buscó dotor

pues se curaban con yuyos,

o escuchando los murmullos

de un estilo de mi flor.

 

El destino familiar lo llevó de niño a vivir en Tucumán, en el noroeste argentino que permite ponerse en contacto con la cultura hispanoamericana que marcaría a fuego el ser cantor de las artes olvidadas.

En sus últimos años opinaba: “Argentina siempre quiso ser universal… Así como un francés es analfabeto del mundo y erudito en Francia, nosotros somos eruditos en cosas del mundo y analfabetos en las del país” y agregaba con sabiduría “en China hay chinos que piensan y hablan en chino. Los húngaros son húngaros y los franceses, franceses. De esa unidad parten hacia la cultura, hacia el prisma ¿qué pasa con nuestra condición? ¿Cuándo aprenderemos a ser nacionalmente argentinos?

Falleció en Nimes (Francia) el 23 de mayo de 1992.  Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerro Colorado (provincia de Córdoba) bajo un roble europeo.

 

Y aunque me quiten la vida

O engrillen mi libertá

Y aunque chamusquen quizá

Mi guitarra en los fogones,

Han de vivir mis canciones

En un alma de los demás.

 

No me nuembren qu es pecao

Y no comenten mis trinos,

Yo me voy con mi destino

P al lao donde el sol se pierde;

Tal vez alguno se acuerde

Que aquí cantó un argentino.

 

* Versos de "Coplas del payador perseguido" de Atahualpa Yupanqui.

... ... ...

Nenette, la compositora “Pablo del Cerro”.

PABLO DEL CERRO. La esposa de Atahualpa Yupanqui, Antonietta Pepin Fitzpatrick (9 de abril de 1908 -  14 de noviembre de 1990), también conocida como Nenette (diminutivo de Antonietta), firmaba sus composiciones, incluyendo aquellas en colaboración con Yupanqui, bajo el seudónimo "Pablo del Cerro". Eligió ese seudónimo por su nombre (Paule) y por su lugar amado, Cerro Colorado (en la provincia de Córdoba.

Junto a Don Atahualpa Yupanqui, compuso temas como Indiecito dormido, El alazán, El arriero, Guitarra dímelo tú, Luna Tucumana (primera pieza de la dupla compositiva), Chacarera de las piedras, Melodía del adiós-Danza rústica y muchas más.

65 composiciones figuran a nombre de“Antonieta Paula Pepin” en la página de SADAIC, de las cuales 37 fueron escritas por la pareja.

Aún así, eso quedó como un detalle oculto detrás de los prejuicios de la época, que la obligaron a firmar ante la audiencia como “Pablo del Cerro”.

El seudónimo Pablo del Cerro”, cuenta su hijo Roberto en la web de Fundación Yupanqui, “lo tomó primero porque en los tiempos en que ella y mi padre se unieron, mi padre estaba casado pero no divorciado de su primer matrimonio. Y no estaba bien visto el aspecto de la concubina, no estaba bien visto además el hecho de que Yupanqui, que ya era Yupanqui, firmara ahora con una francesa. Todos esos prejuicios que solían haber. Por eso mi madre firmaba como Pablo del Cerro. Además, fue por el Cerro Colorado, que fue el lugar que nos albergó en tiempos duros y allí construimos ese rincón donde está el museo actualmente”.

Generalmente, él escribía una letra y ella la musicalizaba. Y así como mi madre opinaba sobre las letras, mi padre opinaba sobre algunos giros armónicos en las melodías, cosa de siempre conservar una buena literatura, si se quiere, en los textos, y una buena expresión musical, bien criolla. Así trabajaban ellos.”

Se comunicaban mostrándose las partes: ella al piano, él a la guitarra. “Mi padre tocaba un poco de piano; las partituras las escribía mi madre, pero sólo al momento de registrarlas, porque a veces es difícil transcribir todos los matices guitarrísticos.” En sus momentos juntos, Nenette y Yupanqui escuchaban a figuras musicales de ambos hemisferios: tanto Edvard Grieg y Sergei Rachmaninoff como los Hermanos Ábalos o Julio Argentino Jerez. Recién se casaron por civil e iglesia en 1979, al enviudar Yupanqui de su primera esposa. Todavía no existía la ley de divorcio.

"Mi padre tocaba un poco de piano; las partituras las escribía mi madre, pero sólo al momento de registrarlas, porque a veces es difícil transcribir todos los matices guitarrísticos.” Roberto Chavero, hijo.

Si bien en una carta de 1971, Yupanqui le anuncia a Nenette que ese sería su último año en Europa, lo cierto fue que resultó su modus operandi por el resto de su vida. "Acá, en Cosquín, por ejemplo –cuenta Kolla– que podía cobrar un tercio del cachet de las figuras más populares." El cansancio se iba acumulando en ambos cuerpos, y las distancias se sentían más cada vez más."

De lo publicado en Diario Clarín. Viva, 29/11/2021.

Los prejuicios de la época la obligaron a firmar ante la audiencia como "Pablo del Cerro".

Su nombre era Antonietta Paule Pepin Fitzpatrick, era francesa y pianista clásica nacida en en la isla de Saint Pierre et Miquelon (San Pedro y Miquelón) un archipiélago situado en América del Norte, frente a las costas canadienses de Terranova. Desde 1985 es una colectividad territorial francesa con un estatuto particular. Por ser una colonia del imperio francés, Nenette tuvo toda la vida la ciudadanía francesa.

Vivió en la Argentina nuestra. Se estableció en aquella Argentina próspera y de futuro junto a su padre, en 1928, en la localidad de Villa Ballester, Buenos Aires.

En 1942 llegó a San Miguel de Tucumán luego de uno de sus conciertos con la Orquesta Sinfónica Nacional, fue llevada por los organizadores a escuchar música folklórica del norte argentino.

Así conoció al cantautor argentino Atahualpa Yupanqui (Héctor Roberto Chavero, 1908-1992), hijo de un santiagueño y una vasca tuvo su único hijo, Roberto” Koya” Chavero.

Versiones en youtube.

Ver en Youtube.






martes, 31 de enero de 2023

El cielo está dentro de mí de Atahualpa Yupanqui - Pablo del Cerro.

El cielo está dentro de mí.
Atahualpa Yupanqui - Pablo del Cerro.

En lo alto de la sierra
Me detuve a descansar.
Pero sentí que me iba,
Sin moverme del lugar.

Los ojos se me perdieron
En aquella inmensidad,
Y me olvidé de mi mismo,
Tanto mirar y mirar.

De pronto me ha preguntado
La voz de la soledad,
Si andaba buscando el cielo,
Y yo respondí: "quizás".

El cielo está dentro de uno,
Y está el infierno también.
El alma escribe sus libros,
Pero ninguno los lee

A veces uno camina
Entre la sombra y la luz:
En la cara la sonrisa
Y en el corazón la cruz

Búscalo al cielo en ti mismo,
Que allí lo vas a encontrar.
Pero no es fácil hallarlo
Pues hay mucho que luchar.

Por caminos solitarios
Yo me puse a caminar.
Por fuera nada buscaba,
Pero por dentro, quizás...

jueves, 5 de octubre de 2017

Yo quiero un caballo negro (Atahualpa Yupanqui - Pablo del Cerro).

Yo quiero un caballo negro,
y unas espuelas de plata,
para alcanzar a la vida
que se me escapa
que se me escapa...

Yo quiero un lazo trenzado,
mezcla de toro y guanaco,
para enlazar a esos sueños
que se fugaron
que se fugaron...

Yo quiero, un poncho que tenga
el color de los caminos
para envolverme en la noche
de mi destino
de mi destino...

Caballo... espuelas. y lazo,
¡pienso que no han de servir!
Ya ni el poncho me hace falta.
Voy a dormir...
Voy a dormir...


PABLO DEL CERRO - Atahualpa Yupanqui
Pablo del Cerro
(Saint Pierre et Miquelon, Francia 1908 - Buenos Aires 1990)
por Kolla Chavero
Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick (Nenette) nació en la Isla de Saint Pierre et Miquelon (San Pedro y Miguelo) en la costa atlántica del Canadá. Por ser una colonia de Francia, Antonieta nació francesa.
Su padre Emmanuel Victor Pepin era francés y su madre Henriette Fitzpatrick, canadiense de origen irlandés.
Durante la primera guerra la familia se traslada a Francia.
Al poco tiempo muere la madre y la niña es enviada pupila a un colegio de la ciudad de Caen junto a su hermana mayor Jeanne Henriette (Juana Enriqueta).
Ambas hermanas se destacan en algunas artes durante el pupilato: Juana en dibujo y pintura. Antonieta en música y en particular el piano, instrumento por el cual sentiría una pasión que jamás la abandonaría.
Habiendo terminado sus estudios secundarios con las notas más brillantes, Juana se embarca, tiempo después, junto a una compañía de danza rumbo a una gira en el año 1926, que la llevaría al llegar a Buenos Aires a conocer el que sería su primer marido y afincarse en nuestro país.
Al terminar Antonieta sus estudios recibe junto a su padre la invitación de viajar a Argentina para instalarse también.
Lo hacen en 1928 y a partir de allí Antonieta se instala en Villa Ballester con su padre. Prosigue sus estudios de piano, ya avanzados, en el Conservatorio Nacional de Música recibiendo la formación musical de importante profesores de entonces, Pascual de Rogatis, Juan José Castro figuran entre aquellos maestros en composición y armonía.
También comparte estudios con una mujer que luego sería conocida mundialmente por sus investigaciones en materia de folklore: Isabel Aretz.
Antonieta inicia una serie de presentaciones como concertista de piano por el país y, en una de ellas, en 1942 llega a Tucumán, donde después de un concierto solicita a los organizadores escuchar música folklórica de nuestro país.
Allí es dónde se conocen con Atahualpa Yupanqui. Mantienen un vínculo amistoso y años después (1946) empiezan a convivir.
Deja Antonieta su carrera de pianista y se pone al servicio de la obra y el talento de su marido. En tiempo de las persecuciones a las que fué sometido Yupanqui, Nenette ( así la llamaba la familia cariñosamente desde pequeña), se dedicó a su hijo Roberto, nacido en 1948, y a componer junto a Yupanqui.
Eligió como seudónimo Pablo Del Cerro, por Pauline y por su lugar amado, Cerro Colorado.
Nacen así las melodías de Luna Tucumana, el Alazán, Indiecito dormido, Chacarera de las piedras, Agua Escondida, La del Campo y tantas otras que hoy son famosas en el mundo.
En 1961 regresó a su país durante unas vacaciones con su hijo Roberto. Luego, cuando Yupanqui empezó a viajar con frecuencia al exterior, lo acompañaba hasta Paris y allí lo aguardaba en un departamento pequeño que habían alquilado. Tuvo solo un hijo y tres nietos, Paula Muriel y Emiliano.
Falleció en el año 1990 de un paro cardíaco en Buenos Aires y solicitó que sus cenizas, de ser posible, fueran echadas al mar, en el Atlántico norte.
Hoy su obra se considera como una de las obras del canto y de la música popular más importantes de la Argentina.
Un detalle: a pesar de ser una de las compositoras más importante de nuestro país, jamás renunció a su nacionalidad francesa.

lunes, 21 de abril de 2014

Sin caballo y en Montiel - Atahualpa Yupanqui / Pablo del Cerro.

Pasé de largo por Tala,
detenerme para qué,
de poco vale un paisano
sin caballo y en Montiel.

Crucé por Altamirano,
por Sauce Norte crucé,
barro negro y huellas hondas
como endenantes hallé.

De recuerdos y caminos
un horizonte abarqué,
lejos se fueron mis ojos
como rastreando el ayer.

Climaco Acosta ya ha muerto,
Cipriano Vila también,
dos horcones entrerrianos
de una amistad sin revés.

Por eso pasé de largo,
detenerme para qué,
de poco vale un paisano
sin caballo y en Montiel.

Sin canto pasaba el río,
-para qué lo iba a tener-
ancho camino de fugas
callado tiene que ser.

Con mirada de otros años
y otro tiempo contemplé,
sobre un mangrullo de talas,
el palmeral de Montiel.

La sombra de mi caballo,
como en sueños divisé,
se me arrollaban en l'alma
las leguas que anduve en él.

Por eso pasé de largo,
detenerme para qué,
de poco vale un paisano
sin caballo y en Montiel.

En la orilla montielera
tuve un rancho alguna vez,
¿lo habrá volteado el olvido?
¿será tapera? no sé.

Por eso pasé de largo,
detenerme para qué,
de poco vale un paisano
sin caballo y en Montiel.

Sin caballo y en Montiel - Atahualpa Yupanqui /  Pablo del Cerro.

tuve un rancho alguna vez,
¿lo habrá volteado el olvido?

viernes, 14 de septiembre de 2012

LA POMEÑA - EULOGIA TAPIA.

LA POMEÑA
 DE GUSTAVO "CUCHI" LEGUIZAMÓN
Y MANUEL J. CASTILLA.
PALABRAS MAYORES.
Eulogia Tapia en La Poma
al aire da su ternura,
si pasa sobre la arena
y va pisando la luna.

El trigo que va cortando
madura por su cintura,
mirando flores de alfalfa
sus ojos negros se azulan.

El sauce de tu casa
te está llorando,
porque te roban, Eulogia,
carnavaleando.

La cara se le enharina,
la sombra se le enarena,
cantando y desencantando
se le entreveran las penas.

Viene en un caballo blanco,
la caja en sus manos tiembla,
y cuando se hunde en la noche
es una dalia morena.
La zamba LA POMEÑA, de Manuel Castilla con la música de Gustavo Leguizamón.
Pastora de cabras y ovejas que acompañaría los rebaños con su canto en la puna salteña.

Y esta es la versión de la protagonista:
"Yo he bajado de mi casa al pueblo para cantar. Ahí armaban carpas durante carnaval y se juntaban todos. Yo llegué con mi caballo blanco, como dice la canción. El Cuchi y Castilla estaban también ahí cantando con sus guitarras. Eramos muchos hasta que empezaron los contrapuntos (duelo de coplas entre uno y otro). La gente se fue yendo y yo me quedé sola con ellos dos en un duelo, hasta que les gané con una última copla que decía:"
Esta noche va a llover
agua que manda la luna
mañana han de amanecer
como pato en la laguna
"Ellos me preguntaron qué quería por haber ganado y yo les dije que me hicieran un tema".
Después el Cuchi y Castilla fueron a verla a su casa de adobe en La Poma. "Tuvieron que subir en tractor porque no había camino. Yo estaba con mi padre sembrando, entre la alfalfa, como dice el tema. También estaba el sauce, que está como llorando. Todo eso vieron. Y cuando hablan de «porque te roban Eulogia carnavaleando» era porque me habían robado una chiva. La canción recién la escuché como un año después en la radio. No me lo he creído al principio que hablaba de mí. Después me llenó de emoción."
¿Estaba el Cuchi Leguizamón esa tarde en "La flor del pago"? Probablemente tanto Amanda como Eulogia estén diciendo la verdad; aparentemente se había juntado mucha gente, y en el trajín de atender a los parroquianos la primera pudo no haberlo visto. También es posible que el Cuchi no estuviera todo el tiempo y ellas se estén refiriendo a momentos distintos. Otra cosa dudosa es que Castilla haya quedado resentido por su derrota, pues el hecho de ofrecerle un premio a quien lo venció hace pensar lo contrario. Incluso su visita a la casa de Eulogia, si uno se guía por la letra de la zamba, fue para conocerla mejor y poder escribir el tema que ella le había pedido.
Eulogia entonces tenía 18 años, ahora 60, pero su vida es la misma. Vive en la actualidad en un puesto de campo, apenas alejada del pueblo de La Poma, en el norte salteño. A pesar de la popularidad de su nombre las cosas no han cambiado mucho para ella. Cada mañana de verano se la puede encontrar con las botas de goma y ordeñando, o mateando con su marido bajo el alero de su casa de adobe.

Fuentes consultadas:
Juan Pablo Baliña, La Poma (La Nación - 11-03-2007)
Gabriel Plaza (La Nación - 26-01-2006)
LA POMA DONDE VIVE EULOGIA TAPIA.


A finales de los 60, los inseparables Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Manuel J. Castilla llegaron al pueblo para celebrar el carnaval. Acá conocieron a una Eulogia adolescente, que trabajaba en el potrero junto a su padre cuidando animales y cortando alfalfa y trigo. Ahí mismo se desafiaron en un contrapunto de coplas, donde gana el que no pierde la inspiración. Eulogia derrotó a Castilla, un peso pesado de la poesía, autor de himnos como Bajo el sauce solo y Zamba de Argamonte . Y como premio se llevó un elogio y una promesa: “Su hija salió buena cantora. Le vamos a hacer una zambita”, dijeron el músico y el poeta.
“Ellos vinieron una vez al carnaval y nunca más volvieron. Al año o a los dos, alguien me avisó: ‘Eulogia, la están nombrando en la radio’. No les creí, pero mi mamá escuchó y me dijo que era yo. Me gusta la zamba, porque cuenta cosas que son ciertas. Cuando dice ‘el trigo que va cortando madura por su cintura’, se refiere a mi trabajo de entonces. También nombran al caballo blanco que yo tenía; ellos le preguntaron a mi papá cómo se llamaba el árbol que está al lado de mi casa”. Eulogia vive en el pueblo viejo de La Poma; el sauce está en el mismo lugar y ella sigue sacando agua del mismo río.
La pomeña recuerda lo lindo que eran los carnavales en aquellos años. “Sabíamos mandar muchos caballos con sus cajas. Los animales llevaban manzanos y collares de serpentinas. Ahora no hay nada de eso: nadie anda a caballo ni con cajas; son contaditas las personas que cantan coplas. Ahora les gusta la cumbia y no lo de antes”. Tanto le gustaban a Eulogia los carnavales que uno de esos días se olvidó algunos animales, apurada por llegar al pueblo para el festejo.
“Con mi hermana dejamos tiradas las chivas en el cerro y vinimos a pasear al carnaval. Yo me confié, porque ellas conocían el camino y bajaban solas. Al otro día, cuando volvimos, faltaban varias”, recuerda Eulogia, que ahora pisa los 64 años. Cuando cuenta la historia, es imposible no volver a los versos de la canción, al maravilloso El sauce de tu casa está llorando/porque te roban Eulogia carnavaleando .
Publicado en Diario "Clarín", el 27 de julio de 2010. Nota: Diego Jemio.

Eulogia Tapia.
El 13 de setiembre de 1945, nació Eulogia Tapia, en La Poma, Pcia de Salta, alli donde el Río Calchaquí desciende, casi sin agua, como un arroyo turbio, desde los enhiestos nevados de la Salta ante-andina, se recuesta La Poma, al pie de colinas multicolores, revestidas más de guijarros que de cardones, más de silencio antiguo que de cajas sonoras.
Allá, lejos de su morada invernal, se fue La Pomeña en busca de pastos estivales para sus vacas de ordeñe: tras una colina ocre de peñas; oculta, como para que no la observen desde el poblado, a pocos kilómetros de su rancho estacional de adobe, sin ventanas y techo con tirantes de cardón y paja lugareña, por fuera revestido de la arcilla de sus cerros.
Cuarenta y seis años han corrido, fugaces como el viento del sur que acaricia ese valle alto del Río Calchaquí, desde que Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón le consagraron su zamba inolvidable, en tiempos, idos ya, de carnavales alegremente bailados y nutridos de coplas anónimas, tan populares como aquel “sauce de su casa” que la supo llorar por ausencia.
Allá transita el verano pomeño, con su nieta Jacqueline de ocho años, con su marido adusto que comparte el manejo de las vacas lecheras, con sus catres de tientos, con su queso casero, con sus tecitos de muña muña para los dolores y para los amores, con su radio para conectarse con el mundo. Sus hermanas, hermanos, sus hijas y nietos, moran entre el Paraje Saladillo, unas leguas arriba, Cachi, otras leguas Río Calchaquí abajo y Salta, la capital de aquella provincia norteña argentina.
La Poma transita sus parcelitas de arvejas, de habas, de porotos, de alfa como se la nombra a la alfalfa, de papas, maíces y quínoas, que se venden en los centros poblados. El agua de riego escasea con respecto a aquellos tiempos festivos de danzas al son de cajas temblorosas de percusiones incansables.
La Pomeña, rústica, cobriza del sol de tres mil seiscientos metros, piel de cuero como sus vacas, atraviesa sus estíos en su rancho de la colina y sus inviernos en el puesto del valle y aún “al aire da su ternura”, cual si detentara aquellos dieciocho años que la hi
cieron recorrer todo el país.
Feliz cumpleaños Eulogia, Dios te bendiga y te siga acompañando para que disfrutes de la Paz de tus cerros rodeada de tu familia!
Publicado por PEÑA FOLKL ÓRICA LOS LANCEROS de EL TRÉBOL - SANTA FÉ - FUENTE DE INFORMACIÓN E INSPIRADORA DE ESTA ENTRADA DE EULOGIA TAPIA.



EL DUO SALTEÑO LA POMEÑA.

domingo, 3 de junio de 2012

SI ME VEIS MIRANDO LEJOS...Atahualpa Yupanqui - Pablo del Cerro.


SI ME VEIS MIRANDO LEJOS...
Atahualpa Yupanqui - Pablo del Cerro.



Si me veis mirando lejos
Abrazado a la guitarra,
Es que voy sobre la mar
Sin aire, ni cielo, ni agua.

Y cuando miro el oscuro
Madero de la guitarra,
Seguro es que voy rezando
Por una patria lejana.

Mi mano en el diapasón
Se afirma como una zarpa.
Es que voy gritando cosas
Que me dicta la guitarra.

Cuando inclino la cabeza
Para esconder una lágrima,
Estoy viviendo y muriendo
Lo que ordena la guitarra.

Universo de seis cuerdas,
Y un simple nombre: guitarra
Caminando por el mundo
Al corazón aferrada.

Si me veis mirando lejos
Abrazado a la guitarra,
Es que voy sobre la mar
Sin aire, ni cielo, ni agua.

Este poema integra el libro: LA CAPATAZA.

"La Guitarra es un misterio que sólo se devela cuando el hombre canta o reza junto a ella los salmos de la tierra y de la vida.
La guitarra no miente jamás. Si el hombre se acerca a ella confesándole, el instrumento registra la verdad del pensamiento, lo exacto de la intención, la dimensión cabal de un sentimiento."
Yupanqui. Fragmento tomado del libro La Capataza.


DE ATAHUALPA YUPANQUI.
Entre las memorias o recordaciones que supo hacer don Atahualpa Yupanqui de su niñez y de su casita paterna señalaba que su infancia transcurría de asombro en asombro y de revelación en revelación. Había nacido en el medio rural de aquella pampa húmeda de suaves ondulaciones y horizonte tan redondo como muchas de sus canciones. Era un mundo de balidos y de relinchos, era un mundo de sonidos dulces y barbaros a la vez. Pialadas, vuelcos, potros chucaros y yerras, ijares sangrantes, espuelas crueles, risas abiertas y comentarios de duelos. En aquellos pagos de Pergamino nació para sumarse a la parentela de los Chavero del lejano Loreto Santiagueño. Sabía comentar con verdadera y atrapante conversación que le galopaban en su sangre trescientos años de América, desde que don Diego Abad Martín Chavero llegó para abatir quebrachos y algarrobos de donde salían puertas y columnas para capillas e iglesias. Recordando su perentesco materno sabía comentar que venía de Regino Haram, de Guipúzcoa (Pais Vasco) que llegó al medio de la Pampa para levantar su casona. “Mi tata era un humilde funcionario del ferrocarril, pero nada podía matar el gaucho nómada que había sido. En tanto a la guitarra don Ata recuerda que le llegó y se hizo presente en su vida desde las primeras horas de su nacimiento,…con guitarra alcanzaba el sueño” eran vidalas y cifras que tocaban sus padres y sus tíos.
Autor: Carlos Basabe Cerdá.