VAMOS TODAVÍA.
Vamos, corazón, no te me quedes
si las piñas de la vida
te abollaron las paredes
estás gastando tu turno de latir
empecinado en sufrir.
Deja de vagar viejas veredas
al encuentro de las horas
del amor... febril
no ves que tengo los ojos tranquilos
la tarde cansada
y el sol sin salir.
Por vos se me olvidó
la forma de querer
las ganas de reír
el tiempo de creer,
por vos no abrí la puerta de olvidar
ni chance que me das de andar mirando atrás
tal vez hay tiempo si vos lo querés
tal vez hay un mañana y un porqué
el vale que nos queda de ilusión
jugalo... corazón,
salí de perdedor.
Vamos, corazón, hacé la cuenta
uno a uno los eneros
van pisando los cuarenta
y estás marcando mi tiempo de vivir
sin voluntad por seguir
dale con tu cuenta regresiva
hasta que uno de estos días
me dejés... tirao
qué par de giles, perder la alegría
del cacho de vida
que Dios nos ha dao.
Vamos, todavía que en la vida
quiero un poco de alegría
para ser feliz.
Poesía, arte, cultura, música. Cuentos y Relatos. Un rincón que nace y crece en la Patagonia Argentina.
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martes, 17 de noviembre de 2015
domingo, 27 de septiembre de 2015
CON PAN Y CEBOLLA de HOMERO EXPÓSITO.
Por las cosas que tiene París
la sacaba a lucir en Montmartre,
y además le compraba pinturas,
tabaco, ternuras, poemas y pan.
Él, un negro "colifa", de hollín,
y ella un trompo que hacía Pigall.
Fue no sé por qué rara aventura
que hundieron un barco dos décimas más.
Y llegaron al puerto soñado,
la vieron con pan y cebolla
y en Corrientes la angosta y el Bajo,
buscaron laburo, pararon la olla.
Pero al fin -¡nuestro pueblo es así!-,
la engrupió un malandrín de cantor
y al conjuro de un viejo gotán...
¡Al conjuro de un viejo gotán
la madam se piantó!
Por las cosas que tiene París
se encontraron de nuevo en Montmartre.
Él seguía comprando pinturas,
pero ella la dura ternura del pan.
Y él, el negro "colifa", de hollín,
que en el barrio se hacía respetar,
se casó en "Sacre Coeur" con la mina
y esa misma noche la mandó al Pigall.
Música de Atilio Stampone.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Bien criolla y bien porteña de Homero Expósito.
Para cantarle al amor
no se precisa experiencia:
se forma un nido entre dos
y lo demás... va sin letra.
Que así empecé esta milonga
bien criolla y bien porteña,
para cantarle al amor
que sólo siento por ella.
Ella es triste como un tango,
ella tiene gusto a menta
y es sencilla como el lazo
que me anuda a su tristeza.
Ella es como el mate amargo,
bien criolla y bien porteña,
y es acorde en la guitarra.
¡Qué milonga milonguera
la canción de la esperanza
que el amor hace canción!
Para cantarle al amor
no hay que mirar las estrellas,
hay que ser hombre de honor
y lo demás... no interesa,
que al terminar la milonga
bien criolla y bien porteña,
para cantarle al amor
yo canto de esta manera.lunes, 12 de mayo de 2014
DESPUÉS - HOMERO MANZI.
DESPUÉS DE HOMERO MANZI.
Despues... La luna en sangre y su emoción
y el anticipo del final en un oscuro nubarron.
Luego... irremediablemente
tus ojos tan ausentes llorando sin dolor.
Y después... la noche enorme en el cristal
y tu fatiga de vivir, y mi deseo de luchar
Luego... tu piel como de nieve
y en una ausencia leve tu palido final.
Todo retorna del recuerdo;
tu pena y tu silencio,
tu angustia y tu misterio.
Todo se abisma en el pasado;
tu nombre repetido...
tu duda y tu cansancio.
Sombra más fuerte que la muerte.
Grito perdido en el olvido.
Paso que vuelve del fracaso.
Canción hecha pedazos que aun es canción.
Despues... vendra el olvido que no vendra
y mentire para reir, y mentire para llorar.
Torpe fantasma del pasado
bailando en el tinglado tal vez para olvidar.
Y después en el silencio de tu voz
se hara un dolor de soledad y gritare para vivir...
como si huyera del recuerdo
en arrepentimiento para poder morir.
Al debatir la Cámara de Diputados, en mayo de 1951, la posibilidad de homenajear al poeta Homero Manzi, recientemente fallecido, el diputado peronista John William Cooke alegó: “Muchas veces esta Cámara rinde respetuoso homenaje a los espíritus menores, soldados que batallan impávidos la campaña de la vida, sin esperar otra recompensa ni otra paga que la justa.
Homero Manzi, el poeta recientemente fallecido, fue uno de esos hombres. Su pasión del pueblo lo volvió sin cesar a su fuente, y en ella enraizó su arte con la cálida verdad que exprimía del mundo palpitante que lo rodeaba”. Homero Nicolás Manzione -tal su verdadero nombre- había nacido el 1º de noviembre de 1907 en la localidad santiagueña de Añatuya. Quinto entre ocho hermanos, hijo de un modesto empresario rural, Manzi se mudó con su madre a Buenos Aires cuando tenía nueve años. Pompeya fue el mundo de su infancia, la que le inspiró el amor por lo barrial. De joven, comenzó a escribir poemas y escenas teatrales y, muy pronto, sus primeros tangos.
Entonces, ya había ingresado al mundo de la política en un comité radical. El golpe de 1930 lo encontró como profesor de literatura de colegios nacionales y defendiendo la causa yrigoyenista. Tras una breve estadía en la cárcel, Manzi volvió al barrio y desató entonces su pasión por el tango. Habitué de cafés y milongas, entabló relaciones con Enrique Santos Discépolo, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Roberto Arlt, Aníbal Troilo, Lucio Demare, Cátulo Castillo y Sebastián Piana, entre muchos otros, con quienes compartió largas charlas o para quienes escribió numerosas letras. No tardó en convertirse en uno de los poetas, letristas y rimadores más reconocidos del país, inmortalizando tangos como “Sur”, “Malena”, “Che, bandoneón” y “Milonga sentimental”, entre otros.
Compositor de tangos, valses, candombes y milongas, no fue la música el único ámbito de indagación de los sentimientos nacionales. Manzi también fue periodista y director de cine, destacándose su adaptación de la novela de Leopoldo Lugones La guerra gaucha.
Pero a la par que plasmaba en el tango la poesía a la clase humilde, Manzi prosiguió su militancia política. Partidario del abstencionismo y la insurrección, en su combate contra el régimen de la década infame, su casa se convirtió en una especie de comité clandestino, que llegó a albergar pólvora para la fabricación de bombas caseras, hasta que accidentalmente estalló en pedazos el baño. Fundador de FORJA, a mediados de los ‘30, junto a Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, se alejó de la política años más tarde y se mantuvo distante y hasta opositor al peronismo emergente. Sin embargo, hacia 1947, ya miraba con otros ojos al presidente Juan Perón y, a finales de aquel año, en un mensaje radial, lo equiparó a su fallecido líder, Hipólito Yrigoyen, como forjador de la causa nacional. Pero entonces enfermó de cáncer. Falleció tiempo después, a los 43 años, el 3 de mayo de 1951. Para recordarlo, ofrecemos las palabras en prosa poética que publicara el 6 de mayo de 1948 en el periódico Línea, del cual fuera director honorífico, cuando los fuertes dolores ya habían comenzado a atacarlo.
Fuente: Luis C. Alen Lescano, Homero Manzi, poesía y política, Buenos Aires, Nativa, 1974.
Publicado en Agenda de reflexión - http://www.agendadereflexion.com.ar/
martes, 10 de enero de 2012
BIEN DE ABAJO - POEMA DE HÉCTOR NEGRO.
Yo soy bien de abajo y anduve a los tumbos
cuerpeando la mala y al fin le gané.
Me pesó en el lomo conservar el rumbo.
Me costó mis golpes, pero no aflojé.
Peleé por la luz que quisieron robarme
y si perdí cosas, salvé lo mejor.
Hoy tengo el orgullo de no doblegarme.
De saber que nadie me vende un buzón.
Por eso mi tango nació retobado.
Porque me he cansado de ver aguantar.
Cuando creo en alguien, me pongo a su lado.
Y si estoy jugado no me vuelvo atrás.
Y si es que mi vida
la vivo a los saltos,
tengo tanto asfalto,
que caigo "parao".
Soy sangre rebelde, muchacho de abajo.
Yo creo en mis brazos, en lo que ellos dan.
Y del lado izquierdo me caigo a pedazos,
cuando unos ojazos me miran de más.
Mi barrio y mi gente escuchan mi credo
que a los barquinazos aprendí a cantar.
Como un canto arisco, donde el sol que muerdo
calienta mis labios para protestar.
Este tango de Héctor Negro y con música de Arturo Penón fue estrenado y grabado en 1967 por la orquesta de Osvaldo Pugliese y la voz de Abel Córdoba. También fue grabado, entre otros, por Miguel Montero y Rubén Juarez.
RUBÉN JUAREZ, acompañado por el maestro José Ogivieki.
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