lunes, 26 de enero de 2026

Hay un día feliz de NICANOR PARRA.

Hay un día feliz
de NICANOR PARRA.
A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mí singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!

Nicanor Segundo Parra Sandoval (San Fabián de Alico, 5 de septiembre de 1914-La Reina, Santiago, 23 de enero de 2018) fue un poeta, matemático y físico chileno.

domingo, 25 de enero de 2026

A los que van a nacer de Dámaso Alonso.


A los que van a nacer
de Dámaso Alonso.


¡Cuán cerca todavía
de las manos de Dios! ¿Sentís su aliento
rugir entre los cedros del Levante?
¿Hay en vuestras pupilas rabos de oro,
vedijitas, aún, incandescentes,
de la gran lumbrarada creadora?
¿O fraguasteis, tal vez, en su sonrisa
-sonrisillas de Dios, niños dormidos-
y juerga en vuestras salas,
niño eternal, gran inventor de juegos?
Oh, vosotros le veis, seres profundos,
y saltáis en el vientre de la madre.

¿Qué peces de colores
os surcan aguas del dorado sueño?
¿Qué divinos esquifes
-juguetes sin engaño-
cruzan el día albar de vuestro cauce?
¿De qué extraña ladera
son esas pedrezuelas diminutas
que bullen al manar de vuestras aguas?
Oh fuentes silenciosas.
Oh soterradas fuentes
de los enormes ríos de la vida.

Seréis torrente en furia
que va a rodar al páramo. Seréis
indagación y grito sin respuesta.
Ay, guardad esta luz estremecida.
Ay, refrenad el agua,
volved al centro exacto.
Ay de vosotros.

... Ay de estos cieguecitos
de leche no cuajada,
de tierna pulpa vegetal, dormida.
Ay, copos de manteca,
que hacia el mercado vais –de sus ordeños
modelados por Dios, aún en su música,
con las gotas aún de su rocío-
entre las verdes hojas de los úteros.

El Día Mundial del Niño por Nacer, que se celebra el 25 de marzo, rememora el momento en que el ángel le pregunta a María si quiere ser la madre del Señor. Es decir que hace referencia al momento conocido como “anunciación”.

jueves, 22 de enero de 2026

Canción de los cuerpos de Francisco Brines Bañó.



La cama está dispuesta,
blancas las sábanas,
y un cuerpo se me ofrece
para el amor.
Abramos la ventana,
entren calor y noche,
y el ruido del mundo
sea solo el ruido
del placer.
Que no hay felicidad
tan repetida y plena
como pasar la noche,
romper la madrugada,
con un ardiente cuerpo.
Con un oscuro cuerpo,
de quien nada conozco
sino su juventud.

Francisco Brines Bañó (Oliva, Valencia, 22 de enero de 1932) es un poeta español, encuadrado en el grupo poético de los años 50. 

martes, 20 de enero de 2026

IGNORANCIA de TITO MARTELLA.


IGNORANCIA de TITO MARTELLA.


LA LEVANTÓ, NO IMPORTA EL REO ASUNTO
SE AMAMANTÓ A BULÍN Y ENREDADERA
EL TENÍA SU PINTA BIEN DIQUERA
Y UNA LABIA FAMOSA PARA EL UNTO

Y SE CASÓ A CONCIENCIA, SE HIZO PUNTO
PA COMPARTIR A GUSTO LA CATRERA
NO LE IMPORTÓ QUE ELLA ERA PRIMAVERA 
Y QUE EL ESTABA A UN GEMEN PA DIFUNTO

HOY QUE HAN PASADO LOS AÑOS YA LE PESA
ESO DE HACERSE VUELTA A VUELTA EL FESA
PA NO JETEAR UN TRATO PELIAGUDO

Y HACE FUERZA PA HACERSE BIEN BOBINO
CUANDO LA NAIFA DICE "ES MI SOBRINO"
POR NO QUERER MANYAR QUE YA ES CORNUDO.


Tito Martella nacido el 18/2/1918 en Soriano (Uruguay) Fallece el  20/1/1994.

domingo, 18 de enero de 2026

Edmundo Rivero - La Toalla Mojada - Milonga 1969.



La toalla mojada.

Milonga 1969.

Era un ambiente turbio de nocheras,
Cerca de la cañada.
Había una milonga, en chantecler,
Alias toalla mojada.
Era un ambiente espeso de varones,
Sacadores de minas y malandras.
Había un tallador y lo llamaban,
Por nombre, Aldo Saravia.
No había escruche, ni peca, ni a copera
Que no diera mancada
Y a la chichi toyufa la fajaba
Con su toalla mojada.
Por eso era famosa esa milonga,
Por ese Aldo Saravia,
Tallador de la vida y de sus cosas,
Por su pinta y su labia.
Nunca hubo shomería en sus acciones,
Ni taquero que sacara tajada,

Leonel Edmundo Rivero nació el 8 de junio de 1911 en la estación de trenes Puente Alsina, donde su padre era jefe ferroviario, en el borde de Pompeya. “Nací bajo el mismo cielo al que tantas veces he cantado con versos de Homero Manzi, el de ‘Pompeya y más allá la inundación’”, contaría él mismo. “¡Quién iba a decirme que 37 años más tarde iría a tocarme estrenar el tango que habla del paisaje que me vio nacer!” Su madre, ávida lectora, lo bautizó Edmundo por el personaje de El Conde de Montecristo. Pasó su infancia en el barrio de Saavedra, donde estudió guitarra y canto en el Conservatorio, pero cuando se le preguntaba por su formación, él aclaraba: “El canto es una manifestación emocional congénita. Mi formación se debe a mis padres, mis tíos y los payadores e improvisadores que escuché”.
El 24 de diciembre de 1985, Edmundo Rivero sufrió una miocardiopatía que obligó a su internación en el Sanatorio Güemes. Allí falleció el 18 de enero de 1986.