Coplas de la libertad.
Letra: Diógenes Jacinto Garibaldi - Música: Jorge Marziali.
Conozco la perfección
pero de muy raro modo
buscando no decir nada
poder expresarlo todo.
Arbolito ay arbolito
cor el rocío no llores
está presa tu raíz
pero tus ramas dan flores.
Libertad, yo te libero
haces que mi canto vibre
porque no puedo ser libre
ni tampoco prisionero.
¡Ay de mí!
Vivía cerca de un río
pero estoy muerto de sed
el río enseña a marcharse
pero no enseña a beber.
Vi mi juventud lejana
tan cerca la muerte vi
que de pronto tuve ganas
de vestir luto por mi.
Libertad, yo te libero..
Yo reniego y desconfío
del agua dulce en el mar
y de cada verso mío
que me nació sin llorar.
Escuchas, risas y aplausos,
provocas una emoción
tu canción está hecha trizas
pero aún es tu canción.
Libertad, yo te libero..
Esto lo practica Dios
y algunas veces el mar.
Lo bueno de tener vos
no es hablar sino callar
¿Qué canción mala no es buena
cuando cumple su destino,
perfeccionar un pena
o señalar un camino?
¿Quién recuerda como yo
las fosas que abrió la guerra,
que están cubiertas de tierra
y que la guerra existió?
Los dueños de la soberbia
tenían siempre razón…
El no equivocarse nunca…
era su equivocación.
Jorge Marziali (San José de Guaymallén, Mendoza, la Argentina,19
de febrero de 1947 - Santa Clara, Cuba, 9 de julio de 2017) fue un cantautor
argentino. Era hijo de inmigrantes italianos.
Se presentaba todos los fines de semana en la peña de las Chacras, donde renació la música del interior argentino, el folklore cuyano, que venía de La Tropilla de Huachi Pampa del cantor Buenaventura Luna y la voz de Antonio Tormo hasta el Nuevo Cancionero con Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez.
Fue el creador de temas como: “Cebollita y huevo”, “Los obreros de Morón”, “Ese Manuel que yo canto”, “Coplas para la libertad”, “Elijo criollos”, “Cuando Perón era Cangallo”, “Caminando junto a Arturo Jauretche”, “Canción para empezar a irse”, “El Cuchi musiqueador”, “Elegía a la primera distancia”, “Coplas por refalosa”, “Al amor, un nombre”, “La jardinera”, “Con ese mismo corazón”, “P’al comisario”, “El ciego del subterráneo”, “Mendoza está” y “Polca miseria”.
Falleció en una gira por Cuba debido a un ataque al corazón que le sobrevino debido a la emoción de encontrarse ante el mausoleo del Che Guevara en la ciudad de Santa Clara.
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Breve reseña de Daniel Giribaldi.
"Daniel Giribaldi nació en Buenos Aires en 1930, y murió en
1984 en esa misma ciudad. Su nombre verdadero era Diógenes Jacinto Giribaldi.
Dijo de él el poeta Antonio Requeni: “Algunas noches, poco
antes de las 12, sonaba el teléfono del escritorio que yo compartía con
Calvetti y, uno u otro, oía la voz de Daniel Giribaldi que, parafraseando el
verso de Rubén Darío, exclamaba: «¡Torres de Dios, poetas!»
Giribaldi era periodista del diario Crónica y autor de
magníficos sonetos lunfardescos. Cuando nos llamaba a esa hora era para darnos
cita, un rato más tarde, en un bar infecto-contagioso de la Avenida de Mayo,
junto al restaurante Pedemonte. Más de una vez nos encontramos allí, al
terminar nuestros respectivos trabajos. Giribaldi, Calvetti y yo, juntos con
otros dos periodistas de La Prensa: José Luis Macaggi, autor de un Diccionario
Gardeliano, y Hernán Giménez Zapiola.
Nos servían sendos vasos de vino y unos platitos con
porciones de tortilla o fiambre. Yo, el más virtuoso, tomaba solamente el vaso
de vino, o medio y, al rato, me despedía para regresar a casa mientras los
compañeros seguían “hasta altas copas de la madrugada”.
En su vida exterior, Giribaldi jugaba a parecerse a lo que
en porteño llamamos un “reo”. Tal vez lo fuera de verdad. Recuerdo una
medianoche de invierno en que la niebla invadía una Avenida de Mayo despoblada
y fría, casi fantasmal. Caminábamos con nuestro amigo en dirección al bar
cuando una prostituta, desde la vereda de enfrente, lo saludó con el brazo
levantado: «¡Chau Giribaldi!»
Giribaldi murió a los 54 años y, como correspondía en él, de
una cirrosis hepática. Como poeta, encontró en el lunfardo la mejor manera de
expresar su talento. Un lunfardo a ratos metafísico, con el que acertó a
transmitir no sólo una visión entre crítica y humorística de la idiosincrasia y
las costumbres del hombre de Buenos Aires, sino sus propias preocupaciones
existenciales y hasta sus inquietudes religiosas.
Hombre de extensa cultura, gran lector de Quevedo y
traductor de Baudelaire (él lo llamaba Carlitos Baudelaire), vivió para la
noche, las copas y los amigos y, para servir a la poesía, esa diosa cuyo
resplandor también alumbra la noche de los bodegones".
https://elpoetadepuesto.blogspot.com/2013/08/daniel-giribaldi-dos-sonetos.html




