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miércoles, 29 de abril de 2026

DEFENSA DEL CANTOR / Canta: ALFREDO ZITARROSA.

 



DEFENSA DEL CANTOR.

“Desde una jaula brota un cantar,
es un jilguero, quiere volar.”

Duraznero y cinacina
señalan la población;
comisaría y panteón,
cercos de piedra y neblina,
la población de Curtina,
la plaza con bienteví,
la canchita del gurí,
pocas paredes y muros,
muchos terrones oscuros;
el cantor vino de allí.

“Este pajarillo no es para adornar
a ninguna jaula, sino pa’ volar.”

Curtina o Tacuarembó,
médanos de San Gregorio,
en la pena o el jolgorio
aquel muchacho cantó;
y en su guitarra voló,
yo no sé de qué manera,
pajarito de madera
con sonoridad de mirlo,
nadie podrá repetirlo,
la invención más pura era.

“De qué lo acusan, díganselo,
pues culpa alguna nunca existió.”

Con la guitarra en la mano,
en este tiempo arbitrario,
fue el muchacho solidario,
poniendo el hombro de hermano,
con el obrero, el paisano,
en el campo y la ciudad,
y peleó a la iniquidad
del dueño de la comarca,
marcó a fuego al oligarca,
clamó por la libertad.

“Este pajarillo pide libertad,
escuchen su canto, no lo hagan llorar.”

La luz volverá, no importa
la larga noche, vendrá
como un canto de xabiá
y la espera será corta;
el fuego que más conforta,
el de los libres e iguales,
la larga noche de males
cambiará en luz meridiana,
tierra purpúrea, mañana,
serás de los orientales.

Compositores: Carlos Benavidez / Washington Benavidez.



Otro más.
 

LA CANCIÓN Y EL POEMA.

Hoy que el tiempo ya pasó,
hoy que ya pasó la vida,
hoy que me río si pienso,
hoy que olvidé aquellos días,
no sé por qué me despierto
algunas noches vacías
oyendo una voz que canta
y que, tal vez, es la mía.

Quisiera morir –ahora– de amor,
para que supieras
cómo y cuánto te quería,
quisiera morir, quisiera… de amor,
para que supieras…

Algunas noches de paz,
–si es que las hay todavía–
pasando como sin mí
por esas calles vacías,
entre la sombra acechante
y un triste olor de glicinas,
escucho una voz que canta
y que, tal vez, es la mía.

Quisiera morir –ahora– de amor,
para que supieras
cómo y cuánto te quería;
quisiera morir, quisiera… de amor,
para que supieras…

Poesía de la escritora uruguaya Idea Vilariño.

Música: Alfredo Zitarrosa.


viernes, 17 de abril de 2026

Milonga del alma III (Washington Benavides - Alfredo Zitarrosa).

De su última obra, que no llegó a ver publicada, destaco Milonga del Alma III, de autoría compartida con Washington Benavides.
En este disco ya se nota una apertura musical al incluir instrumentos diferentes como saxo, bajo, guitarra y teclados eléctricos. Pero ese toque clásico de cuarteto de guitarras me sigue poniendo la piel de gallina y lacrimoso. Cómo puede ser, 37 años después? La única explicación para mí es que esta música nos trascenderá por siglos; ya es clásica.
Milonga del alma III
(Washington Benavides - Alfredo Zitarrosa).
Está sentado ahí. Todos saben que es comunista, lo respetan, se sabe, es pobre y rico, generoso al convidar, al envidar y hasta para echar el resto. Confirmo, porque todos sospechan, que tiene miles y miles de compañeros almas y más.
De la frágil materia del olvido,
pétalo a pétalo te alcé, ilusoria,
tan hondo para amar, tan resentido,
que vuelvo el rostro a toda mi memoria.
Pero no quiero en esta mala gana,
verte como a una Alicia en el espejo,
inalcanzable mancha de una plana,
cuando era niño, cuando no era viejo.
La memoria es amante que requiere
un tiempo que no puede ser el mío;
no puedo ser el silbo de lo umbrío,
yo soy el cazador, soy el que hiere.
Jacarandoso árbol de la flor,
que pone azul a toda la plazuela
y que te vio guardándote mi amor,
como a fruto robado, una chicuela.
Y yo, que duermo a veces en el seno
de una bebida con calor de madre
–qué digo, no, tan sólo de comadre–,
amo el valor del que cayó en el cieno.
El amor que blasfema,
atado como un perro a dura estaca
y aleja del costado del poema,
una visión pueril de toma y daca.
El alma tan mentida,
el tiempo frívolo de sacrosanto
viernes de pasión vestido;
la irresponsable llama de la vida
en el pábilo negro de mi canto,
y ese señor olvido, que no olvida,
y ese señor espanto.
De grupo de Facebook de Alfredo Zitarrosa.
Milonga del alma III · Alfredo Zitarrosa · Numa Moraes · Washington Benavides


viernes, 17 de enero de 2025

Guitarrero viejo. Canta: Alfredo Zitarrosa.

 

Guitarrero viejo.

Canta: Alfredo Zitarrosa.

Compositores: Carlos Benavidez / Washington Benavidez.

Guitarrero viejo, astroso y borracho
Musiquero alterno de almacén y bar
Donde tu instrumento, cantaor y macho
Ha ido a parar
Guitarrero viejo, astroso y borracho
Musiquero alterno de almacén y bar
Donde tu instrumento, cantaor y macho
Ha ido a parar
Sabías aquellas milongas de antaño
De música ingenua y verso trivial
O algún tango triste, de los que hacen daño
Al zurdo cordial
La vieja guitarra de estropeadas cuerdas
Con cinta que el tiempo cambió de color
Cantaba la heroica Paysandú a la guerra
O a un amor-dolor
Guitarrero viejo, astroso y borracho
Musiquero alterno de almacén y bar
Donde tu instrumento, cantaor y macho
Ha ido a parar
He visto en las sombras el vaso de vino
Crisparte la mano, no su diapasón
Escupir la tierra como a tu destino
Como a tu canción
Y con una pobre mina veterana
Salir dando tumbos, náufragos los dos
Hacia la burlona paz de la mañana
Sin pan y sin dios
Guitarrero viejo, astroso y borracho
Musiquero alterno de almacén y bar
Donde tu instrumento, cantaor y macho
Ha ido a parar
Ha ido a parar, ha ido a parar
Ha ido a parar, ha ido a parar
Ha ido a parar, ha ido a parar.

"No soy folclorista; soy cantor popular uruguayo, y mi canto es fundamentalmente de raíz campesina; todo es milonga, milonga madre, madre incluso del tango y del candombe...".

ALFREDO ZITARROSA ES ARTE DE LA A A LA ZETA.
Díficil de imitar y menos igualar.

Entre las historias que se cuentan le preguntaron como un terrateniente, dueño de inmensos campos escuchaba "Vea patrón". -Sabe lo que pasa: lo mío es arte -responde Zitarrosa- y era Arte respetuoso de su público.
Otra cuentan que en un concierto en el cual había acordado cantar siete canciones le comunican, previamente al inicio del espectáculo, que solo le podrán pagar la mitad. Canta junto a su conjunto y a la cuarta canción detiene la presentación pues sólo le van a pagar hasta cuatro canciones.. Posteriormente anuncia al público presente que el recital continuaría en el bar de la esquina. Eso es respeto máximo del público.

Alfredo Zitarrosa nace en Montevideo el 10 de marzo de 1936 y morirá en Montevideo (Uruguay) el 17 de enero de 1989 a la edad de 53 años. a causa de una peritonitis derivada de un infarto mesentérico.
Fue un cantautor, poeta, escritor, locutor y periodista uruguayo.
El 10 de marzo de 1936 en Montevideo, Uruguay, Blanca Iribarne dio a luz a un niño al que llamó Alfredo Iribarne. 
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"Mi padre y su Baldomir, mi madre y su hemiplejía"... (Guitarra Negra, 1977).
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El padre biológico de Alfredo no quiso reconocerlo, por lo que Blanca dio en adopción a Alfredo a una pareja conformada por Carlos Durán y Doraisella Carbajal. Se lo conoce como Alfredo Durán, y años después finalmente adoptaría el nombre de Alfredo Zitarrosa, apellido de una posterior pareja de su madre el argentino Alfredo Nicolás Zitarrosa, quien le dio su apellido.
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Mi padre serás, como fuiste mi padre,
un gameto en la grieta cerrada del tiempo...

Mas mientras te busque en las cosas,
en tanto regreses sin que yo te llame o te olvide,
te pido que limpies mi amargo dolor;
por favor, que no sigas muriendo.
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Mil oficios fue locutor de radio, presentador,  animador, libretista e informativista, e incluso como actor de teatro. Fue también escritor, poeta y periodista. En esta última actividad, se destacó su labor en el semanario Marcha.
Debutó profesionalmente como cantor el 20 de febrero de 1964, en Perú.

"Debutó posteriormente en Montevideo, en 1965, en el Auditorio del SODRE (Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica). Su participación en este espacio le sirvió de peldaño para ser invitado, a principios de 1966, al ya reconocido Festival de Cosquín, en Argentina, al que volvió en 1985.

Desde el principio, se estableció como una de las grandes voces del canto popular latinoamericano, con raigambre folclórica y clara ideología de izquierda. Cultivaba un estilo contenido y varonil, y su voz grave y un típico acompañamiento de guitarras le dieron su sello característico.

En la década de 1960 fue votante y militante del Frente de Izquierda de Liberación (FIDEL), lista 1001, en el seno del Movimiento Popular Unitario que integraba aquella coalición. Luego siguió militando en el Partido Comunista de Uruguay hasta su muerte. En 1971 adhirió al Frente Amplio. Participó como cantor en innumerables actos políticos de estas organizaciones.

Aquellas actividades, sumadas al contenido ideológico de su canción, le valieron el ostracismo y finalmente el exilio, durante los años de la dictadura (1973-1985). Sus canciones estuvieron prohibidas en Uruguay durante ese período, y más tarde en Argentina y Chile, por las dictaduras que gobernaron esos países. Vivió entonces, sucesivamente, en Argentina, España, México y, nuevamente, Argentina, a partir del 9 de febrero de 1976" (datos de Wikipedia).

Por sanar de una herida
he gastado mi vida
pero igual la viví
y he llegado hasta aquí.

Por morir, por vivir,
porque la muerte es más fuerte que yo
canté y viví en cada copla
sangrada querida cantada
nacida y me fui...

Fragmento de Pájaro rival de Alfredo Zitarrosa y Numa Moraes.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Cuando se vive al borde... de Washington Benavidez.


Cuando se vive al borde...


Cuando se vive al borde
de una ciudad de conmovidas piedras-
a la que obviaron un destino
de naufragio y ceguera
y el invierno -que agobia oscuramente-
es la pared de su verdín cubierta,
no es fácil Garcilaso
ni la Egloga;

-aún el helado visitante filtra
su humor entre las piedras-
mírenlo -alumnos de poesía- y miren
el vaticinio de las quemas...

No es fácil ver
ando la calle llega
con sus volados árboles y muros
y entre hojas y lágrimas nos ciega.
Ni enviar un ramo de palabras tristes
cuando la carta obstina
en barajar sus fechas...

sábado, 14 de junio de 2014

No es un tigre de papel - Washington Benavidez.


El tiempo está en los otros.
Al acecho.
(Y el tiempo no es un tigre de papel)
Hasta que salta de un rostro conocido
Y como quien revela una fotografía
lo vamos descubriendo (sin espejo).

El tiempo está en nosotros.

Que nadie pierda tiempo cerrándole las puertas
Que nadie crea alejarlo porque no se le nombre
(ni metiéndote bajo de la cama
ni perdiendo la fe).
Queda otra instancia aún.
Cuando descubres que ralea el ejército
de los conocidos.
                              Y alguien dice:
"Ha muerto Helena"
                               -y eres tú que has muerto-
"Ayer murió Ramón"
                               -y con él mueres-. 

El mundo (tu mundo) se despuebla
y el compañero de la infancia
te contempla con lástima y con miedo
porque él también lo ha descubierto todo:
la muerte está en nosotros.

domingo, 18 de mayo de 2014

Washington Benavidez: Guitarrero viejo.

Dibujo de Molina Campos de un payador.
Guitarrero viejo, astroso y borracho,
musiquero alterno de almacén y bar,
dónde tu instrumento, cantador y macho,
ha ido a parar.

Sabías aquellas milongas de antaño
de música ingenua y verso trivial
o algún tango triste, de los que hacen daño
al zurdo cordial.

La vieja guitarra, de estropeadas cuerdas,
con cintas que el tiempo cambió de color,
cantaba a la heroica Paysandú, ¿recuerdas?
y a un amor-dolor.

He visto en las sombras el vaso de vino
crisparte la mano, no su diapasón;
escupir la tierra como a tu destino,
como a tu canción.

Y con una pobre mina veterana,
salir dando tumbos, náufragos los dos,
hacia la burlona paz de la mañana,
sin pan y sin dios.

Washington Benavidez (3 de marzo de 1930Tacuarembópoeta y músico uruguayo. Por su cercanía a la cultura y los poetas del sur de Brasil, ha firmado toda su obra como Washington Benavides, pero su nombre de nacimiento es Washington Benavídez. 

Sus poemas han sido versionados en canciones por artistas como Daniel VigliettiEduardo DarnauchansAlfredo ZitarrosaHéctor Numa Moraes. (fuente wikipedia).


miércoles, 10 de julio de 2013

Oído en un teléfono de Washington Benavidez.



El poeta es un apóstata,
inevitablemente. Está
marcado para la apostasía
Su búsqueda incesante
le obligará a colgar
más de una fe en el perchero
(ni a César lo que es del César
ni a Dios lo que es de Dios)
Traspasará las puertas
de marfil 0 de cuerno
las del cofre-fort
las de la cabina telefónica
de la cabina espacial.
Descifrará en el palimpsesto
de los días
otros días que igualmente
fueron o serán suyos.
Traducirá las páginas etruscas
de las muchas realidades. 
El poeta es un apóstata. 
No tiene otra salida. Está
obligado a descubrir
lo que le espera a la vuelta
de la esquina. Y esto no le
acarreará
ni seguridad ni prestigio.
El poeta es un apóstata.
Pelada la última capa de la cebolla
debe imaginar la cebolla
                      platónica
que en un plato -fuera de su alcance-
                      lo espera
para recomenzar el trabajo
de quitarle una a una sus pieles
y encontrarse con otra cebolla
                      reluciente
                      idéntica a un lucero.
El poeta es un apóstata.
Debe serlo. Para acompañar
a los que se atreven por el salón
de los pasos perdidos
a los que conversan con sus sombras
a los que alientan desde una cárcel
la liberación de los hombres.
                        Poesía
                        se llama
                        Apostasía.