EL INTERROGATORIO
de Hamlet Lima Quintana.
Poesía, arte, cultura, música. Cuentos y Relatos. Un rincón que nace y crece en la Patagonia Argentina.
de Hamlet Lima Quintana.
Me moriré en París con aguacero, Jueves será, porque hoy, jueves, que proso César Vallejo ha muerto, le pegaban también con una soga; son testigos César Abraham Vallejo Mendoza nació el 16 de marzo de 1892
en Santiago de Chuco, pueblo en una zona alta del departamento de La Libertad,
en Perú y falleció en París, a los 46 años, el 15 de abril de 1938. |
- Juana de Ibarbourou (de nacimiento: Fernández Morales; Melo,
8 de marzo de 1892-Montevideo, 15 de julio de 1979), también conocida como
Juana de América, fue una poetisa uruguaya.
- Fernán Silva Valdés, uruguayo (Montevideo, 15 de octubre de
1887 - Montevideo, 9 de enero de 1975).
“Alberto Ginastera puso música a dos poemas de Fernán Silva
en Dos canciones op. 3 (1938): Canción al árbol del olvido, op. 3 nº 1; Canción
a la luna lunanca, op. 3 nº 2. La Canción al árbol del olvido, una delicada y
hermosísima milonga, pasó de las salas de concierto (e.g. Victoria de los
Ángeles y Geoffrey Parsons a la música popular. Es de reseñar la versión
híbrida con el piano inolvidable de Martha Argerich, y la voz de Mercedes Sosa –datos de Wikipedia-.
De homonimias y polisemias.
Por Danilo Albero.
Releí fragmentos marcados de El Buscón, quizás en busca de un poco de sutileza poética en estos momentos en que los lenguajes prosaicos y ramplones han invadido la realidad cotidiana y el discurso de políticos.
Cuando nuestro actual presidente habla de periodistas y opositores como “mandriles con adermicina” (clara alusión a que los violó, de allí sus nalgas rojas y la necesidad de un cicatrizante) y a un gobernador de la oposición, “eunuco impotente” -detalle no menor, el gobernador tiene dos hijos, el presidente solo “hijitos de cuatro patas”-. Y periodistas radiales y televisivos hablan de “hacerse el pelotudo”, “me chupa un huevo” o “me da por las pelotas”; cuando yo era chico, nos hacían escuchar radio para “aprender a hablar bien”. No diría lo mismo en estos momentos.
Hace un par de años tomé nota de un artículo de un académico de la RAE donde aclaraba que Cervantes empleó 23.000 palabras diferentes mientras que hoy un ciudadano común usa sólo 5.000.
Basta leer El viaje del Parnaso para ver, basado en su experiencia embarcado en la batalla de Lepanto, los símiles poéticos de las distintas partes de una galera:
“la popa, de materia estraordinaria, bastarda, y de legítimos sonetos… la racamenta, que es siempre parlera,
toda la componían redondillas…
todas las obras muertas componían
o versos sueltos, o sestinas graves
que a la galera más gallarda hacían”.
Leyendo diarios y notas de escritores conocidos veo que muchos difícilmente lleguen a las 4.999.
Hojeo en una librería la contratapa de un libro sobre una autora hecha por una compatriota, escritora y periodista, que publica en medios extranjeros, “ella es un satélite cándido y lascivo a la vez”; lascivo es lujurioso, antónimo de cándido. Recuerdo una nota en El País de Madrid donde un compatriota novelista y corresponsal, residente en España, portador de múltiples premios, periodísticos y literarios, habla de “cucarachas y otros animales”. Evoca una mención de Pío Baroja de un cartel que vio en el madrileño mercado de El Rastro: “se venden galápagos y otros animales domésticos”.
Me fui por las ramas; releí El Buscón, decía, y me encontré con este delicioso fragmento cuando el protagonista se refiere a su padre:
“Por estas y otras niñerías, estuvo preso; aunque, según a mí me han dicho después, salió de la cárcel con tanta honra que le acompañaron doscientos cardenales, sino que a ninguno le llamaban ‘señoría’”.
Más adelante, cuando habla de su madre:
“Hubo fama que reedificaba doncellas, unos la llamaban zurcidora de gustos; otros algebrista de voluntades desconcertadas, y por mal nombre alcagüeta”.
En estos dos párrafos, Quevedo hace un uso magistral del lenguaje poético a través de dos recursos: la homofonía -palabras que suenan igual pero con significado distinto- y polisemia -vocablos que admiten más de una interpretación- para retratar a los genitores del narrador e introducirnos, con son de guasa, en su novela picaresca, la vida de Don Pablos.
En el caso del padre, la homofonía se lee en la ironía con que refiere a los castigos recibidos en prisión -exaltada por el “según a mí me han dicho”- ya que los cardenales mencionados son las marcas violáceas de los azotes recibidos, por eso “a ninguno le llamaban ‘señoría’”, y no la autoridades eclesiásticas.
En el caso de su madre, utiliza la polisemia para esbozarnos su oficio, “reedificaba doncellas”, que refiere a volver a construir, restaurando lo deteriorado, en este caso la virginidad, cosiendo el himen de jóvenes que pretende casarse, por eso la llamaban “zurcidora de gustos”; y “algebrista de almas desconcertadas”, donde algebrista no es un matemático sino el médico especializado en tratar huesos dislocados, desconcertado alude a la luxación. Por eso el final del retrato de la madre, “y por mal nombre alcagüeta”.
Una de las posibilidades más bellas del lenguaje poético es el virtuosismo en el uso de polisemias y homonimias; permiten expresar mensajes con más de un sentido, que pueden ser interpretados por el lector o recitador con distintos matices.
Siguiendo con el estilo de Quevedo, dejo de lado la homofonía -tuvo y tubo- y voy a la polisemia; dos ejemplos de palabras trisémicas: busto (pecho femenino; escultura; parte superior del cuerpo humano) y cañón (pieza de artillería; parte de un arma de fuego; accidente geográfico), en este último caso, cuando padecemos películas bélicas, donde se habla en inglés, dobladas o subtituladas al español, encontramos, ¡maravilla!, con que barrel (barril y cañón de arma de fuego) es traducido, de manera ineluctable “barril”.
Rescaté una pentasémica: casco (protección para la cabeza; urbano; cuerpo del barco; uña del animal, recipiente), me quedé corto: pienso que admite por lo menos tres acepciones más, lo cual la hace octosémica.
De la relectura de El buscón, me acude este soneto de Quevedo, que me jacto de saber de memoria, y que hoy corre el riesgo de ser censurado por políticamente incorrecto y machista -dejando de lado las connotaciones de puto, en la época, además del fatigado “que comete pecado nefando”-, Desengaño de las mujeres:
“Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece; puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.
Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.
Más llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare; y como puto muera yo quemado
si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas”.
En el segundo verso del segundo cuarteto “rato” puede aludir al espacio breve de tiempo, pero también a un gusto o disgusto pasajero.
En el primer verso del segundo terceto “pagare” alude a la afición o encariñarse; y en el segundo verso “grave” también puede referir a una persona muy importante o de alcurnia.
Es fácil adornar el vuelo del propio prestigio con plumas ajenas, por eso me refugio en este otro soneto de Quevedo que lleva el acápite: “Aconseja a un amigo que estaba en buena posesión de nobleza, no trate de calificarse, porque no le descubran lo que no sabe” y donde le recuerda la historia de Faetón.
Aquél, persuadió al dios Apolo para que lo dejara conducir el carro del sol y así demostrar a sus amigos que, efectivamente, era su hijo. Faetón perdió el control del carro, puso en riesgo al cielo y a la tierra, fue fulminado por el rayo de Zeus y cayó frente a la costa de Venecia, Ovidio cuenta la historia en Metamorfosis y Rubens la representa en un cuadro, dice Quevedo: “Estudia en el osar de ese mozuelo, / descaminado escándalo del polo; / para probar que descendió de Apolo, / probó, cayendo, descender del cielo”.
El comienzo de nuestra actual decadencia, moral y política, es por malhablados profusos en vulgarismos y parvos de lexicón.
* El lector podrá más artículos en daniloalbero.com.ar
Publicado en LA PRENSA.
Retrato de Antonio Machado.
TEMORES.
Hoy he tenido miedo de no poder partir el pan,
tomar el vino, encender una lámpara en invierno,
darle los buenos días a la gente,
pisar el pasto de la tierra que amo,
aromar las palabras que dicen los amigos,
sacar un distinguido en los brazos del amor,
necesitar a los otros y que a mí me necesiten.
Hoy he tenido miedo de no poder nada de eso
y entonces he pensado qué doloroso debe ser
no poder entonar una vieja canción,
una de aquellas que cantaba mi madre en la cocina.
Hamlet Lima Quintana.
Hamlet Lima Quintana (nacido como Hamlet Romeo Lima, 15 de
septiembre de 1923-21 de febrero de 2002) fue un poeta argentino, autor de más
de cuatrocientas canciones, entre ellas la popular "Zamba para no
morir" (con música de Norberto Ambrós y Héctor A. Rosales).
Integró el Movimiento del Nuevo Cancionero del que Hamlet
fue parte junto a Armando Tejada Gómez,
Tito Francia, Mercedes Sosa y Oscar Matus y fue uno de los grandes poetas de la
música popular argentina.
Transferencia.
Después de todo, la muerte es una gran farsante.
La muerte miente cuando anuncia que se robará la vida,
como si se pudiera cortar la primavera.
Porque al final de cuentas,
la muerte sólo puede robarnos el tiempo,
las oportunidades de sonreír,
de comer una manzana,
de decir algún discurso,
de pisar el suelo que se ama,
de encender el amor de cada día.
De dar la mano, de tocar la guitarra,
de transitar la esperanza.
Sólo nos cambia los espacios.
Los lugares donde extender el cuerpo,
bailar bajo la luna o cruzar a nado un río.
Habitar una cama, llegar a otra vereda,
sentarse en una rama,
descolgarse cantando de todas la ventanas.
Eso puede hacer la muerte.
¿Pero robar la vida?...
Robar la vida no puede.
No puede concretar esa farsa... porque la vida...
La vida es una antorcha
que va de mano en mano,
de hombre a hombre, de semilla en semilla,
una transferencia que no tiene regreso,
un infinito viaje hacia el futuro,
como una luz que aparta
irremediablemente las tinieblas.
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Hamlet Lima Quintana.
Nacido como Hamlet Romeo Lima en Morón, provincia de Buenos
Aires, Argentina, en 1923, prefería decir que era de Saladillo (localidad
bonaerense situada a 200 km de la ciudad de Buenos Aires, zona rural de la
Pampa húmeda).
Su padre, Romero Ventura Lima, con raíces en ese enclave de
la tradición que es San Antonio de Areco; y su madre, Leila Carmen Quintana,
descendiente de la “tribu de Coliqueo completaron su cuadro de formación.
Hamlet Lima Quintana componía canciones que acompañaron al
movimiento artístico y cultural denominado Nuevo cancionero (1962) que integraban
artistas y poetas de la talla de Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez, Manuel
Oscar Matus, Eduardo Aragón, Tito Francia, etc. Tanto Mercedes Sosa como
Horacio Guarany interpretaron sus composiciones. Musicalizaron su poesía Mario
Arnedo Gallo, Remo Pignoni, Oscar Alem, Horacio Salgán, Carlos Guastavino,
Enrique Llopis, Eladia Blázquez, César Isella, Julio Lacarra, Litto Nebbia,
Carlos Bergesio, entre otros.
Falleció el 21 de febrero de 2002, a los 78 años, por la
porquería del cáncer de pulmón.
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Canción para Alfredo.
Volaba desde el fondo
de su guitarra oscura
como una golondrina
popular y sencilla,
ardiendo en cada
esquina con la rara hermosura
de modelar el canto
con perfiles de arcilla.
Procedía del pueblo
la luz de Zitarrosa,
dolorosa y precisa de
su Montevideo,
era un salmo de vida
con sangre de una rosa
y una rosa de sangre
le quemaba los dedos.
Andaba cuesta arriba
de todos los tiranos
que manchaban las
aguas del Río de la Plata,
pulsador de los
sueños latinoamericanos,
cuestionaba asesinos,
abordaba piratas.
Pariente de la vida
con el violín de Becho
transita por el aire
vigilando la aurora,
navega en nuestra
sangre con el mástil deshecho
como un fiel
habitante de nuestra propia hora.
Y es pájaro de fuego junto a su sol poniente
resurgido en cenizas,
cantando profecías,
y dice que los
pueblos en este continente
no asumen los olvidos
ni quieren amnistías.
Por eso y las
cuestiones de andar en la alegría
en milongas sentidas
como una siembra extraña,
por las alas azules
de la milagrería
Alfredo anda cantando con nuestra propia entraña.