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domingo, 1 de febrero de 2026

LA ÚLTIMA CURDA (tango).

 


LA ÚLTIMA CURDA (tango).

Lastima, bandoneón, mi corazón,

Tu ronca maldición maleva...

Tu lágrima de ron, me lleva

Hasta el hondo bajo fondo

Donde el barro se subleva.

Ya sé, no me digás, ¡Tenés razón!

La vida es una herida absurda

Y es todo, todo, tan fugaz

Que es una curda, - nada más -

Mi confesión...


Contame tu condena,

Decime tu fracaso

No ves la pena que me ha herido.

Y hablame simplemente

De aquel amor ausente

Tras un retazo del olvido...

¡Ya sé que te lastimo!

¡Ya sé que te hago daño!

Llorando mi sermón de vino.

Pero es el viejo amor

Que tiembla, bandoneón...

Buscando en un licor que aturda,

La curda que al final

Termine la función,

Corriéndole un telón, al corazón...

 

Un poco de recuerdo y sinsabor

Gotea tu rezongo lerdo.

Marea tu licor y arrea

La tropilla de la zurda

Al volcar la última curda.

Cerrame el ventanal

Que quema el sol

Su lento caracol de sueño.

No ves que vengo de un país

Que está de olvido, siempre gris,

Tras el alcohol...

El tango “La última curda”,  tango compuesto en 1956, tiene la formidable letra de Cátulo Castillo  (Ovidio Cátulo González Castillo) con música de Aníbal “Pichuco” Troilo  (Aníbal Carmelo Troilo).

Este “tangazo” de unos 70 años. La primera grabación es de la orquesta de Aníbal Troilo y la voz de Edmundo Rivero el 8 de agosto de 1956.

CURDA según la Real Academia Española.

adjetivo coloquial.

ebrio (‖ embriagado por la bebida). Usado también como sustantivo.

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“Gobello transcribe —y considera equivocada— la opinión de Juan José de Soiza Reilly que ubica el nacimiento del significado en 1912; dice que ese año Italia arrebató a los turcos la región de Trípoli y que entre las informaciones que se hicieron populares en el país estaba la que decía que dentro del ejército turco los soldados provenientes de Kurdistán, o sea los kurdos, no podían pelear si no se les daba alcohol en abundancia. Gobello agrega que la expresión ya había sido registrada por F. M. Pabanó en el libro Historia y Costumbres de los Gitanos. Diccionario español-gitano-germánesco, editado en Barcelona en 1915, y por Rafael Salillas en el libro Hampa, editado en Madrid en 1898”.

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“Varios tangos usan el vocablo en su título o en su letra; entre los primeros se destacan De puro curda (1957) y La última curda (1956,) letra de Cátulo Castillo y música de Aníbal Troilo.

Carlos Mina propone tres formas en las que el alcohol aparece en el tango: en Los mareados (1932) de Enrique Cadícamo —«el alcohol nos ha embriagado»—, la curda es el modo de ocultar la verdadera razón de la separación sobre la que conversan; esto es, que él la abandona; en Una canción (1953) de Cátulo Castillo —«vos y yo los dos en curda»— el alcohol está presente desde la primera frase, y su repetida cita a lo largo del tango parece indicar la intención del narrador de que el tiempo se prolongue en forma infinita; finalmente, en Che, bandoneón (1949), de Homero Manzi –y puedo confesarte la verdad | copa a copa, pena a pena, tango tango- el alcohol ayuda a develar –y a enfrentar- la muerte que se ve cercana”.(Wikipedia),





sábado, 8 de agosto de 2015

Un 8 de Agosto de 1956: el popular Edmundo Rivero graba el tango "La última curda".

El tango “La última curda” tiene la formidable letra de Cátulo Castillo  (Ovidio Cátulo González Castillo) con música de Aníbal “Pichuco” Troilo  (Aníbal Carmelo Troilo) que fuera grabado un 8 de Agosto de  1956 por Edmundo Rivero con Troilo. Ocho años después vendrían otras versiones de Troilo lo grabará con Roberto  “Polaco” Goyeneche. Los sabedores del tango dicen que la versión mejor es la de Susana Rinaldi. Tiene una letra llena de tragedia, de filosofía.  Con expresiones como “La vida es una herida absurda” que de ser una definición empezó a formar parte de las frases hechas de uso común en el lenguaje de los argentinos.
“En su libro, “Una luz de almacén”, don Leonel Edmundo cuenta la historia de esa creación. Y lo hace muy bien. Recuerda que en esa época Troilo vivía en un segundo piso cuyo balcón estaba iluminado por el inmenso letrero luminoso del cabaret Chantecler. Una calurosa noche de verano, una noche, escribe, apenas enfriada por el hielo del whisky, empezamos a jugar con “La última curda”. En algún momento uno de los presentes dijo: “Gordo, chapa la jaula” y allí se inició la sesión entre Rivero y Troilo. Rivero cuenta que estuvieron varias horas ensayando y tomando whisky. Como hacía calor, la ventana del balcón estaba abierta y, según Rivero, estábamos tan concentrados en lo nuestro que si algún plato volador hubiera aterrizado no le habríamos prestado atención. En algún momento, sintieron un rumor que llegaba de la calle. Debe de haber sido fuerte, porque dejaron de ensayar y salieron al balcón. Como se dice en estos casos, alguien hizo correr la bolilla de que en ese departamento estaban Rivero y Troilo haciendo música y una multitud se había agolpado en la vereda de enfrente. Rivero y Troilo se miraron entre ellos y como en el truco se entendieron sin necesidad de hacer señas. La gente en la calle los aclamaba. Deben de haber sido muchos porque en algún momento se interrumpió el tránsito. De acuerdo con la versión de Rivero, “La última curda” se estrenó en esas circunstancias. Desde un balcón, Pichuco con el fueye y Rivero con su voz. No hacía falta nada más. Rivero concluye su relato a toda orquesta. La noche estaba tan linda -escribe- que cantar “la vida es una herida absurda” sonaba a macana” (fragmento del artículo “La última curda” de Manuel Adet publicado en el diario “El Litoral”, sábado 09 de marzo de 2013).
LA ÚLTIMA CURDA

Lastima, bandoneón, mi corazón,
Tu ronca maldición maleva...
Tu lágrima de ron, me lleva
Hasta el hondo bajo fondo
Donde el barro se subleva.
Ya sé, no me digás, ¡Tenés razón!
La vida es una herida absurda
Y es todo, todo, tan fugaz
Que es una curda, - nada más -
Mi confesión...

Contame tu condena,
Decime tu fracaso
No ves la pena que me ha herido.
Y hablame simplemente
De aquel amor ausente
Tras un retazo del olvido...
¡Ya sé que te lastimo!
¡Ya sé que te hago daño!
Llorando mi sermón de vino.
Pero es el viejo amor
Que tiembla, bandoneón...
Buscando en un licor que aturda,
La curda que al final
Termine la función,
Corriéndole un telón, al corazón...

Un poco de recuerdo y sinsabor
Gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
La tropilla de la zurda
Al volcar la última curda.
Cerrame el ventanal
Que quema el sol
Su lento caracol de sueño.
No ves que vengo de un país
Que está de olvido, siempre gris,
Tras el alcohol...