El tango “La última curda” tiene la formidable letra de
Cátulo Castillo (Ovidio Cátulo González
Castillo) con música de Aníbal “Pichuco” Troilo
(Aníbal Carmelo Troilo) que fuera grabado un 8 de Agosto de 1956 por Edmundo Rivero con Troilo. Ocho años
después vendrían otras versiones de Troilo lo grabará con Roberto “Polaco” Goyeneche. Los sabedores del tango dicen
que la versión mejor es la de Susana Rinaldi. Tiene una letra llena de
tragedia, de filosofía. Con expresiones
como “La vida es una herida absurda” que de ser una definición empezó a formar
parte de las frases hechas de uso común en el lenguaje de los argentinos.
“En su libro, “Una luz de almacén”, don Leonel Edmundo
cuenta la historia de esa creación. Y lo hace muy bien. Recuerda que en esa
época Troilo vivía en un segundo piso cuyo balcón estaba iluminado por el
inmenso letrero luminoso del cabaret Chantecler. Una calurosa noche de verano,
una noche, escribe, apenas enfriada por el hielo del whisky, empezamos a jugar
con “La última curda”. En algún momento uno de los presentes dijo: “Gordo,
chapa la jaula” y allí se inició la sesión entre Rivero y Troilo. Rivero cuenta
que estuvieron varias horas ensayando y tomando whisky. Como hacía calor, la
ventana del balcón estaba abierta y, según Rivero, estábamos tan concentrados
en lo nuestro que si algún plato volador hubiera aterrizado no le habríamos
prestado atención. En algún momento, sintieron un rumor que llegaba de la calle.
Debe de haber sido fuerte, porque dejaron de ensayar y salieron al balcón. Como
se dice en estos casos, alguien hizo correr la bolilla de que en ese
departamento estaban Rivero y Troilo haciendo música y una multitud se había
agolpado en la vereda de enfrente. Rivero y Troilo se miraron entre ellos y
como en el truco se entendieron sin necesidad de hacer señas. La gente en la
calle los aclamaba. Deben de haber sido muchos porque en algún momento se
interrumpió el tránsito. De acuerdo con la versión de Rivero, “La última curda”
se estrenó en esas circunstancias. Desde un balcón, Pichuco con el fueye y
Rivero con su voz. No hacía falta nada más. Rivero concluye su relato a toda
orquesta. La noche estaba tan linda -escribe- que cantar “la vida es una herida
absurda” sonaba a macana” (fragmento del artículo “La última curda” de Manuel
Adet publicado en el diario “El Litoral”, sábado 09 de marzo de 2013).
LA ÚLTIMA CURDA
Lastima, bandoneón, mi corazón,
Tu ronca maldición maleva...
Tu lágrima de ron, me lleva
Hasta el hondo bajo fondo
Donde el barro se subleva.
Ya sé, no me digás, ¡Tenés razón!
La vida es una herida absurda
Y es todo, todo, tan fugaz
Que es una curda, - nada más -
Mi confesión...
Contame tu condena,
Decime tu fracaso
No ves la pena que me ha herido.
Y hablame simplemente
De aquel amor ausente
Tras un retazo del olvido...
¡Ya sé que te lastimo!
¡Ya sé que te hago daño!
Llorando mi sermón de vino.
Pero es el viejo amor
Que tiembla, bandoneón...
Buscando en un licor que aturda,
La curda que al final
Termine la función,
Corriéndole un telón, al corazón...
Un poco de recuerdo y sinsabor
Gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
La tropilla de la zurda
Al volcar la última curda.
Cerrame el ventanal
Que quema el sol
Su lento caracol de sueño.
No ves que vengo de un país
Que está de olvido, siempre gris,
Tras el alcohol...
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