sábado, 7 de junio de 2014

El velorio de Funes por María Rosa Giovanazzi.

Le dolían los pies. Las piedritas  del camino penetraban  en las alpargatas y le hacía ver las estrellas.  El sol caía como un manto caliente.
La blusa se pegaba a su espalda y cada tanto, gotas de sudor, bajaban hasta su cuello y rodaban por la curva de  su espalda produciéndole un cosquilleo.
Pobre compadre Funes, pensó, venir a morirse en pleno verano.
La calle de tierra no tenía ni un miserable árbol donde guarecerse.  A los costados sólo un alambrado, más allá, campos y más campos sembrados.
Un carro pasó destartalándose en el surco de la senda polvorienta,  la voz de don Natalio surgió ronca:
—Buenas tardes doña Sabrina.
—Buenas tardes —respondió.
Él siguió sin ofrecerle llevarla hasta el pueblo, negro bruto, dijo entre dientes.
Ya estaba cerca de las primeras casas, las veredas ofrecían la sombra de una hilera de sauces y por momentos la brisa suave dejaba llegar su alivio con aromas de menta y lavanda. El cielo había cambiado, las nubes tapaban la furia de ese verano tórrido.
Al fin llegó al velorio de Funes. Un grupo de paisanos conversaban en la puerta de calle. Le dieron paso respetuosamente.
Entró.  Fue  a saludar a la viuda, doña Remigia  se derramó en lágrimas al verla,  el escote del vestido de la  mujer era demasiado provocativo para ese momento, los senos que se le escapaban sin pudor. Sabrina la abrazó y luego se acercó al finado. Hizo la señal de la cruz.
Funes era una bolsa de huesos. La impresionó la blancura de la piel y el pelo. ¡Cuánto había cambiado!
Sobre una mesita varias imágenes religiosas presidian una asamblea de santos.  No sabía que el compadre fuera tan creyente, se dijo.  Varias velas rojas  de diferente tamaño daban al ambiente un olor a cera e incienso,  que mareaba.  A un costado del cajón dos cirios de pie flameaban su llama amarillenta.
Rezó un ave María.
Funes pareció mover las manos. Ella se inquietó. Sumida en una alucinación lo vio revolverse en la caja, luego elevarse.  Sabrina se apoyó en una silla y buscó a la viuda con  los ojos, no estaba. Los vecinos seguían en la puerta. Intentó gritar y no pudo. Retrocedió, el olor de  los cirios era más potente  ahora. El finado,  de pie, se elevó hasta una ventanita que estaba en lo alto de la pared y espío. Maldijo en voz baja.
Las velas se apagaron, dejando caer lagrimones de cera sobre el piso de cemento, sólo las rojas permanecían encendidas. Un espesor de niebla invadió la habitación. Sabrina quiso escapar y sus piernas no respondieron. Transpiraba y no era culpa del calor. Estiró el brazo y con el pañuelo apagó las velas rojas.
Don Funes se estremeció y descendió lentamente. Se sentó en el cajón. Le sonrió con su boca desdentada, se acostó y quedó con un rictus amargo en la cara.  La niebla escapó por la ventana. Sabrina temblaba.  Estaba sola frente al finado que cruzó las manos sobre el pecho y así quedó.
Sabrina fue a la habitación de al lado, la puerta estaba apenas entreabierta. ¿Qué había visto el finado? Se asomó y los vio: la viuda y el capataz de los Martínez, estaban abrazados, se tocaban, se besaban con tantas ganas que no advirtieron su presencia.
Cerró y  fue a la cocina. Dos vecinas preparaban el mate, les quiso hablar, contarles lo que le había sucedido y no pudo, su lengua era un trozo de cartón.
Entró doña Remigia arreglándose el pelo. Un resto de sonrisa le bailaba en la boca, se sentó y rompió a llorar.  Sabrina no aguantó el teatro que la Remigia  fingía  y sin decir palabra salió de la cocina, llevándose una silla por delante, ante los ojos asombrados de la viuda que seguía gimiendo su pena.
Blob Cuentos y Relatos:
http://mariarosag.blogspot.com.ar/

jueves, 5 de junio de 2014

Romance de la luna, luna - Federico García Lorca.

La luna vino a la fragua
con su polizón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye, luna, luna, luna,
que ya siento los caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.


El 5 de junio de 1898 nacía en Fuente Vaqueros,  Federico García Lorca. Fue bautizado con el nombre de Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca. La vida de Federico García Lorca estuvo estrechamente ligada a Granada, donde nació, escribió buena parte de su obra y murió fusilado tras la sublevación militar que dio origen a la Guerra Civil Española.

martes, 3 de junio de 2014

El burro flautista de Tomás de Iriarte ( 1750 - 1791).


Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidad
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

«¡Oh!, dijo el borrico,
qué bien sé tocar!
¿Y dirán que es mala
la música asnal?»

Sin reglas del arte
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

Tomás de Iriarte nació el 18 de septiembre de 1750 en el Puerto de la Cruz, en la isla de Tenerife. Estudió las lenguas griega y francesa y siendo ya conocedor del latín y estudioso de la literatura castellana. Su carrera literaria se inició como traductor de teatro francés. Tradujo además el Arte poética de Horacio.

Es más conocido por sus Fábulas literarias lo cual motivó una larga contienda con el que había sido amigo desde largo tiempo, Félix María Samaniego.
Su idea de la poesía era propia de la Ilustración: "Los pueblos que carecen de poetas carecen de heroísmo; la poesía conmemora perdurablemente los grandes hechos y las grandes virtudes."
Murió de gota en Madrid, el 17 de septiembre de 1791.

lunes, 2 de junio de 2014

LA ARENOSA (cueca) - Manuel José Castilla - Gustavo Leguizamón.

Arenosa, arenosita
mi tierra cafayateña
el que bebe de tu vino
gana sueño y pierde penas.

El agua del calchaquí
padre de toda la siembra
cuando uno se vá y no vuelve
canta llorando y lo sueña.

Arena, arenita
arena tapa mi huella
para que en las vendimias
mi vida yo vuelva a verla.

Luna de los medanales
lunita cafayateña
luna de arena morena
en carnavales de ausencia.

Deja que beba en tu vino
la savia cafayateña
y que me pierda la cueca
cantando antes que me muera. 

"La arenosa" en la voz de Zamba Quipildor 
en el álbum 
"Voz y sentir de Salta" 
(1970)

domingo, 1 de junio de 2014

POMPA DE JABÓN - ENRIQUE CADÍCAMO.


 Pompas de jabón 
poema de Enrique Cadícamo  
música: Roberto Goyeneche  

Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
que andás paseando en auto con un bacán,
que te has cortado el pelo como se usa,
y que te lo has teñido color champán.
Que en lo peringundines de frac y fuelle
bailás luciendo cortes de cotillón
y que a las milongueras, por darles dique,
al irte con tu "camba", batís "allón".

Hoy tus pocas primaveras
te hacen soñar en la vida
y en la ronda pervertida
del nocturno jarandón,
pensá en aristocracias
y derrochás tus abriles...
¡Pobre mina, que entre giles,
te sentís Mimí Pinsón...!

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un día se esfumará,
y que como todas las flores que se marchitan
tus locas ilusiones se morirán.
El "mishé" que te mima con sus morlacos
el día menos pensado se aburrirá
y entonces como tantas flores de fango,
irás por esas calles a mendigar...

Triunfás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
te inyecten sus amarguras...
ya verás que tus locuras
fueron pompas de jabón.