jueves, 19 de febrero de 2026

Coplas de la libertad. Letra: Diógenes Jacinto Garibaldi - Música: Jorge Marziali.


Coplas de la libertad.

Letra: Diógenes Jacinto Garibaldi - Música: Jorge Marziali.

Conozco la perfección

pero de muy raro modo

buscando no decir nada

poder expresarlo todo.

 

Arbolito ay arbolito

cor el rocío no llores

está presa tu raíz

pero tus ramas dan flores.

 

Libertad, yo te libero

haces que mi canto vibre

porque no puedo ser libre

ni tampoco prisionero.

 

¡Ay de mí!

Vivía cerca de un río

pero estoy muerto de sed

el río enseña a marcharse

pero no enseña a beber.

 

Vi mi juventud lejana

tan cerca la muerte vi

que de pronto tuve ganas

de vestir luto por mi.

 

Libertad, yo te libero..

Yo reniego y desconfío

del agua dulce en el mar

y de cada verso mío

que me nació sin llorar.

 

Escuchas, risas y aplausos,

provocas una emoción

tu canción está hecha trizas

pero aún es tu canción.

 

Libertad, yo te libero..

Esto lo practica Dios

y algunas veces el mar.

 

Lo bueno de tener vos

no es hablar sino callar

¿Qué canción mala no es buena

cuando cumple su destino,

perfeccionar un pena

o señalar un camino?

 

¿Quién recuerda como yo

las fosas que abrió la guerra,

que están cubiertas de tierra

y que la guerra existió?

 

Los dueños de la soberbia

tenían siempre razón…

El no equivocarse nunca…

era su equivocación.



Jorge Marziali (San José de Guaymallén, Mendoza, la Argentina,19 de febrero de 1947 - Santa Clara, Cuba, 9 de julio de 2017) fue un cantautor argentino. Era hijo de inmigrantes italianos.

Se presentaba todos los fines de semana en la peña de las Chacras, donde renació la música del interior argentino, el folklore cuyano, que venía de La Tropilla de Huachi Pampa del cantor Buenaventura Luna y la voz de Antonio Tormo hasta el Nuevo Cancionero con Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez.

Fue el creador de temas como: “Cebollita y huevo”, “Los obreros de Morón”, “Ese Manuel que yo canto”, “Coplas para la libertad”, “Elijo criollos”, “Cuando Perón era Cangallo”, “Caminando junto a Arturo Jauretche”, “Canción para empezar a irse”, “El Cuchi musiqueador”, “Elegía a la primera distancia”, “Coplas por refalosa”, “Al amor, un nombre”, “La jardinera”, “Con ese mismo corazón”, “P’al comisario”, “El ciego del subterráneo”, “Mendoza está” y “Polca miseria”.

Falleció en una gira por Cuba debido a un ataque al corazón que le sobrevino debido a la emoción de encontrarse ante el mausoleo del Che Guevara en la ciudad de Santa Clara.

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Breve reseña de Daniel Giribaldi.

"Daniel Giribaldi nació en Buenos Aires en 1930, y murió en 1984 en esa misma ciudad. Su nombre verdadero era Diógenes Jacinto Giribaldi.

Dijo de él el poeta Antonio Requeni: “Algunas noches, poco antes de las 12, sonaba el teléfono del escritorio que yo compartía con Calvetti y, uno u otro, oía la voz de Daniel Giribaldi que, parafraseando el verso de Rubén Darío, exclamaba: «¡Torres de Dios, poetas!»

Giribaldi era periodista del diario Crónica y autor de magníficos sonetos lunfardescos. Cuando nos llamaba a esa hora era para darnos cita, un rato más tarde, en un bar infecto-contagioso de la Avenida de Mayo, junto al restaurante Pedemonte. Más de una vez nos encontramos allí, al terminar nuestros respectivos trabajos. Giribaldi, Calvetti y yo, juntos con otros dos periodistas de La Prensa: José Luis Macaggi, autor de un Diccionario Gardeliano, y Hernán Giménez Zapiola.

Nos servían sendos vasos de vino y unos platitos con porciones de tortilla o fiambre. Yo, el más virtuoso, tomaba solamente el vaso de vino, o medio y, al rato, me despedía para regresar a casa mientras los compañeros seguían “hasta altas copas de la madrugada”.

En su vida exterior, Giribaldi jugaba a parecerse a lo que en porteño llamamos un “reo”. Tal vez lo fuera de verdad. Recuerdo una medianoche de invierno en que la niebla invadía una Avenida de Mayo despoblada y fría, casi fantasmal. Caminábamos con nuestro amigo en dirección al bar cuando una prostituta, desde la vereda de enfrente, lo saludó con el brazo levantado: «¡Chau Giribaldi!»

Giribaldi murió a los 54 años y, como correspondía en él, de una cirrosis hepática. Como poeta, encontró en el lunfardo la mejor manera de expresar su talento. Un lunfardo a ratos metafísico, con el que acertó a transmitir no sólo una visión entre crítica y humorística de la idiosincrasia y las costumbres del hombre de Buenos Aires, sino sus propias preocupaciones existenciales y hasta sus inquietudes religiosas.

Hombre de extensa cultura, gran lector de Quevedo y traductor de Baudelaire (él lo llamaba Carlitos Baudelaire), vivió para la noche, las copas y los amigos y, para servir a la poesía, esa diosa cuyo resplandor también alumbra la noche de los bodegones".

https://elpoetadepuesto.blogspot.com/2013/08/daniel-giribaldi-dos-sonetos.html

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