PUENTE ALSINA.
Puente Alsina,
sos como un tajo en la jeta de la ciudad.
En tus organitos se añejan los tangos
y te comés la cana por capacidad,
como los guapos.
Viejo Puente
donde se engrupen el dolor y el amor
con aguardiente.
Boliche del Mostrador,
donde nunca ha tomado un delator
ni un alcagüete.
Puente Alsina,
sos el cuadro bravo de la ciudad
y, aunque en tus esquinas se destiñe el piropo,
en tus chatas cadeneras todavía llevás
el nombre de la grela que te quiso un poco.
Academia del fango,
colegio del reaje,
donde tus hombres aprendieron a multiplicar el coraje
y tus minas a deletrear el tango.
Puente Alsina,
de la uña cachusa
a fuerza de probar el filo de los puñales,
para la chiruzada de tus barriales
cantó ya la lechuza.
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Otros poemas.
Citroën.
Siempre en cucliyas te miró mi pena
antes de ser lo que sos hoy, bacana,
en la enlozada vieja en que se entrena
el poliglota loro de Ritana.
Después, con más chiqué y con más tacto,
en la aliviada que te dio la guita
te divisé montada al artefacto
que Lola Mora en el balneario imita.
Y ayer, en el Florida matutino
que cantara Rubén en verso fino,
te campanié de nuevo embelesado.
En la higiénica imagen atrevida
y tu blanco Citroën de mantenida
era como un bidet estilizado.
... ... ...
El vago Amargura.
Mandando a bodega su troli de vino
junto con la mugre de un bar mishiadura,
está siempre escabio el vago Amargura,
que en tiempos pasados fue un gran malandrino.
Cuentan los caneros que ha tiempo lo embrocan
que fue de los púas para la avería.
Hizo, prepotente, trabajos de bronca
pa' vivir al margen de la fulería.
Y aunque siempre tuvo minas retrecheras
que hacían las latas con facilidad,
tiró bien la lanza, y en giras burreras
forzó pateadores con felicidad.
Y, siempre al tanteo de lo que cuadraba,
todos los laburos se los repasó:
fue escruche, lancero, furquista de biaba
y por lerdo nunca jamás fracasó.
Hasta que una noche, ¡maldito bailongo!,
acaso en curdela, quizás el destino
con la fariñera le cortó el mondongo
a un gil, rechiflado por culpa del vino.
Entonces la yuta se arregló la cosa
vengando las biabas que d'él recibía
y por esa muerte, minga de alevosa,
pasó veinte años fuera de la vía.
Y volvió de Ushuaia con la conocida
tos envenenada que atrapa el canero,
y olvidando todo se engrupe la vida
mandando a bodega su troli cabrero.
... ... ...
La Payaso.
Fue, desde pebeta, siempre cortejada
cuando requintada, cuando retrechera
cayó a aquel bailongo de la deschavada
su pinta debute con pilcha fulera.
Y obtuvo el requiebro de los gavilanes
y el grato floreo de los bailarines,
que le palpitaron ser con los bacanes
pebeta de carpa pa' los berretines.
Y previo unos tangos de cuerpo presente
con púas cancheros en bailes mistongos,
pa' los del asfalto se fue prepotente
y a las más corridas les bailó sin tongo.
Y olvidó, mareada por los copetines,
junto con sus viejos, todo el arrabal,
y entre la camada de turros y afines
bebió hasta las heces la copa del mal.

Carlos de la Púa, cuyo nombre original fue Carlos Raúl Muñoz y Pérez (La Plata, 14 de enero de 1898 - Buenos Aires, 9 de mayo de 1950).
“Fue autor de los tangos Luces de París y Coraje y Fuego y del guion de la primera película sonora argentina, ¡Tango!, en la cual intervino la Orquesta de Juan de Dios Filiberto. Actuó en la película Galería de esperanza. Fue periodista del Diario Crítica dirigido por Natalio Félix Botana, donde desarrolló una larga labor desde el año 1925. Sus notas se caracterizaban por la ironía, la agudeza y el humor. En 1934 dirigió la película Galería de esperanzas (Chingolo) y en 1935 codirigió el filme Internado” (Wikipedia).
Su libro de poesía "La crencha engrasada", llevado al disco con la voz de Héctor Alterio y el "Tata" Cedrón es un manual de la jerga porteña y lo consagró en el universo del tango.
En la Academia Porteña del Lunfardo hay un sillón con el nombre de Carlos de la Púa, conviviendo con otras butacas dedicadas a Álvaro Yunque, Sebastián Piana, Alberto Vacarezza, César Tiempo o Pascual Contursi.
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9 de mayo de 1950
MUERE CARLOS DE LA PÚA - (1893 - 1950)
"Se llamaba en realidad Carlos Raúl Muñoz y en repetidas oportunidades afirmó haberse “descolgado al mundo” en el barrio de Once, al que dedicara uno de sus mejores poemas. Sin embargo, el investigador platense Juan Pedro Cendoya ha demostrado con pruebas documentales que nació en Melchor Romero, partido de La Plata, el 14 de enero de 1898.
En la “Exposición de la Actual Poesía Argentina” de Vignale y Tiempo (Minerva, 1927), declaraba a Muñoz: “no he publicado ningún libro, pero este año pecaré con dos: ‘La crencha aceitada’ (Misal Reo) en caló porteño e ‘Itinerario de un vago porteño’ en colaboración con Enrique González Tuñón”. A la postre, sólo publicó uno, con el título definitivo de “La crencha engrasada” (1928), que le bastó para erigirse en el poeta más admirado de la suburria ciudadana. Como diría Cadícamo: “En la metufilanfia de tu verba terraja / hay perfumes sensuales a cercos con ligustros. / Tu poesía ruflera hace más de dos lustros / que en el mate de todos los puntos nos trabaja”.
Por las escasas páginas de su libro impar desfilan carreros, prostitutas, portones de arrabal, barras trasnochadoras, bulines, tangos, encordadas. En el poema “Fidelidad”, que abre el volumen se encierra el arte poético de de la Púa: “Ciudad, / te digo la frase guaranga del caló / para hacerte más mía, para hacerte más íntima… / Para que no perciban su porteño sabor / los que llevan la mugre del espíritu gringo”.
La mayor parte de sus poemas –sobre todo los de la sección “Los laburos”, dedicada a Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges, “mis rivales en el cariño a Buenos Aires”- resultan ininteligibles si no se tiene a mano un diccionario de voces lunfardas. Un breve ejemplo: “No hay soca que digan los minos: ‘No tengo’. / Él sabe en seguida dónde la marrocan: / la casimba cargan de rofo sombrero / o rofo de tarros, o rofo de ropa”. Sin embargo en otros (“Barrio Once”, “Los bueyes”, “Lucio el anarquista”) el lenguaje popular de su época resplandece y se hace íntimo y comunicativo.
Parodiando a Rubén Darío escribió “Hermano chorro”, poema digno de figurar en la mejor antología de poesía nacional:
“Hermano chorro, yo también / sé del escruche y de la lanza…/ La vida es dura, amarga y cansa / sin tovén. // Yo también tengo un laburo / de ganzúa y panqueta. / El amor es un balurdo / en puerta. // Con tal que no sea al pobre / robá, hermano, sin medida…/ Yo sé que tu vida de orre / es muy jodida. // Tomá caña, pitá fuerte. / Jugá tu casimba al truco / y emborráchate, el mañana / es un grupo. // ¡Trascartón está la muerte!”.
Notable periodista en la “Crítica” de Botana, director y libretista de cine, exitoso empresario en su madurez, de la Púa escribió las letras de varios tangos: “Farfala volatriche”, “Pebeta golkìper”, “Luces de París”, “Coraje” y “Fuego”, las dos últimas grabadas por su amigo Julio de Caro.
Carlos de la Púa, también conocido como “El Malevo Muñoz”, falleció en Buenos Aires el 9 de mayo de 1950. Poco antes de morir, su amigo Helvio Botana le acercó un sacerdote. De la Púa, ateo convencido pero porteño amante del escolazo y sobrador hasta el final, respondió: “Dale. Nunca está de más tirarse un lance”." (Juan Carlos Jara en Los Malditos, vol IV, pág 174, ed Madres de Plaza de Mayo)
Publicado en Pensamiento Discepoleano.
Carlos de la Púa y la Bohemia.
CONOCIDO COMO EL “MALEVO” MUÑOZ, SU NOMBRE VERDADERO ERA CARLOS RAÚL MUÑOZ Y PÉREZ.
Carlos de la Púa, la mayor expresión poética popular de Buenos Aires, conocido como el “Malevo” Muñoz o Carlos Raúl Muñoz del Solar, nació en la ciudad de La Plata el 14 de enero de 1898. Su nombre verdadero, Carlos Raúl Muñoz y Pérez, corresponde a una familia de ascendencia hispánica; sus padres, don Isidro Muñoz y Pérez y doña Elena Baca, poco tiempo después del nacimiento de Carlos Raúl, se trasladaron a Buenos Aires, viviendo en el barrio de Once- calle Valentín Gómez 376 según la anterior numeración, entre las calles Ecuador y Boulongne sur Mer-, acontecimiento que justifica la declaración del “Malevo”, quien afirma que había nacido en el barrio de Once.
Cursó sus estudios en la Escuela Dámaso Centeno de Rivadavia 5500. No habiendo finalizado la enseñanza media, por su natural espíritu travieso, fue, no obstante, hombre de solida cultura, manifestándose siempre admirador de Stendhal, Shakespeare y Bernard Shaw.
Como periodista se inició en un periódico de barrio cuyo nombre se ha perdido en el olvido. Allí salió de perdedor- según su expresión- para ingresar luego al diario La Montaña en el que hacía una columna titulada “Carta de un Conscripto” que le atrajo gran popularidad.
Hacia fines de la década de los años veinte, conoció a aquel gran captador de las calidades humanas, don Nataalio Botana, quiera inmediatamente gustó de su fuerte personalidad, llevándolo a la redacción de Critica donde compartió la bohemia periodística con figuras de la talla de Pablo Roas Paz, Raúl y Enrique González Tuñón, Oliverio Girondo, Ulises Petit de Murat, Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Nicolás Olivari, Feliz Lima, Enrique Gustavino, los hermanos Mariani, Roberto Tálices y otros, que saboreaban sus alegres travesuras. En el tercer piso del edificio de la Avenida de Mayo 1333, Carlos de la Púa ocupaba un escritorio junto a la gran vidriera y al jefe de la sección carreras, don Manuel Ronderos.
Frecuento algunos centros literarios de Buenos Aires pero sin sentirse totalmente ligado a ninguno de ellos; así, concurrió a las reuniones del llamado grupo Boedo, no siendo ajeno, tampoco, a las tertulias de la peña Gente de Arte que se reunía en el café Tortoni. En el grupo Florida contó con diversos amigos, entre los que recordamos a Borges y Ricardo Guiraldes.
La agrupación de Artes y Letras El Bermellón, que se reunía en la esquina de Pedro de Mendoza y Australia, en la Boca, lo tuvo también entre sus concurrentes, junto a las figuras de Facio Hebecquer, Orlando Stagnaro, Quinquela Martin y Emilio Centurión.
En su vida de gran “caminoteador” como gusta decir Cesar Tempo, se lo vio por los cafetines alternando con los malandrines que gustaban, también ellos, de su compañía, de su alegría, de sus humoradas y su decir lunfardesco. Carlos de la Púa vivió intensamente la bohemia porteña; la noche le enseñó a conocer muchos personajes que luego fijó en sus poemario en los argumentos de los filmes.
En el género literario publico una novela corta. El Sapo Violeta, La Crencha Engrasada y un sainete inhallable escrito en colaboración con Enrique González Tuñón. En el séptimo arte escribió argumentos para tres películas: Tango (1933), estrenada en el Cine Real, Galería de Esperanzas (1934), proyectada en el cine Renacimiento, e Internado (1935), estrenada en el cine Capitol.
Eterno viajero, Carlos de la Púa conoció diversos países: Francia, España, Inglaterra y Estados Unidos.
Jorge A. Bossio – 1971
Línea 9
Era un boncha boleao, un chacareroque se piyó aquel 9 en el Retiro:¡nunca vieron esparo ni lanceroun gil a la acuarela más a tiro!
Eran polenta el bobo y la marroca,y la empiedrada fule, berretín.De un grilo una casimba daba boca,y un poco la orejeaba el chiquilín.
El ropaé que acusa ese laburotrabucó bien al boncha de culata,pero el lancero trabajó de apuroy de gil casi más mete la pata.
Era un bondi de línea requemaday guarda batidor, cara de rope…¡Si no saltó cabrón por la mancadafue de chele no más, de pudo dope!
Sor Bacana
Cusifai, farolera, sor Bacana, ventuda
que das dique a la merza con las cosas shoficas,
voy a darte un apunte fulero por gilurda
a ver si con el Justo que te bato te achicas.
El vento que amarrocas, medias gambas, canarios,
recuredo de pamelas que achacaste fresquita,
ha de ser poca mosca pa mantener otarios…
¡paparula, tortera, bulebú, milonguita!…
Nunca un buen cadenero ha de tirarte el carro
–esquenuna, vichenza, samporlina, gilota
que me das en los quilombos, justamente en el forro–
Nunca tendrás un macho que por vos se haga chorro
cuando toda esa runfla de farra y cotorreo
por chinchuda y por jávie no te dé más pelota.
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