PÁGINA PARA RECORDAR AL CORONEL SUÁREZ, VENCEDOR EN JUNÍN.
Qué importan las penurias, el destierro,
la humillación de envejecer, la sombra creciente
del dictador sobre la patria, la casa en el Barrio del Alto
que vendieron sus hermanos mientras guerreaba, los días
inútiles
(los días que uno espera olvidar, los días que uno sabe que
olvidará).
si tuvo su hora alta, a caballo,
en la visible pampa de Junín como en un escenario para el
futuro,
como si el anfiteatro de montañas fuera el futura.
Qué importa el tiempo sucesivo si en él
hubo una plenitud, un éxtasis, una tarde.
Sirvió trece años en las guerras de América. Al fin la
suerte lo llevó al Estado Oriental, campos del Río Negro.
En los atardeceres pensaría
que para él había florecido esa rosa:
la encarnada batalla de Junín, el instante infinito
en que las lanzas se tocaron, la orden que movió la batalla,
la derrota inicial, y entre los fragores
(no menos brusca para él que para la tropa)
su voz gritando a los peruanos que arremetieran,
la luz, el ímpetu y la fatalidad de la carga,
el furioso laberinto de los ejércitos,
la batalla de lanzas en la que no retumbó un solo tiro,
el godo que atravesó con el hierro,
la victoria, la felicidad, la fatiga, un principio de sueño,
y la gente muriendo entre los pantanos,
y Bolívar pronunciando palabras sin duda históricas
y el sol ya occidental y el recuperado sabor del agua y del
vino,
y aquel muerto sin cara porque la pisó y la borró la
batalla...
Su bisnieto escribe estos versos y una tácita voz
desde lo antiguo de la sangre le llega:
—Qué importa mi batalla de Junín si es una gloriosa memoria,
una fecha que se aprende para un examen o un lugar en el
atlas.
La batalla es eterna y puede prescindir de la pompa
de visibles ejércitos con clarines:
Junín son dos civiles que en una esquina maldicen a un
tirano,
o un hombre oscuro que se muere en la cárcel.
1953.
Poema II
¿Con qué podré retenerte?
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha contemplado mucho
tiempo la luna solitaria.
Te ofrezco callejones retorcidos, apremiantes atardeceres,
la luna de los suburbios desarrapados.
Te ofrezco mis antepasados, mis fallecidos, los fantasmas
que los vivientes han honrado en mármol: el padre de mi padre, muerto en
batalla en la frontera de Buenos aires, con dos balas a través de sus pulmones,
barbudo y muerto, envuelto por sus hombres en un cuero de vaca; el abuelo de mi
madre —apenas de venticuatro años— comandando un ataque de trescientos soldados
en Perú, hoy espectros cabalgando caballos desvanecidos.
Te ofrezco la intuición que puedan encerrar mis libros, la
hombría o el humor de mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco ese meollo de mí mismo que no sé cómo he
resguardado –el corazón medular que no trata con palabras, que no trafica en
sueños y que no toca el tiempo, la dicha o las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista al
atardecer, antes de que tú nacieras.
Te ofrezco explicaciones de ti misma, auténticas y
sorprendentes noticias de ti misma, teorías acerca de ti misma;
Puedo darte mi soledad, mi umbría, el hambre de mi corazón;
trato de sobornarte con la incertidumbre, con el riesgo, con la derrota.
De Two English Poems, 1934 Jorge Luis Borges. (cvc.cervantes.es)
Dos poemas ingleses[viii]
A Beatriz Bibiloni Webster de Bullrich.
¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco magras calles, ocasos desesperados, la luna
de los corroídos suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado
largamente a la luna solitaria.
Te ofrezco mis antepasados, mis muertos, los fantasmas
que hombres vivientes han honrado en mármol:
el padre de mi padre muerto en la frontera
de Buenos Aires, dos balas a través de sus pulmones,
barbado y muerto, envuelto por sus soldados
en el cuero de una vaca; el abuelo de mi madre
-con tan solo venticuatro años- encabezando
una carga de trescientos hombres en el Perú, ahora
espectros en desvanecidos caballos.
Te ofrezco cualquier agudeza que puedan contener
mis libros, cualquier hombradía o humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco ese meollo de mí mismo que he salvado,
de alguna manera: el corazón central que no
comercia con palabras, no trafica con sueños,
y está intocado por el tiempo, por la alegría,
por las adversidades.
Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista
en el ocaso, años antes de que hubieras nacido.
Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías sobre ti
misma,
auténticas y sorprendentes noticias de ti misma.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre
de mi corazón; trato de sobornarte con
la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.
(De la obra: El otro,
el mismo).
*** El otro, el mismo es un libro de poemas del escritor
argentino Jorge Luis Borges. Fue publicado en 1964 por Emecé.
Después de años escribiendo prosa de ficción, Borges publica
este libro de poemas escritos en distintos momentos de su vida y en los que
toca temas argentinos y de la historia literaria y filosófica europea.
—Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986) Fue
un erudito, escritor, poeta y ensayista argentino considerado el maestro de la
literatura contemporánea.
Nuestro gran escritor Jorge Luis Borges sentía haber
heredado de su padre y de la tradición anglosajona de su abuela inglesa Frances
Haslam (de Yorkshire) su afición a la lectura, su tatarabuelo y su bisabuelo
eran pastores metodistas y académicos, lectores como su padre el Dr Guillermo
Borges Haslam.
Su tatarabuelo el Reverendo inglés William Haslam fue un
pastor metodista, lector de la Biblia. Su bisabuelo Edward Young Haslam se
doctoró en Filosofía y Letras en latín en la Universidad Heidelberg en
Alemania.
Eran intelectuales, cuyo legado se encargó de transmitir y
recrear en suelo argentino su abuela inglesa Frances Haslam. Estos hallazgos redefinen
a Borges y contribuyen a establecer los orígenes de su erudición y su vocación
de escritor. A través de los mares y los siglos, Borges heredó su inclinación
literaria de este curioso clan de eruditos y excéntricos del que terminó
convirtiéndose, sin saberlo, en el integrante más célebre. Esto lo explica el
excelente trabajo de Martin Hadis.
Su abuela Haslam se caso con el coronel Borges Lafinur que
estuvo en la frontera con los caciques y murio en la batalla de La Verde.
En “Two english poems” Borges se refiere magistralmente a
esta muerte heroica en una de sus lenguas, el ingles:
“I offer
you my ancestors,
my dead
men,
the ghosts
that living men have honoured in bronze:
My father’s
father killed in the frontier of Buenos Aires,
two bullets
through his lungs, bearded and dead,
wrapped by
his soldiers in the hide of a cow”.
El apellido Haslam es de Yorkshire, de Northumbria. En
opinión de Martin Hadis este apellido es muy frecuente en todo el norte de
Inglaterra.
En ese sentido la lápida de Borges tiene tallada la imagen
de siete guerreros northumbrios, sajones, dispuestos a enfrentar una horda de
vikings en la batalla de Maldon en Essex en 991, y más abajo la frase “and ne
forhtedon na” (y que no temieran) fragmento de la arenga del líder sajón a sus
guerreros en ingles antiguo para que no teman ante la muerte.
Una vez un periodista malintencionado le preguntó si era
cierto que escribía en inglés y luego lo traducían al español. La respuesta
irónica de Borges con su gran sentido del humor fue que si, y que le iba a dar
un ejemplo:
“Atildado en el vestir,
medio mandón en el trato;
negro el chambergo y la ropa,
negro el charol del zapato.
A las pardas zaguaneras
no les resultaba ingrato
el amor de ese valiente,
que les dio tan buenos ratos.
Un balazo lo tumbó
en Thames y Triunvirato;
se mudó a un barrio vecino,
el de la Quinta del Ñato.”
(El títere).
Publicado en Huellas Británicas en Argentina / Facebook, 4 de octubre 2023.


No hay comentarios:
Publicar un comentario