martes, 13 de mayo de 2014

Serenata gaucha - Homero Manzi.

Canta el ave su humilde desvelo
sangrando en el pico rocío de amor,
cuando incendia las parvas de cielo
detrás de los montes, la brasa del sol.

llora el campo en la gota de nube
y gimen los bosques con voz de zorzal,
pero al hombre que quiere y que sufre
tan sólo lo alivia su propio cantar.

Contale que sus ojos negros
son los que alumbran mi vida.
Errando en el cielo de un sueño
como dos lunas perdidas.
Contale que sus ojos negros
son los que abrieron mi herida...

Si tus noches no tienen ternura,
y es seca la tierra de tu corazón.
Si tus mieles no tienen dulzura
y no hay en tus soles tibieza de amor.

Si este pobre cariño que siento
no encuentra en tu vida rincón de amistad...
amalhaya pudiera ser viento
pa' hundirse en los rumbos de la inmensidad.

Contale que sus ojos negros
 son los que alumbran mi vida.
Errando en el cielo de un sueño
como dos lunas perdidas.

lunes, 12 de mayo de 2014

DESPUÉS - HOMERO MANZI.

DESPUÉS DE HOMERO MANZI.

Despues... La luna en sangre y su emoción
y el anticipo del final en un oscuro nubarron.
Luego... irremediablemente
tus ojos tan ausentes llorando sin dolor.
Y después... la noche enorme en el cristal
y tu fatiga de vivir, y mi deseo de luchar
Luego... tu piel como de nieve
y en una ausencia leve tu palido final.

Todo retorna del recuerdo;
tu pena y tu silencio,
tu angustia y tu misterio.
Todo se abisma en el pasado;
tu nombre repetido...
tu duda y tu cansancio.
Sombra más fuerte que la muerte.
Grito perdido en el olvido.
Paso que vuelve del fracaso.
Canción hecha pedazos que aun es canción.

Despues... vendra el olvido que no vendra
y mentire para reir, y mentire para llorar.
Torpe fantasma del pasado
bailando en el tinglado tal vez para olvidar.
Y después en el silencio de tu voz
se hara un dolor de soledad y gritare para vivir...
como si huyera del recuerdo
en arrepentimiento para poder morir.




Al debatir la Cámara de Diputados, en mayo de 1951, la posibilidad de homenajear al poeta Homero Manzi, recientemente fallecido, el diputado peronista John William Cooke alegó: “Muchas veces esta Cámara rinde respetuoso homenaje a los espíritus menores, soldados que batallan impávidos la campaña de la vida, sin esperar otra recompensa ni otra paga que la justa.
Homero Manzi, el poeta recientemente fallecido, fue uno de esos hombres. Su pasión del pueblo lo volvió sin cesar a su fuente, y en ella enraizó su arte con la cálida verdad que exprimía del mundo palpitante que lo rodeaba”. Homero Nicolás Manzione -tal su verdadero nombre- había nacido el 1º de noviembre de 1907 en la localidad santiagueña de Añatuya. Quinto entre ocho hermanos, hijo de un modesto empresario rural, Manzi se mudó con su madre a Buenos Aires cuando tenía nueve años. Pompeya fue el mundo de su infancia, la que le inspiró el amor por lo barrial. De joven, comenzó a escribir poemas y escenas teatrales y, muy pronto, sus primeros tangos.
Entonces, ya había ingresado al mundo de la política en un comité radical. El golpe de 1930 lo encontró como profesor de literatura de colegios nacionales y defendiendo la causa yrigoyenista. Tras una breve estadía en la cárcel, Manzi volvió al barrio y desató entonces su pasión por el tango. Habitué de cafés y milongas, entabló relaciones con Enrique Santos Discépolo, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Roberto Arlt, Aníbal Troilo, Lucio Demare, Cátulo Castillo y Sebastián Piana, entre muchos otros, con quienes compartió largas charlas o para quienes escribió numerosas letras. No tardó en convertirse en uno de los poetas, letristas y rimadores más reconocidos del país, inmortalizando tangos como “Sur”, “Malena”, “Che, bandoneón” y “Milonga sentimental”, entre otros.
Compositor de tangos, valses, candombes y milongas, no fue la música el único ámbito de indagación de los sentimientos nacionales. Manzi también fue periodista y director de cine, destacándose su adaptación de la novela de Leopoldo Lugones La guerra gaucha.
Pero a la par que plasmaba en el tango la poesía a la clase humilde, Manzi prosiguió su militancia política. Partidario del abstencionismo y la insurrección, en su combate contra el régimen de la década infame, su casa se convirtió en una especie de comité clandestino, que llegó a albergar pólvora para la fabricación de bombas caseras, hasta que accidentalmente estalló en pedazos el baño. Fundador de FORJA, a mediados de los ‘30, junto a Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, se alejó de la política años más tarde y se mantuvo distante y hasta opositor al peronismo emergente. Sin embargo, hacia 1947, ya miraba con otros ojos al presidente Juan Perón y, a finales de aquel año, en un mensaje radial, lo equiparó a su fallecido líder, Hipólito Yrigoyen, como forjador de la causa nacional. Pero entonces enfermó de cáncer. Falleció tiempo después, a los 43 años, el 3 de mayo de 1951. Para recordarlo, ofrecemos las palabras en prosa poética que publicara el 6 de mayo de 1948 en el periódico Línea, del cual fuera director honorífico, cuando los fuertes dolores ya habían comenzado a atacarlo.

Fuente: Luis C. Alen Lescano, Homero Manzi, poesía y política, Buenos Aires, Nativa, 1974.
Publicado en Agenda de reflexión - http://www.agendadereflexion.com.ar/

sábado, 10 de mayo de 2014

Fiaca – tango - letra: Dante A. Linyera y música: Juan Tata Cedrón.

FIACA – DANTE A. LINYERA.
Piantame de mi lao todas esas macanas,
ya no quiero más libros, ya m'esgunfian los versos,
no me hablés de percantas, ni de amigos, ni nada...
¡La vida me ha sobao como a un matungo viejo!

Paro el coche. Me planto como un potro en la zanja
y así, mishio y más solo que uno que anda fulero,
desde hoy no cazo viaje ni pa' matarme el hambre.
¿Esto es vivir?... Piantame de mi lao esos versos.

Y en el bulín rasposo me pasaré las horas
mascándome esta yeta que me sigue. No quiero
saber de nada, ¡nada! ¡pucha digo! ¡si vieras
cómo estoy de cansao! ¡cómo estoy de fulero!

La percanta que engrupe, los amigos que gozan
con el sopapo que uno recibe por mamerto,
la familia que bronca y el bullón que escasea...
¿Esto es vivir?... Piantame de mi lao esos versos,

piantame los papeles, los libros, la linyera,
piantá ... y dejame solo como un macho fulero...
Paro el coche. Me planto. Tengo una fiaca, ¡hermano!
¡La vida me ha sobao como a un matungo viejo!

Dante A. Linyera.
Dante A. Linyera, cuyo verdadero nombre era Francisco Bautista Rímoli fue un poeta y periodista que nació en Buenos Aires, en un conventilo,  el 10 de agosto de 1903, era hijo de un calabrés; y que pronto quedó huérfano. Dante A. Linyera, sin omitir la letra A, que no pertenece a la inicial de ningún nombre sino que alude a Dante Alighieri. En 1933 apareció su libro “ Seamos Hermanos” y exclamó: “ ¡Perdón, no lo voy a hacer más!”.  La dedicatoria dice: “ a mi perro, porque no lo tengo”. Falleció el 15 de julio de 1938.

Ahora un fragmento de “La Canción Moderna”, 7 de mayo de 1928:
“A nosotros, los académicos del reaje, los eruditos del lunfardo, la gente cajetilla nos tiene una bronca negra.
Dice que chamuyamos mal. Se cabrea, se indigna, da pataditas en el suelo como las mujeres caprichosas y nos da vuelta la cara. ¡Qué ricos tipos!
Ahora si que'stá lindo. ¡Nos van a enseñar a nosotros a parlarla! A nosotros, que somos los creadores de un idioma nuevo, de un lenguaje sencillo, gráfico, más contundente que biaba de Campolo y más florido que sombrero'e vieja.
Nuestro idioma es el chamuyo del porvenir. Por más que lo tiren a matar, se impone y se difunde como un tango de Matos Rodríguez.
No hay que hacerle. Todos lo detestan pero todos lo hablan.
Porque no hay vocabulario en este cochino mundo que le pueda pisar la raya al profuso, amplio, picaresco y gracioso idioma del arrabal porteño.
Lo dice Last Reason, el maestro de los orres, el incomparable jockey que va primero siempre en esta reñida carrera del humorismo autóctono, y lo digo yo, que cuando no voy placé, le ando raspando. ¡Y basta!”.

Fiaca – tango - letra: Dante A. Linyera y música: Juan Tata Cedrón.

viernes, 9 de mayo de 2014

TAPERA / SOSTENIENDO RECUERDOS DE HOMERO MANZI.

TAPERA.

Al fin, un rancho más que se deja,
total, porque no ha vuelto la prenda,
allí, donde se muere una senda,
allí, donde los pastos se quejan
y el viento se aleja silbando un dolor.
Total, otra cocina sin brasas
y un gaucho que pasa
sin rumbo ni amor...

Roldanita de mi pozo
que cantaba su alborozo,
ya no habrás de cantar nunca más.
Sombra fresca del alero
donde estaban los jilgueros,
los jilgueros que hoy no están.
Brillazón de mis trigales
que mancharon los cardales
cuando un día comencé a penar,
cuando entraron los abrojos
a morder en mis rastrojos
y me eché a rodar.

Se fue, dirá la gente del pago;
se fue, tal vez detrás de otro sueño...
Al fin, otro ranchito sin dueño;
al fin, otra tapera tirada
sin tropa ni aguada,
sin gente, ni Dios.
Total, otro fogón desdichado,
que un alma ha dejado
sin fuego ni amor.



En “Sosteniendo recuerdos” y en “Tapera”  Homero Manzi recupera la milonga campera (como vindicador del arte surero o bonaerense) que lo enlaza con la Argentina profunda o el denominado interior profundo y es un continuo retorno al terruño de su  Añatuya  natal de Homero Manzione en Santiago del Estero.  Que se manifiesta en letras de tango como “Sosteniendo recuerdos” y  “Tapera" con música de Hugo Gutiérrez y que grabará Edmundo Leonel Rivero, de manera magistral, interpretando con “Pichuco” Troilo “la esencia” (podríamos denominar de alguna manera) de Homero Manzi.

Sosteniendo Recuerdos.
Contemplando las tardes
a la sombra del rancho,
parecieras un alma
que se ha puesto a fumar.

Arrugada la cara,
retorcidos los dedos,
desteñidos los ojos
de mirar y mirar.

Tu Jacinta descansa
en la casa del cielo,
tus muchachos son hombres
y los hombres se van...

Sólo quedan tus huesos
sosteniendo recuerdos,
y sobando correas,
y esperando el final.

¡Gaucho viejo!...
Quién te viera,
como entonces china en anca,
veinte abriles y un amor.

¡Quién te viera!...
Surco, reja, pan y mate,
potro, lonja, tropa y huella,
puro brazo y corazón.

¡Gaucho viejo!...
Por las leguas,
vientos Pampas se frotaron
contra el barro de tu piel.

¡Gaucho viejo!...
Tiempos duros,
soles fuertes,
y las frías noches largas,
dibujaron tu vejez.

jueves, 8 de mayo de 2014

MANOBLANCA - HOMERO MANZI.

MANOBLANCA.

¿Dónde vas, carrerito del este,
castigando tu yunta de ruanos
y mostrando en la chata celeste
las dos iniciales pintadas a mano?

Reluciendo la estrella de bronce
claveteada en la suela de cuero,
¿dónde vas, carrerito del Once,
cruzando ligero las calles del sur?

¡Porteñito! ¡Manoblanca!
¡Vamos! ¡Fuerza, que viene barranca!
¡Manoblanca! ¡Porteñito!
Fuerza, ¡vamos! que falta un poquito.

Bueno… Bueno… Ya salimos…
Ahora sigan parejo otra vez,
que esta noche me esperan sus ojos
en la Avenida Centenera y Tabaré.

¿Dónde vas, carrerito porteño,
con tu chata flamante y coqueta,
con los ojos cerrados de sueño
y un gajo de ruda detrás de la oreja?

El orgullo de ser bien querido
se adivina en tu estrella de bronce,
Carrerito del barrio del Once
Que vuelves trotando para el corralón…

Bueno… Bueno… Ya salimos…
Ahora sigan parejo otra vez,
mientras sueño en los ojos aquellos
de la Avenida Centenera y Tabaré.
Letra: Homero Manzi / Música: Antonio de Bassi.

La letra del tango “Manoblanca” fue escrita por Homero Manzi, quien vivió en Nueva Pompeya cuando era adolescente. En Centenera y Tabaré se encuentra el Museo Manoblanca.  Manoblanca se llamaba uno de los ruanos que tiraban “la chata celeste con las dos iniciales pintadas a mano”.