jueves, 10 de septiembre de 2015

DONDE HABITE EL OLVIDO de LUIS CERNUDA.


DONDE HABITE EL OLVIDO de LUIS CERNUDA. 
Donde habite el olvido,               
En los vastos jardines sin aurora;            
Donde yo sólo sea         
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas             
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje              
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, 
Donde el deseo no exista.         

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,          
No esconda como acero             
En mi pecho su ala,        
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.   

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,          
Sometiendo a otra vida su vida,              
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.          

Donde penas y dichas no sean más que nombres,         
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,    
Ausencia leve como carne de niño.       

Allá, allá lejos;  

Donde habite el olvido.       


         

Donde habita el olvido - Joaquín Sabina.

Cuando se despertó,
no recordaba nada
de la noche anterior,
“demasiadas cervezas”,
dijo, al ver mi cabeza,
al lado de la suya, en la almohada…
y la besé otra vez,
pero ya no era ayer,
sino mañana.
Y un insolente sol,
como un ladrón, entró
por la ventana.
El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,
nos vio, roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.
Era la hora de huir
y se fue, sin decir:
“llámame un día”.
Desde el balcón, la vi
perderse, en el trajín
de la Gran Vía.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.
La pupila archivó
un semáforo rojo,
una mochila, un peugeot
y aquellos ojos
miopes
y la sangre al galope
por mis venas
y una nube de arena
dentro del corazón
y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí,
por no saber decir:
“te necesito”.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.

Para Zulema Katz y Paco Urondo, que habitan en la memoria.

1 comentario:

Maria Rosa dijo...


Hermosa poesías, prefiero la de Luis Cernuda.

Un saludo.

mariarosa