jueves, 5 de noviembre de 2015

La bajante de María Rosa Giovanazzi.

Siempre íba a pescar al mismo muelle, aquel día, el viento interminable congelaba las palabras y dolía en los labios. Un sol sin fuerza se dormía en mis manos y se anunciaba bajante. Siempre había visto al río golpear contra el murallón, era la primera vez que lo veía en retirada. En pocos minutos se formó una ribera ondeada y  sucia.

Bajé por la escollera y quedé absorto ante la playa  recién nacida, me recibió cubierta de ramas y restos de todo tipo; plásticos, bicicletas, botellas. El río estaba limpiando su casa y arrojaba en la arena sus desechos. Algo resplandeció entre una maraña de hilos de pesca, era una piedra transparente, la levanté, brillaba. La limpié con mi pañuelo y acentuó sus destellos, era un cristal finísimo, la guardé en mi bolsillo y seguí andando. El frío era intenso, las ráfagas  de viento golpeaban con furia mi cara. Fue entonces que observé en el río, una extraña  quietud, me acerqué, estaba congelado. Era una pista de hielo sin fin, caminé por ella sin apuro, pero al intentar regresar, fue imposible. El horizonte era una línea circular, separando el cielo celeste, del piso nacarado.  
Me encontraba en algún punto del espacio y no hallaba la forma de regresar, era prisionera de un laberinto abierto, sin puertas que abrir ni cerrar.
A pesar de mi abrigo, el viento me envolvía en un abrazo que me hacía temblar.
Apreté la piedra que guardaba en mi bolsillo, estaba caliente, su brillo se había acentuado y sin saber por qué le dije: quiero regresar. Sonreí ante mi estupidez,  pedirle ayuda a una piedra, sólo a mí se me podía ocurrir.

Comenzaba a atardecer cuando descubrí  el muelle. Apuré el paso.


Al llegar a la costa y volver la vista atrás el agua congelada había desaparecido, era  un río en bajante recostado en una playa sucia. La llave de mandala se había quebrado y con ella el círculo que me mantuvo en su centro, el encantamiento se había eclipsado, sólo quedó  una piedra, que ahora al contemplarla ya no brillaba, era gris y porosa, un simple canto rodado y demasiadas dudas…

1 comentario:

Maria Rosa dijo...

Gracias Guillermo por publicarlo, me alegra que te haya gustado. Un abrazo.

mariarosa