jueves, 27 de noviembre de 2014

CRIOLLITA DE MIS AMORES de ALFREDO LE PERA y CARLITOS GARDEL.

CRIOLLITA DE MIS AMORES.
Se viste de azul y grana
la aurora en el horizonte.
Es que viene la mañana
y despertó todo el monte.
Criollita, abrí tu ventana
que ya cantan los zorzales
canciones primaverales
que llegan al corazón.

Criollita de mis amores,
clavel, el más perfumado.
Tus ojos son dos luceros
que me hieren, traicioneros,
tus ojos me han amarrado
al palenque de tu amor.

Allá me voy galopando
en mi alazán, muy contento,
y como estás esperando
atrás voy dejando el viento.
Criollita, flor de mis pampas,
traigo flores pa´adornarte
y un canto para arrullarte

en mis noches de cantor.



Julio María Sosa Venturini, fue un cantor uruguayo que nació en la localidad de Las Piedras, departamento de Canelones, el 2 de febrero de 1926.
Julio Sosa se inició como cantor profesional en la ciudad de La Paz, vecina de su natal Las Piedras, como vocalista de la orquesta de Carlos Gilardoni.
“Julio Sosa, nombre artístico de José María Sosa Venturini, ya era conocido en los suburbios y en los alrededores de nuestra capital cuando enceguecido por las luces bonaerenses decidió viajar allí en 1949 para probar suerte como cantante de tangos.
Se fue sin un peso, prácticamente, y esa situación la ilustra una anécdota que hoy nadie puede rebatir y muchos menos conocer. Cuentan que cuando bajó del barco en Buenos Aires, se tomó un taxi para ir directamente a una dirección de alguien que, “por unos días y hasta que me enderece”, le iba a dar marroco y catrera, comida y albergue. En el trayecto, nuestro Sosa le confesó en la obligada charla con el taxista quién era, de dónde venía, qué hacía mejor y cuál era su sueño: ser cantor en una Buenos Aires que en aquellos años el tango languidecía fruto del embarullamiento que provocaban baterías, guitarras eléctricas, el idioma inglés y la ausencia de referentes artísticos locales.
Al llegar al destino señalado, Sosa, que todavía estaba lejos de ser el “Varón del Tango”, el mote que le colocó el periodista argentino Ricardo Gaspari, le alertó a su improvisado confidente conductor de taxi que aguardara por el dinero del viaje, que enseguida le iba a pagar ni bien entrara a la casa y su amigo le prestara los debidos pesos. Uno, dos minutos tardó el trámite de bajar del taxi, subir unos escaleras, pedir el dinero y volver a bajar para enterarse que el taxista ya no estaba esperándolo como él le pidió.  Nunca lo volvió a ver al obrero del volante pero el pedrense siempre quiso creer que ese gesto de no cobrarle el viaje, fue la primera gauchada que recibió de un porteño y de una ciudad que lo cobijó y admiró; algo que él luego devolvió con su canto, su poesía y sus interpretaciones”  (http://www.republica.com.uy/se-cumplen-50-anos-sin-el-varon-del-tango)
Julio Sosa un popular cantor de tango tenía pasión por “los fierros”, los automóviles.
Fue dueño de un Isetta, un De Carlo 700 y un DKW modelo Fissore  color rojo el gusto por la velocidad “la adrenalina” terminó de chocar.
Vivió rápido y murió temprano con apenas 38 años de edad.
Hace 50 años el 26 de febrero de 1964 se llevó por delante una baliza luminosa en Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla en barrio de Palermo y fue fatal; lo internaron en el Fernández y en el Anchorena pero nada se pudo hacer a las 9 y 30 dejó de existir. Sus restos empezaron a velarse en  en la casa de sepelios “La Argentina” Julio Sosa un cantor argentino popular y querido ante un númeroso público que le quería dar el último adiós  obligaron las circuntancias  a seguir el velatorio en el Luna Park.
El 24 de noviembre de 1964, Julio Sosa había cantado por radio su último tango y que fue “La gayola”. El final parecía profético. La poesía de ese tango dice en su final “pa’ que no me falten flores cuando esté dentro ‘el cajón”.

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