martes, 11 de septiembre de 2012

LA MAESTRA por Héctor Gagliardi.

LA MAESTRA
UN POEMA DE HÉCTOR GAGLIARDI.
Tan buena como mi vieja
 y como ella nerviosa,
 de las que agrandan las cosas
 y que por nada se quejan;
 
Tenía entre ceja y ceja
 esa cuestión del aseo
 y en lo mejor del recreo
 revisaba las orejas.
Decía que un pajarito
 al oído le nombraba
 los niños que conversaban
 cuando salía un ratito;
Y si un grandote de quinto
 armaba la tremolina,
 parecía una gallina
 cuando tiene los pollitos.
Nos tomaba la lección
 siguiendo el orden de lista
 y obligaba con la vista
 a seguir con atención;
Yo era medio remolón
 porque andaba por la “G”
 y cien veces me chasquié
 al preguntar de a traición.
Se pasaba todo el día
 prometiendo malas notas
 y que en vez de la pelota
 estudiaran geometría
Era mujer...¡que sabia
 de un golazo de boleo!
 por eso es que en el recreo
 los muchachos se reían....
Pero un vez se enfermó
 y mandaron la suplente
 que enseñaba diferente
 y hasta un día de “usted” nos trató;
Y nosotros ...¡qué sé yo!...
 sería mejor maestra
 pero fieles a la nuestra
 declaramos el boicot.
Y cuando vino al grado
 después de la enfermedad
 nos pusimos a gritar
 que casi la desmayamos
 y cuando vio tantas manos
 que la querían tocar
 de floja se echó a llorar
 y nosotros la imitamos.
Ah! Pobre maestra mía!
 ¡Cómo estarás de vieja!...
 revisame las orejas
 soy un chico todavía.
No sabés con que alegría
 quisiera volverte a ver:
 no me vas a conocer
 pero entonces te diría:
Yo ocupaba el tercer banco
 al lado de la ventana
 el que abría las persianas
 cuando el sol no daba tanto
El que se ahogaba de llanto
 el día que te dejó
 y que nunca te olvidó
 y es por eso que te canto
Vos sos la dulce canción
 de la edad que ya se fue
 hoy he venido otra vez
 para darte la lección:
Preguntame de a traición
 maestra del cuarto grado
 que cuanto me has enseñado
 lo llevo en el corazón....


lunes, 10 de septiembre de 2012

Aimé Paine a 25 años de su partida.

Princesita Dormida

La vida vino del este y en el noreste quedo
el viento trajo muy tarde la noticia y nos quebró.
Antu estaba en lo alto y de pronto. . . oscureció
el amigo de los pobres, estos días no alumbro.
Es que se ha hecho un silencio, que nos negamos a oír,
su dulce voz de Mapuche ha decidido morir.
Se fue en su viaje con todos y todos la vimos partir,
hay princesita doliente. . . ya no te vamos a oír.
Domo, déjanos la fuerza que nuestra causa precisa,
no podemos detenernos, nos apura, va de prisa.
Pero, que puedo contarte que no hallas sabido leer?
Si Nguenechen te ha elegido, porque lloraste lamguen?
Recuerdo que no hace tanto, nos sugería "Únanse",
talvez sea un gran designio que debamos de aprender.
No es hasta nunca su suerte, no es que ha vivido la muerte,
es como el frío del Cheuque, que está inmóvil, pero siempre.
Peukajeal, hermanita, peukajeal, dulce Aime,
su pueblo indio no ha muerto y con ella; está de pie
Pichi Malen (Beatriz)
(Buenos Aires, 14.09.87)

Palabras Mapuche:
Antu = sol
Domo = mujer
Nguenechen = Dios
Lamguen = hermana
Cheuque = cóndor
Peukajeal = hasta pronto


"Palpé la libertad y la misión de lucha que entraña la libertad, saber de la cultura de su pueblo es saber de uno mismo"
Aimé Paine.

Aimé Paine nació en Ingeniero Luis Huergo, en la provincia de Rio Negro, el 23 de agosto de 1943. Era nieta de un gran cacique mapuche, el lonco Painé. Su nombre "oficial" era Olga Elisa (debido a las leyes no permitían a los indígenas usar sus propios nombres).

Murió muy joven de un derrame cerebral el 10 de septiembre de 1987, en Paraguay, adonde viajó para dar un concierto.Al día siguiente fue trasladada a su tierra natal Ing. Huergo para darle sepultura de acuerdo al estilo y tradición de su Pueblo. Sus restos fueron sepultados 16 de septiembre de 1987.

domingo, 9 de septiembre de 2012

RUEGO DE DON ELÍAS CHUCAIR.


ESCRITORES PATAGÓNICOS.
ELÍAS CHUCAIR.

RUEGO
de Elías Chucair.
Sin rendir distancias
ni sacrificios,
hasta vos yo vine
Santo Maruchito.
Sé que haces favores
y todos los pedidos
que a vos te formulan
se han visto cuplidos.
A muchos curaste
Santo Paisanito,
devolviéndoles vida
a muchos vencidos.
Por eso te ruego
y te suplico,
que cures mi muchacho
Santo Maruchito.
Un susto muy grande
tuvo mi hijito
y el habla del todo
el pobre ha perdido.
Todos en el rancho
estamos aflijidos
por ese silencio
en que Pedro ha caído.
¡Era un pico de loro,
Y cantaba tan lindo!
Ahora, así lo vemos
y mucho sufrimos…
No es para menos,
Santo Maruchito.
¡Qué no daría…!
Sólo por sentirlo
hablar como antes
a mí muchachito.
Te dejo una MATRA
sobre tus huesitos
para que el invierno
no te llene de frío…
La tejí de noche
muy de a poquito,
gastando mis ojos
y gastando pábilos…
Y de charcao te traigo
este manojito
que juntó en silencio
para vos hijito.
El se llama Pedro
como vos Maruchito…
Haced que recupere
lo que él ha perdido.
Paisano santo,
gente de Ceferino,
que ayudás a todos
por mi hijo te suplico.
ELIAS CHUCAIR.
Ing. Jacobacci – Río Negro – Argentina.

Se transcribe un poema que fuera publicado en el períodico “El Ciudadano” de Villa Regina, 17 de junio de 1994 (Nuestra Gente y las Letras) que difundía las tareas del Taller Literario de la Escuela de Arte.


BREVE BIOGRAFÍA DEL AUTOR: DON ELÍAS CHUCAIR es un narrador costumbrista, poeta, ensayista y de investigación histórica nacido en la localidad rionegrina de Ingeniero Jacobacci, en la Linea Sur Rionegrina, hijo de inmigrantes árabe, libaneses que llegaron a nuestro país en la década del 1910.
Entre las obras  figuran: "Bajo el cielo Azul", "Sur adentro", "Con viento patagónico", "Tiempo y distancia", "La inglesa bandolera y otros relatos patagónicos" cuya primera edición año 1985 es de Editorial Siringa Libros de aquella librería neuquina que dejo IMPRONTA en la Patagonia, "Partida sin regreso de árabes en la Patagonia", "el collar del chenque", "Acercando ayeres", "Dejaron Improntas"

SOBRE "EL MARUCHITO":
Pedro Farías tenía 12 años y trabajaba de "marucho", arriando mulas en una tropilla, en la línea Sur de Rionegrina. Una vez, en una parada, tocó la guitarra prohibida de su patrón. Al ser descubierto, su patrón, en un ataque de locura y alcohol, lo asesinó.
Los que hoy se acercan a su tumba, a venerarlo y hacerle pedidos de buen viaje, ven en el Maruchito a todos aquellos niños de las zonas rurales que sufren, que no pueden ir a una escuela y que no saben lo que es la alegría de tener un juguete en sus manos


La historia del Maruchito.

Ahora voy a contarles la historia del Maruchito o, mejor dicho, cómo el asesinato de un joven dio lugar a la leyenda.
El primer registro de actividad humana en el paraje es de 1906. En un libro que encontramos en la escuela descubrimos que en ese año, la Sociedad Benito Huerta y Compañía instaló una balsa sobre el río Limay para transportar mercaderías a la zona de la Línea Sur. Galletas, carne, membrillos, porotos, vino, yerba, sal, tabaco, azufre y alpargatas son algunos de los productos que allí se mencionan. Los asientos que se llevaban también incluyen materiales de construcción como grampas y clavos, además de estampillas y cartas para los pobladores de parajes alejados.
En épocas anteriores eran las tropas de carros y chatas, andando por viejas rastrilladas y abriendo huellas, las que realizaban la actividad comercial. Era habitual por esos años que en toda tropa hubiese un marucho, un peón, casi siempre menor de edad, que se encargaba del cuidado de las mulas y de otros trabajos complementarios, mientras se iba haciendo hombre y aprendía el manejo de los carros.
Cuentan los viejos pobladores que en cierta ocasión era de la partida un muchacho de catorce años llamado Pedro Farías. Cierto día, al llegar la tropa a Aguada Guzmán, el maruchito vio la guitarra de Onofre Parada, el capataz, apoyada sobre la rueda de un carro. Intentó tomarla, pero la severa mirada de su patrón lo detuvo.
Sin embargo, horas más tarde, el maruchito consiguió su propósito y cuando estaba disfrutando del sonido de los acordes junto al fogón, dos frías puñaladas desgarraron su vientre. Cuentan que cayó muerto abrazado a la guitarra y que fue enterrado en ese mismo lugar, al costado del camino. También dicen que Onofre Parada huyó hacia la meseta de Somuncurá y que el remordimiento terminó por trastornarlo.
Algunos pobladores de Rincón de Las Perlas cuentan que, cuando eran niños e iban al campo, recuerdan haberse encontrado con el maruchito, joven y vestido a la usanza de la época, en medio del camino. Estas apariciones eran muy celebradas porque dicen que el maruchito es milagrero. A tal punto creció su fama de protector y benefactor que los pobladores de la meseta construyeron un templo donde se encuentra su tumba y allí llevan sus ofrendas cada octubre, en una larga procesión por el desierto. También dicen que, si al pasar por allí uno no se detiene, seguramente el vehículo en el que se viaja sufrirá un desperfecto.
El poeta de Ingeniero Jacobacci, Elías Chucair, describe así el ruego de una madre para que interceda por su hijo que perdió el habla: "Sin medir distancias/ ni sacrificios/ hasta vos yo vine/ Santo Maruchito.// Sé que hacés favores/ y todos los pedidos/ que a vos te formulan/ se han visto cumplidos.// Te dejo una matra/ sobre tus huesitos/ para que el invierno/ no te llene de frío.// La tejí de noche/ muy de a poquito/ gastando mis ojos/ y gastando pabilos".
El Maruchito, leyenda que anima el desierto.Fragmento de la  nota que  obtuvo el tercer premio en el concurso "Rincón Gaucho en la escuela", por la categoría nivel primario el autor es alumno de 6° grado en la Escuela Primaria Común N° 247 Las Perlas, de Rincón de Las Perlas, Río Negro. Publicada por Diario “La Nación” (Rincón Gaucho”), Sábado 06 de diciembre de 2008.


Aguada Guzmán y sus alrededores está ubicada en una vasta región (3200 km2) del Departamento El Cuy de la Provincia de Río Negro (República Argentina). Este paraje se encuentra a 180 km de General Roca, al suroeste; se llega por la ruta 6 que va al Cuy, se toma el desvío que está en el cruce con la ruta 71, y por esta misma, pasando por Cerro Policía, se llega al paraje.Son 90 km de asfalto y 90 de ripio.

viernes, 7 de septiembre de 2012

EL TANGO - Autor: Jorge Luis Borges.

El tango de Jorge Luis Borges - 1964.

¿Dónde estarán?, pregunta la elegía
 de quienes ya no son, como si hubiera
 una región en que el Ayer pudiera
 ser el Hoy, el Aún y el Todavía.

¿Dónde estará (repito) el malevaje
 que fundó, en polvorientos callejones
 de tierra o en perdidas poblaciones,
 la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron,
 dejando a la epopeya un episodio,
 una fábula al tiempo, y que sin odio,
 lucro o pasión de amor se acuchillaron?

Los busco en su leyenda, en la postrera
 brasa que, a modo de una vaga rosa,
 guarda algo de esa chusma valerosa
 de los Corrales y de Balvanera.

¿Qué oscuros callejones o qué yermo
 del otro mundo habitará la dura
 sombra de aquel que era una sombra oscura,
 Muraña, ese cuchillo de Palermo?

¿Y ese Iberra fatal (de quien los santos
 se apiaden) que en un puente de la vía,
 mató a su hermano el Ñato, que debía
 más muertes que él, y así igualó los tantos?

Una mitología de puñales
 lentamente se anula en el olvido;
 una canción de gesta se ha perdido
 en sórdidas noticias policiales.

Hay otra brasa, otra candente rosa
 de la ceniza que los guarda enteros;
 ahí están los soberbios cuchilleros
 y el peso de la daga silenciosa.

Aunque la daga hostil o esa otra daga,
 el tiempo, los perdieron en el fango,
 hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
 muerte, esos muertos viven en el tango.

En la música están, en el cordaje
 de la terca guitarra trabajosa,
 que trama en la milonga venturosa
 la fiesta y la inocencia del coraje.

Gira en el hueco la amarilla rueda
 de caballos y leones, y oigo el eco
 de esos tangos de Arolas y de Greco
 que yo he visto bailar en la vereda,

en un instante que hoy emerge aislado,
 sin antes ni después, contra el olvido,
 y que tiene el sabor de lo perdido,
 de lo perdido y lo recuperado.

En los acordes hay antiguas cosas:
 el otro patio y la entrevista parra.
 (Detrás de las paredes recelosas
 el Sur guarda un puñal y una guitarra.)

Esa ráfaga, el tango, esa diablura,
 los atareados años desafía;
 hecho de polvo y tiempo, el hombre dura
 menos que la liviana melodía,
 que sólo es tiempo. El tango crea un turbio
 pasado irreal que de algún modo es cierto,
 un recuerdo imposible de haber muerto
 peleando, en una esquina del suburbio.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA CRUZ DEL SUR POEMA DE JULIO CORTÁZAR.

LA CRUZ DEL SUR.
 
 
Vos ves la Cruz del Sur
y respirás el verano con su olor a duraznos
y caminás de noche mi pequeño fantasma silencioso
por ese Buenos Aires, por ese siempre mismo Buenos Aires.

Extraño la Cruz del Sur
cuando la sed me hace alzar la cabeza
para beber tu vino negro, rnedianoche.
Y extraño las esquinas con almacenes dormilones
donde el perfume de la yerba
tiembla en la piel del aire.

Extraño tu voz,
tu caminar conmigo por la ciudad.
Comprender que eso está siempre allá
como un bolsillo donde a cada rato
la mano busca una moneda, el peine, llaves,
la mano infatigable de una oscura memoria
que recuenta sus muertos.

La Cruz del Sur, el mate amargo
y las voces de amigos
usándose con otros.
Me duele un tiempo amargo
Ileno de perros y desgracia
la agazapada convicción de que volver es vano.

Comprender que un mar es más que un mar,
que la muerte se viste de distancia
para llegar de a poco, lenta, interminable,
como una melodía que se resuelve al fin
en humo de silencio.
Extraño ese callejón
que se perdía en el campo y el cielo
con sauces y caballos y algo como un sueño.
Y me duelen los nombres de cada cosa
que hoy me falta,
como me duele estar tan lejos
de tu caricias y de tus labios.

Extraño tu voz
tu caminar
conmigo por la ciudad.


La Cruz del Sur es un poema de Julio Cortázar.

Edgardo Cantón le puso la música y lo interpreta el "Tata" Cedrón.