sábado, 21 de mayo de 2016

Palabra muerta, palabra perdida de Ángel González.

Palabra muerta, palabra perdida.

Mi memoria conserva apenas solo 
el eco vacilante de su alta melodía: 
lamento de metal, rumor de alambre, 
voz de junco, también 
latido, vena. 
Recuerdo claramente su erre temblorosa, 
su estremecida erre suspendida 
sobre un abismo de silencio y ámbar, 
desprendiéndose casi 
de la música oscura que por detrás la asía, 
defendiéndose apenas 
del cálido misterio que la alzaba en el aire 
creando un solo cuerpo de luz y de belleza. 
Luminosa y precisa, 
yo la sentía en mi ser profundamente, 
sabía su sentido, 
descifraba sin llanto su mensaje, 
porque acaso ella fuese 
-o sin acaso: cierto- 
la única palabra irrefrenable 
que mi sangre entendía y pronunciaba: 
una palabra para estar seguro, 
talismán infalible 
significando aquello que nombraba. 
Como un perfume que lo explica todo, 
como una luz inesperada, 
su presencia de viento y melodía 
hería los sentidos, golpeaba 
el corazón, 
estremecía la carne 
con el presentimiento verdadero 
de la honda realidad que descubría. 
Pronunciarla despacio equivalía 
a ver, a amar, a acariciar un cuerpo, 
a oler el mar, a oír la primavera, 
a morder una fruta de piel dulce. 
Todo ocurría así, hasta que un día 
la dije bien, y no entendí su cántico. 
La grité clara, la repetí dura, 
y esperé ávidamente, 
y percibí, lejano, 
un eco inexplicable, infiel 
reflejo 
que en vez de iluminar, oscurecía, 
que en vez de revelar, cubrió de tierra 
la imprecisa nostalgia de su antiguo mensaje. 
Cuando un nombre no nombra, y se vacía, 
desvanece también, destruye, mata 
la realidad que intenta su designio. 
Ángel González fue un poeta, catedrático y ensayista español nacido en Oviedo en 1922 pertenecía a una familia de clase media venida a menos a causa de la guerra civil española.
Es en plena guerra civil que su hermano Manuel es asesinado cuando Oviedo se encontraba en poder de los franquistas.
Fue maestro nacional, licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo y periodista por la Escuela Oficial  de Periodismo de Madrid.
Fue galardonadocon el Premio Antonio Machado en 1962,  el Premio Príncipe de Asturias en 1985, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1996 y el Primer Premio
Internacional de Poesía Ciudad de Granada en el año 2004.
En sus últimos años enseñó Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Alburquerque y profesor visitante de las de Nuevo México, Utah, Maryland y Texas.
Falleció en Madrid el 12 de enero de 2008.

1 comentario:

Maria Rosa dijo...


Un belleza, desconocía al autor y al poema.

mariarosa